Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

jueves, 12 de mayo de 2022

Géneros literarios inefables

Los dos únicos géneros literarios del todo inefables son la Mística y la Novela Policíaca. No lo digo en broma irreverente sino por lectura propia y apasionada. 

Inefable es todo aquello que deja sin habla. A los 18 años hojeé y ojeé con pasión y sin orden ni concierto The Perennial Philosophy, la antología de literatura mística elaborada y comentada por Aldous Huxley. Poco después, en 1961, supe que el autor inglés había perdido toda su biblioteca en un incendio que arrasó su casa en California. Le escribí preguntándole si podía reponerle algún libro de los místicos españoles. Me lo agradeció y me pidió uno de San Juan de la Cruz y otro de Santa Teresa de Jesús. Se los mandé enseguida y creo que llegaron. Pero no sé si llegaría a releer sobre la música callada, la soledad sonora del carmelita y el muero porque no muero o la borrachez divina de Santa Teresa, pues murió el 22 de Noviembre de 1963, el mismo día en que asesinaron al Presidente Kennedy.









The Perennial Philosophy 
Aldous Huxley 
Primera edición en Estados Unidos, 1945.
Primera edición en el Reino Unido, 1946.


También es inefable cualquier novela policíaca bien hecha: deja sin habla al lector que habiendo llegado al desenlace final se siente obligado a callar la identidad del asesino. El spoiler o destripe está mal visto. Por eso es casi imposible escribir la reseña o resumen de cualquier novela o película policíaca. Desde que a los 15 años leí mi primer libro en inglés, The Thirty-Nine Steps, de John Buchan, leí el resto de las novelas del mismo autor y pasé enseguida a otras obras que pueden calificarse de novelas policíacas o de misterio, sobre todo escritas en lengua inglesa como las de Poe, Stevenson, Conan Doyle, H.G. Wells, Rider Haggard, Chesterton o Graham Greene. Me refiero sobre todo a los autores de lengua inglesa pues por algún extraño motivo siempre han sido los amos de este género. Pero también en español tenemos obras interesantes de Pedro Antonio de Alarcón, Emilia Pardo Bazán o Jorge Luis Borges.










The Thirty-Nine Steps
John Buchan 
Primera edición 1915


Reconforta comprobar que incluso un octogenario como yo, con tiempo tasado para una capacidad previsible de lecturas (¿diez libros por año durante cinco años?), puede descubrir por azar a un autor para mí del todo desconocido y quedar enganchado en sus novelas de misterio o suspenso o, valga el barbarismo, thrillers, como es Charles Cumming. Primero leí The Spanish Game, que se desarrolla en España donde el autor vivió dos o tres años. Lo leí, temblando de emoción e intriga, en un par de días. Confieso que me asustó pensar en otras conclusiones finales, pero por respeto a las normas del oficio, no entraré en más detalles salvo aclarar que me resultó un libro tan satisfactorio como capaz de enganchar. Y luego leí The Trinity Six, sobre un sexto miembro del grupo de espías soviéticos de Cambridge. Está muy bien inventado, aunque yo creía que el sexto de esa banda criminal fue otro sujeto muy distinto, que murió en España.

Perdóneme, pues, el novelista por no ser más explícito y agradézcame el lector la misma discreción. 













The Trinity Six 
Charles Cumming
Primera edición 2006









The Trinity Six 
Charles Cumming
Primera edición 2006



(Creo que hay ediciones traducidas al español de todos estos libros)


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sábado, 9 de abril de 2022

Entrevista con Tamarón en El Correo de España

  

El Marqués de Tamarón. Fotografía por Analía Rodríguez Cabral





Entrevista con el Marqués de Tamarón. Por Jose Antonio Martinez-Climent


No cabe duda: hay momentos en la vida en que los preámbulos, mejor cuanto más cortos. Aquí los cerramos, y dejamos que hable D. Santiago de Mora-Figueroa y Williams, IX Marqués de Tamarón, también en su calidad de Embajador de España y escritor.


¿Qué edad tienes?

80 años y pico.

¿Qué se siente?

Como puede usted imaginar, cada uno siente cosas distintas, según sus circunstancias. Yo siento irritación por mi creciente torpeza, esperanza de morirme de repente pero no de inmediato y sorpresa al notar que mis recuerdos de infancia y primera juventud reverdecen.

¿Crees en Dios?

Eso es un asunto privado entre Dios y yo, como dijo Lope de Aguirre según Sender.

¿Cuál es tu recuerdo más antiguo?

El sabor de los chuscos de pan negro en el racionamiento de la posguerra española.

¿Entonces se te puede aplicar lo de Góngora: Traten otros del gobierno/ Del mundo y sus monarquías/ Mientras gobiernan mis días/  Mantequillas y pan tierno?

No, porque ese pan de 1947 era negro y algo duro.

¿Te arrepientes de algo?

De mucho. Más que de haber hecho ciertas cosas, de no haber hecho otras. Me arrepiento de no haber aprendido a dibujar. También de no saber alemán.

¿Qué idiomas conoces bien?

Español, inglés y francés. Eso tiene ventajas pero también inconvenientes. Se escribe peor. Un monóglota casi siempre escribe mejor que un políglota. Madariaga escribió en español, inglés y francés, y bien en todos. Pero menos bien que, por ejemplo, Ortega y Gasset que tan sólo escribió en español. Por eso me interesó mucho cuando conocí a Madariaga en Oxford observar su reacción al preguntarle por Ortega. Se rió relatando el episodio de 1923 cuando Ortega pretendió interpretar a Einstein – y no sólo del alemán al español sino del pensamiento del físico al del filósofo – la Teoría de la Relatividad. Causó escándalo en el suizo y sorpresa en todos los demás.

