Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

martes, 14 de julio de 2020

Botones de Muestra (XXXIV)


Atlas Shrugged
Ayn Rand


  Refresca encontrarse con una autora y un libro tan incalificables como inclasificables. Mezclan sus hilos personales, literarios e ideológicos hasta tal punto que la madeja es inextricable, aunque nunca aburrida. No podía ser de otra manera tratándose de Alisa Zinovyevna Rosenbaum, una rusa, judía, atea, partidaria del capitalismo a ultranza, que acogió con alegría la revolución de Kerenski y con pavor la revolución bolchevique, que consiguió huir de la Unión Soviética y emigrar a los Estados Unidos en 1926.

 Adoptó el nombre Ayn Rand para escribir, actividad que realizó con entusiasmo mientras sobrevivía con trabajos que la llevaron a Hollywood para ocuparse del vestuario de compañías de cine. 

 Su novela más importante apareció en 1957 con el título de Atlas Shrugged (publicada en español como La rebelión de Atlas). Tuvo un gran éxito pese a ser una mezcla ingenua, a veces tosca, de  filosofía política, acción, revoluciones, aventuras, amores y sorpresas diversas, todo ello en más de mil páginas de letra diminuta que me han dado dolores de cabeza y alegrías del ánimo durante estos últimos días.

 Las críticas fueron malas desde el principio, y siguen siéndolo. Las ventas fueron enormes desde el principio y siguen siéndolo ahora. La novela fue atacada por toda la izquierda intelectual y casi todos los conservadores intelectuales. Las ventas no se inmutaron y continuaron viento en popa, sobre todo cuando arreciaba el viento de la crisis económica, como fue la del 2008: las ventas de un libro como este que ya había cumplido el medio siglo, volvieron a subir hasta 445.000 ejemplares en 2011. 

 Angustiado como siempre por no reventar a mis amigos lectores este novelón lleno de lances y amores, de luchas y filosofías, tan sólo me atrevo a recomendarlo porque de ese millar largo de páginas tan sólo hay treinta y seis (de la 923 a la 959) que son aburridas. El resto puede irritar pero no aburrir. Es una mezcla de 1984 de George Orwell y de una película futurista como Blade Runner. Con más filosofía, eso sí, y no muy clara, ya que la autora concibió un sistema filosófico llamado Objetivismo, complementario con el Realismo Romántico que calificaba sus novelas. Y aunque se declaró aristotélica es bastante menos clara que el filósofo griego. 

Atlas Shrugged
Ayn Rand
Signet, New American Library 
New York, 1996

La rebelión de Atlas (Colección Ayn Rand): Amazon.es: Rand, Ayn ...
La Rebelión de Atlas 
Ayn Rand 
Traducción de Domingo García 
Editorial Deusto
Barcelona, 2019

Aunque no le leído la versión española tengo entendido que la de Domingo García de La Rebelión de Atlas (Editorial Deusto, 2019) es traducción fidedigna del original en inglés. 


Enlaces Relacionados 
Botones de Muestra (XXXIII) Vida y embajadas de Girolamo Farnese, Veneciano, Novela de José Antonio Martínez-Climent 

