Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

miércoles, 14 de septiembre de 2016

José Ignacio Gracia Noriega (1945-2016)

José Ignacio Gracia Noriega (1945-2016) © El Comercio

     José Ignacio Gracia Noriega ha muerto en Asturias el pasado día 6 de Septiembre de 2016. Durante años mantuvimos una correspondencia literaria y comentamos nuestros libros y los de muchos otros autores. Me gustaría escribir ahora un recuerdo de él, pero recibí una carta de su amigo y paisano Ricardo Viejo que me llamó la atención por su sencillez y afecto. Le pedí permiso para publicarla aquí, y lo hago con la satisfacción de saber que habría sido difícil superar a su autor en este juicio tan justo como cordial.

José Ignacio Gracia Noriega (1945-2016) 
Ricardo Viejo 
     Hará unos trece años nuestro amigo Ignacio Gracia Noriega tuvo una afección cardíaca que lo mantuvo hospitalizado unas semanas. Salió de allí bien, pero con un corazón herido, descompensado, que lo obligó a adelgazar, a llevar un régimen estricto y tomar muchas pastillas, cosa que se puede decir cumplió a rajatabla. Disfrutó relativamente bien de esos trece años y llevó una vida más o menos normal: cuidándose y siendo muy cuidado por Covadonga, su mujer. 
     Pero este invierno lo pasó mal: no se encontraba bien, tenía catarro, no se le quitaba, lo diagnosticaron en un principio mal: catarro que no se le quitaba, hasta que lo ingresaron por urgencia, en primavera, en el Centro Médico de Asturias y estuvo una semana hospitalizado. El diagnóstico fue la afección cardíaca agudizada: estaba muy tocado del corazón y tenía muy hinchadas las piernas. Le dieron el alta y se fue a su casa a Sevares (Piloña); pero siguió sin encontrase bien: andaba por casa desasosegado, inquieto, dormía mal, sufría un malestar general, no se concentraba. 
     A primeros de Agosto falleció la mujer de Don Gustavo Bueno, y a los dos días el filósofo, hecho que afectó mucho a Ignacio. 
     El día 17 de Agosto, día de su cumpleaños, le dio un ictus a Ignacio. Era por la noche, y Covadonga tuvo una intuición: bajó desde su habitación al salón y se encontró a las dos de la mañana a Ignacio tirado en el suelo. Llamó a una ambulancia y lo trasladaron al ambulatorio de Arriondas y de allí al HUCA (Hospital Universitario del Centro de Asturias). Allí le hicieron una operación para resolver el problema del ictus que salió muy bien. 
     Lo fuimos a ver al día siguiente de la operación mi mujer y yo, y lo encontramos muy delgado, pero bien de inteligencia, de lucidez, normal, leía. Se interesó por un libro que tenía yo en casa y me dijo que se lo llevase la próxima visita. El libro de Edward Whitmont, El retorno de la diosa (The Return of the Goddess). ¿Por qué estaba interesado especialmente en ese libro? Me pregunté y me pregunto. Un libro de psicología junguiana que habla de mitos. Libro que le hice llegar en cuanto pude. 
     El pasado Lunes lo volvimos a visitar en el hospital: estaba sentado en una silla, extremadamente delgado, pero curiosamente estaba leyendo el libro antes mencionado. Llegaron más visitas. Ignacio habló poco, tenía ganas de que lo mandasen a casa, y le dijeron que después del día de Covadonga, día 8 de Setiembre. Yo salí de aquella visita esperanzado, mi mujer no: lo vio muy delgado, sin vitalidad. 
     Al día siguiente, como a las siete de la mañana, le dio un derrame cerebral y ya perdió la conciencia, aunque apretaba la mano de Covadonga, me dijo ella. Pero entró ya en agonía. A las once de la noche del Martes día seis se murió. 
     Tenía muy afectado el corazón, muy tocado, y la salud es un todo, y todo está unido con todo en el cuerpo humano. 
     Lo vamos a echar mucho de menos en la familia: venía mucho por casa. Vital, alegre, hablador. A mis hijos les afectó la muerte de Ignacio, y a mi mujer, y a mí, una amistad de hace más de treinta años. 
     Pero tiene Usted razón Don Santiago y creo en lo que dice: "Él, que tanto disfrutaba de la vida con los cinco sentidos y con todas sus potencias espirituales e intelectuales, estará ahora viendo las cosas de otra manera, y quizá sonriendo con indulgencia al vernos." 
     Sí, estoy convencido de ello, nos está viendo desde algún lugar mejor y sonriendo. 
     Ernst Jünger, en algún pasaje de su obra compara la muerte con un puesto fronterizo donde la calderilla de la memoria es cambiada por oro.

