Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: 2012

domingo, 30 de diciembre de 2012

Un pregón de Navidad

Me siento honrado porque los vecinos de la villa de Tamarón me encargaron el pregón de Navidad. Lo leí en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Me atrevo a reproducir el texto a continuación porque gracias a la ayuda que recibí de Góngora, Lope de Vega, José Antonio Muñoz Rojas, Cela, José Hierro y, sobre todo, de los anónimos autores de tantos villancicos populares, el pregón no salió del todo mal. Así es que aprovecho la ocasión para agradecer a los ilustres poetas muertos y a los no menos generosos habitantes de Tamarón su apoyo y hospitalidad, prestada a través de su Alcalde, su Asociación Cultural y su Cura Párroco.

Queridos amigos todos de Tamarón:

Uno de los secretos mejor guardados hoy en día es el de los belenes de montaña. No es fácil ver en las nieves de las cumbres españolas el lugar abrigado entre piedras donde unos montañeros por estas fechas han empezado a colocar pequeñas figuras del Niño Jesús, de la Virgen María y de San José, y también, claro está, de la mula y el buey. Y a veces, pero no siempre, pues suele faltar sitio en los recovecos de los canchales, algún pastor, alguna oveja, algún ángel y tres Reyes Magos. El primero de esos modestos santuarios que descubrí en mi vida está –a 2.209 metros de altura– exactamente en la divisoria de aguas entre la cuenca del Tajo y la del Duero… o si ustedes prefieren en la raya entre Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, y no se suele dar más pormenores… Los montañeros que colocan las imágenes en la mínima y Santa Cueva rehuyen decir dónde está, quizá porque cada vez se fían menos de la creciente impiedad de nuestros tiempos.

Sin embargo, el símbolo más potente de nuestra religión, de nuestra cultura y también de nuestra civilización es ese: la esplendorosa epifanía del Niño Dios. Sin la Navidad de forma patente o implícita, nuestro mundo sería un patético chiringuito, frío y desangelado, nunca mejor dicho.

Por eso no olvidaré jamás lo que vivió alguien a quien conozco mejor que a nadie. Su madre, de confesión anglicana, siempre había dicho que la historia más hermosa del mundo era la de la Natividad, y que era tan radiante y con tantos personajes inesperados que aunque sólo fuera por eso tenía que ser la más absoluta verdad; pues ninguna mente humana podría haberla inventado. La mezcla de Reyes Magos guiados por una estrella, con pastores y ovejas, y ángeles cantando, y el parto de una Virgen que da a luz a un Niño Dios refulgente, destinado ya al martirio para redimirnos, es una escena tan gloriosa que, decía aquella señora, tenía que ser verdad. Pues bien, cuando murió –tras recibir la extremaunción, por cierto, de un sacerdote católico romano– su familia procedió a organizar dos funerales, uno católico y otro anglicano. En ambos insistió mi amigo en incluir lecturas de los evangelios de San Mateo y San Lucas, que por sus relatos de la Natividad eran los preferidos de su madre. El sacerdote católico comprendió muy bien lo que se quería hacer y accedió en el acto. El sacerdote anglicano objetó dificultades, diciendo que no era costumbre mezclar la Navidad con un servicio religioso para difuntos, pero al final consintió, y creo recordar que incluso aceptó que se leyesen los textos en la versión antigua inglesa de la Biblia del Rey Jaime. Estoy seguro de que aquella señora y también sus amigos y familiares recibieron el consuelo de la belleza solemne y tierna del recuerdo de aquel pesebre en Belén.

Ese sentimiento está muy presente en la rica tradición española de los villancicos, tanto los más populares como los más cultos. Esa ternura poética que late en la copla anónima

La Virgen está lavando
y tendiendo en el romero,
los pajarillos cantando,
y el romero floreciendo.

Pero mira como beben
los peces en el río,
pero mira como beben
por ver al Dios nacido.
Beben y beben y vuelven a beber,
los peces en el río
por ver a Dios nacer.

(¿Sería andaluz el autor de esta rima entre río y nacío?)

Esa misma ternura se halla en el bellísimo villancico de Lope de Vega:

Temblando estaba de frío
el mayor fuego del cielo,
y el que hizo el tiempo mismo,
sujeto al rigor del tiempo.

¡Ay, Niño tierno!
¿cómo, si os quema amor, tembláis de hielo?

El que hizo con su mano
los discordes elementos,
naciendo está por el hombre
a la inclemencia sujeto.

¡Ay, Niño tierno!
¿cómo, si os quema amor, tembláis de hielo?

Resulta conmovedora y a la vez fascinante la mezcla de familiaridad, ternura y veneración que Lope de Vega muestra por el Niño Dios en el villancico anterior. En el siguiente, Góngora añade a la divina escena al otro personaje fundamental, la Virgen María, que aparece requebrada por el poeta con el nombre refulgente de Aurora:

Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!

Cuando el silencio tenía
Todas las cosas del suelo,
Y, coronada del yelo,
Reinaba la noche fría,
En medio la monarquía
De tiniebla tan cruel,

Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!

De un solo Clavel ceñida,
La Virgen, Aurora bella,
Al mundo se lo dio, y ella
Quedó cual antes florida;
A la púrpura caída
Solo fue el heno fïel.

Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!

El heno, pues, que fue dino,
A pesar de tantas nieves,
De ver en sus brazos leves
Este rosicler divino
Para su lecho fue lino,
Oro para su dosel.

Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!

No hace falta añadir que si la hermosa Aurora es María, el Clavel bellísimo es Jesús. Está claro que en el Siglo de Oro de nuestra literatura era un recurso no sólo lícito sino aconsejable el prodigar requiebros a la Divinidad.

Y esta costumbre de tratar con familiaridad y ternura a los personajes de la Navidad persiste aún hoy, incluso en autores insospechados. Hace unos años se me ocurrió encargar para las tarjetas navideñas del Instituto Cervantes diversos villancicos a autores españoles consagrados. El que ahora leo me pareció especialmente conmovedor y no me lo esperaba así del autor, que luego les diré:

¿Quién es?

¿Quién es el que en la noche
negra y helada
se derrama oro a oro
sobre la escarcha,
llamita niña
manantial donde mana
la vida misma?

El poemita es de José Hierro, que nunca dejó de ser comunista pero nunca tampoco perdió la sensibilidad para la tradición navideña.

El siguiente es de José Antonio Muñoz Rojas, que también entronca con el estilo más clásico del villancico entre culto y popular:

¿Quién ha visto la azucena
florecida con el frío?
¿Quién ha visto sin rocío
la noche y la yerbabuena?
¡Ay noche de Nochebuena!
¿Qué haces, ahí tan parada
como si no hubiera nada
armado en la tierra, cuando
está ya a tu fin tocando
en un portal la alborada?

Por último, quiero recordar esta

Octavilla para el desayuno
del
Niño Jesús

Traigo dulce de membrillo,
bienmesabes y alfandoques
de mírame y no me toques,
canto al son de la fanfarria
de un arcángel monaguillo
mientras destapo el puchero
que guarda el sabor primero
de las flores de la Alcarria.

Quizá hayáis adivinado, por el elogio de la Alcarria y por lo goloso del instinto del autor, que éste no era otro que Camilo José Cela, dando dulce coba a Jesús.

Después de lo que han pregonado sobre la Navidad algunos de los mejores ingenios de este nuestro viejo Reino de España, incluido su pueblo anónimo, mal podría yo, aunque sea mi obligación esta mañana, terminar este pregón colectivo con otra cosa que no sea desear a todos unas muy felices Pascuas.

Que Dios os guarde.

lunes, 17 de diciembre de 2012

… y no sólo estaban la mula y el buey


La Adoración
Fra Angelico y Fra Filippo Lippi, 1445


Y no sólo estaban Allí la mula y el buey. Si uno agranda la imagen en cualquier punto (y para mayor resolución entra en http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e0/Fra_Angelico_Adoration.jpg) descubrirá un mundo maravilloso con todo el elenco habitual de esta Epifanía: personajes egregios y humildes, todos gloriosos. Los tres Reyes que además eran Magos, el oro, el incienso y la mirra para el Niño Dios, la Estrella que tan sólo aparece reflejada en el gesto y la mirada de pasmo del hombre vestido de rojo, los animales del Portal. Pero también otros seres menos habituales: el pavo real, símbolo de la Inmortalidad y la Resurrección, la granada, símbolo de la Iglesia, un faisán en un tejado, con otro pájaro que no identifico, símbolos ambos de… no lo sé. Pero, de seguro, en las profundidades del océano de Google habrá algún libro entero dedicado a la simbología de este cuadro. Peores maneras hay de combatir la resaca de estos días que buscar perlas en  ese océano, que nos harán sonreir beatíficamente.

