Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

miércoles, 1 de febrero de 2023

Margarita Salaverría (1911-2000)

    La semana pasada di una conferencia sobre Margarita Salaverría, la primera mujer diplomática de España y tal vez del mundo. Sólo estoy seguro de dos cosas. En primer lugar, de mi afecto y admiración por ella. En segundo lugar, de la superioridad de ella sobre cualquier comentarista y compañero suyo diplomático. Y esa superioridad es mayor aún refiriéndose al autor de estas líneas. 

    Pero me atrevo a publicarlas para compartirlas con otros más jóvenes que nunca conocieron su inteligencia, su sentido del humor y su seriedad. También tengo el vídeo de la conferencia pero no sé si lo publicaré. Mi modestia no alcanza el heroismo necesario para mostrar los titubeos y tropiezos propios de la ochentena. 


    Margarita Salaverría, cuando era niña, acompañaba a veces a su padre al Ateneo; ella leía el TBO. También iban al cine; él lloraba. Los que la conocieron saben que tenía un talante afable y sonriente, y sentido del humor. Pero en las fotografías casi siempre aparece con una expresión seria. El contraste entre la realidad y su reflejo en las reproducciones, tal como me recordó alguien aquí presente, era muy común hasta hace cuarenta años; como si las personas contuviesen las muecas y gestos para que no saliera borrosa la negra y blanca imagen fotográfica… 

    Ese contraste entre la realidad y las fotos es en buena medida inevitable casi siempre, pero no del todo indeseable. Ayuda a evitar el error de juzgar indebidamente, tal vez incluso el error de juzgar, a secas. Tan sólo quería añadir que Margarita Salaverría tenía la virtud de la modestia, pero no era humilde. Por cierto que su marido, Jaime Argüelles, coincidía con ella  en ese punto de su talante. Cierto personaje del mundo progresista lo comentó una vez a su hija, tras observar a los dos diplomáticos haciendo cola modesta en Barajas.

    Margarita Salaverría nació el 12 de Marzo de 1911, en Buenos Aires. Su padre era José María Salaverría, y su madre, Amalia Galarraga, vascos ambos por los cuatro costados. 

    Amalia Galarraga nació en San Sebastián en el año 1885. Se sabe poco de su infancia, y tampoco mucho más de su juventud. Tan sólo que se graduó como maestra y que aprendió francés como au pair en un pensionado de señoritas en Francia. Amalia y José María se conocieron en San Sebastián donde se casaron y poco después viajaron de vuelta a la Argentina. 

    Amalia Galarraga era conocida como una mujer feminista, fundadora del Lyceum Club Femenino de Madrid –primera organización cultural creada por mujeres en 1926, con el objetivo de luchar por la igualdad social y jurídica de las mujeres– y tesorera del Comité Ejecutivo del mismo. Amalia estaba rodeada de numerosas mujeres intelectuales del momento como Carmen Baroja y Nessi.La presidenta del Lyceum Club Femenino de Madrid era María de Maeztu, el resto de la junta del club la componían Carmen Baroja, Clara Campoamor, Victoria Kent y Amalia Galarraga como tesorera, entre otras.

“La más maravillosa tesorera y la mejor amiga”, en palabras de Carmen Baroja.

    A principios de 1930 Amalia participó en la fundación de la Liga Femenina Española por la Paz, fruto del congreso de asociaciones pro-Sociedad de Naciones, en el que la Liga quedaba integrada. Esta liga estaba formada fundamentalmente por un grupo de mujeres pacifistas, que en su mayoría eran, también, socias del Lyceum Club Femenino de Madrid.


    José María Salaverría fue definido acertadamente como un hombre de contrastes. Nació en 1873 en el faro de Vinaroz, Castellón, del que su padre era torrero. A pesar de su nacimiento mediterráneo José María era de pura raza vascongada, el padre de Salaverría y los abuelos paternos eran naturales de Álava, mientras que su madre y los abuelos maternos eran nativos de Guipúzcoa. La niñez y adolescencia de José María en ese faro contribuyó decisivamente a la pasión que Salaverría siempre tuvo por las cosas de la mar.

    La soledad y el aislamiento en los que se desarrolla la primera infancia y juventud de José María Salaverría lo predispone a ser un niño soñador y melancólico. Él mismo se confiesa de una timidez enfermiza, seguramente debido a las muchas horas que pasó a solas en lo alto del Monte Igueldo donde su padre había sido trasladado como responsable torrero y al borde de un acantilado. En su soledad cultiva la fantasía y su ansia de conocer otros mundos. 