¿Sigues hablando con acento andaluz?

Depende de dónde estoy y con quién hablo. Confieso que tengo algo del camaleón en lo relacionado con la lengua. Con mis hijos, hermano, primos y sobrinos hablo andaluz. Incluso cuando algún nieto ya ha perdido esa habla. Además, en cuanto voy hacia el sur (“I read, much of the night, and go south in the winter” escribió T.S. Eliot) mi acento nativo me domina.

¿Eres entonces un andaluz vergonzante?

No, soy un andaluz vergonzoso.

Perdona pero ¿no te parece que ya es hora de que me tutees?

No estoy seguro, porque no sé quién es usted…

Soy tu hermano gemelo… ¿o es que no me has reconocido?

No tengo ningún hermano gemelo. Pero me suena tu tono de voz, con tu leve acento andaluz. ¿Tan sólo te vuelve cuando hablas con otro andaluz? ¿o también cuando cruzas Despeñaperros?

Bueno, no te preocupes tanto que no soy tu Doppelgänger. No soy más que tu memoria y tu eco.

Sí, tu voz me suena.

¿Recuerdas aquella película inolvidable que vimos de niños?

Sí, Hamlet, de Laurence Olivier. En inglés, en el Teatro Villamarta, en Jerez.

Tendríamos unos ocho años, ¿verdad?

Así debió de ser, pues acabo de comprobar que la película es de 1948. Cuando terminó, con la muerte de todos los personajes, me levanté, bueno, nos levantamos, con la boca abierta. Demasiado fuerte para asustarnos, como una tempestad en el mar.

¿Recuerdas las visitas al Museo del Prado con mamá?

Sobre todo recuerdo el espanto de Saturno devorando a su hijo de Goya. La primera visita debió de ser cuando tenía 9 años. Pero luego fuimos muchos otros domingos. Yo cerraba los ojos al pasar delante de aquel horror. Seguí cerrándolos años después, cuando Luis tuvo edad de incorporarse a las visitas al Prado, e incluso un poco más tarde, cuando los primos Beltrán y Marcos también iban. Pero no recuerdo que ninguno de ellos sintiese tanta repulsión por ese Saturno.

¿Y te acuerdas del cine después de Shakespeare?

El puritanismo mediopelo de la época dejaba fuera del alcance de los menores de 18 años casi todas las películas (el Hamlet antes visto en Jerez era una excepción probablemente tolerada porque el incesto, el parricidio y demás crímenes estaban fuera del alcance de la imaginación de los censores).

Después, ya en Madrid, la dieta de cine era aburrida. Mucho Disney, aunque con cinco o seis años me eché a llorar al ver cómo las elefantas muy grandes despreciaban y humillaban a Dumbo de pequeño.

Años más tarde, ya empecé a ver magníficas películas de Hollywood, tristemente dobladas pero que permitían idolatrar a actores y sobre todo actrices incomparables. Sigo pensando que la mujer más guapa de la Historia Universal era Rita Hayworth. Mucho después he descubierto una cosa triste y otra alegre. Mi adorada Rita chocheó desde antes de los 40 años por la mezcla del alcohol y el alzheimer. El lado bueno es que Rita se llamaba Margarita Carmen Cansino y su familia era sefardita de Sevilla.

¿Cuál fue el primer libro que te marcó?

Sin duda fue Robinson Crusoe, la novela de Daniel Defoe. A los ocho años, ese libro escrito dos siglos antes me hizo pensar mucho, más quizá que ningún otro que haya leído en mi vida. El salvaje, llamado Viernes por el narrador, quiere entender la religión del blanco pero no comprende por qué un Dios todopoderoso permite que los malos hagan el mal. El narrador no sabe explicarlo. Yo tampoco.

¿Y de ahí, a qué otras lecturas pasaste?

Fui feliz durante cuatro o cinco años leyendo a Julio Verne. Lo leí de cabo a rabo hasta que se me cayó de las manos una de sus últimas novelas, El Castillo de los Cárpatos. La desilusión fue terrible: el fantasma de una bellísima mujer que provoca duelos entre dos enamorados resulta ser producto de una imagen cinematográfica acompañada de una grabación fonográfica. A partir de ahí juré no leer ninguna historia de fantasmas sin asegurarme de que eran fantasmas o monstruos de verdad, no trucos mecánicos. Gracias a eso leí varias veces Drácula, Frankenstein y El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. Pero mi sorpresa vino muchos años después, cuando leí La invención de Morel, de Bioy Casares, y descubrí que estaba más que inspirado por El Castillo de los Cárpatos, publicado medio siglo antes.

¿Cuándo pasaste a literatura más adulta?

Nunca. Kipling no tiene edad y lo sigo leyendo y releyendo. John Buchan lo descubrí con 15 años en The thirty-nine steps, el primer libro que leí en inglés. Y a partir de ahí, “degenerando, degenerando”, como decía Belmonte que un banderillero suyo había llegado a ser gobernador civil,  me lancé a Marcel Proust. El mayor error de mi vida de lector…

¿Por qué?

