Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

martes, 3 de agosto de 2021

Reseña por gusto

   Da gusto - aunque sea un gusto inconfesable - leer una reseña generosa e inmerecida como ésta, que reproduzco tal cual me la envió su autor, José Antonio Martínez-Climent. Ya ha aparecido publicada en su página, Humilladero, cruces de término de la literatura. 


Reseña a Por gusto, de Santiago de Mora-Figueroa,

Marqués de Tamarón

De bien pequeño, mi madre, que en Gloria esté, me enseñó que era de muy mal gusto comentar los gustos ajenos. Ahora, al otro extremo de ese rizo literario que es la vida, se ve uno ante la imposible disyuntiva de escribir la reseña de un libro titulado Por gusto. Así las cosas, quizá la única manera de excusar esta nota sea recordar cómo Eliot justificó las suyas sobre Shakespeare: admitiendo que «sólo podemos aspirar a equivocarnos de nueva manera».

Decía Hume que ante cualquier delicadeza de gusto podemos estar seguros de que encontrará aprobación. Uno cree que el filósofo no podía andar más errado. Antes bien, todo aquello que es delicado, raro, esquivo, bello encuentra refrendo entre unos pocos y rechazo entre los muchos. Conste que no lo digo para hacer de Por gusto uno de esos libros que la más bien triste intelligentsia española, imitando a su pálido modelo anglosajón, llamaba un libro de culto, lo que servía para justificar las pocas ventas y un par de dudosos artículos de suplemento dominical. Todo lo contrario. Diría que se trata de un libro alegre, diurno, poco amigo de escondrijos; expansivo incluso, en el que el Marqués de Tamarón compendia algunas de las maravillas literarias con las que se ha ido encontrando a lo largo de su vida. Eso ya es algo inaudito, porque vivimos en tiempos en los que, ante todo, un escritor busca ser original, que es precisamente lo que ningún escritor puede ser. Las fronteras entre el genio propio y la deuda de lectura son tan difusas como notables, y el fuero que las rige va desde la púdica imitación hasta el plagio abierto, que, como nos recuerda Salvador Dalí, son formas a las que todos nos vemos obligados así cogemos el lápiz, el pincel, el buril, la plomada o las llaves de nuestro pequeño negocio. Pero Por gusto va más allá del reconocimiento debido a los eslabones que componen una cierta tradición: es un cofre del tesoro.

Un libro de tesoros mal compuesto puede convertirse en un desierto lleno de ruinas: véanse los catálogos de casi todos los museos de Europa, aquejados de amontonamiento y didactismo. Digo esto porque los glosadores suelen esparcirse en consideraciones académicas plagadas de asteriscos y pies de página hasta el punto de que el lector comprende que los textos glosados son una molestia para el lucimiento ilustrado del crítico. La lectura de un libro así resulta tediosa. Los comentarios que encontramos en Por gusto, al contrario, son livianos, quizá beneficiados por un aire de conversación en la escritura en vez del habitual tono edificante. Uno tiene la impresión no de leer, sino de estar escuchando a Tamarón como si estuviéramos tomando un vino en la terraza un día de verano y la charla nos llevara lejos. Las acotaciones así ofrecidas van desde la broma sagaz a la nota elegante, pasando por la picardía andaluza, la ironía necesaria o la hondura inefable. Porque el libro incluye un capítulo dedicado a lo inefable, que es, como decía Maugham, lo que posee «el mérito de no tener respuesta». En un tiempo de excesiva iluminación, se agradece este rincón donde uno puede «tomar lecciones de abismo».

Ni la lista completa ni el top-ten de los reseñados los voy a nombrar aquí porque eso sería destripar el libro, pero sí diré, porque ya lo dijo el propio autor, que en él hay lazos misteriosos que unen al rey Salomón con nada menos que Cole Porter; o la coplilla sureña con audaces telegramas de la Guerra Fría. No faltará quien diga que echa de menos a tal o cuál autor, ésta u otra cita, que en vez de esto de éste él hubiera puesto… Siempre hay bobos que ante la belleza de Nefertiti no pueden más que señalar que al busto le falta un ojo.

