Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: San Agustín de Carpaccio

jueves, 7 de abril de 2011

San Agustín de Carpaccio


Carpaccio delineavit circa 1502


Gracias a los siete muy interesantes comentarios, en especial los de Otto Silenus y de Chimo Soler, todo aparece mucho más complicado que antes. Donde había un caniche aparece ahora un volpino, y, en un boceto previo al cuadro, un supuesto gato, que para mí es un armiño o quizá una comadreja. Todos esos animales, como el resto de los elementos de la escena, tienen significado simbólico.

Este boceto está en el Museo Británico y la explicación es que San Agustín se hallaba en su celda escribiendo una carta a San Jerónimo cuando vio por la ventana “una luz indescriptible” que le reveló al primero que el segundo había muerto.

Es muy cierto que la simbología que se puede encontrar en las wikipedias sobre San Jerónimo en su biblioteca es insuficiente, pero no así la que se puede encontrar en cualquier buscador. Siempre que uno sea suscriptor de Jstor u otro sitio parecido, claro está. A ver si algún visitante rico y erudito que pasee por estas páginas nos obsequia por ejemplo con el artículo de Helen I. Roberts St Augustine in "St. Jerome's Study": Carpaccio's Painting and Its Legendary Source, repleto de raros saberes.

Por último, seguro que muchos prefieren a San Jerónimo antes que a San Agustín. Aunque sólo sea porque ese detestable imbécil llamado J.J.Rousseau siempre ha figurado como una especie de epígono del Obispo de Hipona, qué más hubiera querido J.J.. Pero también puede gustar un personaje por sus defectos ciertos o atribuidos. San Jerónimo fue acusado de haber sido en exceso sensual cuando era joven (qué mala es la envidia) y de siempre haber seguido siendo en exceso aficionado a los clásicos de la gentilidad (quién no). También se le reprocha su misantropía (señal de realismo y de adecuación a la ortodoxia judeo-cristiana).

En fin, tengo que confesar que tan sólo ahora empiezo a reconciliarme con San Agustín. Y todo porque está claro que ya que no era aficionado a los leones como San Jerónimo, por lo menos le gustaban los perros y los mustélidos, animales feroces donde los haya.

Otras entradas relacionadas:
Más sobre el San Agustín de CarpaccioSan Jerónimo (y VII)
San Jerónimo VI
San Jerónimo V
San Jerónimo IV
San Jerónimo III
San Jerónimo II
San Jerónimo

6 comentarios:

  1. Más complicado no sé si es, apasionante desde luego que sí que resulta esta serie sobre el sensual San Jerónimo y el disoluto San Agustín (no porque yo lo diga, por lo visto era así hasta que Santa Mónica, su madre, lo metió en vereda). Gracias a Tamarón por su brillante idea y a los eruditos que con sus comentarios hacen tan interesantes las visitas a este blog.
    Ana.

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  2. No sé por cuanto tiempo resistiré la tentación de acceder a la biblioteca de Jstor para leer el artículo de Helen Roberts. Entre tanto me contentaré con reportar un comentario menos costoso, que es el del conservador del British Museum sobre el dibujo de Carpaccio. Cuando a San Agustín le fue revelado que San Jerónimo había muerto en Jerusalén y se encontraba ya en la presencia de Dios, la voz del difunto le advirtió que era presuntuoso para cualquier mortal intentar aprehender y describir ese estado. Aún con los dos pies en el más allá, algo quedaba en San Jerónimo del erudito peleón, siempre pensando en poner al adversario intelectual en su sitio.

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  3. De ser hurón, querido Santiago, tendríamos un elemento diabólico. En el dibujo parece un animal despierto, pero tranquilo.

    hoc quoque inter polluta reputatibur de his quæ moventur in terra mustela et mus et corcodillus singula juxta genus suum (Liber Leviticus 11, 29)

    Durero también incluyó un gato, o algún felino, en el Paraíso junto a Adán y Eva. El Paraíso terrestre no es exactamente la Ciudad de Dios, pero se acerca. Este gato dureniano me ha traído algunos quebraderos de cabeza hasta el momento, porque Durero interpretando la Biblia era muy literal.

    Podríamos consultar a los gatos sin fronteras, pero igual nos piden un subvención. Seamos prudentes.


    Un abrazo de Chimo

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  4. Anoche anduve a la placentera caza simbólica del armiño. Creo que esa cuestión se podría dar por cerrada. Publicarla en tu bitácora podría agotar al lector pero como necesito fijar esta idea, te la escribo. Disculpa la longitud del texto.

    He encontrado un nexo entre Agustín y el armiño: Giacomino de Verona o Giacomino Veronese. Fue un fraile franciscano del siglo XIII que en su tratado sobre la Jerusalén Celestial, habla de caminos, plazas y avenidas en las que ...todos son igualados bloques, son de mármoles finísimos y raros, más blanco que el armiño, tan brillante como el cristal, finísimo y clarísimo. http://bit.ly/fGNhgs

    Así que el armiño sería la representación simbólica de la pureza de la Jerusalén Celeste. El armiño como símbolo de la pureza es un clásico pero yo no lo conocía tan claramente vinculado a la Ciudad de Dios.

    ¿Leería Carpaccio a Giacomino de Verona? ¿sería su fuente de inspiración o una de ellas? Desde luego ambos son venecianos ilustres, al poeta franciscano se le vincula con Dante y a finales del XV tampoco había tantas autoridades de referencia.

    Otro placer de esta caza de símbolos ha sido encontrar una referencia de mi profesor Santiago Sebastián, maestro de la iconología. Te adjunto una cita suya sobre el armiño, A la pureza alude el armiño, cuya piel en invierno se vuelve blanca como la nieve ... http://bit.ly/gahx5Y

    El tema de la partitura va ser más muchísimo más complicado.

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  5. Buenas Sr. Marqués y santa compaña:
    -Estos cuadros son maravillosos en particular porque estoy leyendo ahora mismo Los primitivos flamencos de E. Panofsky (sí, por primera vez, no diré aquello de releyendo)
    -Sobre el armiño de Carpaccio recuerdo la novela de Vikram Seth "Una música constante" (An equal music en el original por la cita de J. Donne) una historia de amor entre un violinista y una pianista sorda en Venecia, sorprendente para el año 2000 por su romanticismo, tal vez a un autor europeo le hubiera sido complicado publicarla.
    -La tradición iconográfica ¿la produce un genio individual y luego se fija por repetición del modelo o una tradición larga se va decantando en distintos artistas? cuestión bizantina como si El Mio Cid es de un juglar concreto o se va produciendo en común durante décadas ¿no dijo al respecto algo el gran Machado (Manuel, claro)
    Perdón por estos truisms y gracias por las entradas. Dr.J

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  6. Con retraso, me sumo al hilo simplemente para decir que la interpretación en iconografía e iconología es tan apasionante como peligrosa. A veces no es fácil dejar de conectar cosas. No sobre este dibujo, sino sobre el Caballero de Carpaccio en la Thyssen, hace años trabajé un extraordinario artículo de Lubomír Konecny que recogía 3 o 4 explicaciones alternativas (y añadía una propuesta), cada una de ellas fascinante pero ninguna totalmente satisfactoria - http://www.jstor.org/pss/1483386.
    Se diría que el veneciano disfrutaba planteando estos enigmas casi tanto como nosotros intentando resolverlos.

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