Así es que

Felices Pascuas a todos

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La imagen de la lengua española en el futuro


Por el Marqués de Tamarón

Durante los agitados años de finales del siglo pasado, cobraron una importancia desmesurada los centros de estudio y previsión política. Solían ser instituciones más o menos independientes y más o menos especializadas en materias internacionales, nacionales, económicas o estratégicas. Pero todas tenían en común una misma finalidad: satisfacer las ansias de los políticos y de la opinión pública por conocer el futuro y prepararse para afrontarlo. Los que trabajábamos mal que bien, rodeados de tantas incertidumbres, solíamos empezar nuestras charlas o conferencias diciendo:

“Quienes viven de la bola de cristal han de acostumbrarse a una dieta de cristales rotos”.

Y todos terminábamos atragantándonos con varios añicos.

El caso es que era y sigue siendo más difícil prever el futuro a medio plazo que a corto o a largo plazo. Es, sin embargo, más necesario que ninguna otra cosa tener una idea de lo que va a ocurrir a medio plazo; no en vano Keynes dijo que “a largo plazo todos estaremos muertos”, y ello no es sólo verdad en materias económicas. Es también aplicable a cualquier otra realidad social. Por ejemplo, en lo tocante a las lenguas no hay mucho margen de error si pensamos que a corto plazo todo seguirá igual y a largo plazo cualquier lengua habrá desaparecido. Hace 17 años, se me encargó “dibujar el perfil internacional de nuestra lengua, averiguar lo que es y, casi igual de importante, lo que no es”. Creí ver que “el más somero boceto mostraría una gran lengua internacional, sorprendentemente unitaria, bastante pero no demasiado extendida geográficamente, de poco peso económico y con una reputación internacional manifiestamente mejorable”[1].

Pues bien, la reputación internacional del español sigue siendo manifiestamente mejorable, lo cual no quiere decir que no haya mejorado gracias a muchos esfuerzos de muchas instituciones y personas. Se daba la circunstancia, ya mitigada, de que nuestra lengua, una de las más lógicas en su gramática y más sistemática en la correspondencia entre escritura y fonética, como también una de las más unitarias, tenía la fama infundada de ser pura pasión y como tal un cúmulo de caos y anarquías románticas. Lo curioso es que esa falsa etiqueta la habíamos adoptado nosotros mismos, más o menos desde la Guerra de la Independencia, porque nos atraían los relatos y pinturas de una España de trabuco y pandereta que los extranjeros –no siempre con mala fe, a veces con gran admiración- nos dedicaban.

Adoptamos con extraño entusiasmo en el campo literario esos estereotipos y muchos ahí siguen. Seguramente más de uno a la pregunta de un estudiante extranjero, “¿qué clásico leo?”, contestaría antes El buscón que los sonetos de Quevedo. Y puestos a aconsejar un pensador o ensayista diría Unamuno y no Ortega y Gasset. Naturalmente la lengua y lo que en ella se escribe no siempre van parejos (pocos se atreven a recordar el juicio de George Borrow, “Don Jorgito el de las Biblias”, declarando la lengua española superior a la literatura española). Por supuesto en el español como en cualquier otra lengua coexisten tendencias muy distintas y aun contrapuestas, pero solemos fijarnos mucho más en el pathos que en el logos, en el desgarro que en la armonía.

A corto plazo poco cambio cabe esperar, pero a medio plazo sí es probable que se produzcan cambios de perspectiva importantes. El problema está en que los cambios de imágenes o estereotipos nacionales acontecen con gran lentitud. En general van a la zaga de los cambios sociales, que son algo más rápidos. El estereotipo de los españoles del Siglo de Oro vistos por los extranjeros tendía a ser el de hombres duros, eficaces y fríos, algo así como el estereotipo de los prusianos 300 años después. Mientras, el estereotipo de los ingleses en la época de Shakespeare era el de un pueblo apasionado, violento e impredecible, algo así como los italianos vistos por la ópera del siglo XIX. Todo eso ha cambiado, pero el caso es que las lenguas han cambiado menos que sus estereotipos, que suelen coincidir con los aplicados a sus hablantes. El inglés, que era y es una lengua perfectamente caprichosa, suele considerarse un prodigio de sensatez práctica. A la lengua española le ocurre precisamente lo contrario.

Sin embargo, lentamente, fuera de España y también fuera de nuestro folclore o nuestro cine, crece la constatación de que en la realidad, igual que los hooligans futboleros ingleses son mucho más brutales que los hinchas españoles, el aullido en otras lenguas es tan irracional o más que el aullido hispano. Eso y tantas otras observaciones como cabe hacer, parece que nosotros mismos no siempre queremos admitirlo. A veces uno se pregunta a qué se debe un fenómeno tan curioso como el que la imagen de España sea mucho peor entre los propios españoles que en cualquier otro de los ocho países europeos objeto de cierto estudio[2], que evidencia que quienes nos ven con más simpatía son los polacos y los británicos, mientras nosotros nos hundimos en una especie de masoquismo. En general y en el extranjero, es decir a efectos lingüísticos fuera de la veintena de países de habla española, la imagen de la lengua española, más o menos realista, sí va bastante unida a la imagen de los pueblos hispánicos. Quizá, en cambio, de puertas adentro nosotros admiremos más –como le pasaba a George Borrow hace casi dos siglos- nuestra lengua que nuestra cultura en general o nuestra historia.

El futuro de la imagen de nuestra lengua en el extranjero parece mejor, paradójicamente, que su futuro entre nosotros mismos. Deberíamos los hispanohablantes ayudar a esta lenta evolución mostrando nuestro aprecio por el lado lógico del español. No es asunto baladí el de los iconos nacionales basados en la cultura. No olvidemos nunca que es difícil vender un tren de alta velocidad si sugerimos que está fabricado por Carmen la cigarrera y conducido por Don Quijote. Y como los iconos nacionales se hacen extensivos a las lenguas, no estaría de más recordar que el español es “lengua nacida a la escritura en un monasterio de liturgia visigótica entre los Pirineos y la Sierra de la Demanda, rodeado de prados, hayedos y robledales […], con más razón que pasión”[3].

Aquí en la Rioja, pues, está la cuna de nuestra lengua, y la imagen mejor para su futuro.
  


[1] Marqués de Tamarón, El peso de la lengua española en el mundo, Valladolid, 
[2] Fuente: Pew Global, campo de Abril de 2012, citado en “Análisis de la actual imagen exterior de España” por Narciso Michavila (en Retos de nuestra acción exterior: Diplomacia Pública y Marca España, por diversos autores, Colección Escuela Diplomática, 2012 ).
[3] Loc. Cit., pg 70.


(Este es el texto que, algo resumido, fue mi intervención en el Foro Futuro en Español, el pasado día 15 de Noviembre, en Logroño. Lo reproduzco aquí pues, en estos tiempos de plagiarios impunes, los entendidos aseguran que cualquier obra literaria, grande o pequeña, tiene más probabilidades de ser robada si tan sólo está publicada en papel y no en soporte electrónico y presente en la Red)

miércoles, 7 de noviembre de 2012

"Que se jodan" dice Alfredo Bryce Echenique

“Que se jodan” dice Alfredo Bryce Echenique, “No he plagiado… Nunca lo he hecho”.

Ah, ¿no? Pues obsérvese esto:



* Pínchese aquí para ver las comparaciones completas. 
** Y luego pínchese otra vez sobre la imagen larga para verla mucho más grande. 

 Lo que antecede es una imagen parcial y borrosa, pero fácilmente desarrollable y completable siguiendo las instrucciones. Sirve de ejemplo bastante claro del método ABE de plagio absoluto. Del discurso mío en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de 1991, Alfredo Bryce Echenique consiguió sacar (y cobrar) ocho artículos y una ponencia para el III Congreso Internacional de la Lengua Española. Es más, de la literalidad de los plagios da idea el hecho de que, por ejemplo en el artículo en Nexos del 1 de Julio del 2005 tan sólo figuran ocho (8) palabras que acaso procedan de su propio ingenio. El resto está sacado de mi discurso por el sistema de cortar y pegar. Su ponencia en el Congreso de la Lengua Española tal como figura en la página del Instituto Cervantes en la Red contiene un 77% de renglones míos y un 22% puestos por él, aunque éstos son en su mayoría citas de terceros autores. No está mal para un señor que a la sazón era miembro del Patronato del Instituto Cervantes, esa forma de apropiarse el trabajo de otro señor que un lustro antes era Director del mismo Instituto. 

Así es que las declaraciones de don Alfredo Bryce Echenique son dignas de un estudio a fondo, quizá por los jueces. No tanto lo del “que se jodan”, que se entiende bien y a fondo, sino la defensa que hace de su honor profesional de escritor al afirmar “No he plagiado… Nunca lo he hecho”. No parece ser de esa opinión el Tribunal de Defensa de la Competencia y de la Propiedad Intelectual del Perú, que en sus sentencias aprecia “plagios serviles” (sic) y también “plagios inteligentes” (sic) en la obra periodística de don Alfredo Bryce Echenique. 