En tiempos más civilizados, un libro de tesoros tendría sitio en la educación; y no me refiero a las escuelas, que por lo general corrompen la literatura, sino a la de la madre que lee a su hijo antes de dormir o a la del chaval que en el libro de mates esconde a Julio Verne. Tengo la ridícula esperanza de que algún jovenzuelo, harto de leer cosas con valores, pizca ahíto de que su colección de Salgari venga corregida por un comité de igualdad y masticada por un especialista, se anime a coger este libro del regazo de su padre, que dormita con las gafas caídas, y le eche una mirada. Puede que le quede algo grande, pero, ay, ¡y el brillo! ¡y la curiosidad! ¡y el misterio! Quizá por eso Tamarón haya dedicado éste su penúltimo trabajo a sus nietos. Sea como fuere, la dedicatoria no deja de ser una hermosa carga de profundidad lanzada contra tiempos en los que las generaciones priman sobre las estirpes.

Y en medio de estas cosas variadas o berrendas, que diría Hopkins, he de decir que una de mis páginas preferidas es más bien terrible. Es la número ciento cuatro. Ya verán ustedes por qué. Si la censuran, tiraremos de copia clandestina.

Vamos a dejarlo aquí, porque una reseña larga aburre y suele caer en un penoso lucimiento. Diré con Lichtenberg que la crítica literaria es una enfermedad infantil que padece todo libro recién publicado; aunque a la vez sabemos por Steiner que «un crítico es el eunuco de un escritor», lo que una vez más deja al que suscribe en una situación imposible: porque ni quiere uno ser médico de libros ni menos aún convertirse en crítico capón. Sólo cabe esperar que Tamarón comprenda que esta reseña se hizo con admiración por su libro.

Fdo.: José Antonio Martínez Climent

En Valladolid, a 30 de julio de 2021

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Esta reseña se publicó aquí:

https://joseantoniomartinezcliment.wordpress.com/2021/07/30/resena-a-por-gusto-del-marques-de-tamaron/


Enlace relacionado:
Por gusto (2021)

martes, 22 de junio de 2021

Por gusto


Acaba de aparecer mi libro titulado Por gusto, publicado por Amazon, con esta cubierta: 


La contraportada dice así: 

  Santiago de Mora-Figueroa, Marqués de Tamarón, es autor tan sólo de una quinta parte de este libro, sus comentarios a los cuatro quintos restantes. Éstos son obra de autores, desde el Rey Salomón a García Lorca, que abarcan treinta siglos de Historia y Literatura.
   He aquí por qué, tal y como Tamarón lo explica en el Prólogo:

  «Este libro se llama Por gusto. Me vino la idea de hacerlo cuarenta años atrás. Hube de estar en un tribunal de oposiciones y uno de los ejercicios consistía en conversar en inglés y en francés con cada opositor. Compareció un muchacho que daba muestras de gran nerviosismo.
No se inquiete usted; háblenos de algo que le resulte cómodo, por ejemplo de una novela que haya leído recientemente.
¿Una novela? – preguntó entre sorprendido y angustiado.
Bueno, ya comprendo que con el esfuerzo de preparar la oposición no habrá tenido usted mucho tiempo para leer por gusto. Pero antes, cuando era todavía más joven… Seguro que leyó usted algo de los Episodios Nacionales, o alguna novela de aventuras… ¿Julio Verne, Salgari…? – le dije, ya casi tan nervioso yo como él.
–¿Una novela?
   Decidí cortar por lo sano:
Mire, háblenos por favor de cualquier libro que haya leído por gusto.
   Al joven se le iluminó la cara de esperanza:
 ¿Puedo hablar de la Crítica de la Razón Pura, de Kant?
   Y de eso nos habló. No parecía haber leído el libro, pero incluso antes de la invención de los buscadores de la Red era fácil encontrar resúmenes de libros para preparar temas. No recuerdo su nombre pero creo que aprobó, en esa o en otra convocatoria. Se lo merecía, por no haber leído nunca nada por gusto. Creo, sin embargo, que no merece la pena tan austero sacrificio utilitario.
    Por eso desde entonces cada vez que leo o releo algo que me produce especial placer o me conmueve o me cautiva, o estimula mi curiosidad, agradezco a la fortuna el habérmelo puesto ante los ojos. Si puedo lo copio o tomo la referencia. Y a veces recuerdo a aquel muchacho, ya sin duda en el Otoño de la varonil edad y que acaso haya acabado por abastecerse de lecturas sin fin práctico. La vida sería más grata y más rica si todos leyéramos, en parte al menos, para disfrutar. Por gusto.»