    Como todo adolescente con inclinaciones literarias probó a escribir poesía antes de, ya con una cierta madurez, centrarse en el ensayo. Su espíritu independiente a ultranza lo hacía a la vez librepensador y conservador, admirador de Nietzsche y de Krause, vasco pero no vasquista. Incluso se pronunció a favor de Clara Campoamor, partidaria del voto femenino, mientras que Victoria Kent se oponía pues sospechaba que las mujeres eran todavía incapaces de decidir sobre sus propios intereses.

    La familia vivió en la Argentina, José María tenía un contrato con el periódico argentino La Nación para escribir una columna diaria. Permanecieron allí hasta 1914, cuando volvieron a Europa. El periódico La Nación le encargó informar desde Europa sobre la Gran Guerra. Margarita acompañó a sus padres en su recorrido por los países en conflicto y guardaba el recuerdo de la aparición en el cielo de París de un gigantesco dirigible alemán, el Zeppelin. También recordaba el caso anecdótico de cómo los taxis de París se movilizaron en masa para ayudar al transporte de las tropas hasta el frente del  Marne. 

    Mientras fue una niña pequeña quedaba a menudo al cuidado de sus tías en San Sebastián. Esa puede ser la razón por la que se sintió siempre muy donostiarra y mantuvo un profundo apego a la bella Easo, lugar en donde veraneó hasta la Guerra Civil.


    La educación de Margarita empezó en el Colegio Alemán de Madrid, actual sede del Instituto Goethe. Cuando tenía siete años volvió, un día de Noviembre de 1918, a casa de la escuela y su padre, sabiendo que Guillermo II acababa de abdicar del trono imperial de Alemania, le preguntó si había habido algo interesante ese día en las clases y la niña contestó que no, pero que al final de la jornada entró el director de la escuela en el aula y quitó el retrato del Kaiser de la pared. Sic transit gloria mundi… 


    Después Margarita fue al Colegio Instituto Escuela, de la Institución Libre de Enseñanza, ya que a Salaverría, atraído por los valores morales e ideológicos del krausismo, le parecía el mejor entorno para educar a sus dos hijas. Ambas, pues, se formaron en un ambiente escolar laico y mixto con salidas al campo para conocer la naturaleza, con sesiones en laboratorios, viajes por España y excursiones a la montaña con esquí y otras actividades. 

    Margarita Salaverría se matriculó en la Facultad de Derecho en Madrid y cursó con brillantez los cinco años entre 1927 y 1932, años convulsos incluyendo la caída de la Monarquía en 1931.

    No todo eran estudios en la vida de Margarita. Su afición al esquí y a las fiestas de juventud le hizo estar siempre rodeada de amigos en un clima de camaradería.  En la foto vemos a Margarita con unos amigos en una representación teatral en casa de los Baroja. La casa de los Baroja, amigos de la familia, fue un centro de reunión del mundo social e intelectual de la época en Madrid, dónde tenían lugar representaciones teatrales de aficionados.  Los Baroja habían fundado una compañía de teatro de aficionados llamada “El Mirlo Blanco”. 


    Muchos de los amigos que Margarita hizo durante su época escolar en el Instituto Escuela y durante su época universitaria,  la acompañaron el resto de su vida. Carmen Marañón, Carmen Ortueta, Gonzalo Menéndez Pidal, Luis Díez del Corral, Soledad Ortega Spottorno, Carmen Castro de Zubiri y Emilio Garrigues Díaz-Cañabate.

    Margarita terminó sus estudios con un brillante expediente académico y se enfrentó al problema de qué profesión elegir. Sin estar muy segura de qué oposición querría hacer tras licenciarse se decidió a acudir a las oposiciones para ingresar en la Carrera Diplomática, que aprobó siendo la primera mujer diplomática y obteniendo el número 15 de los 26 puestos convocados.


    La noticia de Margarita Salaverría como primera mujer del mundo que ingresó en una carrera diplomática fue muy comentada. La prensa iberoamericana en su conjunto y periódicos de América del Norte, Alemania, Francia, Portugal, Austria, Reino Unido, etc. se hicieron eco de esta noticia.

    Muchos periodistas se acercaron a Margarita para entrevistarla. Ella nunca quiso conceder entrevistas porque no consideraba que el hecho de que una mujer ganara las oposiciones podía suponer algo excepcional. Todo lo contrario, para ella ganar las oposiciones no suponía más que la consecuencia lógica de una trayectoria académica que le brindaba un futuro profesional.

