
por Joaquín Torrente
Suele atribuirse a Voltaire el pérfido consejo "calumnia, que algo queda"; o dicho en francés: "calomniez, il en restera toujours quelque chose". La cita, que es apócrifa, ha sido atribuida sucesivamente -y siempre de manera inexacta- a Beaumarchais, al filósofo Francis Bacon e incluso a Goebbels. Lo que Voltaire dijo -nunca pensando en defender honras ajenas, sino su propia fama- fue algo muy diferente: "Il n'est pas mal de couper une tête de l'hydre de la calomnie dès qu'on en trouve une qui remue" (carta a M. Damilaville el 28 de noviembre de 1762).
No es mala recomendación. Hace algunos meses publiqué en esta acogedora bitácora unas notas en defensa del lingüista Georges Dumézil, cuya memoria había sido gravemente ofendida en vida y tras su muerte. Lo que pretendía ser un modesto homenaje a un sabio insigne, resultó, al mismo tiempo, un entretenimiento saludable y reconfortante. Por si fuera poco, recibí, algún tiempo después esta carta de Anne Perrine Curien, hija de Dumézil, que justifica aún más, si cabe, el tiempo empleado en ordenar y exponer los datos de que disponía.
Paris 24 de febrero de 2011
Querido señor:
He recibido su envío del interesantísimo artículo que ha publicado en el blog del Marqués de Tamarón a propósito de mi padre, Georges Dumézil. De otro modo no hubiera podido conocerlo.
Después de Didier Eribon en su libro "¿Hay que quemar a Dumézil?", usted contribuye a explicar hasta qué punto fueron injustificadas las polémicas que cruelmente le perturbaron al final de su vida. Fue esencialmente un sabio con métodos de trabajo rigurosos, guiado ante todo por la curiosidad de comprender el funcionamiento del espíritu humano. No creo que su obra estuviera influenciada por sus opiniones personales, siempre desprovistas de extremismo. Me parece que eso es lo que usted ha querido demostrar y por ello le estoy muy agradecida.
Con mis mejores sentimientos
Anne Perrine Curien.

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