     Tan sólo puedo añadir, descanse en paz.

viernes, 19 de agosto de 2016

El incendiario campa por sus respetos

Caín, por Fernand Cormon (1880), Musée d'Orsay

     "Si sale su sentencia, su nombre y su foto, también es una forma de proyectar la gravedad del delito, del castigo y que la Justicia ha actuado. Sería una advertencia para los delincuentes [...]. Es importante que sepan que la agresión al final se paga". Eso acaba de decir, con toda la razón, Doña Pilar Martín Nájera, Fiscal de Violencia sobre la Mujer. "No lo sé, dígame usted por qué los medios no lo dicen. Entiendo que al principio es por la presunción de inocencia. Pero cuando el agresor está condenado y la condena es pública es perfectamente posible que se publique". De nuevo acierta plenamente la Sra. Fiscal. Tan sólo olvida exigir un dato: si se está cumpliendo o se ha cumplido la sentencia y durante cuánto tiempo ha estado en la cárcel.

     Y, por lo demás, conviene tener en cuenta que las consideraciones de puro sentido común que acaba de hacer esta señora deberían ser aplicadas a los incendiarios. Y no lo son. Es más, a quienes indagan sobre este extremo se les dice que no se puede dar el nombre del delincuente, y a veces añaden que eso iría contra el "derecho al honor" o el "derecho a la intimidad". Como si le quedara algún honor y alguna intimidad a semejantes criminales. Y, por supuesto, tampoco habría que excluir de estas medidas de publicidad de efecto ejemplarizante y disuasorio de ulteriores delitos a los violadores y asesinos de niños.

     A ver si dejamos de ser vistos como la tierra donde el incendiario campa por sus respetos.

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sábado, 13 de agosto de 2016

Los portugueses, más resolutorios que los españoles




     Como es sabido, a mediados de este mes de Agosto arden cientos de incendios provocados en el sur de Francia, en España (incluida la isla canaria de La Palma) y en Portugal (incluida la isla de Madeira). Causan estragos en bosques y ciudades, muertes y desolación.

     En Portugal han surgido varias iniciativas pidiendo al Presidente de la República y a la Asamblea de la República que actúen con más severidad contra las manos criminales. La más suscrita de esas peticiones es la que aparece sobre esta entrada. Al día de hoy lleva 50.000 firmas verificadas con documentos de identidad. Piden 25 años de cárcel para los incendiarios. Razonan su petición y aconsejo a los lectores españoles que con un mínimo esfuerzo lean este texto, tan parecido en la forma a nuestra expresión castellana y tan distinto en el fondo de nuestros sentimientos derrotistas.

     En cambio aquí nadie propone algo práctico para atajar los estragos criminales. Se comprende que los políticos no piensen mucho en ello, pues están ocupados en otro problema urgente. Pero sorprende que ninguna Oenegé supuestamente verde haya dicho nada estos días, que yo sepa. Tal vez los onegeros españoles estén todos veraneando en algún fiordo noruego.

     Está por ver que los firmantes portugueses consigan su propósito. Ni siquiera el ritmo que observo hoy de 100 firmantes más por hora garantiza que el poder legislativo atienda a sus razones. Pero, al menos, también ellos podrán decir "por mí que no quede". Y tal vez añadan, "hacia Levante, ni eso".

     PD: Más vale que resistan ustedes la tentación de firmar la petición, salvo que tengan un documento de identidad portugués. En cambio estaría bien que desde España se copiase esa iniciativa de nuestros amigos y hermanos portugueses.

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Fuego, crimen y castigo (II)
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miércoles, 3 de agosto de 2016

Botones de muestra (XXXII)

     No conozco otro caso como esta curiosa pareja de libros, uno de poesía y otro de ensayo, sobre un mismo asunto. Añade interés al experimento el que el tema esté repleto de claroscuros y ambigüedades porque descansa en parte sobre una palabra esencialmente equívoca, al menos en español: esperar. Aunque sólo se trata del verbo, puesto que el sustantivo y resultado del esperar se bifurca en espera y esperanza.