    Mientras la noticia vibraba en el mundo periodístico, Margarita no paraba de decir que aquello no tenía relevancia ninguna y que tan sólo se debía a la educación recibida. Esta manera de pensar la llevó a rechazar las solicitudes de entrevista y es curiosa la conversación que mantuvieron Josefina Carabias y Margarita Salaverría en sus primeros años de estudiantes de Derecho:

- ¿De modo que tú vas a estudiar Derecho?

- Si. Empezaré ahora. ¿Y tú también?

- Yo también. La gente dice que no es carrera a propósito para la mujer…

- Si, eso dicen, pero ya veremos. Casi ninguna chica estudia leyes.

- ¡Claro! Si nos dejaran ser jueces, notarios, registradores, como a los hombres…

- A mí lo que más me gusta es la carrera diplomática…

- Pero por ahora no nos dejan ingresar, quién sabe más tarde…

(A propósito, conviene recordar que es frecuente en la prensa confundir Carrera con Cuerpo Diplomático. Margarita Salaverría fue miembro de la Carrera Diplomática. El Cuerpo Diplomático lo constituyen los diplomáticos extranjeros acreditados en una capital).

    En el diario La Voz, de Madrid, apareció con la firma de “un Curioso Impertinente”, medio en serio y medio en broma irónica la suposición de que Margarita Salaverría habría tenido que desobedecer a su padre para concurrir a estas oposiciones dado el carácter retrógrado de Salaverría. Éste desmintió las afirmaciones del “Curioso Impertinente”:  

“Don José María Salaverría nos ruega la publicación de la carta que sigue:

“Señor “Curioso Impertinente”. Mi querido amigo: ¡qué lástima! ¡Qué lástima! ¡Un artículo que le había a usted salido tan bien! ¿Por qué se le ocurrió terminarlo con esa impertinencia tan innecesaria? ¿O es de veras que no conoce la verdad? Lo verdadero es que la señorita Margarita Salaverría no ha tenido que verse “precisada a saltar por encima de algún sentimiento filial, y hasta de la obediencia debida, ya que sus años distan con mucho aún de la mayoría de edad”. He aquí la impertinencia innecesaria.  Como usted frecuenta la amistad de personas que me conocen de antiguo, por ellas podía haberse informado de que eso que usted sugiere es en el caso completamente injusto. La señorita Salaverría, naturalmente, ha hecho las oposiciones a la carrera diplomática con la complacencia y el más vivo interés de su padre. Si el padre escribió acerca del morado de la nueva bandera española, cierto es que después han escrito casi lo mismo del asunto Félix Lorenzo y Miguel de Unamuno; con la diferencia de que a mí me han procesado, y a ellos y a otros muchos, no. ¿Pero qué es esto? Esto es, sencillamente, que la señorita Margarita Salaverría, como su padre, entiende que más allá, y por encima de la política, se encuentra España, y para servir a España lo mejor posible, ha elegido la carrera diplomática. Esto, tan fácil de comprender si se deja a un lado la obsesión o aberración partidista, es lo que le ruega acepte como exacto su afectísimo amigo José María Salaverría.”


    Al mismo tiempo, en el ABC de Madrid del 28 de Febrero de 1933, César González Ruano comentó la noticia de Margarita e hizo hincapié en que José María Salaverría, considerado por la izquierda como el disidente enconado de la Generación del 98 y un cavernícola, resultó ser un “erizo bondadoso” capaz de educar a su hija como una mujer libre, independiente y culta. 

“Atención al sesgo intelectual de su vida; curiosidad a que profese en la Diplomacia la hija de un escritor, que es el escritor menos diplomático del mundo”.

“¡Gran Salaverría! Cómo se cumple, una vez más, la gran verdad del erizo cuidando de las rosas…” César González Ruano.


    Corpus Barga (Andrés Rafael Cayetano Corpus García de la Barga y Gómez de la Serna) escribió en La Nación (Febrero 1933):

    “El que José María Salaverría fuera ministro en China, no tendría nada de particular, pero que su hija Margarita haya sido aprobada en las oposiciones y tenga dentro de unos meses categoría de Secretario de Embajada es un hecho de consecuencias incalculables. Margarita es una muchacha moderna, estudiosa. Un espíritu muy nuevo y bien dotado para la vida. Menos distraída que un muchacho. Más aplicada que él, porque tiene que demostrar que vale más.”

