Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: diciembre 2022

lunes, 19 de diciembre de 2022

Aquí y hoy

  

José Ortega y Gasset

     En estas agitadas vísperas de la Navidad de 2022 arrecian las disputas entre los partidos de izquierdas que gobiernan España y los partidos de derechas que se oponen al Gobierno. Sería un estado de ánimo ingenuo pensar que las disputas empeoran por un malentendido lingüístico. Pero tal ingenuidad no dejaría de tener base histórica y semántica. La Democracia versa sobre quién ha de gobernar y el Estado de Derecho aclara cómo se ha de gobernar.

        Por tanto la legitimidad que invocan el PSOE y sus aliados descansa sobre quién ha de gobernar y lo hace alegando una base, para ellos única: la mayoría parlamentaria. Se olvidan de que el Estado de Derecho de origen histórico liberal decimonónico tiene su principal antecedente en la Grecia antigua con la voz griega Politeia. A este respecto permítaseme reproducir una vez más las palabras de Ortega y Gasset en sus Ideas de los castillos, en Notas del vago estío, El espectador- V (1926). Allí, el Maestro de la ironía socrática se atreve a declarar que Democracia y Liberalismo no sólo son siempre bien distintos sino con frecuencia antitéticos: 

 "Pues acaece que liberalismo y democracia son dos cosas que empiezan por no tener nada que ver entre sí, y acaban por ser, en cuanto tendencias, de sentido antagónico.  
  Democracia y liberalismo son dos respuestas a dos cuestiones de derecho político completamente distintas.  
  La democracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el Poder público? La respuesta es: [...] la colectividad de los ciudadanos. 
  El liberalismo, en cambio, responde a esta otra pregunta: ejerza quien quiera el Poder público, ¿cuáles deben ser los límites de éste? [...] el Poder público, ejérzalo un autócrata o el pueblo, no puede ser absoluto, sino que las personas tienen derechos previos a toda injerencia del Estado.  
   [...] Se puede ser muy liberal y nada demócrata, o viceversa, muy demócrata y nada liberal.  
   [...] Sería, pues, el más inocente error creer que a fuerza de democracia esquivamos el absolutismo. Todo lo contrario. No hay autocracia más feroz que la difusa e irresponsable del demos. Por eso, el que es verdaderamente liberal mira con recelo y cautela sus propios fervores democráticos y, por decirlo así, se limita a sí mismo". ¹

        Puede que quienes disfrutan citando mal a Ortega o no citándolo piensen por una vez qué hubiera dicho nuestro maestro ante la situación política en la España de hoy, 19 de Diciembre de 2022. 

        Pues, aquí y hoy, lo mismo que en 1926.



¹ HABRÁ MENOS LIBERALISMO Y MÁS DEMOCRACIA,  Nueva Revista, número 156 (2015).


Enlaces relacionados

Habrá menos liberalismo y más democracia
Democracia, régimen, república
En los albores de la corrección política 
Demagogia y populismo
 


lunes, 5 de diciembre de 2022

La pederastia según Balenciaga

Reproduzco a continuación el artículo escrito por Esperanza Ruiz (publicado en La Gaceta de la Iberosfera el 29 de noviembre de 2022) sobre La pederastia según Balenciaga. No es un artículo agradable de leer pero sí es importante pues abre los ojos a muchos que no habíamos pensado que algunos alientan ciertas prácticas ilegales pero al parecer toleradas. 

  Esperanza Ruiz 

Ilicitana. Columnista en La gaceta de la Iberosfera y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monónulo.

La pederastia según Balenciaga

Tal y como la conocemos hoy, con sus temporadas y diseñadores, la moda es un fenómeno reciente. La cosa empezó con Charles Frederick Worth hace poco más de dos siglos. A pesar de que España jamás haya sido una potencia del trapo, ni falta que le hace, ha dado al imperio de lo efímero nombres míticos sin los cuales sería imposible entender la industria del vestido. Me refiero, entre otros, a Cristóbal Balenciaga.