Porque es un pésimo novelista y un falso autobiógrafo. Me dejé deslumbrar por el revival de Proust. Leí la Recherche en la edición de la NRF. Quince volúmenes, 15. Los empecé con 17 años y los terminé con 24. Pasado el bache snob de Proust leí casi siempre por gusto. Todo Huxley (novelas y ensayos), todo Evelyn Waugh, casi todas las novelas de Juan Valera, Paul Morand, Maurice Baring. Narrativa popular a veces y en ocasiones difícil. Clásicos o no, siempre he buscado el placer de vivir otras vidas. Pura curiosidad. O impura. Ese móvil también empuja a leer ensayos de toda laya o historia de toda época. También a descubrir nuevos autores, o antiguos que tenía olvidados. Recientemente he redescubierto a Nabokov y descubierto a José Antonio Martínez-Climent.

¿Lees más inglés que español? ¿Pedantería snob?

No, tan sólo creo que hay más novela buena en inglés que en español o francés. Igual que hay mejor poesía en español y más teatro de los siglos XVI y XVII en español que en inglés. Aunque, claro está, Shakespeare… Él solo desequilibra a favor del inglés cualquier cálculo.

¿Sigues pensando que la lengua española es superior incluso a la literatura en español?

Sí, pero… Verás, eso fue una discusión que tuve hace muchos años, primero en mi fuero interno y después con varios compañeros de trabajo en un momento de ocio forzoso en la Plaza de la Provincia, 1. Lo mencioné en mi libro Por gusto pero no vuelvas  a preguntarme por eso.

¿Te alegras de haber sido diplomático?

Sí. De una u otra manera, desde que a los 23 años aprobé la oposición y hasta los 76 años me he ocupado de una u otra manera de las relaciones internacionales. No me aburrí nunca. Durante 17 años estuve destinado fuera de España. Como todos los diplomáticos de la historia, a veces suspiré “en Madrid no se dan cuenta”. Suspiros desde el extranjero, pero también desde el propio Ministerio. Incluso hoy, leyendo el periódico, gruñe el jubilado “¡el Sáhara!¡Ceuta y Melilla!¡Pero si ya se veía venir en 1975, con Franco enfermo!”.

¿Estuviste destinado en Mauritania, verdad?

De 1967 a 1970. Y después en París y más tarde en Copenhague, en Ottawa y, ya como Embajador, en Londres.

Y allí dimitiste…

No, un Embajador no debe dimitir. Yo pedí el cese y traslado a Madrid. Me molestó la decisión anunciada por el PSOE de huir del Irak en cuanto llegase él al Gobierno. Salí de Londres hacia las 10:30 del domingo 18 de abril del 2004. Zapatero entró en la Moncloa ese día hacia la misma hora o minutos después. De inmediato anunció la retirada de nuestras tropas en Irak. Dicen que los militares polacos y americanos entregaron plumas de gallina infamantes a los españoles de la Brigada Plus Ultra que abandonaban el frente. El Batallón de El Salvador que también estuvo en la Brigada Plus Ultra nos dió una lección: siguió en Irak cinco años más, hasta 2009.

¿Cómo te fue en los otros destinos en el extranjero?

Bien, de manera distinta en cada uno de ellos. En todos me hice amigos y en cada país encontré más curiosidad o afecto hacia España que rechazo. La Leyenda Negra existe, pero es más tenaz aquí dentro que allí afuera.

Tu otro oficio es el de escritor ¿no?

Sí, aunque también soy jardinero. Mediocre pero entusiasta. También me entusiasmó ser infante de Marina durante 14 meses y me aburrió ser bancario durante un año.

¿Cuál de tus libros te gusta más?

¿Pero no quedamos en que tú eres mi Sosias? Pues contesta tú.

A mí, tu no siempre fiel alter ego, me gusta mucho “El Rompimiento de Gloria”, tu única novela. Por cierto que en ella hay protagonista y deuteragonista. Lo dejo ahí para que se animen quienes esto lean y lean también tu novela, limpia y escabrosa.

Así pues con ese pío deseo dejemos aquí el interrogatorio en el que hábilmente estrechado a preguntas te has declarado liberal-reaccionario.

Es decir, liberal-reaccionario como Quevedo, Tocqueville, Lord Acton, Ortega y Gasset y Gómez Dávila. O, tal como este último lo explica:

“Si el progresista se vierte hacia el futuro, y el conservador hacia el pasado, el reaccionario no mide sus anhelos con la historia de ayer o con la historia de mañana. El reaccionario no aclama lo que ha de traer el alba próxima, ni se aferra a las últimas sombras de la noche. Su morada se levanta en ese espacio luminoso donde las esencias lo interpelan con sus presencias inmortales.

El reaccionario escapa a la servidumbre de la historia, porque persigue en la selva humana la huella de pasos divinos...

Ser reaccionario es defender causas que no ruedan sobre el tablero de la historia, causas que no importa perder.

[...]

El reaccionario no es el soñador nostálgico de pasados abolidos, sino el cazador de sombras sagradas sobre las colinas eternas.”

(Textos, de Nicolás Gómez Dávila)

 

“Ser reaccionario es haber aprendido que no se puede demostrar, ni convencer, sino invitar.”

(Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila)

 

 



jueves, 10 de marzo de 2022

De fanáticos y frenéticos


© El País, 6 de Marzo de 2022.

«No son fanáticos, sino frenéticos, y a los frenéticos vamos a darles todo el peso de la ley», anunció el gobernador de Querétaro tras la batalla campal registrada en el estadio Corregidora y durante el encuentro liguero entre el Querétaro y el Atlas.
ABC, 7 de Marzo de 2022.

A este respecto me permito reproducir lo dicho en esta bitacora el 27 de Noviembre de 2014, bajo el título 


[...] la maldad multitudinaria gratuita es aún más frecuente que la maldad multitudinaria política. Aunque a veces ambas bestialidades coincidan, como en Bizancio, con sus dos bandos, los azules y los verdes, forofos de sus respectivos equipos de aurigas y asimismo partidos políticos y sectas religiosas, pero, ante todo, turbas destructivas.