 

Puede comprarlo en Amazon, pinchando AQUÍ



viernes, 16 de abril de 2021

El Doctor Izpisua, el Doctor Freud, el Doctor Moreau y otros aprendices de brujo

Juan Carlos Izpisua

  Con el titular de Juan Carlos Izpisua o cómo bordear los límites de la ciencia, aparece en el ABC de hoy 16 de Abril del 2021 una interesante crónica de Nuria Ramírez de Castro. Sirvan de resumen estos párrafos: 

  "El objetivo era [...] averiguar si era posible convertir a un mono en una incubadora natural de órganos humanos, como ya lo había intentado antes con cerdos. Para lograrlo, primero fecundó óvulos de una decena de hembras de macaco con espermatozoides de la misma especie. Obtuvieron embriones a los que se les añadieron células humanas reprogramadas con capacidad para convertirse en cualquier tipo celular del cuerpo humano: corazón, piel, riñones... El resultado fue un extraño embrión de 10.000 células, un 7% humano." 

    [...] "Se cuestiona la utilización de una especie tan próxima a la humana, el riesgo de que se puedan formar neuronas humanas en un cerebro animal e incluso que se haya ido a China para su ejecución, donde los controles éticos son más laxos. Ni siquiera la revista científica Cell, encargada de publicar el controvertido experimento se ha podido contener a la hora de presentarlo. Ha recurrido a una imagen reveladora para ilustrarlo: un dibujo que imita el fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, La Creación de Adán. En lugar de la mano de Dios se muestra una mano de mono y otra humana para dar vida a un embrión híbrido. Como si el científico hubiera vuelto a jugar a ser Dios."

Referencia a ‘la creación de Adán’, de Michelangelo. La imagen muestra una mano humana y una mano de mono que se acercan a un blastocisto humano-mono de quimera. / Ivan D. Gromicho (KAUST)

   El sabio moderno (¿ebrio de Hibris?) tal vez no recuerda que en esos casos no suele andar lejos Némesis, diosa de la Venganza. El ejemplo más incómodo, que de corazón espero y deseo que no sea su caso, es el de Prometeo. El castigo que recibió de los dioses tras robar el fuego queda bien claro en cuadros como este de Ribera, el Españoleto: 

Prometeo, Óleo de José de Ribera, ca. 1630

   Lo peor es que en el caso actual el castigo será para todos nosotros, no sólo para el Doctor Izpisua. 

   Además viene a la memoria otro precedente inquietante: el Doctor Moreau en su isla (en la novela de H.G. Wells) donde hacía experimentos con animales exactamente con la misma finalidad que el Doctor Izpisua. Esos dos ejemplos se ven completados por el caso del Doctor Freud, descubridor del ominoso Id. 

   Así es que esta siniestra tesitura sirve de ilustración tanto para los protagonistas de la Insobornable Contemporaneidad como para los de la Crema de la Intelectualidad.


Enlaces:

Artículo Chimeric contribution of human extended pluripotent stem cells to monkey embryos ex vivo en la revista científica Cell, April 15, 2021.

Artículo Científicos de China y EEUU generan embriones quiméricos humano-mono en El Boletín, 15 de Abril de 2021.



lunes, 15 de marzo de 2021

¿Por qué arde España?

  Creo que no he recogido este artículo de hace 30 años en ninguna otra publicación mía ni en esta bitácora. El problema y el escándalo de los incendios provocados, casi siempre impunes, perdura: 65.923,08 hectáreas de superficie forestal quemada en 2020, en pleno Estado de Alarma. 

   He copiado el texto tal como lo envié al Diario 16 y apareció el 5 de Septiembre de 1991.


¿POR QUÉ ARDE ESPAÑA?

«La única esperanza de que se acaben los incendios forestales es que perezca en ellos algún cura, periodista o político»

POR EL MARQUÉS DE TAMARÓN

 

Durante los últimos tres años he hecho un centenar largo de excursiones de montaña, casi todas por la Sierra de Guadarrama salvo algunas a Gredos y a Grazalema. No es mucho, pero acaso más de lo que ha andado por el monte la mayoría de los políticos, funcionarios y periodistas que están comentando los incendios forestales y en general la destrucción de nuestra Naturaleza. Como además no me gano la vida con nada que tenga que ver con la explotación, conservación o destrucción de nuestros montes, permítaseme una opinión desinteresada –ya  que no desapasionada– sobre algunos de los errores de juicio que a mi entender impiden de raíz la adopción de medidas eficaces para parar el desastre.