     El primero de los libros, titulado Lista de esperas. Treinta esperas, una espera y un día, fue publicado en el 2014 y el segundo, Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera, apareció en el 2016, si bien creo que el autor los escribió con menos intervalo entre ellos. Con menos espera y tal vez con más esperanza. Esta última queda plenamente justificada tanto por los poemas como por el ensayo.

     Pero prefiero que el lector juzgue con estos botones de muestra:

RECETA PARA GUARDAR AUSENCIAS
(para una persona, aproximadamente) 
Tómese una ausencia prolongada, madura,
con cartas a vuelta de correo, como antaño,
que pueden sustituirse por llamadas
siempre que sean a través de operadora,
con cortes inoportunos y profusión de interferencias.
Para este guiso se desaconsejan las ausencias breves,
pues pueden confundirse con la abstinencia ocasional,
menos jugosa y más indicada para ensaladas o platos fríos. 
[...
...
...
...] 
Porque no es aconsejable
abusar de esta receta,
pues uno termina por claudicar
y acaba cocinándose otros guisos,
muy ricos en grasas animales,
tan nocivos para el colesterol,
tan buenos para la arterioesclerosis. 

NUEVAS GLOSAS A HERÁCLITO 
Nunca lees dos veces el mismo libro,
proclama Heráclito esta vez sin río,
solemne, anacrónico, cenizo. 

ESPERAR NO ES ESPERAR 
Nuestro hermoso idioma,
tantas veces tan claro,
confunde torpe espera y esperanza,
ningún otro lo hace, y hacen bien,
pues el fatal desliz no es baladí,
no es ésa confusión que salga gratis.

     La última cita resume el tema y el tono del libro con una mezcla característica de fingida simplicidad, casi simpleza, de copla de ciego que termina resultando inquietante, tras haber comenzado festivamente.

     El ensayo, Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera, recorre el mismo territorio psicológico y filológico que los poemas, pero lo hace con mucho más detenimiento. El resultado es que la sonrisa inicial se convierte en vaga zozobra. O tal vez se debió en mi caso a que lo empecé a leer con insomnio y terminé preguntándome si la lectura fue causa o resultado del insomnio. A ello se añade el lado onírico del texto, aunque a veces el sueño parece una leve pesadilla, en su variedad de "sueño de frustración", que es el que más desazón produce, y otras veces alcanza la angustia profunda.

     Pero Albero nunca pierde la sonrisa, siempre presente a lo largo del libro y desde el mismo índice, mezcla perfecta de lo risueño y lo ominoso, en ocasiones humor negro. Diríase que el autor ha escrito en parte con ánimo de exorcismo de sus propias inquietudes. Claro que cuantos escribimos lo hacemos con un cierto deseo de liberarnos de esas inquietudes, traspasándoselas al lector.

     En suma, Albero, aunque no es rumano, escribe como Ionesco el absurdo y Cioran el pesimista. Pese a la clara alusión a Samuel Beckett en el propio título del libro, es verdad en más de un sentido que Godot sigue sin venir y que el autor español no nos inflige todo el peso insoportable del sombrío irlandés, y no lo hace porque lo salva y nos salva la sonrisa inescrutable de quien quiere ocultar su bondad, por pudor.

     El resultado es que Miguel Albero es hoy el mejor ensayista en lengua española que conozco.













Lista de esperas
Miguel Albero
Abada Editores
Madrid, 2014













Godot sigue sin venir
Valdemécum de la espera

Miguel Albero
Páginas de Espuma
Madrid, 2016

Enlaces relacionados:
Botones de muestra IX: Miguel Albero
Botones de muestra V: Miguel Albero

viernes, 15 de julio de 2016

Fuego, crimen y castigo (II)

Johan Christian Dahl, 1846
© Wikimedia Commons

     Un par de días después de aparecer mi carta en el ABC sobre el escándalo de la impunidad de los incendiarios de bosques en España, recibí un amable mensaje de cierta persona amiga en WWF (España). Me enviaba anejo este interesante informe titulado Dónde arden nuestros bosques. Análisis y soluciones de WWF.

     Ante todo debo reconocer que por primera vez en este tipo de documentos aparece una alusión a la impunidad de los citados delincuentes, entre las medidas para reducir el número de siniestros: 

     "Mejorar la identificación de causantes y la aplicación efectiva y ejemplar de sanciones y condenas para disuadir a quienes están detrás de los incendios y terminar con la actual impunidad."