Por cierto que para no incurrir en plagio, quiero dar de nuevo las gracias por su ímprobo trabajo de cotejo de textos a la joven investigadora doña Fabiola Ramírez Gutiérrez, autora de la tabla comparativa arriba reproducida (“En el taller de Bryce Echenique”, Nexos en línea 19/10/2012). 

Y para aportar juicios muy diversos, les sugiero que lean las declaraciones de don Alfredo Bryce Echenique reproducidas en El País de ayer, 6 de Noviembre (http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/05/actualidad/1352147480_768541.html) así como el comentario que a esas declaraciones dedica la revista Nexos hoy, 7 de Noviembre (http://redaccion.nexos.com.mx/?p=4394). 

Para mí que con mi discurso en la Real Academia de Ciencias don Alfredo Bryce Echenique cometió nueve plagios serviles y ninguno inteligente.

Posdata: Es peor aún, son diez no nueve los plagios serviles y ninguno inteligente. Me lo aclara doña Fabiola Ramírez; me explica que de ese mi discurso en la Real Academia de Ciencias salió otro artículo más que firmó don Alfredo Bryce Echenique en la revista Jano, número 1633, 2006. Claro que eso, con ser peor para la reputación del plagiario, es mejor para su cartera.


Enlaces relacionados:
Pedrada en ojo del boticario Bryce
Gracias, Doña Elena Poniatowska

lunes, 22 de octubre de 2012

Pedrada en ojo del boticario Bryce


      Permítaseme por una vez que empiece con una cita. Llega como pedrada en ojo de boticario y el boticario es don Alfredo Bryce Echenique. La pedrada la lanza doña Fabiola Ramírez Gutiérrez con un artículo titulado "En el taller de Bryce Echenique"  (http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2102983#_ftn40) que empieza así:


     Hace poco más de una década, Bryce Echenique fue aclamado no solo por forjar “uno de los mundos novelísticos más importantes de la literatura peruana de este siglo”, sino también por “haberse dado el tiempo de cultivar un periodismo original y singular, con admirable seriedad intelectual y hasta con denodada pasión”. Hoy es evidente que el autor nos engañó a todos en este último punto al plagiar el trabajo de otros.

     Termina la autora citando al boticario, que, sin duda cegado por los dioses que ciegan a quienes quieren perder, se atrevió a escribir en el año 2000 a propósito de la piratería de libros:

     “Los verdaderos piratas a menudo conocidos, poderosos, mañosos, atrapados, procesados y... y... y aquí no ha pasado nada son unos peces tan gordos, tan pero tan gordos, que su peso abruma y aplasta a las autoridades competentes, señores de vista tan pero tan gorda, a su vez, que son incapaces de distinguir y capturar hasta al gordo más gordo de todos los cuadros de gordas y gordos de Botero”. (http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2099807)

     Por último, como se dice en algunos parlamentos antiguos, tengo que declarar un interés. Soy parte interesada como verán ustedes en el cuadro titulado Evidencias materiales de los plagios de Bryce Echenique publicados en Nexos que publica Fabiola Ramírez al final de su minucioso estudio. La ficha número 12 se refiere al mucho jugo que sacó el Sr. Bryce Echenique a un trabajo mío de 1991, ya que copiándolo literalmente extrajo por lo menos tres artículos y un discurso y los publicó en varias revistas de tres o cuatro países. Y los cobró a todas las publicaciones. Parece ser que su columna estaba sindicada y se llamó a veces, sin duda por ironía, La columna incólume

     Quizá otro día, con tiempo, merezca la pena reproducir ese trabajo mío que tanto juego y jugo dio al boticario Bryce. Pero hoy lo que urge es dar las gracias a la investigadora, doña Fabiola Ramírez Gutiérrez, que con tanto tino como tenacidad contribuye poderosamente a desentrañar la maraña (y también, como ella misma hace, a doña María Soledad de la Cerda, cuya lista fue “de gran ayuda para elaborar este cuadro”).

Enlaces relacionados:
"Que se jodan" dice Alfredo Bryce Echenique
Gracias, Doña Elena Poniatowska

jueves, 18 de octubre de 2012

Elogio del rojo y vituperio del progre


Llevo años queriendo escribir un ensayo con ese título, pero tengo tal cantidad de barruntes y frases garrapateadas que es probable que nunca mi tesis revolucionaria vea la luz. Sin embargo, ya que una imagen vale por mil palabras, ilustraré la idea central con dos imágenes:

El Roto, publicado en El País, el 17 de Octubre, 2012

Recordemos que el Roto es rojo. Un rojo que conjuga mordaz crudeza obrerista con brillante sensibilidad artística. Lo contrario, pues de estotro:



Perich, Autopista (Cuando el bosque se quema algo suyo se quema... señor Conde), Editorial Estela, 1971



Ya se ve, el Perich es progre; pese a su militancia en el Partido Comunista tiene resabios de taimada hipocresía burguesa.

Sí, ya sé que la viñeta y la frase del Roto podrían interpretarse aproximándola algo a la viñeta del Perich, pero sería forzado. A fin de cuentas salta a la vista que al rojo Roto no le caen bien los incendiarios y al progre Perich sí.

Por eso son arquetipos respectivamente del rojerío y la progresía, y justifican este

Elogio del Roto y vituperio del Perich

Enlaces relacionados:
El fuego purificador
"España está que arde" y "Algo suyo se quema"

miércoles, 3 de octubre de 2012

El fuego purificador

Me honra Chimo Soler aceptando la hospitalidad de esta bitácora, donde acogemos hoy este artículo suyo titulado El fuego purificador. También hubiera podido llamarse El fuego impuro, pues impuro es todo lo maligno, y malignos son los incendios provocados por los canallas impunes. Pero hace bien el autor invitado en subrayar la paradoja de "cómo esa quimera del fuego purificador se metamorfosea y actualiza, para acabar prendiendo y dejando desiertos tras de sí". 


El fuego purificador
por Chimo Soler

En esta página del Marqués de Tamarón, Otto Silenus apostilla el 8 abril de 2012 en el artículo “Sigue la impunidad de los canallas”:

El lema "cuando un bosque se quema, algo suyo se quema, señor conde", no es de La Codorniz. Lo acuñó Jaume Perich Escala (El Perich) en su libro "Autopista", que en 1971 fue el mas vendido en España.

Ya tuvo Tamarón cautelas cuando precede la afirmación con “creo recordar”:

“Añadiendo esas dos palabras [se refiere a señor conde], el gracioso [J. Perich] -creo recordar que en La Codorniz- convertía el incendio en un acto progresista, puesto que fastidiaba a la oligarquía.”

Efectivamente, como afirma Otto Silenus el lema es de Perich y aparece en la portada de Autopista, el libro más vendido de 1971 editado por ver primera en 1970 por Estela. Como el libro es un recopilatorio, cabe  hacerse la pregunta de dónde y cuándo se publicó originalmente la viñeta con el lema y si pudo ser en La Codorniz, como también afirmaba en su blog el hoy ministro don José Manuel García Margallo, o fue en otro sitio.

No es la primera apostilla sobre la publicación de este lema. Cuando “Otra falacia patética” se publica en ABC el de 25 de mayo de 2006, la referencia a La Codorniz llama la atención de D. Carlos Robles Piquer, de su carta da noticia Luis Ignacio Parada también en ABC:

“Sólo quiero añadir, si mi recuerdo no falla” (…) el tremendo chiste que debilitó una acertada campaña de protección de los bosques en los últimos años del franquismo tuvo por autor a un buen humorista, Chumy Chúmez. Me parece recordar que él colaboraba en el diario “Madrid” tan crítico con aquel régimen como era posible. No creo, por tanto, que se publicara en ‘La Codorniz’”.


Un error que se corrigió semanas más tarde. En julio de 2006 ABC publica:

 “Detectó FERNANDO PASCUAL GIL que «en la carta de Carlos Robles Piquer, del 28 de mayo, se dice que el autor de la frase «cuando un bosque se quema algo suyo se quema, señor conde» es del humorista Chumy Chúmez, siendo en realidad de Jaume Perich»”

Posiblemente don Carlos Robles Fraga se hacía eco del libro “El parlamento de papel”, publicado dos años antes, en 2004. En esta obra de Ignacio Fontes y Ángel Menéndez se atribuye erróneamente el lema a Chumy Chúmez y al diario Madrid:

“cuando se inauguró el incendio forestal como camino expedito para la recalificación en terreno edificable y el gobierno de Franco hizo una campaña de publicidad con el eslogan «Cuando un monte se quema, algo tuyo se quema», Chumy escribió y dibujó en Madrid: «Cuando un monte se quema, algo suyo se quema, señor conde».