    Tras el final exitoso de las oposiciones de 1933, los 26 que habían obtenido plaza hicieron un viaje por la España meridional y levantina y otro por Europa Central, Alemania, Checoslovaquia y Polonia. 

    La parte del viaje que a Margarita Salaverría le pareció más interesante fue su estancia en Alemania. 

   Debido a la llegada al poder de Adolf Hitler en enero de 1933 y a la progresiva instauración de un régimen totalitario, la sociedad internacional miraba cada vez con mayor atención —y con ansiedad— una posible remilitarización alemana y la amenaza que la acompañaba. 

   Son interesantes las reflexiones que Margarita hace con 22 años sobre la situación política en Alemania, recogidas en su informe presentado al Ministerio de Estado: 

“No puedo ni pretendo juzgar aquí  lo que esta nueva política representa para Alemania. Por un lado, están las estadísticas económicas revelando una notable disminución del paro obrero y de la crisis industrial; está el orden absoluto en toda la nación —aunque ésta puede ser una característica racial más que política, pues nos cuentan que hasta las mismas manifestaciones comunistas y anti-guerras se hacían marcando el paso—; están el contento y el entusiasmo que rebosan las personas con quienes tenemos ocasión de hablar. Pero, por otro lado, no se puede olvidar a los profesores universitarios emigrados o semi-emigrados que hemos visto en Ginebra, ni el imponente cuchillo que, lo mismo que los fascistas italianos, llevan al cinto las juventudes.”


    En la promoción, Margarita trató con sus compañeros, muchos de los cuales tuvieron después carreras muy brillantes. Pedro Cortina, que fue Subsecretario, Embajador en París y después el último Ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Franco, y también Ángel Sanz Briz que se distinguió ayudando a los refugiados judíos que huían de la persecución nacionalsocialista en Budapest. 

    También Francisco García Lorca (hermano de Federico) era miembro de esa promoción y compañero de viaje en sus excursiones. En su diario de viaje se refiere a Margarita en varias entradas y cuenta cómo “Margarita tuvo su primer éxito diplomático, se metió a Miss Gómez en el bolsillo.” La citada Miss Gómez parece que era una estrafalaria señora de origen americano que molestaba a los viajeros.


    Concluidos ambos viajes Margarita se incorporó a su destino en el Ministerio de Asuntos Exteriores en el Departamento de Relaciones Culturales Internacionales que dirigía Don José Ruiz de Arana. 

    Pero sin duda el resultado más importante de estos viajes fue que en ellos surgió una relación amorosa con su compañero de promoción Jaime Argüelles.  Decidieron que la boda sería a finales de 1936. El 18 de julio de ese año Jaime y Margarita salieron de Madrid para pasar el día en la finca segoviana de unos amigos de la familia. Ese día estalló la Guerra Civil y ya no pudieron volver a Madrid hasta tres años después. 

    Margarita emprende la vuelta a Madrid preocupada por su madre,Amalia,  que se había quedado sola allí. Decide utilizar el coche de línea. En el trayecto unos milicianos procedieron a detener el autobús. Desde ese punto ya se podían oír los cañonazos del Cuartel de la Montaña. 

Las angustias de esos momentos las relata así Inés Argüelles:

    “Una de las pasajeras saca un carnet y dice, “Soy Victoria Kent y yo tengo que estar en Madrid, soy diputada”. Entonces los milicianos le dicen “baje y la llevamos nosotros”. Mi madre se acerca a Victoria Kent, a la que conocía personalmente porque había sido secretaria del Instituto-Escuela y compañera de su madre en el Lyceum Club Femenino. Y le dijo, “Victoria, si no le importa, yo me voy a volver, dígale a mi madre que estoy bien, que me quedo en La Granja hasta que las cosas se tranquilicen. Dígale que no se preocupe por mí, que me quedo aquí.” Y Victoria Kent se fue y le dijo eso a mi abuela. Mi madre no pudo entrar en Madrid hasta que se acabó la guerra. Y mi padre tampoco. No pudieron. Mi abuela se quedó sola. Al final consiguió salir a través de la Cruz Roja, pero estuvo dos años en Madrid sola. Mi abuela por miedo a los registros que se sucedían en su casa sin cesar quemó todos los papeles de su marido y de su hija, Margarita Salaverría. Y entonces desapareció muchísima documentación”. Por otra parte, el padre de Margarita Salaverría al principio de la Guerra Civil se quedó en San Sebastián hasta que la ciudad pasó al gobierno de Burgos. 