La carrera de cuadrigas, de Alexander von Wagner, 1882.
© Manchester Art Gallery

En una de las ocasiones más sangrientas, en el año 501 A.D., el equipo de los Verdes tendió una emboscada a los Azules en el anfiteatro de Constantinopla, masacrando a 3.000 de ellos. 

No se sabe a ciencia cierta cuántos muertos hubo en Querétaro. Parece ser que reina un cierto pudor político al respecto. Se supone que el fusilamiento del Emperador Maximiliano en 1867, también en Querétaro, es más aceptable para la opinión pública porque, ya se sabe, es más políticamente correcto matar a un emperador, como éste: 

L'Exécution de Maximilien, Édouard Manet, 1868.© Kunsthalle Mannheim




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viernes, 18 de febrero de 2022

Botones de Muestra (XXXV)

 Homenaje a Goethe
Diplomacia y literatura

Miguel Ángel Ochoa Brun



Así pues, por más que resultase cautivador y atrayente, aquí no se ha optado por imitar a José Ortega y Gasset, quien —por cierto con su habitual perspicacia y maestría— elaboró un «Goethe desde dentro», un Goethe nach innen, sino por ofrecer un posible Goethe desde fuera. Ése sería el título ideal para este estudio, si no fuese porque siquiera remedar a Ortega sería cuando menos indecente. Se aspira en todo caso aquí a presentar a Goethe en el ámbito internacional que los contactos diplomáticos facilitan o muestran y colocarlo así en el entorno de los ejecutores de su tiempo. Él ya una vez sugirió que los diplomáticos tal vez no sean sino directores de escena (él que tanto sabía de teatro), que luego desaparecen y dejan que los verdaderos actores ejecuten la pieza, cuyo resultado por cierto forzosamente ha de dejarse al favor del público y al albur de la fortuna.
(Homenaje a Goethe, Diplomacia y literatura, página 11)

No se puede olvidar que Goethe además no sólo es el ilustre personaje de las Letras, es también hombre de su tiempo. Y ese tiempo en Europa es particularmente merecedor de toda atención por lo mucho que en él acaeció y por los caracteres que lo configuraron.
(Op. cit., página 12)

En un distinto ámbito, más prometedor y fructuoso, en el de la Cultura, también hay individualidades que traspasan esa linde de épocas y maneras, incluso se lucran de ambas y hasta son brillantes epígonos en una y adivinos precursores en la otra. Son a su vez representantes eximios de uno y otro tiempo. Uno de ellos es desde luego Francisco de Goya. Otro es Ludwig van Beethoven. 
Otro es Goethe. 
Se da en él esa estupenda dicotomía que es causa de que para unos sea Goethe el clásico por antonomasia, para otros el indiscutible romántico. Es el autor de la límpida Ifigenia, del arrebatado Werther y del colosal Fausto. Los inquietos avatares de su propia vida acreditan esa a veces desconcertante variedad que ciertamente no es contradicción, sino riqueza.
(Op. cit., página 13)

Miguel Ángel Ochoa Brun incluye en este volumen 23 sonetos de Goethe traducidos al español, más tres sonetos de Benvenuto Cellini, en italiano, en alemán traducidos por Goethe, y en español traducidos por Ochoa. 

Se atribuye al eximio traductor que fue San Jerónimo el dicho de que una versión no es sino una perversión. Según eso, toda traducción es una traición, más o menos encubierta: «traduttore traditore», dicen los italianos. Y a ese riesgo o castigo ha de someterse por cierto todo aquél que temerariamente a un trabajo de traducción se apreste. Muy raramente la traducción, más aún si de poesía se trata, podrá trasladar a una versión la belleza formal del texto original o, si eso lo consigue, el intrínseco mensaje de los pensamientos que albergue. 
Tanto más, si de sonetos se trata, donde ha de atenerse el traductor a las estrictas reglas que lo constituyen.
(Op. cit., página 293)

Permítaseme entrometerme en una tertulia tan ilustre de San Jerónimo, Benvenuto Cellini, Goethe y Miguel Ángel Ochoa para asegurar a quien nunca haya tenido la necesidad o el deseo de traducir que tal labor es tan ardua y exige tanta precisión que casi siempre su resultado es vano cuando no ridículo. No es así, de ningún modo, en el caso de estas traducciones de Goethe elaboradas con pasión, con ciencia y con paciencia por Miguel Ángel Ochoa. Valgan como botón de muestra estos dos sonetos (página 300-301): 

III. KURZ UND GUT

     Sollt’ich mich denn so ganz an sie gewöhnen?
Das wäre mir zuletzt doch reine Plage.
Darum versuch
’ich’s gleich am heut’gen Tage
Und nahe nicht dem vielgewohnten Schönen.

Wie aber mag ich dich, mein Herz, versöhnen,
Daß ich im wicht
gen Fall dich nicht befrage?
Wohlan! Komm her! Wir äußern unsre Klage
In liebevollen, traurig heitern Tönen.

Siehst du, es geht! Des Dichters Wink gewärtig,
Melodisch klingt die durchgespielte Leier,
Ein Liebesopfer traulich darzubringen.

Du denkst es kaum, und sieh, das Lied ist fertig!
Allein was nun? – Ich dächt
’, im ersten Feuer
Wir eilten hin, es vor ihr selbst zu singen.