Faltan medios preventivos. Lo que falta es vergüenza. Yo tan sólo me he topado con guardabosques –por llamarlos de alguna manera– tres veces en otros tantos años, y nunca iban ellos andando o a caballo por el monte, sino en coche. En una ocasión (Julio de 1990) una cuadrilla se bañaba en el Arroyo del Telégrafo junto a su land-rover aparcado (PMM-0623-F). Uno de ellos intentaba coger truchas con un palo aguzado, mientras pocos metros río abajo un furtivo bien pertrechado pescaba al lado de un letrero que decía Vedado de pesca. En Junio de este año me encontré cerca de la cañada que sube por Poniente al Puerto de Pasapán con dos individuos armados con rifle de mira telescópica y ataviados con prendas que parecían de uniforme, pero sin insignias. No sé quiénes eran ni qué hacían allí; llegaron en vehículo particular por una pista forestal prohibida al tráfico privado.

Faltan leyes represivas. En España nunca faltan leyes, si caso sobran. Lo que pasa es que no se aplican. Estamos hartos de ver letreros prohibiendo el paso de motos, la acampada y las hogueras mientras los montes retumban con el agrio escape de las trial y aparecen marcados con la repugnante viruela del chamuscado de las fogatas y de los montones de basura que el noble pueblo español gusta esparcir. Las autoridades no hacen nada por evitarlo. En Suiza semejante comportamiento vandálico llevaría a la cárcel o al manicomio.

Falta de educación. Es la coartada típica de las autoridades para cruzarse de brazos. Suele ir seguida de la profecía: Y poco a poco el pueblo, cada vez más culto, dejará de destruir la naturaleza. Conviene preguntar a los mandamases por qué entonces no educan a la gente pronto, antes de que ya no quede naturaleza por destruir y por qué hasta los años setenta no había casi incendios. ¿Todos los españoles eran entonces unos exquisitos ilustrados?¿O sería que temían a la Guardia Civil? El otro día un director general predijo en la televisión que los incendios disminuirían sin necesidad de leyes, por la presión social, igual que ya la gente había dejado de tender la ropa en los balcones. No es que la comparación sea desafortunada, es que con poderes públicos así pronto España será un vertedero humeante.

Las repoblaciones estaban mal hechas. Pues háganlas ahora bien, y no haber dejado de repoblar en serio hace años.

Los incendios son obra de locos pirómanos. Es posible, pero también ésos sentían antes un sano temor por la Benemérita.

Lo que de verdad falta para sofocar la pira que está devorando lo mejor de España es voluntad política. La derecha española no es conservadora (ya se sabe, son conservaduros) y a ella le da igual conservar la naturaleza o no; la burguesía está dispuesta a edificar sus llamados chalés en terrenos recalificados tras un incendio forestal. La izquierda española ha mamado un falso ecologismo con poca marcha por el monte y mucha marcha contra la OTAN. Yo veo pocas esperanzas de remedio. Quizá sólo una, que se me ocurrió al caer en la cuenta de que la ETA nunca mata a curas, periodistas ni políticos, o cuando lo hace reconoce que es contraproducente puesto que son los únicos tres oficios que controlan la propaganda y la represión. Cabe esperar que en un fuego de bosque perezca algún obispo, o director de periódico, o diputado de cualquier partido. Entonces sí que se acabaría la piromanía.

 

El Marqués de Tamarón,

es escritor y socio de la Federación Española de Montañismo

 

Publicado en Diario 16 el 5 de Septiembre de 1991.


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lunes, 1 de marzo de 2021

El Demonio está enojado, lleno de melancolía


  Entre otras estrofas ingenuas y realistas y tiernas, esta Salve de los esquiladores tiene las siguientes:

Esta salve que cantamos
la ofrecemos a María
que nos libre del demonio
y de malas compañías

El demonio está enojado,
lleno de melancolía,
porque rezan los cristianos
el rosario de María

Las cuentas de este rosario
son balas de artillería
que todo el infierno tiembla
en diciendo ¡Ave María!

   La oí cantar en Cabanillas del Monte, en el esquileo segoviano del Vizconde de Altamira, en Mayo de 2010, y la coreamos dirigidos por el maestro esquilador Geminiano Herranz, que acababa de aligerar de cinco kilos de lana, con tijeras, a una oveja que luego parecía entre sobresaltada y aliviada por el trance.