    Jaime se alistó en el ejército y Margarita fue a Burgos donde se integró en el embrión del Ministerio de Asuntos Exteriores (fue nombrado así para distinguirlo del Ministerio de Estado que había quedado en Madrid). Por orden del 30 de Julio de 1936 – menos de una semana después del comienzo de la guerra – se constituyó un Gabinete Diplomático para informar a la Junta de Defensa Nacional sobre asuntos de su competencia.

    Cuando Margarita consiguió llegar a San Sebastián con su padre y hermana reanudó el contacto con Jaime Argüelles, con quien, en un permiso del frente y tomando un traje prestado se casó en la Iglesia de Santa María el 21 de enero de 1937.

    El día 6 de Septiembre el Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional publicó el nombramiento de Margarita Salaverría, que se incorporó al mencionado Gabinete como el único miembro con categoría de Secretario de Embajada de Tercera.



   En 1938, Margarita pide la excedencia porque está embarazada de su primer hijo. En el año 1939, concluida la guerra, su marido Jaime Argüelles es destinado como Agregado Comercial en la Embajada de España en Lisboa y Margarita lo acompaña con sus dos hijos mayores. Su tercera hija, Margarita, nació en Lisboa.

 En la foto Margarita está de pie inmediatamente detrás del Embajador, Duque de Alba. Detrás de Margarita se ve a Jaime Argüelles, su marido.

   

    Tras su estancia en Lisboa y un breve paso por Madrid, el matrimonio y sus tres hijos viajaron a Londres en 1943. Margarita, que se había reincorporado al servicio, fue  miembro de la Embajada como Secretario de Segunda clase. Son los años de la Segunda Guerra Mundial y de los bombardeos alemanes en la ciudad de Londres y otras ciudades británicas, seguidos por los proyectiles V1 y V2. La vida no era fácil, con racionamiento y escasez de carbón. La familia Argüelles se trasladó a las afueras de Londres, para poner a salvo a sus hijos. Jaime y Margarita viajaban a diario en el tren para ir a la Cancillería. A Margarita, como Secretario de Embajada, le correspondía entre otras funciones cifrar y descifrar los telegramas con Madrid, lo que a menudo obligaba a largas horas de trabajo hasta bien entrada la noche. 

    A pesar de las penalidades con motivo de la guerra guardaron un magnífico recuerdo de los ánimos con los que el pueblo británico afrontaba una situación tan comprometida. La frase que acuñó el Ministerio de Información (propaganda) “Keep calm, and carry on” fuese o no muy usada durante la guerra, es representativa del espíritu que reinaba en un Londres donde aun los teatros se mantenían abiertos.

  Inés Argüelles cuenta: “En Londres, estaban, por ejemplo, en el teatro. Y pasaba encima del escenario un letrero, Alarm, que señalaba un bombardeo. Entonces mi madre cuando vio eso por primera vez, estaba con mi padre y unos amigos, y dijo “Jaime, vámonos” y él “calla, calla”. Y alrededor no se movía absolutamente nadie”. 

 “Mi madre también contaba que mi hermano mayor, que entonces tendría cinco años o seis, decía “papá, mamá, ¿cuándo nos lleváis a ver los bombardeos?, quiero ver cómo caen las bombas”.

    En 1947 volvió el matrimonio Argüelles destinado a Madrid y en 1951, Margarita fue nombrada conservadora del Palacio de Santa Cruz y miembro de la sección de Compras y Oficialía Mayor del Ministerio. En ese puesto le correspondió ocuparse del equipamiento, decoración y mantenimiento de todas las Embajadas de España, tanto de las más antiguas como de las nuevas, que se iban abriendo a medida que el proceso de expansión diplomática provocaba la aparición de nuevos estados, fruto de la descolonización.


    Algunos que han estudiado la singularidad de Margarita Salaverría en la Carrera Diplomática han querido ver un pacto tácito impuesto por las autoridades del régimen, según el cual Margarita aceptó un trabajo en el Ministerio por debajo de su categoría profesional a cambio de mantenerse en el escalafón, a pesar de ser mujer. Nada más falso. El puesto no se crea para ella, existía con anterioridad y venía siendo ocupado por diplomáticos varones y volvió a serlo cuando Margarita lo abandonó.  A pesar de la supuesta misoginia del régimen (el cual por cierto admitió el ingreso de mujeres unos quince años antes de la muerte de Franco, aunque la primera mujer que ingresó después de la guerra no lo hizo hasta 1971), lo cierto es que Margarita pudo conciliar su maternidad y su vida familiar de seis hijos con su vida laboral. Hizo un trabajo que la satisfacía plenamente. Siempre afirmó que en toda su vida profesional se había sentido muy cómoda trabajando en un mundo de hombres donde jamás se sintió discriminada y donde se le dieron todas las facilidades para poder compaginar una vida laboral y familiar.