IV. DAS MÄDCHEN SPRICHT

           Du siehst so ernst, Geliebter! Deinem Bilde
Von Marmor hier möcht
’ich dich wohl vergleichen:
Wie dieses gibst du mir kein Lebenszeichen.
Mit dir verglichen, zeigt der Stein sich milde.

Der Feind verbirgt sich hinter seinem Schilde,
Der Freund soll offen seine Stirn uns reichen.
Ich suche dich, du suchst mir zu entweichen;
Doch halte stand, wie dieses Kunstgebilde.

An wen von beiden soll ich nun mich wenden?
Sollt
 ich von beiden Kälte leiden müssen,
Da dieser tot und du lebendig heißest?

Kurz, um der Worte mehr nicht zu verschwenden,
So will ich diesen Stein so lange küssen,
Bis eifersüchtig du mich ihm entreißest.


Traducción de Miguel Ángel Ochoa Brun: 

III. DE UNA VEZ

           ¿Me veré a la costumbre esclavizado
de no poder vivir sin su presencia? 
Hoy quiero conocer lo que es la ausencia
pasando un día lejos de su lado.

  Mas, ¿cómo, corazón, no he consultado
en asunto tan grave tu experiencia? 
Ven, cantemos los dos esta inclemencia
de nuestro triste y solitario estado. 

 ¿Ves? Mi lira obediente ha respondido,
al gesto del poeta y ya escuchamos
el son de sus acordes melodiosos.

  Apenas lo pensaste y concluído
el poema está ya. ¿Y ahora? ¡Vamos
a llevárselo a ella presurosos!


IV. HABLA LA MUCHACHA

¿Por qué tan frío, amado? ¿De este mudo
marmóreo busto imitas la tiesura?
Si en ti no hay, tampoco en él ternura;
contigo comparado, es menos rudo.

Se esconde el enemigo tras su escudo, 
mas descubre el amigo su figura; 
si te busco, me huye tu premura;
aguarda y ve; tu estatua huir no pudo.  

¿A cuál, pues, de los dos mi amor entrego?
¿Habré de soportar dobles desvíos,
porque uno es mudo y otro desdeñoso?

Pero más no hablaré, sino que luego
de piedra besaré estos labios fríos
hasta que tú me arranques envidioso.------------------

Goethe dictando. Óleo de Johann Joseph Schmeller, 1834. 

¿Qué tiene esto que ver con Goethe y la Diplomacia de su tiempo? 
Poco, solamente, por no decir que nada. Además, el que esto escribe debiera aplicarse a sí mismo el cuento y recordar que en la limitación se muestra el buen autor. 
En algo sí pudiera hallarse conexión. La Diplomacia requiere respeto a las leyes y contención en las formas. Y eso tal vez sí lo explicó Goethe (magistralmente por cierto) usando para ello las formas poéticas más tajantemente exigentes de rigor y limitación: los sonetos. 
En ellos expuso Goethe lecciones tanto precisamente de literatura como de política, tanto para poetas como para ciudadanos, pero aplicables desde luego a quienes se afanen en las tareas de la Diplomacia: «en la limitación se define un maestro»y «sólo la ley nos da la libertad».
(Op. Cit., página 219-220)

Termina el autor este libro que de alguna manera abarca su vida entera, su vida intelectual y profesional, declarando: 

Y que mi admiración, muy de antaño cultivada, desde los tiempos que a la vista actual de uno mismo se antojan antiquísimos, quede probada, responde una osadía: la de atreverme a intentar una traducción en verso castellano de los sonetos goethianos y en forma de soneto. Y ello porque su serie ofrece un cerrado conjunto de variados asuntos. También porque el soneto es (para mí al menos) la expresión más consumada del cuidadoso quehacer y del remunerado resultado de todo poeta. «Catorce versos dicen que es soneto», sí, pero es desde luego mucho más. Y a esa gratísima tarea dediqué mis esfuerzos, allá por mediados del siglo pasado, en el año 1956, en parte en Madrid, en parte en Cambridge. No los he retocado, por más que bien conviniera, porque preferí dejarlos en el nostálgico estado que me inspiran. Y ahí están para que el lector los quiera o los desdeñe.
[...]
Porque a nadie quedará ya duda de que éste ha despertado de siempre mi admiración, aun cuando sus pensamientos sean tan insondables, su vida tan inabarcable como para que casi sea ilícito sumergirse todavía en ella a la búsqueda de más resultados. Convencido estoy de que a tal hombre, a tal poeta, lo único que puede ofrecérsele, es esto, un homenaje.
(Op. Cit., página 376-377)

Homenaje que, por cierto, yo debo al propio Miguel Ángel Ochoa Brun por lo mucho que aprendí de él más que de ningún otro jefe y compañero y amigo diplomático. Así pues, gracias y que Dios te guarde, querido Miguel Ángel.

P.S. Este su más reciente libro confirma la dedicatoria a Miguel Ángel Ochoa de mi libro El Guirigay Nacional:

MICHELANGELO OCHOA
QUI SAPIENTIAM AC BONITATEM
ELEGANTISSIME
IRONIA CELAT



Homenaje a Goethe. Diplomacia y literatura
Miguel Ángel Ochoa Brun
Publicado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España con la colaboración del Goethe Institut en Madrid
Madrid, 2022

Hay una versión digital disponible en la página del Ministerio de Asuntos Exteriores.