     Son 30 palabras en un informe de 64 páginas. Pero, en fin, menos da una piedra.

     Ahora bien, en ningún sitio aporta datos e informaciones sobre la situación actual de los detenidos, juzgados y condenados por delitos o negligencias punibles relacionadas con estos incendios. Seguimos sin saber si hay alguien en la cárcel por estos graves motivos. Fui testigo de gestiones en todos los ministerios afectados o interesados en la materia, incluso contando con la ayuda benemérita de la Defensora del Pueblo. Resultaron infructuosas.

     En el informe mencionado de WWF (España) no se aborda ese aspecto, fundamental por su efecto disuasorio, ejemplar y de justicia retributiva. Al contrario, en el apartado correspondiente, bajo el título Factor humano, el gran olvidado, tan sólo menudean alusiones a las "inversiones para intervención social", "formación y sensibilización", "apuesta decidida por el diálogo", "búsqueda de soluciones consensuadas" y "conciliación de intereses".

     Por desgracia ese vocabulario recuerda otro, funesto, empleado por algunos para propiciar el final del terrorismo. ¿Conciliación y diálogo entre delincuentes y víctimas?

     Todo eso, dicho en plenas semanas de huelga indefinida de los agentes forestales en Cantabria, que coincide con la canícula veraniega. Y acompañado de múltiples exhortaciones a gastar más en trabajos de mantenimiento en invierno, etc. ¿Para granjearse la buena voluntad de los dueños de los fósforos? Hay tantos posibles beneficiarios, desde los furtivos hasta los que consiguen efímeros pastos tras quemar el monte... Sin olvidar tampoco al simple hideputa que disfruta haciendo el mal gratuito.



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lunes, 11 de julio de 2016

Fuego, crimen y castigo


© Wikimedia Commons
     Al hilo de un artículo publicado en el ABC el 8 de Julio pasado, con el título de Menos incendios, pero más grandes e intensos, envié esta carta:
     Bien está que nos informen la WWF y el ABC del escándalo de los incendios forestales, provocados en un 96% por intención dolosa o por negligencia presumiblemente punible. 
     Pero estaría aún mejor que nos dijesen cuántos de los culpables siguen en la cárcel al llegar el siguiente verano. Se dice que ninguno. Pero no hay manera de obtener estadísticas oficiales. 
     El auténtico escándalo no es la multitud de incendios delictivos, sino la impunidad de los incendiarios.

     El Marqués de Tamarón
     Madrid
     Fue publicada el día 10 de Julio bajo el título de Fuego, crimen y castigo, que utilizo para encabezar esta entrada.

     P. D. Ya sé que servirá para poco o nada. Si acaso para el típico consuelo de los tercos: Por mí que no quede.

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Verano de bochorno
De nuevo la infamia impune
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miércoles, 8 de junio de 2016

Tres mentiras




     Don Francisco Umbral y doña Pilar Urbano son una sola y misma persona
. Se hizo un tenso silencio y todos miramos atónitos al ordenador que acababa de revelarnos uno de los secretos mejor guardados de este final de siglo. Las batas blancas acentuaban la lividez del rostro de nuestro equipo de analistas literarios que habla alimentado al monstruo informático con varios miles de artículos de ambas firmas. Pedimos explicaciones al aparato y en el acto llegó la rotunda contestación: Nadie en el mundo real habla ni escribe con barras y guiones. Si Umbral/-Urbano tienen la misma obsesión por puntuar de forma incomprensible es que son un solo ente o entelequia. Los ordenadores no se equivocan. Sólo nos queda aconsejar al prolífico periodista que se quite el disfraz hermafrodita y diestro/siniestro (hombre-mujer-de-izquierdas-y-de-derechas, para entendernos) y firme todos sus artículos con el anagrama Umbrano.

