Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

jueves, 3 de septiembre de 2026

Ceuta: responsabilidad de todos



en primera líneaEl marqués de Tamarón y Silvia cortés

Ceuta: responsabilidad de todos.

Es claro que el diplomático, como cualquier funcionario, no puede ir por libre. Sin embargo ese acatamiento tiene un límite: su conciencia y el interés superior de España. Cuando considere que la decisión del Ministro daña gravemente a España, puede dimitir o pedir el relevo del cargo de confianza.
02 sep. 2026 - 01:30

El 31 de julio el presidente del Gobierno calificó -con tino- la entrada en Ceuta de unos 80.000 marroquíes como una grave violación del Derecho Internacional («Lo que ha sucedido en Ceuta es un ataque a la integridad territorial de España»). Al día siguiente, el 1 de agosto, el ministro del Interior dijo lo mismo («Ceuta ha sufrido un ataque que supone una seria violación de la integridad territorial de España»). Días después dos ministros del gobierno marroquí reiteraron de forma pública las reivindicaciones de Marruecos sobre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla.

   El Debate (asistido por IA)


Ante un ataque a la integridad territorial de España y por tanto a su soberanía diplomáticos y militares tienen una responsabilidad esencial. La integridad territorial de España se defiende o restaura, claro está, de modo diferente: los militares con la disuasión y con la defensa; los diplomáticos con la negociación y la persuasión.

Cuando una nación sufre un ataque a su integridad territorial y por tanto a su soberanía la práctica internacional incluye medidas legítimas antes de usar la fuerza militar. Estas van desde la presentación de una nota verbal de protesta al país agresor hasta la ruptura de relaciones diplomáticas. Y entre ambas, la convocatoria al embajador del país extranjero, la llamada a consultas del embajador propio, la suspensión de visitas y reuniones oficiales, ciertas medidas de retorsión económicas, comerciales y de extranjería (retrasos en la expediciones de visados o suspensiones de estas), la declaración de persona non grata o la ruptura de relaciones diplomáticas.

Todas estas medidas y otras muchas están a disposición del Gobierno al que la Constitución atribuye la dirección de la política exterior. Y dentro del gobierno el ministro de Asuntos Exteriores planea, decide y ejecuta la política exterior basándose en los consejos de los funcionarios del Ministerio.

Este mandato constitucional no exime al diplomático de su deber moral y legal de asesorar con rigor y sin temor a las consecuencias personales, pensando tan solo en el interés de España. Ante una vulneración de nuestras fronteras los diplomáticos (embajadores, directores y subdirectores generales y asesores) tienen la obligación legal de diseñar propuestas rigurosas y poner sobre la mesa del ministro todos los recursos disponibles en la práctica internacional para restaurar y proteger la dignidad de España.

Una vez que el diplomático ha cumplido con su obligación de proponer medidas posibles y la mejor línea de acción, el ministro puede tomar otra decisión desestimando las propuestas. Y el diplomático debe acatar la orden superior y cumplirla. Es claro que el diplomático, como cualquier funcionario, no puede ir por libre. Sin embargo ese acatamiento tiene un límite: su conciencia y el interés superior de España. Cuando considere que la decisión del Ministro daña gravemente a España, puede dimitir o pedir el relevo del cargo de confianza. Ello no es un acto de deslealtad; al contrario. Al retirarse, el diplomático preserva la autoridad del Gobierno para aplicar su política, pero evita convertirse en ejecutor de una línea de acción (o inacción) que juzga lesiva para la nación. La verdadera lealtad al Estado consiste en proponer con valentía, acatar con disciplina y, si la decencia lo exige, irse a tiempo.

O sea emular al duque de Ahumada cuando le dijo a Narváez «esa orden la adoptará mi sucesor». No sea que a las duras nos digan como a Boabdil: «llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre».


  • El marqués de Tamarón es embajador de España y Silvia Cortés ha sido embajadora en Albania y Ucrania y ambos pidieron el relevo en sus puestos.
 


Para leer el artículo en El Debate hacer click aquí.






lunes, 24 de agosto de 2026

Los recursos de la melancolía, por Jacobo Muñoz

Buscando no sé qué anoche, me apareció un ensayo con el título intrigante de Los recursos de la melancolía. Su autor es -o más bien fue- Jacobo Muñoz y se refería a mi primer libro, Pólvora con aguardiente. 