El universal genio de Guetaria, amigo de Givenchy y Dior, se inspiraba en los grandes maestros de la pintura a la hora de dar vida a sus creaciones, no en raperos ni en la «cultura urbana». Visionario, decidió cerrar su casa de costura en 1968. El mundo que él había conocido hasta entonces se tambaleaba. No deseaba asumir la introducción del prèt-à-porter y los cambios que, como él intuía, sufriría el sector. En cierto sentido, no le faltó razón. Décadas más tarde, su nombre acabó siendo comprado por el grupo LVMH, que lo ha desnaturalizado haciendo de su casa algo grotesco.

El asunto del sexo y los menores puede asimilarse a una enfermedad oportunista: resurge cuando el cuerpo social está bajo de defensas

En la actualidad, la moda es fundamentalmente pasto de dos multinacionales a cuya cabeza se encuentran magnates, no sólo del vestido sino también del alcohol, la marroquinería fina o la prensa. Su capacidad de influencia no debe ser desdeñada.

Estas corporaciones, construidas por decenas de marcas, son fieles palafreneros de las causas más mimadas por nuestras élites. La libertad sexual, madre del cordero, es uno de los principios fundadores de nuestra época e inseparable del famoso «disfrutar sin límite» sesentaiochista. Sería ingenuo pensar que esto sólo se limitaba a la coyunda entre adultos. Hoy, algunos creativos o responsables de comunicación, reemplazando a los antiguos pelanas de finales de los 60, continúan desarrollando el concepto. Es lo que ha ocurrido recientemente con la casa Balenciaga.

Su última campaña fotográfica mostraba niños de corta edad, solos y dentro de una escenografía poco equívoca, sujetando uno de los accesorios que forman parte de la tétrica colección primavera-verano 2023. Se trata de un bolso con apariencia de oso de peluche, pero ataviado con un arnés sadomasoquista. 

La obsesión con el despertar sexual infantil, pareja al deseo de despenalizar o quitar hierro a la pederastia, no es una causa que la mundialería más perversa y sus comparsas vengan promoviendo desde hace poco. Sin remontarnos a Wilhelm Reich, el diario Libérationcon Sartre o July a su cabeza, defendió «la aventura de la pedofilia» durante una década. Asimismo, son difíciles de olvidar las declaraciones que hizo Daniel Cohn-Bendit, gran cretino europeo junto con Bernard-Henri Lévy, en el transcurso de una emisión vespertina de la televisión francesa hace cuarenta años. Intoxicado por cannabinoides, el ayer anarquista convertido al liberalismo (canónica evolución), contaba la «fantástica» experiencia de ser desnudado por una niña de cinco años. Creíamos que todo aquello era un mal recuerdo, pero el asunto del sexo y los menores puede asimilarse a una enfermedad oportunista: resurge cuando el cuerpo social está bajo de defensas.

La vocación de esta campaña (…) no es otra que la de seguir ensanchando los límites de lo criminoso

El binomio moda-publicidad es indisociable de la provocación. Desde finales de los años sesenta, como el mal artista, la industria siempre ha pretendido epatar al burgués, incomodar su mentalidad. Sin embargo, una vez logrado tal objetivo, la vocación de esta campaña, que no descuida un solo detalle y cuya retirada estaba probablemente prevista, no es otra que la de seguir ensanchando los límites de lo criminoso.

Fuera del minúsculo circuito de la alta costura, como ya hemos señalado, los grupos empresariales que monopolizan la moda no sólo prescriben tendencias vestimentarias, sino también valores, gustos o creencias. Dichos valores, no nos engañemos, son los de la in crowd: un puñado de relaciones públicas, creativos y diseñadores bien pagados que viven en endogamia entre dos o tres barrios de cuatro ciudades. Pierden los nervios y se ofenden cuando se les nombra a Trump, Putin o Kanye West, pero no tienen ningún problema en vendernos su mercancía podrida. El resto somos, en función del tamaño de nuestra faltriquera, los incautos que les pagamos la fiesta. Mientras sigan encumbrando la sordidez y coqueteando con la criminalidad, es una obligación aguársela. A ellos y a los capos del cotarro.


Para verificar lo que antecede, tápense la nariz y pinchen en este enlace: La pederastía según Balenciaga