¿Es necesario explicar la gracia del chiste por el contexto? seguro que muchas personas de menos de treinta años no entenderían la frase sin él. De hecho, si se hubiera publicado hace cien años, sería normal entender que el aviso sería una exigencia de responsabilidad al conde de Romanones, como Presidente del Gobierno recién nombrado. Otros pensarían que podría ser que el conde fuera la persona mejor preparada para liderar la lucha contra el fuego ya que, siendo alcalde de Madrid, el 5 de octubre de 1894, se aprobó el primer reglamento del Cuerpo de Bomberos, sostenido por el Ayuntamiento. Fue una reacción al incendio de la calle Ribera de Curtidores, los “Matafuegos de la Villa” abrieron el camino a los Maestros Bomberos.

En esos tiempos no tan distantes, otros podrían pensar que el lema “algo suyo se quema, señor conde…” recordaría a Romanones las responsabilidades de ejemplaridad de la nobleza. De hecho, la preocupación por nuestros montes formaba parte del inventario de inquietudes del conde, en el libro de los discursos parlamentarios de Romanones leemos:

“Ya sabemos lo que suelen hacer esos capataces; no viven más que de consentir a los vecinos de los pueblos que talen los montes, tolerancia que todos los Diputados en mayor ó menor grado tenemos que consentir, porque todos los que han hecho elecciones saben que estos capataces y sobreguardas conocen que son un factor principalísimo en las elecciones, porque tienen los pueblos en la mano.

Desgraciado del pueblo que tenga montes, es el esclavo del capataz; no tiene más remedio, por su miseria, que vivir de la propiedad del Estado, y el capataz y el sobreguarda tienen también por su propia miseria que dejar talar los montes y así los montes van desapareciendo.”

Pero, volviendo a los setenta del veinte alguna interpretación de las citadas presenta un lado irónico, ¿pudo publicarse en el diario Madrid? Como es sabido el título del libro de Perich Autopista, el más vendido en 1971, satirizaba Camino, del fundador del Opus Dei. Habría sido chocante, como poco, que la portada de Autopista, con el flamante lema ‘Cuando un bosque se quema, algo…’ se hubiera publicado originalmente en ese diario Madrid, entonces editado por D. Rafael Calvo Serer y D. Antonio Fontán, próximos al Opus Dei.

¿Pudo ser La Codorniz el primer medio en publicar el lema? Hay varias fuentes que afirman que fue en la sección Perich Match de El Correo Catalán, un periódico que en sus orígenes servía a la causa carlista, católica y conservadora y que se reorientó hacia un ideario democrático y catalanista moderado. El propio libro Autopista indica el Correo Catalán como fuente del libro recopilatorio y así también lo recuerda el entonces editor de Estela, Alfonso Carlos Comín:


“En pleno furor y vigor tecnocrático, Perich había escrito un aforismo "docente" e impertinente: "De momento, al célebre "Camino" no se le va a cambiar el título para llamarle "Autopista." Este coqueteo entre las obras de infraestructura económica y las propiamente religiosas de la Obra dio origen al título que recogía un cúmulo de aforismos y de chistes que Perich venía publicando en "El Correo Catalán" en su sección "Perich-Match", materiales que, en el caso del humorista catalán resultaron ser señas de identidad de la realidad política contemporánea del país.”

La paternidad Autopista como título del libro también dio lugar a curiosas apostillas que ilustran un contexto complejo. El propio Jaume Perich en una entrevista sobre el éxito de su libro se distancia de ella, dejando bien claro que el mérito del título Autopista  correspondía a Comín, quien era, por cierto, de familia carlista, fundador de Cristianos por el Socialismo, compañero de Bandera Roja y posteriormente pasó al PSUC.  

“Perich, al recordarlo, sonríe: fue como estar en el lugar adecuado y en el momento oportuno, pese a las dificultades de edición, ya que el ministerio de Fraga respondía con silencio administrativo. El título fue una parodia de Camino, el libro de cabecera de los miembros del Opus Dei. Propuse ‘Algo suyo se quema, señor conde…’ pero Alfonso Carlos Comín, que era el director de la editorial Laia, sugirió Autopista y así se quedó.”

Parece, por tanto, fuera de duda que la primera publicación fuera, efectivamente, en la sección Perich Match incluida en la nueva etapa del Correo Catalán que pretendía, como otros, actualizarse manteniendo la cabecera. Lamentablemente para ver la viñeta original no disponemos de la versión digital en línea del periódico ni en la Biblioteca Nacional Española ni en la Biblioteca Nacional de Cataluña.

¿Pudo aparecer también en La Codorniz? No encuentro ninguna biografía oficial de Perich que documente su paso por La Codorniz. Pero así lo afirma Hoy en su número 20-31, las biografías en el portal Humoralart.com, en la Fondazione Franco Fossatin, el citado libro de Fontes y Menéndez y el blog de Kap en LaVanguardia.

Es instructivo observar como esa quimera del fuego purificador se metarmofosea y actualiza, para acabar prendiendo y dejando desiertos tras de sí. Afortunadamente también los matafuegos se ponen al día, aunque a veces su heroísmo les cueste la vida.


                                                Chimo Soler


martes, 25 de septiembre de 2012

"España está que arde" y "Algo suyo se quema"

Con la llegada oficial del otoño ha coincidido el inicio de otro incendio forestal más, el de Chulilla, en Valencia, que es uno de los muy dañinos. Tanto que se siente uno tentado de atribuírselo a alguno de los miles de cainitas que campan por sus respetos en España, buscando algún monte que aún no esté quemado. Pero la causa todavía no la sabemos, y quizá no la sepamos nunca: las autoridades no saben, no contestan.

Reconforta, sin embargo, comprobar que aumenta el número de quienes se niegan a a comulgar con las ruedas de molino de "habrá sido una chispa" o "habrá sido un loco", o más a menudo, "la culpa es de los recortes presupuestarios". A continuación reproduzco dos artículos que no predican la ceguera o la lenidad con los canallas incendiarios: "España está que arde", de José L. González Quirós, y "Algo suyo se quema", de José M. de Areilza.












viernes, 7 de septiembre de 2012

Más canallas impunes


Hace unos días, cuando aún duraba en España el siniestro resplandor de los incendios forestales provocados a fines de Agosto o principios de Septiembre, escribí este artículo que hoy publica el ABC (con alguna modificación menor como la legítima preferencia de la redacción para la entradilla, donde escoge una cita de Tamarón en lugar del argumento de Burke contra Rousseau), para ver el cual basta con pinchar aquí.

Debo subsanar un olvido mío, el nombre del autor del artículo de 1937, también aparecido en el ABC, bajo el título Tío Conservaduros y Tío Sociolisto. Se trata de José Mayoral Fernández, que fue cronista oficial de Ávila. No he encontrado otra mención anterior del apelativo conservaduros conservaduro. Desde luego cada día hay más conservaduros y menos conservadores en nuestro país. Y cada día hay menos duros de plata y menos árboles.

La impunidad de los canallas
Por el Marqués de Tamarón

«… la respuesta de Burke a Rousseau: el orden político es un contrato, pero no como sostiene Rousseau un compromiso entre los que viven, sino entre los que viven, los aún no nacidos y los muertos.»

 Las derechas no son conservadoras y los movimientos ecologistas son de izquierdas, circunstancias ambas más palmarias aún en España que en los demás países desarrollados. Por eso es difícil hablar de la devastación de la Naturaleza en nuestro país. En cualquier debate sobre las causas y consecuencias de los incendios forestales, el sentido común, el sentido científico y no digamos el sentido de la justicia se ven eclipsados por la humareda de los prejuicios ideológicos. Y eso que en el fondo nuestra derecha –más heredera de Mendizábal que de Jovellanos– no está tan alejada de los postulados economicistas de la izquierda. A ninguna de las dos le importa mucho en realidad la conservación de la Naturaleza. Las dos aspiran al control económico de la sociedad.

 En los medios ecologistas reina, indiscutida, la estricta ortodoxia rousseauniana: el hombre es bueno y la sociedad es mala. O el hombre es bueno y el capitalismo es malo. Basta con ver los dictámenes publicados en los últimos días de agosto por las cinco grandes organizaciones ecologistas: Greenpeace, Ecologistas en Acción, WWF, SEO-Birdlife y Amigos de la Tierra. Poco habían dicho hasta ahora de la terrible serie de incendios del verano, pero al fin desgranan en la Red la letanía de causas tal como las ven los bienpensantes. En esencia son calentamiento global, recortes presupuestarios y mala planificación. Es decir, los abusos del "capitalismo salvaje". Poco o nada se dice de los incendios provocados. Como mucho, se habla de los “pirómanos”, con lo cual el dogma rousseauniano queda a salvo, puesto que los causantes son unos enfermos –por culpa de la sociedad– y por tanto inocentes. Pero todo el mundo sabe que en su mayoría los grandes incendios son provocados, y no por imprudencia sino por intención criminal. También por eso es insuficiente pedir que se cambie la ley para castigar con más severidad esos delitos. El problema no es tan sólo la lenidad de las penas, con ser notable. Está sobre todo en que la ley no se aplica. Incluso cuando se ha capturado al sospechoso y ha sido juzgado y condenado, ocurre que o no cumple la pena o ésta se queda reducida a un tiempo mínimo. La prueba está en que de un año para otro quedan en la cárcel muy pocos o quizá ninguno de los convictos y confesos. Y por cierto, los datos estadísticos que acreditan la lenidad de la justicia en estos delitos son de difícil acceso, cuando no imposible.