     Este singular enigma al fin desvelado no pasaría de ser una curiosidad literaria si no fuese porque ayuda a refutar una triple falacia muy de moda hoy en día. Para justificar su lenguaje pobre, obscuro, feo e impreciso —fruto de la pereza, la cursilería y la ignorancia— los políticos y los periodistas suelen, en efecto, alegar estos tres pretextos:

     1º «Hablamos y escribimos mal en mítines, periódicos, radio y televisión porque así se expresa el hombre de la calle». Mentira descarada. ¿En qué calle hay un solo hombre con garganta capaz de reproducir con mugidos las barras y guiones de Umbrano? ¿Qué español de a pie dice la pasada jornada (oído en Radio Nacional) por ayer? ¿A qué pueblo llano creía imitar Antena 3 cuando dijo el 22 de octubre pasado «el armador posibilitó a los marineros tres coches»? ¿Cree ABC que un hombre con los huesos rotos exclama que su coche colisionó con otro? ¿Piensa El País (15 de diciembre) que los pescadores del Mar Menor dicen «a las cuatro semanas de iniciarse formalmente la captura de este molusco», en lugar de «al mes de empezar en serio a coger ostras»?

     La verdad es que el hombre de la calle puede —y aun suele— ser vulgar, pero rara vez es cursi. La obscuridad relamida y el barbarismo redicho no nacen en el desgarro achulado de las calles y menos en la claridad brutal de los campos. Nacen en el quiero y no puedo cosmopolita de quienes han leído por el forro y con diccionario a un sociólogo francés de tercera o han ido a Londres en vuelo «charter».

     2° «Lo único que le está pasando a nuestra lengua es lo que siempre le ocurrió: que evoluciona». Mentira piadosa. Si tan sólo hubiese evolución natural no tendríamos motivos de preocupación. Los neologismos suelen ser útiles y más cuando surgen con espontaneidad. No es una tragedia que vale substituya a de acuerdo o sí señor. Hoy por hoy no es más que una falta de educación y mañana ni eso será. Además nos salva de la invasión del O.K. norteamericano o del correcto hispanoamericano (que aquí los cursis hubieran terminado pronunciando correzto y los catetos correto). La tragedia está en el empobrecimiento gradual y en la creciente imprecisión del lenguaje. Claro que hay evolución. Pero cuando la evolución es a peor se llama degeneración.

     Alguno de nuestros cientos de doctorandos que se dedican a hacer tesis a golpe de fusilar fuentes secundarias podía ocuparse con más provecho en contar el número de vocablos distintos empleados en un editorial de principios de siglo y en otro actual de la misma longitud. Encontraría casi con seguridad que el antiguo usaba un léxico dos veces más rico que el moderno.

     3° «La degradación del español sólo afecta a la estética del idioma». Mentira suicida. La pobreza y la imprecisión de una lengua la hacen inútil para tratar asuntos complejos en la política, el derecho y la filosofía. Ya Unamuno, socarrón, aconsejó a sus paisanos que intentasen traducir la Crítica de la razón pura, de Kant, al vascuence antes de dar el espaldarazo a dicha lengua. Sin riqueza lingüística no se pueden analizar ni resolver los problemas llenos de matices de una civilización complicada. En bantú no se puede redactar un Código Civil. En bantú lo probable es que ni se pueda escribir a la novia nada más sutil que yo querer cama con tú.

     Un político cínico podría —borracho— contestar que nada de esto le importa puesto que la pobreza de su habla le permite desconcertar a los cultos y la obscuridad engañar a los incultos. Pero a nuestros políticos les puede salir el tiro por la culata. Deberían leer un artículo en Le Point (3 de diciembre) donde se señala que, según un estudio del Institut Infométrie, el éxito de Le Pen y su movimiento de extrema derecha populista en Francia se debe a que es el único que se atreve a hablar a la gente llamando al pan, pan, y al vino, vino. Claro que las perogrulladas no suelen resolver los problemas enrevesados. Pero el hombre de la calle puede empezar a preferir las perogrulladas claras a las perogrulladas obscuras y salpicadas de barras y guiones. Y lo malo de un tiro así por la culata sería —en frase de Foxá—  que a los políticos les darían una patada en nuestro culo.

(Este artículo se publicó en el ABC del 15 de Junio de 1985, y fue recogido en los libros El Guirigay Nacional (1988) y El Guirigay Nacional. Ensayos sobre el habla de hoy (2005))

     Escribí esto hace 31 años; ahora no lo escribiría así sino con peor humor. Pero por pereza y rectitud lo dejo tal cual, sin cambiar ni una coma.