   Volviendo en coche a la modernidad, medité sobre esa Salve, tan decididamente premoderna. Llegué a la conclusión de que el pensamiento y las creencias que refleja son más serias que las de Rousseau, puesto que la antropología de éste descansa en la gratuita presunción de que el hombre es bueno, mientras que la antropología cristiana –como la clásica– conoce la naturaleza caída del hombre. Es curioso que quien abrió la puerta a Hegel, a Marx y a Hitler –es decir a la Modernidad– sea tan poco realista. Es más, es incomprensible que el mundo de hoy no crea ya en la personificación del Mal, y en su cómodo asentamiento en las entrañas del hombre. Que muchos rechacen la existencia de Dios –a veces por no poder entender su coexistencia con el mal– puede resultar triste para otros que sí creen en la Divinidad, pero lo que resulta incomprensible, para creyentes o descreídos provistos de realismo, es que casi nadie crea ya en Satán. ¿Será que no han estudiado Historia, que no leen los periódicos, que ni siquiera ven la televisión con sus noticias de violadores y torturadores de niños? Los que maltratan al más débil y disfrutan causando dolor físico o moral son la prueba odiosa de que Jehová tenía razón cuando “al ver cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra […] se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra, y se entristeció en el corazón. Y dijo Jehová: Borraré los hombres que he criado de sobre la faz de la tierra […] pues me pesa haberlo hecho” (Génesis VI, 5-7).


***

   Hasta aquí escribí hace once años en un artículo que dejé incompleto e inédito, por razones que no recuerdo. Me atrevo ahora a publicarlo como una imagen más de una modesta búsqueda del tiempo perdido.


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viernes, 12 de febrero de 2021

La Coronación


La Coronación de la Virgen, Velázquez, circa 1640. Museo del Prado

  Uno de los cuadros más hermosos de la pintura occidental es también un misterio. Se trata de la  Coronación de la Virgen, por Velázquez. Todo en el cuadro es perfecto: los rostros de Dios Padre, de Jesucristo y la belleza del rostro, de la expresión y de la postura de la Virgen María, el color y los pliegues de sus ropajes, los diversos tonos de púrpura y de azul y de carmín. La escena está dispuesta en forma de corazón. 

   Esta obra maestra del barroco español nos lleva tres siglos después a la proclamación por el Papa Pío XII del Dogma de la Asunción de la Virgen María, en 1950. Pero no es eso lo más notable sino que vuelve a llevar al ánimo de algunos la impresión de que la base del Cristianismo, que dentro del estricto monoteísmo tomaba la forma trinitaria, queda enriquecida por el estatuto del todo singular de la Madre de Dios. Pasa a ser objeto del culto de hiperdulía que ya se le rendía desde mucho antes.

   Esa novedad de 1950 complicó los intentos de reunificar a las diversas confesiones cristianas. Pero también obtuvo aprobaciones inesperadas. Cuando un suizo ateo - Carl Gustav Jung - hijo de pastor protestante, declara su entusiasmo por el nuevo dogma, lo fundamenta en que cuatro es el número más perfecto, siempre superior al otro número sagrado que es el tres...

    Sin embargo, el fondo de este importante fenómeno histórico, cultural, religioso, resulta bien claro con tan sólo mirar el cuadro de Velázquez. El rostro de la Virgen María es hermosísimo y con toda la tierna belleza de una doncella. Es, además, serio y sereno, como lo son los rostros de Dios Padre y de Jesucristo. La escena conmueve y sosiega a la vez por gracia de la Virgen: 

Causa nostræ lætitiæ, 
Stella matutina, 
Rosa mystica. 


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viernes, 29 de enero de 2021

Rousseau


Banco de la Reina, en Ermenonville, donde María Antonieta se recogió tras visitar la tumba de Jean-Jacques Rousseau el 14 de Junio de 1780.




 Casi todos los cursis son hipócritas peligrosos. Pero el más hipócrita y dañino fue Jean Jacques Rousseau, como es bien sabido desde hace un par de siglos. Sin embargo la sensiblería de moda justo antes de los baños de sangre y lodo de la Revolución Francesa no se percató del veneno rousseauniano hasta que ya era demasiado tarde.

  La desdichada Reina María Antonieta (nadie sabe por qué no la llamamos en español María Antonia) hizo una peregrinación en 1780 al Parque del Castillo de Ermenonville, donde se recogió ante la tumba de de Rousseau para recordar al insigne pensador. La pobre señora no podía imaginarse que 13 años después le cortarían la cabeza por culpa de Rousseau. 