 Por otro lado, la escasez de datos sobre la profesión de los causantes de los incendios dan pábulo a conjeturas –muy verosímiles pero tal vez injustas o incompletas– que están en la mente y en la boca de todos, pero no en la pluma. Además, parece que los jurados populares son reacios a condenar a los incendiarios, y hablan distintas fuentes de encomendar estos casos a jueces y magistrados profesionales. No es chica ironía que esa conquista democrática haya resultado ser un fracaso, al menos en estos asuntos donde acaso los jurados populares se consideran pertenecientes al mismo demos que los incendiarios. Maravilla que concurran por igual en este desencanto juristas progresistas, que no hurtan sus togas al polvo del camino, y ministros del actual gobierno.

 La derecha española no es propiamente conservadora. Es cierto que no es nuestro país el único donde tal cosa ocurre. En el Reino Unido el centro de gravedad del Partido Conservador se alejó del conservatismo para pasarse al liberalismo librecambista. Siempre se dijo que Margaret Thatcher estaba más cerca en su ideología de Gladstone que de Disraeli. En lo referente a la conservación de la Naturaleza, dos de los más notables pensadores ingleses de hoy, John Gray y Roger Scruton, subrayan que el llamado ecologismo debería ser –como lo fue en sus inicios en el siglo XIX– una causa muy ligada al Partido Conservador británico. Es más, ambos citan la misma fuente, la respuesta de Burke a Rousseau: el orden político es un contrato, pero no como sostiene Rousseau un compromiso entre los que viven, sino entre los que viven, los aún no nacidos y los muertos. La población actual del planeta puede tener interés en consumir todos los recursos, pero no para eso trabajaron nuestros mayores, y nuestros descendientes aún no nacidos dependen de nuestra moderación. A largo plazo, el equilibrio social ha de incluir, pues, el equilibrio ecológico.

 En la derecha española las dos corrientes están muy marcadas. Una de ellas tiene incluso un nombre que me atrevo a usar aquí pese a su tono burlesco. Me refiero a conservaduros, cuyo primer uso documentado que encuentro está, precisamente, en esta página del diario ABC, hace 75 años. Se trata de una denuncia feroz del ánimo codicioso de un cacique de derechas al que dieron el apodo de Tío Conservaduros y a su rival, Tío Sociolisto (ABC, Sevilla, 4 marzo 1937). El caso es que el ansia de conservar las monedas de a duro no lleva a ningún empeño en conservar la Naturaleza. Ni los ecologistas de izquierdas ni los derechistas librecambistas atribuyen a la Naturaleza un valor más que instrumental. Por eso ambos sectores la llaman Medio Ambiente, es decir, mero escenario para las posturas e intereses de ellos, los grandes actores. Por eso tampoco creo que les sorprenda mucho la tragedia de este verano en llamas. Pueden estar seguros de que dentro de poco ya se nos habrá olvidado lo ocurrido; después de todo, 165.000 hectáreas son poca cosa al lado del casi medio millón calcinado durante el verano de 1985. O de las más de 400.000 que quemaron en 1978, en 1989 y en 1994. Por cierto que el primer año en que se rebasaron las 150.000 hectáreas quemadas (cifra hoy por debajo de la media, pero que parecía inquietante entonces) fue 1975. También se nos ha olvidado ya que en 2005 un incendio mató a 11 personas y quemó 13.000 has, y que siete años después han condenado a un solo acusado “por un delito de incendio forestal cometido por imprudencia grave, a dos años de prisión” (que no tendrá que cumplir) y multas y responsabilidad civil de 10 millones de euros, que no pagará.

 Al final –triste estrambote– surge la pregunta que acaso interese a los conservaduros: ¿qué hace más daño a nuestra imagen turística y económica en el extranjero, los incendios provocados o la impunidad de los canallas incendiarios?

El Marqués de Tamarón 
Escritor y diplomático

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martes, 21 de agosto de 2012

Un soneto de Fernando Ortiz

Me lo presta desde Cádiz en este Agosto inmisericorde, pero soportable en la Tacita de Plata, que él, Fernando, ve "nostálgica y extraña". Yo también la veo así. Por eso y porque a él lo admiro y lo conozco bastante como para saber que terminará publicando una versión ulterior en su propia página, me atreví a pedirle permiso para recibirlo aquí.

¿Dónde mejor que en una bitácora puede hacer escala un soneto a Cádiz?

Gracias, maestro,
y publico el soneto con tu venia.

                            CÁDIZ

                                                A mi amigo Santiago, oficial de la Marina Española
                                                que mandó tropa en esta plaza.

Constitución. La libertad. La España
que no fue ni será nunca jamás.
Entonces se soñó. Ven y verás
de la lejana América la entraña.

Qué ciudad tan nostálgica y extraña.
Neoclásica, barroca y además
se ríe de sí misma y los demás
y oculta con su ingenio la patraña.

Patraña de un país que es de opereta.
Entra en el mar, y el mar la purifica
con su humedad salada y primigenia.

En Venecia hay canal, y aquí caleta.
Para sainete el de tía Norica
y termino el soneto con tu venia.

Fernando Ortiz

jueves, 16 de agosto de 2012

Más agradecimientos de los Rustica Numina

     El otro día me dejé en el tintero lo principal, aclarar quiénes son los Rustica Numina. Júpiter, por boca de Ovidio (Metamorfosis, I, 192-198), dice a los demás dioses del Olimpo que tiene que acabar con el género humano (mediante un diluvio, como hizo Yavé) pues
"Tengo yo semidioses, tengo divinidades campestres, Ninfas, Faunos, Sátiros y Silvanos que habitan los montes; puesto que a ellos todavía no les he concedido el honor de residir en el cielo, permitámosles al menos habitar la tierra que sí les di. ¿Creéis, dioses, que van a estar ellos seguros, cuando a mí, que poseo el rayo, que os poseo y gobierno a vosotros, me ha preparado acechanzas Licaón, ya conocido por su ferocidad?"
(Sunt mihi semidei, sunt rustica numina, Nymphae Faunique Satyrique et monticolae Silvani,
...)
     El caso es que coincidieron dos presagios faustos con uno funesto durante esos días. El segundo signo esperanzador fue que releí por casualidad (o quizá a petición de un amigo cura, pero esa ya es otra historia) un cuento hermoso de Marguerite Yourcenar, titulado Notre-Dame-des-Hirondelles (Nuestra Señora de las Golondrinas). Allí también aparecen unas Rustica Numina, en este caso ninfas, en peligro de muerte porque su tiempo histórico ha pasado. Las salva la Virgen María, convirtiéndolas en golondrinas.

     Y, claro está, con la claridad funesta de las llamas, que todos los dioses menores que moran en los bosques están hoy en peligro de desaparecer con los incendios provocados a diario en los lugares más hermosos que quedan en España. Las llamas se llevan la belleza, la naturaleza y la historia, todo lo que hace soportable la vida en nuestra piel de toro. Por eso entiendo que cualquiera que no comparta la pulcrofobia de los incendiarios, cualquiera que alabe cosas en peligro como las que he procurado celebrar en El rompimiento de gloria, se merece el agradecimiento no ya mío sino sobre todo de las criaturas -vegetales, animales o divinas- que aún quedan.

     Muy en particular es digna de este agradecimiento una nueva reseña, Ardor y pedagogía: "El rompimiento de gloria" de Tamarón, escrita por Enrique García-Máiquez. Les aconsejo que entren aquí y vean también los comentarios de los lectores. Pero sobre todo los de García-Máiquez, que interviene en la discusión con penetrante clarividencia.