Bibliografía de El Guirigay Nacional. Ensayos sobre el habla de hoy
Bibliografía del Marqués de Tamarón
(c) Marqués de Tamarón 2008

viernes, 6 de mayo de 2016

Botones de muestra (XXXI)



      Se ignora mucho de Cervantes pero más aún se desconoce sobre Shakespeare. No sé si estas carencias tienen remedio, pero en todo caso hay que tomarlas con más de un grano de sal en este cuarto centenario de la muerte de ambos escritores. Las incógnitas sobre Cervantes nunca alcanzan la envergadura de las dudas sobre Shakespeare, que llevan a algunos a creer que la obra de Shakespeare no es de Shakespeare, mientras otros discuten sobre su posible condición de católico clandestino. Pero las ambigüedades sobre la vida de Cervantes son muchas y muy hondas. Diríase que podrían interpretarse como una novela de aventuras escrita por un novelista psicológico.

      Eso es lo que hace con ejemplar mesura el brillante hispanista francés Jean Canavaggio. No elude los elementos equívocos, ni siquiera los que tienen ribetes vidriosos. Pero tampoco se recrea en ellos. Comenta el caso Ezpeleta, la cárcel en Sevilla, el intento frustrado de ir a Indias, e incluso las lagunas de su largo cautiverio en Argel. Lo hace con admirable templanza, compasión y aun sentido del humor. Sin embargo lo más notable es el relato que hace de los cinco últimos días de la vida de Cervantes, sobre los que tenemos el testimonio estremecedor de las palabras del propio autor:
[...] el lunes 18 de abril [de 1616], el licenciado Francisco López, limosnero del convento de los trinitarios había ido a administrarle los últimos sacramentos. Al día siguiente de la ceremonia, Cervantes aprovechaba un breve respiro para dirigir al [Conde] de Lemos la admirable dedicatoria del Persiles
           Aquellas coplas antiguas, que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan: 
Puesto ya el pie en el estribo, 
quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras la puedo comenzar, diciendo: 
Puesto ya el pie en el estribo,
Con las ansias de la muerte,
Gran señor, ésta te escribo, 
Ayer me dieron la Extremaunción, y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a vuesa Excelencia; que podría ser fuese tanto el contento de ver a vuesa Excelencia bueno en España, que me volviese a dar la vida. Pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos, y por lo menos sepa vuesa Excelencia éste mi deseo... 
      «Llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir.» Con el solo fin, precisa el agonizante, de ofrecer al ilustre mecenas las obras que le ha prometido y, particularmente, «el fin de la Galatea de quien sé está aficionado vuesa Excelencia». Por cierto, en el autor del Quijote, el hombre y el escritor no son más que uno. Pero en verdad, añade con melancolía, «si a dicha, por buena ventura mía, que ya no sería ventura, sino milagro, me diese el cielo vida». El milagro no se producirá. El miércoles 20 de abril, Cervantes dicta de un tirón el prólogo del Persiles, y concluye dirigiéndose al lector: 
          Mi vida se va acabando y al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida (...). ¡Adiós gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida. 
      Éstas son las últimas palabras que de él conservamos. El viernes 22 de abril, poco más de una semana después de William Shakespeare, Miguel de Cervantes rinde el último suspiro.
      No se me ocurre mejor homenaje al escritor más interesante, más enigmático pese a sus aires risueños -a veces cómicos de sal gorda- Miguel de Cervantes, que reproducir estos párrafos esclarecedores de Canavaggio. Por lo mismo también los cité de viva voz en la entrevista que abajo aparece.

      Pero recomiendo igualmente la lectura del Prólogo y la Bibliografía del erudito francés. Reconoce lo mucho que no sabemos y tal vez nunca sepamos sobre el Gran Manco. Añade que "se echa de menos un Corpus cervantinum, es decir, una recopilación metódica y crítica de todos los documentos referentes al escritor". Y concluye con inocente osadía "carecemos, asimismo, de una biografía crítica digna de este nombre: en su mayoría, las Vidas de Cervantes son, en efecto, relatos novelados. La obra monumental de Luis Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra [...] es muy discutible en su método y sus prejuicios, pero reúne una suma considerable de informaciones, y constituye por ello una referencia insustituible". Esas y otras observaciones clarividentes le han acarreado más de un roce dentro de la Crema de la Inteleztualidá. Y es que, ya se sabe, genus irritabile vatum. Ya lo era, por cierto, en los tiempos de Cervantes. Por eso se despidió en el lecho de muerte de sus compañeros de la República de las Letras con ese sarcástico y macabro "adiós, regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida".














Cervantes
Por Jean Canavaggio
Colección Austral
Editorial Espasa Calpe
Madrid, 2005