    Hubiera sido muy fácil para las autoridades del Ministerio en el proceso de depuraciones de la carrera, provocado por la Guerra Civil y la postguerra, eliminar a Salaverría del escalafón,  declarando prohibida la presencia de mujeres en el mismo. Pero eso no ocurrió.

    “Mi madre nunca nos trasladó esa sensación de que por ser mujer la trataron de manera distinta, aunque claro, en esas épocas la preeminencia social era masculina. Y hay que decir que aun cuando después de la Guerra Civil se cierra el acceso que había abierto la República, todos los derechos se respetan. O sea, en ningún momento se plantea que mi madre no pueda seguir ejerciendo en su categoría exactamente igual a la de antes. Lo cual también dice mucho que, aunque cierran la entrada de las mujeres en el cuerpo, no cierran a la mujer que había”,relata Inés Argüelles.

   A partir de 1962, tras 18 años de servicio activo,Margarita Salaverría pide de nuevo la excedencia por asuntos propios hasta su jubilación, que tuvo lugar en 1981. Terminó su carrera con la categoría de Ministro Plenipotenciario de Segunda Clase y estaba en posesión de la Banda de Dama de la Orden de Isabel la Católica (equivalente a la Gran Cruz en los hombres) y la Encomienda de la misma orden. 

    Durante el periodo final de su carrera, Margarita Salaverría se mantuvo en la excedencia y se convirtió en una permanente compañera y apoyo para la vida social y profesional de su marido. Cuando Jaime Argüelles fue destinado a Washington como Embajador, en el Ministerio preguntaron a Margarita si quería ser Consejera Cultural en la Embajada pero ella contestó que el trabajo de la esposa del Embajador en un sitio como Washington iba a ser suficiente carga.  Jaime Argüelles falleció en 1995. 

    Margarita Salaverría murió el 7 de Diciembre  en el año 2000. 

    Cuando Margarita Salaverría entró en la carrera, en 1933, era la única mujer diplomática. Cuando se jubiló en 1981 había doce mujeres en el escalafón de la carrera diplomática. 

   Hoy en día son innumerables las que han superado las oposiciones y desempeñan puestos de responsabilidad en las Embajadas en el extranjero, así como en la Administración central.

    Entendemos que es justo que se le haga un reconocimiento público a quien, sin darse mayor importancia, abrió el camino al resto de las mujeres que quisieron acceder a los cuerpos superiores de la Administración del Estado.



martes, 24 de enero de 2023

Marqués de Tamarón: Por gusto. Reseña por Luis Fraga.

Marqués de Tamarón: Por gusto. Un libro original, elegante, inclasificable. Por Luis Fraga.