Me permito reproducir aquí el ensayo, que apareció en Los cuadernos de literatura. Jacobo Muñoz (1942-2018) era amigo mío y me honró dedicando tres mil y pico palabras académicas a mi modesto libro de cuentos.

La verdad es que no entendí muy bien todas sus observaciones. Cuando se lee una reseña de un libro, el lector de la reseña y además del libro y del autor, se pregunta si al crítico le gustó lo criticado o no, si lo recomendaba o no. Ese es mi caso con este ensayo, pero estoy seguro de que algún día me reuniré con él en el limbo y ya me aclarará. Y nos reiremos.


Para leer el ensayo basta con pinchar sobre cada imagen.








Portada del libro del Marqués de Tamarón, Pólvora con aguardiente, 1982






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domingo, 23 de agosto de 2026

¿Miedo a qué?

 

Artículo publicado hoy 23 de Agosto de 2026 en el periódico digital EL DEBATE




Pues mi contestación a mi propia pregunta procura ir al grano: “¿Por qué se oculta todo lo que antecede? ¿Por incompetencia, por pereza o por miedo? ¿Miedo a qué? ¿A la justicia o a los delincuentes?”

Pues miedo generalizado y desde siempre, no conozco otra explicación. Miedo a los criminales, miedo compartido por los políticos, por las fuerzas del orden, por los jueces y por los periodistas.

Dan ganas de resumirlo, señores (y también, por qué no, señoras). Un poco de vergüenza torera.

  
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jueves, 20 de agosto de 2026

No hay quien pare el progreso (del mal)

En este siniestro ascenso de las cifras oficiales de incendios en España, a fecha de hoy, 20 de Agosto del 2026, disponemos de dos datos. La actualización semanal del EFFIS (Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales) ayer dio como cifra 296.999 hectáreas y RTVE, que tiene los datos también del EFFIS pero los actualiza diariamente, cifra en 301.589 hectáreas la superficie quemada, continuando la danza macabra.

Gráfico Acumulativo Semanal de Incendios Forestales en España 

(Pinchar sobre el gráfico para ampliarlo)


Datos de EFFIS a 19 de Agosto de 2026 


Datos de RTVE a 20 de Agosto de 2026 





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lunes, 10 de agosto de 2026

Requiescat in Pace, querido Alejandro

 


“……Querer hombre vivir cuando Dios quiere que muera es locura”. Jorge Manrique escribió esto hace quinientos cincuenta años y Alejandro Royo-Villanova, que siempre admiró a Jorge Manrique, debió de pensar lo mismo cuando hace unos días sintió ya muy cercana la muerte.

Conocí a Royo-Villanova un día soleado de Septiembre de 1958 a las puertas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, junto con José Guillermo García-Valdecasas, sentados en la escalera de granito que llevaba a las puertas de la Facultad, recién edificada.  Ya entonces y siempre después, Alejandro se comportó con bondad y lealtad, en las duras y en las maduras. Por mi oficio de diplomático pasé épocas en que lo vi poco y otras en que él demostró su generosidad al recordar y ayudar a los amigos.

     En 1975 me llamó por teléfono a Copenhague, donde yo estaba destinado, para ofrecerme llevarse a Madrid a mi hijo de siete años que acababa de ser amenazado por unos defensores españoles del terrorismo de ETA. Tan sólo un diplomático israelí hizo el mismo ofrecimiento de amparar a mis hijos. Aquel lance me enseñó que la naturaleza y el corazón de algunos, de tan diversa condición e ideas, eran buenos y valientes. Y está claro que Alejandro era eso, un hombre bueno y valiente.

Era de admirar la sencillez en ese hombre que hubiera podido ser jactancioso por sus orígenes y éxitos profesionales. Siempre me llamó la atención su destreza con las manos para trabajar la madera, como hizo hasta el final de su vida, incluso cuando ya estaba muy debilitado. La misma destreza tenía al navegar ese hombre que supo compaginar lo físico con lo mental; un ejemplo poco común hoy.

En estos últimos años hemos tenido la fortuna de tratarnos con más frecuencia, los dos chocheando, y he admirado en él su valentía al enfrentarse con la enfermedad y la muerte. Cierta amiga de ambos me confiesa que se alegra de haber disfrutado de nuestras charlas estos últimos años en Madrid. Me asegura que Alejandro le decía que estaba muy preocupado por mí pues me veía con poca memoria, y yo le decía que me daba pena ver a Alejandro con tan poca movilidad. Dos viejos amigos sintiendo compasión uno del otro. 