Enlace relacionado:
Rustica Numina

martes, 14 de agosto de 2012

Entrevistas tempestivas (I)

Mi sueño era emular a Nabokov en casi todo menos en escribir Lolita. Y menos en soñarla. Lo que admiro de él es la tenacidad con que defendió su derecho a tan sólo conceder entrevistas para la prensa cuando se le hacían las preguntas por escrito, y se le garantizaba la publicación íntegra y fidedigna de sus contestaciones. Yo intenté hacer lo mismo pero sin mucho éxito. Creo que apenas tengo tres o cuatro entrevistas publicadas que responden a esos sanos principios. La más reciente de esas entrevistas tempestivas (que vienen a tiempo o que tempestean y alivian descargando la tempestad que bulle dentro de uno) es la siguiente, por la que agradezco a Doña Julia Sáez-Angulo las preguntas y su publicación en Euro Mundo Global, el 17 de Julio de 2012:

     ¿Cómo concibió El rompimiento de gloria? ¿parte de alguna referencia real por mínima que sea?
     Se me ocurrió la idea de la novela un día perfecto de finales de verano, descansando de una caminata junto a un arroyo de la Sierra de Guadarrama. Pensé que no desentonaría con el lugar la aparición de una diosa, una especie de Diana, o una semidiosa. Luego el personaje central se convirtió más bien en trasunto de Atenea, aunque sólo fuera porque siempre tuve curiosidad por saber cuál era el color de los ojos de esa diosa. Hoy en día no abundan las hierofanías, pero no porque no existan sino porque no sabemos verlas. El rompimiento de gloria es el hilo que une varias hierofanías, apariciones de lo sagrado en palabra acuñada por Mircea Elíade. Algunas hierofanías son modestas, pero siempre sagradas: el resplandor de una hoja otoñal al trasluz del sol o el sonido de un pequeño arroyo de montaña. 
    Usted estudió Derecho y se percibe en su literatura su amor a la cultura clásica. ¿Cómo se “enganchó” a ella?
    Me enganché a ella precisamente porque no me gustaba el Derecho. Además el bachillerato de entonces era bastante bueno y se daban unos siete años de Latín y tres de Griego. Recuerdo muy poco de lo que entonces aprendí pero me queda en la mente la impronta de una cultura al lado de la cual la nuestra es mediocre. Para colmo, llegó el cataclismo del Concilio Vaticano II, que arrasó la mayor parte de la belleza litúrgica de nuestro acervo católico romano, y además mucho de la belleza musical. Así es que más que engancharme me reenganché a algunas de las principales raíces de nuestra cultura.
    ¿Es cierto como decía Borges que “todos somos griegos en el exilio”? 
    Sí, pero casi nadie se da cuenta de su exilio. “La crema de la inteleztualidá” se lanza a la “insobornable contemporaneidaz” con la fruición de una cerda en una charca. 
    En belleza me traído a la memoria “Madrid de Corte a checa” de Foxá, aunque no sean comparables ¿Qué opinión le merece esta novela? 
    Me parece excelente. Pero la gran novela de nuestra Guerra Civil es Una isla en el mar rojo de Wenceslao Fernández Flórez. Es tan amarga que… Bueno, para qué hablar ahora de eso. 
    ¿Cómo va la protección de la sierra de Guadarrama? 
    No muy bien. Ningún partido político es sincero en sus declaraciones de amor a la Naturaleza, que llaman medio ambiente. El sueño de cualquier alcalde, sea del partido que sea, es benidormizar todo su término municipal, porque eso da dinero y significa Progreso. Y también da votos, claro. 
    Usted comenzó por la narrativa breve ¿La ha dejado a un lado? ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene el relato corto respecto a la novela? 
    Pues sí, ahora que lo dice usted recuerdo que hace muchos años que no escribo un cuento, como prefiero llamar los relatos cortos. La ventaja de un cuento es que al describir una situación, si se tiene habilidad, se puede iluminar el pasado y el futuro de los personajes que están en esa situación, igual que un fogonazo puede iluminar mucho terreno. El inconveniente es que el lector suele quedarse con hambre. Y el autor también. 
    ¿Qué libro prepara ahora? 
    Estoy trabajando -y disfrutando- en una suerte de libro de recuerdos de un lector, que entrevera memorias con una antología de las cosas que más me han gustado, desde que aprendí a leer hasta hoy. Me permitirá usted que oculte otros particulares, por superstición, por prudencia y por pudor. 
    ¿Hay una buena relación entre la diplomacia española y la literatura? 
    Sí, o al menos muy estrecha. Mencionó usted antes a Foxá. Yo ahora no veo que ninguno de nosotros los diplomáticos escritores nos podamos comparar con Foxá ni con Edgar Neville ni menos con Juan Valera. Pero tampoco veo ningún diplomático escritor francés de hoy comparable con Chateaubriand y ni siquiera con Claudel, Giraudoux o Paul Morand. 
    ¿Qué recuerdo más positivo tiene de su paso como director del Instituto Cervantes? 
    El haber tratado personalmente a muchos escritores a los que había leído con admiración antes; el más simpático y original de todos quizá Álvaro Mutis. 
    ¿Es cierto que los hispano-americanos hablan el español con donosura y que los españoles somos más zafios en su uso? ¿A qué se debe? 
    Sí, aunque quizá no en las grandes ciudades, y en España pasa algo parecido: que tiene más sabor el lenguaje anticuado de los pueblos que el pedante y hortera de las capitales. A eso se añade un fenómeno bien estudiado por los filólogos y es que la lengua es más anticuada y a veces pura en la periferia de un imperio que en su centro. Ocurrió así en el Imperio Romano y aunque ahora no sabemos dónde está el centro de la lengua española, puesto que nueve de cada diez hispanohablantes viven al otro lado del charco, desde luego se habla mejor en Quito que en Madriz (sic) o en Buenos Aires. 
    ¿Le gustaría entrar en la Real Academia de la Lengua? 
    Le confieso que sí, pero sé que nunca ingresaré. 
    ¿Cómo ve el futuro del español respecto al inglés y el chino? 
    En cuanto al presente, el español es la gran lengua internacional, el inglés es la gran lingua franca global y el chino no es ninguna de las dos cosas. En cuanto al futuro, siempre recuerdo el chiste que corría entre los sabios de los institutos de análisis y previsión (think tanks) cuando yo trabajaba en uno: lo malo de trabajar con bolas de cristal es que tiene uno que acostumbrarse a una dieta de cristales rotos. 
    Usted ha participado en unas conferencias sobre el humor ¿Qué definición le convence más? 
    La ironía es el pudor de los modernos, dijo la mayor autoridad en la materia.
    ¿Su sentido del humor es cervantino o inglés? (lo digo por el origen respectivo de sus padres) 
    Creo que mi sentido personal y literario del humor tiende a disfrutar de elementos de autores muy diversos y que escriben en varias lenguas, desde el maravilloso humor surrealista de los comediógrafos y novelistas españoles de los años 30 y 40 del siglo pasado hasta el brillante humor reaccionario de Evelyn Waugh. 
    Frente al “Noblesse oblige”, Ortega y Gasset decía que en España “la nobleza desobliga” ¿Qué le parece esta afirmación?
    El retruécano es muy anterior a Ortega. Ya Lope de Vega escribió en un precioso romance:
                        Que me obliga mi nobleza, 
                        y aunque amor me desobliga 
                        es fuerza que el honor venza.
 Y creo recordar que Ortega también escribió algo así como que el auténtico noble (¿o era el auténtico aristócrata?) no era quien exigía más derechos sino quien exigía más obligaciones. Yo prefiero quedarme con esto.

martes, 7 de agosto de 2012

Una décima egipcia de Fidel Sendagorta

Reconforta comprobar que aún quedan observadores capaces de ver la realidad tanto en clave ensayística como en clave poética. Uno de ellos es Fidel Sendagorta, que en la misma semana publicó un lúcido artículo (Euroescépticos y euroestoicos) y me envió desde Egipto una décima espinela llena de brillantes matices, y no sólo cromáticos.

Me dice el autor: "El primer verso está inspirado en una oración que gustaba mucho a Graham Greene y que empezaba así: Oh Jesus of the evening. Lo leí en su biografía y ahora no lo encuentro". Buceando gracias a Mr. Google en el Libro de las Horas y en el Book of Common Prayer encuentro algo muy próximo a la frase que gustaba a Graham Greene:
"Cristo, señor de la noche,
que disipas las tinieblas"
(Himno en las Completas, en la versión española y moderna del Libro de las Horas).
Lo curioso es que en la versión antigua, en latín, no encuentro esa advocación y sí otra bastante distinta:
 "Christe, qui, splendor et dies, noctis tenebras detegis..."
Ese himno también se cantaba a veces con el nombre de Christe qui lux. Parece ser extraordinariamente antiguo; los ingleses a veces lo atribuyen a San Beda el Venerable (siglo VII) y otros incluso a San Ambrosio (siglo IV). En el Book of Common Prayer, y sobre todo después de que los anglicanos -en un arrebato precursor de nuestros golpes católicos contra la belleza en la nueva liturgia, después del Concilio Vaticano II- uniesen las dos horas canónicas de Vísperas y Completas, ya sólo queda un tenue eco de la plegaria a Dios como Señor de la noche que disipa las tinieblas.