Fotografía de Analía Rodríguez Cabral
Publicado en Rebelión en la granja, 24 enero, 2023
Inclasificable e inhabitual como libro, pero rico en citas de clásicos y de autores canónicos. Aparentemente disperso, pero de una elegantísima coherencia en su estructura y su estilo. Y que vale la pena leer más de una vez y consultarlo con frecuencia, y siempre por gusto. Por gusto, en efecto, porque ese es el título del libro: Por gusto.
Publicado en 2022 por Amazon (que es el único modo de conseguir la obra) su título resume la voluntad y el empeño del autor por reunir en un volumen no demasiado extenso un compendio de frases, anécdotas, citas, y hasta capítulos enteros de autores y personas al gusto de Santiago Mora-Figueroa y Williams, Marqués de Tamarón.
¿Y qué encontramos en el cofre del Marqués?  De entrada, todo tipo de joyas, libros memorables, autores meritorios e ideas valiosas. Desde Borges hasta D’Ors o Baroja y muchos otros escritores en español, claro: no olvidemos que Tamarón fue muy buen director del Instituto Cervantes.  Sigamos: desde Shakespeare hasta Stevenson o Conrad y más escritores en inglés, lengua que domina quien fue destacado embajador en Londres. La lista de las personas, libros, materias y géneros reunidos por Tamarón en su libro llenaría varias páginas. Y de hecho las llena: las del completísimo índice final (más de 500 entradas) que sirve de fiable mapa para pasear por el interesante y bello bosque de ideas y autores propuestos por el autor y que éste, no sin pizca de humor, denomina “Índice de personas, personajes, obras, ideas y otros fantasmas”.
Por gusto, pues, ha escrito Tamarón este libro sobre personas, personajes, obras, ideas y otros fantasmas que a la vez le acechan y le atraen. Afirmó alguna vez Ernst Jünger que él procuraba escribir tan sólo sobre aquello que le agrada. No es mala costumbre. A fin de cuentas, no sólo leemos por gusto, sino que escribimos por gusto. Ya lo dijo Borges: “qué lindo es escribir”, pese que a sí mismo el argentino con sorna se caracterizase más como lector que como escritor. Algo similar le pasa a Tamarón, y en este fino arte del ingenio ni a uno ni a otro les perjudica ni su formación británica (ni tampoco las buenas formas hispanas, por cierto) ni, menos todavía, el ejercicio de esa ironía tranquila -es decir, la buena- que la gente elegante cultiva sin caer en el sarcasmo.
Es amplia la nómina de autores de se dan cita en el libro: Quevedo, Unamuno, Ortega, Schopenhauer, Hobbes o Wittgenstein, por mencionar algunos más. Pero también textos homéricos. Y clásicos en griego y en latín.  Y hasta coplas populares españolas -idioma, el nuestro, al que Tamarón ama- e incluso divertidos o hasta insolentes telegramas entre diplomáticos. Luego, de pronto, diversas interpretaciones o lecturas del texto en latín de la Biblia en su traducción por San Jerónimo. O de las versiones del Padre Nuestro.   En este libro hay de todo. Y, todo, bueno o muy bueno.
Especialmente interesantes resultan, además, varios textos que podrían parecer accesorios y sin embargo distan de serlo, ya que cada uno de ellos corresponde a todo un arte: el arte de los epitafios; el de las aporías; el de las despedidas; el de los epigramas; el del aforismo; el de los piropos; el de las dedicatorias; el de los brindis. Incluso, también, el arte de la política.
Y muchas sorpresas. Tamarón hasta se atreve con fórmulas matemáticas o teoremas de la física que con buen estilo y humor andaluces no omite comentar ni hacerse preguntas sobre ellos. Y, además, vivencias personales: no falta el relato de episodios anecdóticos en el Ministerio de Asuntos Exteriores (siempre contados con gran prudencia); no faltan enseñanzas que el autor en su día obtuvo de personas mayores que él, y a quienes rinde homenaje recordándolos con gratitud; no faltan, incluso, vívidos recuerdos de juventud.
¿Ahora bien, es la meditada elección de las adecuadas “personas, personajes, obras, ideas y otros fantasmas” lo que hace interesante este libro?  No. No sólo. Hay algo más relevante: el acertado planteamiento de las cuestiones a desarrollar, y ello mediante no únicamente lo que el autor ha pensado sobre éstas, sino también mediante las reflexiones o frases o pensamientos que otras almas afines han dedicado a ellas, y los comentarios o apostillas o matizaciones inteligentes que a éstos Tamarón nos propone con su característica finura intelectual. Pensar, ya nos lo enseñó Heidegger, consiste ante todo en hacerse las preguntas adecuadas e intentar encontrar respuestas a esas dudas que han surgido del asombro o de la curiosidad. Pues bien: si algo queda claro en la lectura de este libro es no sólo la incesante curiosidad intelectual del autor hacia los más diversos asuntos que desde siempre se ha planteado el género humano, e incluso hacia las más sorprendentes cuestiones de nuestro tiempo, sino su permanente invitación al lector a que mantenga y cultive esa áurea curiosidad intelectual. Y eso sólo lo hace un alma buena y generosa.
Y, sí: también entra nuestro autor en una crítica tenue (o a veces no tan tenue) de los tiempos degenerados que, ya iniciado el siglo XXI, vivimos en el llamado Occidente. Critica transversal, constante, educada, no amarga, pero suficientemente meditada y a veces contundente, sobre todo en sus comentarios elogiosos a autores que también son reaccionarios.  También, en efecto, porque Tamarón (como quien esto escribe) es un reaccionario en el sentido estricto del término:  quien reacciona ante lo que no le gusta.  No pueden, por lo tanto, faltar en el libro ni Nicolás Gómez Dávila, muchas veces citado, ni Chesterton, ni Cioran, ni Spengler. Ni otros grandes reaccionarios avant la lettre. Por ejemplo, el siempre genial Padre Feijoo es quien más páginas ocupa en el libro; y tampoco se olvida el Marqués ni de Catulo ni de Horacio ni de más buenas cabezas reaccionariamente lúcidas que, agradecido a ellos el autor por haberlos leído en su día, no evitan hacer acto de presencia en las páginas de esta excelente obra.
Con todo: no es Por gusto, subrayemos esto, un libro que convenga leer de un tirón, en un par de tardes o en una semana como si fuese una novela o un ensayo filosófico. En cualquier novela hay una narrativa que requiere continuidad; en un ensayo filosófico, una o varias ideas o conceptos que requieren visión de conjunto y una lectura continuada. En cambio, la discontinuidad rebosante de ideas (aparentemente dispersas, como indicamos en el primer párrafo) en cada página del libro de Tamarón, obliga a que la lectura sea lenta, atenta al detalle, reservada para momentos adecuados con la mente despierta. Ya escribió el clásico que no merece ser leído un libro que en cada página no nos haga detenernos y ponernos a pensar. Pero en esta obra, en toda la obra de Santiago Tamarón en realidad, uno se pone a pensar no ya en cada página, sino en cada párrafo o en cada línea. Y eso es lo que constituye la verdadera alma de cualquier libro o cualquier texto: que nos haga pensar. El pensamiento inteligente nunca se genera en el vacío, sino que requiere del adecuado combustible.
En suma: un libro original, inclasificable, de enorme nivel y para leer poco a poco durante tiempo, pero siempre preparado el lector para el mayor de los placeres, que no es escribir y ni siquiera leer. Sino pensar. Es, ciertamente, a lo que Tamarón nos invita.
Luis Fraga
Por gusto. Libro tapa blanda y alma recia. Marqués de Tamarón. Amazon, 2022; 10 euros http://marquesdetamaron.blogspot.com