Mientras escribía esta parca descripción de un pasado tan próximo y tan lejano, me comenta Teresa Rubio Tió lo siguiente.

En una reunión en un bar en la Moncloa, Miguel Herrero de Miñón, Alejandro Royo-Villanova, Teresa Rubio y yo, tomábamos unos vinitos que costaban cada uno unas pobres pesetas. Estábamos allí sentados y la conversación se fue haciendo más seria y llegó a la pregunta que uno de nosotros nos hizo “pero ¿de qué vamos a vivir?”

 Y volviendo a Jorge Manrique: “… dio el alma a quien se la dio, el cual la ponga en el cielo y en su gloria, y aunque la vida perdió, nos dejó harto consuelo su memoria. Consuelo, espero, para su mujer Leticia, y consuelo y ejemplo para sus hijos Segismundo, Alejandro, Guillermo, Mariana y Leticia. Requiescat in Pace, querido Alejandro.

lunes, 3 de agosto de 2026

E al que hallaren faciendo fuego que lo echen dentro de él

(Alfonso X en las Cortes de Valladolid de 1256)




 

Más de uno, con cierto cabreo y mucha melancolía, dice qué triste y qué cansado es repetir que estamos perdiendo tantas cosas importantes y hermosas en nuestra tierra y que los poderes oficiales se desgañitan año tras año asegurando que van a impedir que vuelva a suceder.

Sin embargo los hechos cantan, lúgubremente. Este 2 de Agosto ya se habían quemado en España 226.157 hectáreas. Y esto no ha hecho más que empezar. No todos los que contemplan los fuegos lo hacen con indiferencia; muchos los ven con desesperación y otros con gusto. Pero el caso es que nunca he visto una lista con los nombres de los incendiarios y con sus condenas por los jueces. Diríase que no hay condenas. O que se mantienen secretos los nombres de los culpables, por algún motivo misterioso. Incluso daría que pensar a un surrealista “amargo y burlón” que no aparecen nombres de los incendiarios porque no hay tales condenas, y que ello se debe a que los jueces tienen miedo. O, peor aún, a que la política general del encarcelamiento es evitar gastos de las cárceles.

Y es que en España prender fuego al monte sale gratis. Habría que aumentar las penas en el Código Penal. Y cumplirlas, claro. Hace años escribí preguntando a amigos del PP y del PSOE cuántos incendiarios estaban en la cárcel. No saben, no contestan. Mientras siga saliendo gratis, los montes seguirán ardiendo. 

Puede haber casos en que el incendio no sea provocado directamente por un malnacido: caso, parece ser, de dos de los incendios actuales. Uno, por un coche eléctrico que explotó, y otro (creo que el de Almería con 13 muertos) por un poste de luz viejo y en desuso que se partió y los cables provocaron chispas. En estos casos también hay que exigir responsabilidad penal y multas a los negligentes. En Suiza al incendiario, por acción directa o negligencia, se le obliga a pagar el coste de la extinción del fuego, y se arruina.

 En resumen, hacen falta prevención, más medios de extinción y penas disuasorias de verdad.

Quienes duden, pueden inspirarse en el siglo XIII:

 Alfonso X el Sabio ordenó en el Fuero Real del Siglo XIII lo siguiente:

«Todo home que a sabiendas quemare mieses agenas, o pan en eras, o casas, o monte, quemen a él por ello, e peche todo el daño que ende viniere, por prueba, o por jura de aquel que lo recibió el daño.»

 Y el mismo Alfonso X el Sabio en las Siete Partidas establecía sanciones:

«De los daños que los omes, o las bestias fazen en las casas de otro de qual natura quier que sean […] como el que enciende fuego en tiempo de vento cerca de paja, o de madera, o de mies o de otro lugar semejante es tenido de pechar el daño que ende viniere.»

Y además el sabio monarca estableció en las Cortes de Valladolid de 1256 lo siguiente:

«Que no pongan fuego para quemar los montes, e al que hallaren faciendo fuego que lo echen dentro de él». 

 Tan severa sanción fue asimismo decretada por Pedro I de Castilla («el Justiciero», mejor que llamarlo «el Cruel») en 1350.

 Hay días como los de este mes de Julio en que se echa de menos a los viejos reyes castellanos y sus castellanas leyes.




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