En fin, esta décima está, a todas luces, repleta de tornasoles psicológicos, espirituales e históricos, pero sobre todo parece un hermoso suspiro de esperanza en tiempos aciagos (palabra que por cierto viene de aegyptiacus). Celebro que su autor me permita publicarla.
Gracias Señor de la tarde
por la nube incandescente
y una charla intrascendente
bajo este cielo que arde.
Y no hay memoria que guarde
este instante tan precioso
pues que apenas deja poso
y una eternidad merece,
mientras el asombro crece
ante el misterio gozoso.
Fidel Sendagorta, El Cairo, Abril de 2012

miércoles, 1 de agosto de 2012

Botones de muestra (X)


Lo primero que salta a la vista de este libro es el excelente título escogido por el autor: El pábilo vacilante. Lo último es el no menos excelente -divino, incluso- origen del título, que se encuentra en el colofón, si se lo sopla a uno el autor (que sabe muy bien que la literatura cuando es buena es de misterio y cuando es mala es de Corín Tellado):
No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Isaías 42, 3. 
El pábilo vacilante, de Enrique García-Máiquez, se imprimió el 2 de febrero de 2012, fiesta de la Candelaria.
Bajo ese título hermoso encontramos, como reza el subtítulo (RAYOS Y TRUENOS, 2008-2011), una antología de entradas en la bitácora de su autor, que piensa con razón que "con los blogs literarios estamos ante un nuevo género, que ha encontrado un pequeño espacio propio entre los territorios del diario, la crónica periodística, la glosa, la tertulia, el epistolario y, ya puestos, el haibun". Eso quiere decir que alberga además mil formas de la concisión literaria, desde el aforismo o los lemas hasta la greguería o el colofón, como acabamos de ver. Incluso aparecen villancicos como éste, más que lunario breve fogonazo de estrella fugaz:
Es esta luna
la misma que brilló
allá en Belén.
Aunque hace frío, salgo
por si quiere contarme.
Lo más notable es que Enrique García-Máiquez combina el buen oído con la concisión extrema. Algunos dirán que eso es natural, pero no lo es. Gracián, sin ir más lejos, brillaba más por la concisión que por el buen oído. Incluso en El pábilo vacilante aparecen textos donde a la brevedad y a la eufonía se añade la densidad de alusiones cultas bajo un ropaje de gran simplicidad popular, por ejemplo en esta
Feria de Mayo en El Puerto  
La luna ha leído a Lorca
(como es lógico) y anoche
le dio por posar de rosa. 
Pero cuando fui a cortarla
para prenderla en el pelo
de Leonor, clamó indignada: 
«Una rosa es una rosa
es una rosa, y yo soy
leída pero no tonta». 
«Busca una buena gitana
y, señorito legítimo.
le compras por un buen pico
una rosa colorada... 
Tú déjate de metáforas».
En fin, cada uno admira más aquello de lo que carece, y yo no tengo buen oído para lo propio pero tal vez sí para lo ajeno. En algún lugar de este libro (o quizá me lo dijo de palabra el autor) cita a otro escritor que decía más o menos "cuando se escribe poesía el problema es buscar la rima; cuando se escribe prosa, también, pero para eliminarla". Claro que García-Máiquez es demasiado buen prosista como para seguir a rajatabla este precepto. Él no extirpa las rimas asonantes en su prosa, como mucho las espacia o suaviza manejando la métrica con discreción. Es fiel al método que propone: "escribir de buen humor, corregir de mal humor [...] Un mal humor que no nos hiele la sonrisa o que, incluso, la provoque, o una sonrisa que nos consuele un poco o que, al menos, no nos amargue más".


El pábilo vacilante
Por Enrique García-Máiquez
Renacimiento
Sevilla, 2012

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miércoles, 25 de julio de 2012

"Cosas un poco bellacas o un poco tontas"

Un año más llega el día de Santiago a una España que arde, y me refiero literalmente a los incendios de los bosques, provocados por el instinto diabólico -diabólico a fuer de humano- de destruir toda vida y belleza en los campos y montes de España.

El Alto Ampurdán, las Hurdes y antes Tenerife y Valencia, y ya en la primavera Galicia, pasan en días de ser paisajes de Europa a calcinados arenales morunos.

Mientras, se discute si son galgos o podencos, si esto arde porque no se cuidan más los montes o porque hace mucho calor y mucho viento. Casi nadie se para a preguntar por qué sale gratis en España prender fuego al monte, tanto si es por imprudencia punible (y en la práctica impune) como por dolo criminal (en la práctica casi igual de impune).

Todo ello mientras las llamas devoran también la efímera prosperidad económica de nuestra patria, que creíamos tan sólida.

Esto -fuego y ruina financiera- es lo que sobreviene cuando un pueblo se vuelve cómplice de vagos y maleantes, por laxismo rousseauniano o por simple estupidez. "Porque las gentes no suelen ponerse de acuerdo si no es en cosas un poco bellacas o un poco tontas", como ya en 1930 nos advirtió Ortega y Gasset en La rebelión de las masas.

Y pocas cosas hay tan bellacas y tan tontas como dejarse engañar por leguleyos buenistas que adrede se manchan la toga con el polvo del camino para no meter en la cárcel a los incendiarios. O por estafadores logreros de guante blanco y gomina que aun después de pasar por la cárcel siguen seduciendo a incautos.

Difícil remedio parece tener una opinión pública que no percibe la realidad más que a través de falacias patéticas.

Enlaces relacionados:

Sigue la impunidad de los canallas

jueves, 19 de julio de 2012

Rustica Numina

El rompimiento de gloria en su nueva edición ha sido objeto de los siguientes comentarios, que reproduzco con el agradecimiento de los Rustica Numina y el mío propio:

Carmelo López-Arias, en El Semanal Digital el 9 de Junio de 2012:
"El rompimiento de gloria es una novela sorprendente que arranca en 1935 y donde el aire de las cumbres y los presagios de la guerra sirven de marco a una historia de amistad inaccesible."
Para leer el artículo entero, pinche aquí.

Julia Sáez-Angulo, en Euro Mundo Global el 25 de Junio de 2012:
"El Marqués de Tamarón y la novela más hermosa El rompimiento de gloria"
Para leer el artículo entero, pinche aquí.

Javier Ruiz Portella, en El Manifiesto el 27 de Junio de 2012:
"...la novela con la que el Marqués de Tamarón nos sobrecoge el ánimo.
Nos lo sobrecoge, sí, pero con atinada mesura. Todo aquí está dicho sin alzar nunca la voz: la grandilocuencia romántica es de todo punto ajena al estilo de quien vería seguramente en ella la más deplorable de las cursilerías."
Para leer el artículo entero, pinche aquí.

Amando de Miguel, en Libertad Digital el 6 de Julio de 2012:
"La novela de Tamarón está redactada en primera persona, lo que la hace más interesante para gozar de su cristalino lenguaje. Los libertarios saben de mi preferencia por la primera persona en la novela. Los tres personajes centrales (inverosímiles como pudieran parecer) de nuestro autor son un trasunto de él mismo. No es algo que se disimule mucho, salvo como broma. Por ejemplo, resulta divertido ver a Tamarón como un comunista, instruido pero comunista al fin."
Para leer el artículo entero, pinche aquí.

Arancha Salama y Fernando Sánchez-Dragó, en Las Noches Blancas de Telemadrid el 11 de Julio de 2012:
Para ver la entrevista a partir del minuto 14:40 y hasta el minuto 30:20, pinche aquí.

Julia Sáez-Angulo, en Euro Mundo Global el 17 de Julio de 2012:
"Entrevista al Marqués de Tamarón, un escritor original de novelas y cuentos".
Para leer la entrevista, pinche aquí.

Enlaces relacionados:

ARCADES AMBO

Más agradecimientos de los Rustica Numina

miércoles, 11 de julio de 2012

Portentos

        Los portentos curan o mitigan las zozobras que nos asaltan en tiempos de tribulación como los que corren. El único problema es que casi nunca sabemos lo que presagia el portento; a veces ni siquiera sabemos si presagia algo bueno o algo malo.

        Esta semana, sin embargo, ha empezado bien para mí ya que una modesta hierofanía me anima. Bajo unos arces, en mi prado, encontré un cónclave de hierbas de San Juan con hierbas de Santiago. El suceso es insólito, como los propios nombres de estas hierbas parecen indicar: la hierba de San Juan (Hypericum perforatum L.) florece por San Juan; quizá haya que aclarar a los posmodernos que eso es el 24 de Junio. Y la hierba de Santiago (Senecio jacobea L.) florece por Santiago (el 25 de Julio), con perdón de los talibanes laicistas.

        La más somera exégesis apunta a otros datos significativos y aun prometedores. Ambas yerbas son vulnerarias y sirven para sanar tanto las heridas como las quemaduras. Parece natural, puesto que los hermanos Santiago y San Juan eran Hijos del Trueno y, como tales, Apóstoles y Santos poco postconciliares y acomodaticios. Todo indica, pues, que la concurrencia de ambas yerbas permite esperar que en lugares donde se produzca no habrá incendios. O por lo menos que si los hay, el hideputa causante arda dos veces, primero en su propio incendio y luego en el infierno. Amén.