Enlaces relacionados:

Botones de Muestra (XXVII): (2015) Miguel Ángel Ochoa 
Tres poemas irónicos: (2011) Miguel Ángel Ochoa 
Trampantojos: (2010) Miguel Ángel Ochoa 


jueves, 20 de enero de 2022

Entre bobos anda el juego

La estupidez es a veces torva y en los políticos más. Pero no siempre es así. En ocasiones, oteando el paisaje y el paisanaje se ve a más de un Alto Cargo (son 740 en la Administración Central e incontables en el resto de las taifas, y también incontables los Asesores Políticos nombrados a dedo) con un rótulo en su despacho que hace sonreír al ciudadano de a pie. La "Dirección General de Biodiversidad, Bosques y Desertificación" o la "Dirección General para la Igualdad de trato y Diversidad Étnico Racial" son buen ejemplo de ocurrencias burocráticas. Más allá de la indudable buena intención de las tareas encargadas, no se puede decir que la redacción sea feliz, salvo que se tenga en cuenta que algo que provoca sonrisas no puede ser del todo malo. Y que uno de los muchos errores de Unamuno fue sentenciar que "No hay tonto bueno". 

Admirable ejemplo de lo que da de sí esa faceta de la Insobornable Contemporaneidad es esta viñeta del mejor ilustrador y humorista gráfico actual, José María Nieto:

Viñeta de JM Nieto, ABC, 15 de Enero de 2022
(pinche aquí para agrandar la imagen)


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domingo, 9 de enero de 2022

Regalo por el Solsticio de Invierno

Me llega este generoso regalo por el Solsticio de Invierno que me hace Enrique García-Máiquez en su Blog en Leer por Leer:  https://leerporleer.com/saturnino-cest-moi/


Saturnino c’est moi

por Enrique García-Máiquez

22 de diciembre de 2021

Ayer di una clase sobre El rompimiento de gloria del marqués de Tamarón. Él dice que es un libro sobre la Sierra de Gredos. Yo digo que es un bildungsroman como una casa o, como una sierra de Gredos, y así lo dejamos empate, ni para él ni para mí. A Saturnino Prieto, Elena Cienfuegos y su hermano Miguel, conde de Fonseca, lo hacen un hombre distinto, un eslabón de oro de la catena aurea, nada menos. Las analogías y los paralelismos con Retorno a Brideshead nos dieron más de un rompimiento de gloria.

De entre las cien lecciones (de naturaleza, de inglés, de latín y griego, de vida social, etc.) que los hermanos Cienfuegos («la tradición no es adorar las cenizas sino transmitir el fuego») ofrecen, he escogido, por el prestigio ancestral del decálogo estas diez, a las que me aplico con obediciencia:

1.«Te quiere, te admira y tan sólo te pone en guardia contra la impiedad. Él la llama contradiós, pero es lo mismo. Es el fruto del orgullo del mediocre, o sea de la hubris» [Eso le dicen a Saturnino de la carta de su padre. La primera lección es venerar a los progenitores.]

2.«Sólo nos puede salvar la liturgia, que da sentido mágico a la repetición».

3.«Sátur, cuando algo te dé mucha pena no intentes olvidarlo. Recuérdalo con todo detalle. Es el único exorcismo que vale».

4.«Nadie debe avergonzarse de su cuerpo, y tú menos; tu cuerpo es recio y nervudo».

5.«En la vida lo más difícil es ver a la vez la hoja, el árbol y el bosque».

6. «Prométeme que algún día traducirás a Hopkins —me dijo Elena al oído, en el tren». [Es el poema de acción de gracias a Dios por la belleza con manchas de las cosas bizarras, porque hay que agradecerlas y más en este mundo de tanta uniformación y neopuritanismos.]

7.«Miguel era maestro en el arte, ya desaparecido, de simular que recibía un favor cuando lo estaba haciendo él. Sigo sin saber si era pudor o cortesía anticuada».

8. «Cuídate ser Mago / si no eres pastor» (Eugenio d’Ors). «Yo creo que para los antiguos la magia, la historia, la poesía y la política eran lo mismo, y todo ello lo expresaban cantando».

9. «Taciturnos no, porque no sirve para nada y ellos eran gente práctica». [Aunque Miguel Cienfuegos es un reaccionario pesimista…] «además es más divertido actuar que lloriquear».

10. «Obedece y recuerda que la hubris siempre atrae a la némesis, so burro».

 


lunes, 13 de diciembre de 2021

Felices Pascuas y A.D. MMXXII

Pone Murillo más matices expresivos en este cuadro de lo habitual en él. No todos son risueños. El asiático Rey Gaspar mira al Niño con curiosidad e inquietud, como si intuyese el doloroso final. En cambio Baltasar el africano disfruta contemplando al Niño Dios. Melchor, rendido, y su rostro no aparece, como en casi ningún otro cuadro de esa época. De los dos pajes, el que sostiene el manto del Mago Melchor sonríe con ternura y comprensión. El otro paje, distraído, mira a Murillo. La Virgen muestra una sonrisa cansada. San José, siempre prudente en el fondo.

En fin, este cuadro es de todos los de Murillo uno de los que más emoción y dramatismo encierran. Los Reyes Magos traían oro para el Niño Rey, incienso para el Niño Dios y mirra para el Niño Hombre, puesto que había de morir y con la mirra se embalsamaba a los muertos. 

Mezcla de temores y esperanzas, mezcla adecuada a este par de años de la Peste. Hasta los temores se tornan esperanzas mirando al año que empieza tras este solsticio de Invierno.


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miércoles, 17 de noviembre de 2021

Nueve liberales reaccionarios

Durante todo este otoño en el que he cumplido ochenta años me he propuesto no leer más que por gusto, título por cierto de mi último libro. Por una feliz coincidencia han ido llegando a mis manos libros que tenían en común una sólida aunque sutil condición liberal-reaccionaria. Podían haber sido otros, pero fueron estos los libros que acompañan mis pensamientos - más bien serenos y a veces burlones de mí mismen este Otoño de la Varonil Edad o ya quizá en el Invierno de la Vejez, que diría Baltasar Gracián.