  En cambio quien sí se dió cuenta de que ciertos polvos trajeron estos lodos fue Napoleón Bonaparte, futuro Emperador, que en 1800, cuando era Primer Cónsul de la República Francesa fue a Ermenonville a visitar el castillo de la familia Girardin, donde Rousseau había pasado los últimos meses de su vida, huésped del Marqués de Girardin. Junto a la tumba de Rousseau tuvo esta conversación con un hijo del Marqués, tan incauto como su padre y como la ya decapitada Reina María Antonieta: 

   Bonaparte: 
   - Hubiera sido mejor para la tranquilidad de Francia si este hombre no hubiera existido...

   Stanislas de Girardin: 
   - ¿Y por qué, ciudadano Cónsul?

   Bonaparte: 
   - Porque él preparó la revolución francesa.

   Stanislas de Girardin: 
   - ¡Yo creía, ciudadano Cónsul, que no sería usted quien se quejaría de la Revolución!

   Bonaparte: 
   - ¡Pues bien! El futuro sabrá si no hubiera sido mejor para la tranquilidad de la Tierra que ni Rousseau ni yo hubiesemos existido jamás. 

  Y es que las instituciones mueren cuando dejan de creer en ellas mismas. La Monarquía Francesa no fue derribada, cayó de rodillas con María Antonieta cuando ésta puso flores en la tumba de Rousseau. Ambas se suicidaron. 


Sarcófago de J.J. Rousseau en la cripta del Panteón, París.

 Agradezco esta imagen que me envió el Príncipe Adam Zamoyski, con una nota al dorso: Syphilis indeed - and this is where it all started! Se refiere a las palabras angustiadas del revolucionario Alexander Herzen, calificando el terrorismo de esta sífilis de nuestras lujurias revolucionarias.*
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* HOLY MADNESS Romantic, Patriots and Revolutionaries 1776-1871, (1999), Adam Zamoyski.  
  

Post Data del 9 de Febrero de 2021:

Consultado Zamoyski, se reafirma en su opinión sobre Rousseau:

The man was a muddled fool who gave rise to monstrosity. When I visited the Panthéon in Paris, or should I say the church of Sainte Geneviève, I wrote in the visitors’ book, which was full of sycophantic nonsense about the enlightenment: ‘Those two godless monsters should be thrown out of here’.

El hombre era un idiota confuso que creó una monstruosidad. Cuando visitié el Panteón en París, o tal vez debería decir la Iglesia de Santa Genoveva, escribí en el libro de visitas, que estaba lleno de tonterías sicofánticas a propósito de la Ilustración: "esos dos monstruos sin dios deberían ser arrojados de aquí". 

A lo que le contesté:

Thank you for your appropriate judgement of Rousseau. Can I quote it in the blog? I suppose the other "godless monster"  is Voltaire, although he was much more intelligent than Rousseau and in fact despised him ("il a eté lacquais et cela se voit").

Gracias por tu juicio adecuado de Rousseau. ¿Puedo citarlo en la bitácora? Supongo que el otro "monstruo sin dios" es Voltaire, aunque era mucho más inteligente que Rousseau y de hecho lo despreciaba ("fue lacayo y se le nota").

Y Zamoyski respondió: 

Yes, it was Voltaire – clever, clever silly little man.
You can certainly quote me.

Sí, era Voltaire - un tonto hombrecillo listo, listo.
Desde luego puedes citarme.




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jueves, 14 de enero de 2021

Amable Cuestionario

 Signo de los tiempos, esta conversación fue virtual a la par que virtuosa. Sigo sin conocer a doña Esperanza Ruiz, que me estrechó hábilmente a preguntas por correo electrónico. 


Las lecturas de Santiago de Mora-Figueroa y Williams, Marqués de Tamarón

LA SOLAPA





17 de diciembre de 2020

El marqués de Tamarón nació en Jerez de la Frontera en 1941. Su trayectoria profesional en la República de la Letras -como a él le gusta llamar a la literatura- hace que sea un lujo contar con sus respuestas al cuestionario de La Solapa. Su personalidad, elegancia y generosidad, un honor. Licenciado en Derecho, tras su paso por la Escuela Diplomática ha estado destinado en las embajadas de España en Mauritania, Francia, Dinamarca, Canadá y Reino Unido. Ha sido director del Instituto Cervantes entre los años 1996 y 1999 y como autor ha publicado El guirigay nacional (1988/ 2006) en cuya primera edición recopila sus artículos lingüísticos aparecidos en el diario ABC, El siglo XX y otras calamidades (1993), El peso del español en el mundo (1995), ensayo del que es director y coautor, Pólvora con aguardiente (1983) y Trampantojos (1990) – libros de relatos ambos- y El rompimiento de gloria, su novela publicada en 2003. Como articulista ha colaborado con ABC, Nueva Revista y Diario de Occidente. Mi agradecimiento por su disponibilidad y amabilidad.