lunes, 19 de diciembre de 2022

Aquí y hoy

  

José Ortega y Gasset

     En estas agitadas vísperas de la Navidad de 2022 arrecian las disputas entre los partidos de izquierdas que gobiernan España y los partidos de derechas que se oponen al Gobierno. Sería un estado de ánimo ingenuo pensar que las disputas empeoran por un malentendido lingüístico. Pero tal ingenuidad no dejaría de tener base histórica y semántica. La Democracia versa sobre quién ha de gobernar y el Estado de Derecho aclara cómo se ha de gobernar.

        Por tanto la legitimidad que invocan el PSOE y sus aliados descansa sobre quién ha de gobernar y lo hace alegando una base, para ellos única: la mayoría parlamentaria. Se olvidan de que el Estado de Derecho de origen histórico liberal decimonónico tiene su principal antecedente en la Grecia antigua con la voz griega Politeia. A este respecto permítaseme reproducir una vez más las palabras de Ortega y Gasset en sus Ideas de los castillos, en Notas del vago estío, El espectador- V (1926). Allí, el Maestro de la ironía socrática se atreve a declarar que Democracia y Liberalismo no sólo son siempre bien distintos sino con frecuencia antitéticos: 

 "Pues acaece que liberalismo y democracia son dos cosas que empiezan por no tener nada que ver entre sí, y acaban por ser, en cuanto tendencias, de sentido antagónico.  
  Democracia y liberalismo son dos respuestas a dos cuestiones de derecho político completamente distintas.  
  La democracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el Poder público? La respuesta es: [...] la colectividad de los ciudadanos. 
  El liberalismo, en cambio, responde a esta otra pregunta: ejerza quien quiera el Poder público, ¿cuáles deben ser los límites de éste? [...] el Poder público, ejérzalo un autócrata o el pueblo, no puede ser absoluto, sino que las personas tienen derechos previos a toda injerencia del Estado.  
   [...] Se puede ser muy liberal y nada demócrata, o viceversa, muy demócrata y nada liberal.  
   [...] Sería, pues, el más inocente error creer que a fuerza de democracia esquivamos el absolutismo. Todo lo contrario. No hay autocracia más feroz que la difusa e irresponsable del demos. Por eso, el que es verdaderamente liberal mira con recelo y cautela sus propios fervores democráticos y, por decirlo así, se limita a sí mismo". ¹

        Puede que quienes disfrutan citando mal a Ortega o no citándolo piensen por una vez qué hubiera dicho nuestro maestro ante la situación política en la España de hoy, 19 de Diciembre de 2022. 

        Pues, aquí y hoy, lo mismo que en 1926.



¹ HABRÁ MENOS LIBERALISMO Y MÁS DEMOCRACIA,  Nueva Revista, número 156 (2015).


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