Cabe preguntarse qué tienen en común un novelista inglés del siglo XIX como Kipling, un sinólogo belga del siglo XX que escribía en francés, en inglés y en chino, como Simon Leys, un filósofo ateo, cristiano español que escribía en inglés como George Santayana, un historiador del arte francés como Marc Fumaroli, un pensador colombiano como Nicolás Gómez Dávila, un aforista rumano que escribió en rumano y luego en francés, como Cioran, un filólogo español como Darío Villanueva, un novelista zoólogo como José Antonio Martínez Climent y una farmacéutica y ensayista del siglo XXI como Esperanza Ruiz. Cuatro de ellos escriben en español, cuatro en inglés, tres en francés, uno en rumano y otro en chino.

Todo parece indicar que siete de los nueve son cristianos. Más o menos ateos son Santayana y Cioran. Santayana, a quien su amigo Bertrand Russell¹ reprochaba su capacidad de declararse ateo y a la vez católico abulense. En cuanto a Cioran, que también se declara ateo, parece hacerlo sobre bases más sólidas, aunque no faltan quienes ven en el rumano más soberbia masoquista que otra cosa². 

He tardado medio siglo en concebir la sospecha de que Cioran era el mejor escritor cómico del siglo XX, además de sincero pesimista. Su exhibicionismo sentado en la calle para mostrar las llagas purulentas o acostado en un lecho de púas– era sincero. Los farsantes suelen ser sinceros. Los nihilistas también. Los existencialistas no. Piense usted en el sucio J. P. Sartre.


Cioran escribe prosa en un francés tan puro y sobrio como la poesía de La Fontaine tres siglos antes. Pero Cioran obliga al lector a preguntarse si se puede ser a la vez falso en el fondo y sincero en la forma. Tal vez sí; a fin de cuentas Cioran debió de ser sincero al menos en su amor por Simone Boué. Ella tuvo una santa devoción por su compañero sacándolo de su obsesiva sordidez material. Por eso no me atrevo a generalizar del todo sobre nada relacionado con el rumano feroz. No se sabe cuándo está desnudo y cuándo viste disfraz. Por ejemplo esta reflexión: 

Si Dieu existe, c'est grâce à Bach; si je ne me suis pas tué, c'est à lui aussi que je le dois. 
Si j'ai décidé d'exister c'est à Bach que je le dois. Il est vrai que Dieu lui doit encore plus: son existence.
Dieu et moi, nous devons tout à Bach.³  
 

Los nueve son bondadosos, quizá salvo Cioran. Pero éste finge maldades que lo hacen sospechoso de ser bueno. Esperanza Ruiz también hace a veces comentarios sarcásticos y amargos. Pero como habla bien de mí, deduzco que mala del todo no es, más bien lo contrario. Los soplos de amargura no son sino exorcismos... 

— ¿Y por qué cree usted tal cosa? 
— Porque también yo intento esos exorcismos. 
— Claro, cree el ladrón que todos son de su condición. 
— Sí señor, así lo creo. Pero yo no me comparo con la ensayista y autora de cuentos porque carezco de su arma secreta: es especialista en Formulación Magistral de medicamentos. Y además escribe mejor que yo, con su estilo de frases de diez o veinte palabras.

Y tenue y hermosa esperanza (Nomen est omen) hay en el libro de Esperanza Ruiz: 

La naturaleza humana se rebela ante la creación del hombre nuevo, porque está hecha para la trascendencia. Tan solo es necesario que existan rescoldos -por eso la tradición es revolución. 

Tal vez el común denominador de mis nueve autores sea que aprecian las mismas opiniones y los mismos escritores. Pero no lo creo. Más pesa el que todos ellos desprecian las mismas cosas habituales en sus compañeros de la República de las Letras. Por ejemplo desprecian la cobardía y la obediencia servil a la moda, características señeras de la Postmodernidad, Posmodernidad o Pusmodernidad.  

También creo ver presente una oposición en estos nueve autores al relativismo a ultranza de la Pusmodernidad. El caso es que en alguno de estos libros hay nostalgia, en el sentido de añoranza de un pasado que no se llegó a conocer. En otros hay simple irritación frente a la brutal vulgaridad de la insobornable contemporaneidaz

En uno, el de Cioran, suena risa amarga ante "el peor de los mundos posibles", que diría Schopenhauer.  

En otro, el de Darío Villanueva, hay asombro y rechazo frente a la posverdad, la corrección política y otros epifonemas de la estupidez o la bellaquería. 

Mientras Fumaroli desde su primera página llora por el hombre, soberbio como un mono furioso, an angry ape en la cita de Shakespeare con la que abre su libro y de paso desmiente al prologuista Pierre Laurens cuando cita a Pascal: 

Quand l'univers l'écraserait, l'homme serait encore plus noble que ce qui le tue.⁵ 

Kipling es el único que circunscribe su melancolía en el espacio más que en el tiempo. Aunque el tono cambia tras la Gran Guerra en la que murió su único hijo, John Kipling, a los 18 años, Teniente del Regimiento Irlandés de la Guardia Real. 

Un caso ambiguo y difícil de clasificar a estos efectos es este de Rudyard Kipling. Ahora estoy absorto releyendo sus novelas y cuentos. Los bienpensantes políticamente correctos, hoy llamados woke, y demás tribus progres levantan la ceja y sonríen suficientes: 

–  ¡Un racista, imperalista trasnochado, machista ....!