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Culturilla general 

Ensayo, novela y poesía. ¿Sí a todo? Recomiéndenos tres.

Ensayos: los contenidos en El Teatro Crítico Universal, de Feijoo, en el siglo XVIII.


¿Qué tipo de lector es? ¿De pijama y mesita de noche? ¿De biblioteca y chimenea? ¿De metro o parque público?

En cualquier sitio, salvo en la playa, donde el sol brilla en el papel más que las palabras.

 

¿Tiene “manías” a la hora de leer (ediciones, doblar páginas, subrayar o hacer anotaciones)?

Subrayo a veces, otras pongo rayas verticales junto a los párrafos, y luego coloco marcadores. 

 

Usted tiene una bitácora de éxito. ¿Sigue la de algún otro autor?

Laudator Temporis Actide Michael Gilleland, un latinista. 

Humilladerode José Antonio Martínez Climent.

La Quimerade Julia Escobar.

José María Marco

Rayos y Truenos, de Enrique García-Máiquez. 

Salmonetes ya no nos quedan, de Ignacio Ruiz Quintano.

Julio Vias.

 

Ha contado que su madre, al cumplir los 75, dijo que había acabado para ella el tiempo de leer novelas.  ¿Cómo elige usted sus lecturas? 

Tengo 79 años. Cuando cumplí 75 noté el mismo creciente desinterés por las novelas que tuvo mi madre. Pero ahora he vuelto a las novelas. Me divierte mucho la ciencia ficción, pero sólo cuando la novela es catastrófica y termina mal.

 

Pierre Bayard nos explicaba cómo hablar de los libros que no se han leído. ¿Con cuál lo ha hecho alguna vez?

Con casi todos los rusos, pero sin fingir que los he leído; tan sólo quejándome de que las traducciones suelen ser malas. 

 

¿Lee traducciones o procura encontrar la obra en la lengua original?

Nunca leo traducciones del inglés o del francés. Los textos latinos procuro leerlos en versión bilingüe. Sé por experiencia propia que la traducción es una misión imposible. Como mucho, se puede reescribir el texto con gran hermosura, pero nunca se puede expresar los matices en otra lengua, salvo que sea extremadamente próxima a la del original.

 

Maquiavelo se acercaba a los libros con ropas curiales, ¿qué obra/autor le merece tal reverencia?

El Misal (de la misa tridentina en latín).

 

¿Lee como escritor? ¿Disfruta o sufre el talento ajeno?

Lo disfruto mucho y no recuerdo haber sentido nunca envidia. Tal vez porque la envidia es el único vicio que no se disfruta. 

 

¿Cuál es su escolio o aforismo de cabecera de Gómez Dávila?

El pueblo a veces acierta cuando se asusta; pero siempre se equivoca cuando se entusiasma. (Nicolás Gómez Dávila, Escolios a un texto implícito, página 1.365). 

He venido a hablar de mi/s libros

Como autor ha escrito relatos, cuentos, ensayos y novela. En la actualidad mantiene una bitácora ecléctica y muy visitada (marquesdetamaron.blogspot.com). ¿Qué género prefiere cultivar? ¿Le parece alguno de ellos menor?

No hay géneros menores. Si yo pudiera los cultivaría todos pero tan sólo soy capaz de escribir novelas, cuentos y ensayos.

 

Su novela  El rompimiento de Gloria, además de tener uno de los títulos más bellos, le permite hablar de su gran pasión por la naturaleza, a la que eleva casi a la categoría de divinidad.

Ocurre que nuestra fe tampoco está del todo opuesta al panteísmo:

Entonces Dios contempló todo lo que había hecho, y vio que era muy hermoso. 

(Génesis 1:31)

 

El Guirigay Nacional, escrito en 1988, surge cuando usted tras su regreso a España después de 14 años se da cuenta de que “no entiende a los nativos”. En 2006, revisa y amplia la edición. ¿Le quedan ganas de más? ¿Hacia dónde va el español en España?

Algo peor que en América, donde el español parece menos corrompido por la Insobornable Contemporaneidad. 