        En prueba de todo esto, véase una fotografía que el Lunes hice de las dos yerbas santas (la de San Juan tiene cinco pétalos grandes y la de Santiago diez o quince pequeños). Como es confusa, la redimo con una imagen de Santiago matando moros, obra de Juan de Flandes, hacia 1500, en el Museo Lázaro Galdiano.

(Juan de Flandes, Wikimedia Commons)

viernes, 8 de junio de 2012

Botones de muestra (IX)




Sobre Todo Nada es, desde el título del libro hasta el último poema, un cúmulo (¿o un túmulo?) perfecto de todas las formas imaginables del humor negro en su variedad poética y aforística. Prefiero, para dar una idea de su forma y contenido, empezar citando la primera parte de uno de sus poemas:
                          
                           HUMOR 
                                 I 
Lo tengo, 
Es el único de los órganos vitales que me resta, 
Estoy considerando donarlo para cuando esto termine. 

Me falta el valor, 
Hace tiempo perdí la esperanza, 
Ya no recuerdo dónde se quedó el deseo. 
Pero sí hay humor. 

Y sí, lo donaré sin duda, 
Está además en buen estado, 
No creo que los riñones sirvan para nadie, 
Del hígado ni hablemos, 
Quién va a querer mi corazón. 

Humor en buen estado que no sano, 
Amargo y ácido como el de un enfermo terminal, 
Humor sin hache y con hiel, que sí la tiene, 
Humor al cabo, humor.

Hay humor, desde luego. Hay humor negro, claro, y oscuro en un solo punto: "Humor sin hache" (ni el omnisciente Sr. Google nos saca de dudas, y tan sólo sugiere para completar el macabro crucigrama el nombre de un rey búlgaro del siglo VIII, Umor, o asesinato en esloveno, o apócope de humor en italiano).

Hay humor nihilista, como si Cioran se hubiera puesto a escribir poesía. Porque estos textos sí son poéticos, como son poéticos los mejores exorcismos antiguos. Por eso el lector se pregunta a veces si el autor no tendrá un punto de intención de exorcizar ciertos horrores que todos llevamos dentro. Ante esos horrores tan sólo cabe el exorcismo o el masoquismo, y no me parece columbrar lo segundo en Sobre Todo Nada.

Sí se ve, y mucho, el humor negro. Hablando el otro día con otro diplomático culto (no, no es oxímoron pero tampoco pleonasmo) y tendente al humor negro le comenté que en alguna de sus alusiones al liberalismo doceañista se traslucía lo que en inglés se llama humor de la horca (gallows humour) y que no parece tener traducción al español más que humor macabro. Me dijo que probablemente la expresión inglesa viene del alemán, Galgenhumor, y que Freud había escrito sobre eso. Así es que estoy a punto de retirar lo que acabo de escribir porque Miguel Albero es lo más distinto de Freud que cabe imaginar: Miguel Albero hubiera sido un buen chamán profiriendo exorcismos o conjuros en los que podía no estar ausente el sentido del humor, mientras que los psicoanalistas carecen de sentido del humor, por definición.

Recomiendo este libro a todos. A unos aportará el tónico vivificante de la discrepancia sobre la muerte. A otros nos hará leer cosas que, por lo menos yo, pienso (¿o siento?) a veces pero no escribo. Esa es la función imprescindible de los exorcistas.


Sobre Todo Nada
Por Miguel Albero
Visor Libros
Madrid, 2011

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martes, 29 de mayo de 2012

ARCADES AMBO

Por Joaquín Torrente García de la Mata


Una escritora de mediano nombre –contaba Evelyn Waugh- devolvió displicente a su editorial el libro que le enviaban para su recensión con la excusa de que nadie, salvo por dinero, puede dar su opinión sobre una obra hasta haberla leído al menos tres veces y con un mes de intervalo. La recomendación es obligada para el crítico y para todo lector que no se conforme con quedarse en la superficie del argumento; por eso es tan bienvenida esta reedición de El rompimiento de gloria, primera novela –aunque no primera obra de ficción- del Marqués de Tamarón. Y más con la noción de lo acontecido desde su publicación en 2003, cuando España aún no se había enfrentado a una revisión insensata de su pasado y el sueño europeo no se había mudado en pesadilla.

Un próspero hombre de negocios, reputado ensayista conservador, repasa su vida desde los días en que fuera convencido intelectual de izquierdas y combatiente republicano obligado a exiliarse tras la Guerra en Cambridge. Su metamorfosis –nos cuenta- dio comienzo un mediodía de junio de 1935 en la sierra de Madrid, cuando conoció a dos hermanos, Miguel –conde de Fonseca y capitán de Caballería- y Elena Cienfuegos, cuya sola imagen le deslumbró.

La historia, por los años en los que transcurre y los personajes que la protagonizan, podía ser el retrato de una clase social o un cuadro histórico que diera primacía, o al menos relieve, a los sucesos políticos de aquel tiempo. Pero en vano se buscarán en ella identidades camufladas junto a otras manifiestas o un relato novelado de los años de preguerra; la trama, imprevisible y sutil, está construida sobre un rito o ceremonial iniciático.

Saturnino Prieto, el narrador, hace de sí mismo un retrato poco clemente. Receloso e inseguro, de aspecto cetrino y físico enteco, es un ser sensible a las inclemencias de la naturaleza a quien con frecuencia encontramos cansado, somnoliento, sudoroso, febril. En cambio, los hermanos Cienfuegos tienen desde su primera manifestación caracteres impropios de la especie humana. Son dos personajes de leyenda, y no sólo porque Elena se asemeje a una divinidad homérica, sino porque parecen no conocer el sueño, la fatiga, los agobios económicos, el miedo o la enfermedad. “She has something of a noble animal of legend –como dijera de una valerosa mujer uno de sus contemporáneos-, something free that enables her to soar far above everything and everyone”.

Su árbol familiar se adentra, como el de seres de leyenda que son, en territorios lejanos perdidos en la niebla del pasado; Elena y Miguel, que participan de un sentimiento de casta que los vincula a linajes ilustres, moran a la sombra de sus ramas, ajenos a una realidad con la que prefieren no mancharse. El autor evoca ese mundo entre sombras y alusiones y no trae a escena más que a un príncipe alemán y a un viejo tío de los protagonistas retirado del mundo al pie de la sierra de Gredos; es con ellos y entre ellos con quien encadena diálogos y escenas al cabo de los cuales Saturnino Prieto va despojándose de prejuicios ideológicos y entre citas clásicas, canciones, versos, salidas al campo y abundante vino se convierte en recipiendario de un valioso legado.

Que los hermanos Cienfuegos, altivos, supremos, den entrada en su vida a Saturnino Prieto y se constituyan en sus mentores mediante una sucesión de pruebas físicas y morales plantea un enigma que el lector de esta novela debe descifrar. ¿Qué puede tener en común con los vestigios del Antiguo Régimen un universitario de clase media, empachado de ideas de progreso y revolución social? Sería insensato explicar en pocas líneas el fondo de esta historia, pero por algo dice uno de los personajes de la novela que lo que se transmite no muere y tampoco quien lo transmite muere del todo. Y los Cienfuegos, muy en su papel de semidioses, ajenos al recato y a las convenciones burguesas –porque ciertas libertades extremas sólo se las puede permitir el indiferente a su destino- pasan el testigo a un hombre valeroso y esforzado, de mente inquisitiva y capaz de descubrir la verdad oculta tras toda apariencia.

Si el estilo es el signo distintivo de toda obra literaria, El rompimiento de gloria está escrito con la destreza de quien, además de ser maestro en dos lenguas y culturas, conoce y venera los parajes, los cielos, las sendas, las aguas y las flores de las sierras españolas, y concede a la naturaleza, de ordinario tan marginal en nuestras letras, un relieve inusitado.

Es ésta una novela escrita con conciencia –no con prejuicios- de clase, con la convicción de que no todo lo viejo está muerto, que lo accesorio es muchas veces cuestión de vida o muerte, y que el pacto fáustico de la modernidad acabará destruyendo todo lo bello para dejar en su lugar un rastro de hormigueros y colmenas. Y es también un libro cuyo autor no ignora que la Arcadia fue acaso un pedregal inhóspito, pero que, como Elena Cienfuegos, con los ojos glaucos de la diosa Atenea, sabe percibir –y transmitir con gozo a sus lectores- la belleza imperecedera de un verso popular, de una cita clásica, de una canción de los años treinta, o del otoño largo y templado de este rincón de Europa en el que "apenas existe la primavera pero convierte su octubre en el mayo ideal y perfecto que nunca conoció".

Joaquín Torrente García de la Mata
San Sebastián, mayo de 2012.


El rompimiento de gloria
Por el Marqués de Tamarón
Ediciones Áltera
Madrid, Mayo 2012
(El libro se encuentra en la Librería Diálogo.
Y si le interesa la versión electrónica puede
encontrarla, además de la edición
en papel, en Amazon)