Kipling no era nada de eso. Puede tomarse como ejemplo uno de sus cuentos,  titulado  Lisbeth (incluido en los Plain tales from the hills, de 1888, mal traducido como Cuentos de las colinas) donde una muchacha india llamada Lisbeth es la heroína en todos los sentidos de la palabra. Recogida de niña huérfana muy pequeña por un misionero protestante británico y su mujer en una aldea del Himalaya, educada a la europea y en inglés, conoce a un joven viajero inglés enfermo, se enamora de él, lo cuida, le declara muy seria su amor y él, hipócrita sonriente, le dice que volverá para casarse con ella. Pasa el tiempo y él no da señales de vida pero le encarga a la mujer del misionero que le diga a Lisbeth que no va a volver a la India. La muchacha se va a otra aldea de la montaña y se casa con un leñador de allí que le pega regularmente. Cuando ella ya está vieja acostumbra a emborracharse y contar su amor frustrado. 

Todo eso lo cuenta Kipling en siete páginas sobrias y perfectas. A veces parece Maupassant. No sobra nada, no exhibe bellos sentimientos, no oculta luces y sombras. Las sombras están casi todas del lado civilizado, británico, cristiano, hipócrita. Ella, llamada Lisbeth en plan cursi de clase media por el misionero y su esposa, es descrita como una diosa griega o un héroe medieval sans peur et sans reproche o, más próxima en la geografía, como un dios guerrero del Asia Central. 

El otro ejemplo de perfección narrativa y mucho más largo es Kim. Allí más que en ninguna otra de sus obras presenta Kipling un amplio elenco de personajes de todas las razas y religiones del subcontinente indio. Kim es hijo huérfano de un cabo irlandés borracho y su mujer también irlandesa, que se cría solo en los suburbios de Bombay, como un golfillo indio cualquiera. Aparecen en la novela, llenos de buenas intenciones dificilmente conciliables, un capellán católico, un pastor anglicano, un musulmán, un tratante de ganado afgano, un espía británico, y el héroe supremo: el lama tibetano que se prepara para morir.

Nicolás Gómez Dávila recogió en su libro Escolios a un texto implícito una imponente colección aforismos que culminan en las dos últimas páginas: 

Ser reaccionario es haber aprendido que no se puede demostrar, ni convencer, sino invitar. 
Escribir es la única manera de distanciarse del siglo en el que le cupo a uno nacer.
 
Esta es una buena descripción de la actitud liberal-reaccionaria ante la vida. Tiene mil antecedentes, mil melancolías y burlas agridulces, desde Catulo hasta Cioran pasando por Quevedo. 

Pero también hay otros miembros de la familia liberal-reaccionaria con menos acidez. Simon Leys es uno, cuyo talante no sé si apacible o resignado a la violenta estupidez del siglo XX se refleja en estos ensayos de The Hall of Uselessness. Su bondad tolerante aflora cuando escribe sobre conservadores mucho menos apacibles que él, por no decir feroces, como Evelyn Waugh. Con él está de acuerdo y el lector se ríe con ambos, no de ambos. Simon Leys también sabe reirse de Jacques Lacan cuando en un frenesí hiperprogre "realiza frente a sus fieles un exorcismo al estilo del vudú, frenéticamente pisoteando y destruyendo un ejemplar del libro de Revel titulado ¿Por qué filósofos? en el que se analizaba el charlatanismo de Lacan."

Pero el más ambiguo y sutil de los escritores liberal-reaccionarios es José Antonio Martínez Climent. Un lugar sagrado donde cazar trata de un mundo ya desaparecido pero que no lo sabe. Por ahora me limitaré a decir que conmueve su evocación de los restos de la clase dirigente rusa anterior a 1917, y también sorprende en cada vuelta y revuelta del relato. Pero ocurre que las novelas con intriga requieren respeto infinito por parte del crítico para no desvelar o revelar los entresijos del libro. Así es que le dedicaré a la novela otra entrada exclusiva en esta bitácora. 

Eso mismo haré con otros de los libros aquí señalados. Qué menos que eso para agradecer su compañía en mi tránsito -risueño por ahora- del Otoño al Invierno. 

En resumen, todos son reaccionarios. Reaccionarios de diversas maneras, pero reaccionarios pues reaccionan ante lo que consideran peligroso, necio o feo. Además de consustancial al hombre, suicida a medio plazo.



Notas: 

¹ Manuel Garrido, en su prólogo a la edición en español de “Interpretaciones de poesía y religión” de Santayana, escribe: 

"[...] unos atribuyen a Bertrand Russell y otros a Robert Lowell: «Santayana cree que Dios no existe y que María es su madre»."

² Le rien et Dieu chez Cioran, Marc Dumas.

³ Segundas galeradas de la Sur la musique, de Cioran

Si Dios existe, es gracias a Bach; si yo no me he matado también se lo debo a él.
Si he decidido existir es a Bach a quien se lo debo. Es verdad que Dios le debe aún más: su existencia. 
Dios y yo, lo debemos todo a Bach.  

 Whiskas, Satisfyer y Lexatin, Esperanza Ruiz. 

⁵ Dans ma bibliothèque, la guerre et la paix, Marc Fumaroli:

Aún cuando el universo lo aplastase, el hombre seguiría siendo más noble que aquello que lo mata.


Enlaces Relacionados:

"Quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo" (George Santayana) 
Botones de muestra (XX): Nicolás Gómez Dávila
Botones de muestra (XXVI): Nicolás Gómez Dávila, José Miguel Serrano Ruiz-Calderón
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