 

¿Y en el mundo? (El peso de la lengua española en el mundo es su ensayo tras su trabajo como director del Instituto Cervantes)

Se extiende el uso de nuestra lengua común, que conserva una homogeneidad superior a la del inglés, el francés o el portugués. Quiero decir que el español de un madrileño es más parecido al de un quiteño que el inglés de Brooklyn al del East End de Londres. Por cierto que ese largo ensayo lo escribí y se publicó antes de ser nombrado Director del Instituto Cervantes. 

 

Uno de sus caballos de batalla con el lenguaje es la cursilería. Usted, que se define como reaccionario, ¿no piensa que precisamente ese es uno de los peores “pecados” de la izquierda?

Más que la cursilería sería el pecado de la pedantería, pero hay que reconocer que la izquierda y la derecha son iguales en ese vicio. Los reaccionarios tenemos casi todos los vicios, salvo ese. 

 

Ramón J. Sender decía en una carta que sus editores en Méjico cometían errores incluso en los títulos, “lo que ya era un refinamiento”. Como director del Instituto Cervantes, ¿le tomó el pulso al español en Hispanoamérica?

Creo que el español es ya una lengua americana mucho más que europea. En España tan sólo hay 1 de cada 10 hablantes del español.

 

Se lamenta de que, a excepción de Muñoz Rojas, la poesía española no sigue la tradición bucólica de la inglesa. Usted, gran conocedor del campo, ¿se anima a publicar poesía?

¡Quién pudiera!

 

Quizá el diplomático-escritor más conocido sea Foxá.  Como diplomático no era muy ortodoxo y como escritor, anárquico y perezoso; producía a golpe de talento. Ignacio Peyró, actual director del Instituto Cervantes en Londres nos dejó una pregunta para usted: Si miramos las nuevas hornadas, ¿se mantiene la buena escritura de los diplomáticos?

Sí, algunos de mis compañeros son magníficos escritores tanto en el fondo como en la forma. Miguel Ángel Ochoa es el único español que yo conozco capaz de hacer parodias perfectas de un texto en griego, latín y español, aunque ahora está absorto en su monumental Historia de la Diplomacia Española, que va por el volumen XII. Fidel Sendagorta es un autor de perfectos sonetos y de excelentes análisis de política internacional en Harvard. 

 

Usted no es partidario de la coerción para solucionar nada en el campo lingüístico, ¿le preocupa el daño que pueda hacer al español el llamado “lenguaje inclusivo”?

En realidad sí soy partidario de la coerción, incluso con pena capital. Pero sé de sobra que ese ideal es inalcanzable. El “lenguaje inclusivo” es una fea necedad, y por eso mismo veo probable su triunfo. Ya lo dice la Biblia: 

El número de tontos es infinito.  (Eclesiastés 1:15)


¿Qué palabra importada le ha escandalizado recientemente?

Ninguna me escandaliza ya. Pero a veces recuerdo, de buen humor, la frase que mi madre, andaluza inglesa, oyó de niña con cierto escándalo: Zi zerán maloh loh inglezeh que a loh obispoh loh llaman bichoh. 

 

Adenda: En la actualidad, ¿está enfrascado en un nuevo proyecto literario?

Sí pero es secreto. 

 

Quiz show

Libro que más veces ha leído:

La Isla del Tesoro, de R. L. Stevenson.


Primera lectura que recuerda en la infancia:

Robinson Crusoe, de Daniel Defoe


Autor del que haya leído toda su obra:

Julio Verne, John Buchan, Jorge Luis Borges.

 


Recomendación que nunca falle:

también La Isla del Tesoro de Stevenson. Álvaro Mutis me preguntó una vez: ¿Hace mucho que no lees La Isla del Tesoro? Es la mejor novela del mundo. Yo la leo todos los años. Desde entonces la he releído un par de veces. Tenía razón mi amigo colombiano.



Libro/s que tiene ahora entre manos:

La vuelta al mundo en la «Numancia», (uno de los Episodios Nacionales de Galdós). 


Libro que le hubiera gustado protagonizar:

Don Juan Tenorio


Película que haga justicia al libro en el que se basa:

El Tercer Hombre


Libro que supuso un antes y un después:

Robinson Crusoe

 

Libro que haya regalado para ligar:

Empecé a publicar cuando ya estaba casado, así es que… 

 

Necesita papel para hacer una barbacoa. Elija un libro de su biblioteca:

El Manual de Resistencia, aunque no hay más cera que la que arde.