sábado, 20 de junio de 2020

Quijotes y Yupis


Artículo de 1992 por el Marqués de Tamarón
Ilustración de Diego Mora-Figueroa

Contra lo que creen los ingenuos amigos y enemigos de España, éste no es un país de quijotes sino de yupis. La primera prueba de ello es que fue en España y no en otro lugar donde se escribió la sátira más despiadada y eficaz del idealismo caballeresco, es decir El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. La segunda prueba es que el protagonista - que no héroe - epónimo ha dado origen etimológico en español a nombres comunes con ribetes despectivos (Quijote, quijotada, etc.) mientras que en las otras lenguas europeas ha originado palabras de significado admirativo, fundadas en malentendidos románticos. La tercera prueba es que en España y desde hace un par de siglos mandan los yupis, y así nos va.
No me alargaré en la primera parte del razonamiento, por ser de sobrada evidencia. Quien haya leído el Quijote estará de acuerdo en que se trata de una burla sangrienta de todo impulso noble y generoso. Quien no lo haya leído estará probablemente inficionado por la exégesis al uso, según la cual Cervantes se enternece con su personaje, por quien siente secreta simpatía. Nada más lejos de la realidad. Don Quijote hace siempre el ridículo físico y moral mientras Cervantes se regodea con su prodigiosa pluma. El autor disfruta humillando al hidalgo altruista. Hace que le lluevan palos y hasta el vómito de su escudero. Peor aún, sus afanes son inútiles o, las más de las veces, contraproducentes. Recuérdese el insoportable episodio de Andrés, el mozo a quien su amo villano azota y no paga el sueldo. Don Quijote lo socorre y castiga al amo, pero en cuanto se da media vuelta éste redobla con saña su atropello. Cuando Andrés vuelve a encontrarse con don Quijote le dice:
«Por amor de Dios, señor caballero andante, que si otra vez me encontrare, aunque vea que me hacen pedazos, no me socorra ni ayude, sino déjeme con mi desgracia; que no será tanta que no sea mayor la que me vendrá de su ayuda de vuestra merced, a quien Dios maldiga, y a todos cuantos caballeros andantes han nacido en el mundo». Y añade Cervantes, ufano del lance cruel, «quedó corridísimo don Quijote».
El mensaje está claro, todo desfacedor de entuertos es un pobre idiota. Diríase que Cervantes hace una parodia blasfema de la Pasión del Redentor donde -supremo sacrilegio- quienes aciertan son los que se mofan de la corona de espinas, del manto y del cetro ridículos -o la bacía y la celada irrisorias- del justo que quiere redimir a los desvalidos. No sé si este trasunto impío ha sido señalado por algún cervantista, porque no he leído a ninguno, pero sí he leído a Cervantes y salta a la vista que está del lado de los poderosos, como aquellos anónimos duques tan horteras y tan burlones. Hoy hubiese estado del lado de los yupis.
La versión popular antes citada -Cervantes tiene cariño por don Quijote- ha prevalecido contra todo sentido común por su condición de indispensable salvaguardia del amor propio nacional. Admitir que el libro más leído en España durante siglos es moralmente abyecto hubiese sido tanto como poner en duda la catadura moral de nuestra nación. Ha hecho falta una mentira piadosa para reconciliamos con nosotros mismos. Pero la mentira vulgar queda desmentida por el habla popular. En ésta, Quijote -el nombre de guerra que Alonso Quijano toma de la pieza del arnés que cubre el muslo- ocasiona bastantes palabras alusivas al caballero de la Triste Figura, todas con ecos peyorativos. En cualquier diccionario, y en especial en el DRAE, se puede comprobar cómo predomina el tono desdeñoso en toda la familia de palabras quijote - quijotada - quijotería - quijotesco - quijotil - quijotismo. De la voz principal, quijote, se dan estas acepciones: «1 - Hombre exageradamente grave y serio. 2 - Hombre nimiamente puntilloso. 3 - Hombre que pugna con las opiniones y los usos corrientes, por amor a lo ideal. 4 - Hombre que quiere ser juez de causas nobles aunque no le atañan». Así pues, de cuatro acepciones tres son negativas y una es neutra tirando a positiva. Negativos también son los dos significados de quijotismo: «1 - Exageración en los sentimientos caballerosos. 2 - Engreimiento, orgullo». Más o menos lo mismo ocurre con las demás palabras españolas derivadas del nombre propio de don Quijote. Resumiendo la cuestión, María Moliner apostilla en su diccionario, a propósito de quijote, «generalmente no se emplea con sentido admirativo, y puede tenerlo despectivo».
Muy distinta es la semántica quijotil en otras lenguas. Como -por fortuna o por desgracia- los extranjeros no suelen entendernos, debieron de creer que la novela de Cervantes era un panegírico de la loca gallardía de un héroe desdichado. En inglés, según el OED, se empezó muy pronto a acuñar palabras alusivas a don Quijote, denotando admiración romántica por el personaje. Quixote se usa como nombre común, con diversas variaciones ortográficas, desde 1648. El citado diccionario lo define como «an enthusiastic visionary person like Don Quixote, inspired by lofty and chivalrous but false or unrealizable ideals». Quixotism surge con sentido similar a finales del siglo XVII y en 1702 la facilidad inglesa para inventar verbos, unida a la popularidad del hidalgo manchego, da lugar a to quixote, convertido un siglo después en to quixotize. Quixotism arranca de 1688, quixotry de 1718, y así hasta nueve palabras reseñadas, un treinta por ciento más que en español. El adjetivo quixotic, quizá la más usada de aquéllas desde que apareció en 1815, viene definido así en el OED: «Resembling Don Quixote; hence, striving with lofty enthusiasm for visionary ideals».
 Menos fortuna que en Inglaterra, aunque bastante más que en su propia patria española, tuvo en Francia el último caballero andante. Según el diccionario de Robert, desde 1782 existe el substantivo don Quichotte, «homme généreux et chimérique qui se pose en redresseur de torts, en défenseur des opprimés», y desde 1835 se usa el término donquichottisme. En italiano también hay el nombre común donchisciotte y el adjetivo donchisciottesco, ambos con ecos valientes y generosos.
 En suma, se nos ofrecen dos contrastes, claros y chocantes. De un lado está la contradicción entre lo que los españoles dicen (que don Quijote les cae simpático) y lo que hacen (usar palabras hostiles al personaje). Y por otro lado está la diferencia entre el léxico alusivo español y los extranjeros. Mientras nosotros subrayamos en el lenguaje el engreimiento y el carácter entrometido de don Quijote, los ingleses se fijan en su caballerosa altura de miras, los franceses en su generosidad y los italianos en su valor. Aun hay una tercera paradoja, y es que en nuestro vocabulario no se refleja la locura de don Quijote y en las lenguas extranjeras sí. En definitiva, la llamada lengua de Cervantes presenta a su personaje universal como un pobre diablo que se mete en camisas de once varas mientras las otra s lenguas europeas retratan a un héroe romántico, de corazón garboso aunque cuerpo desgarbado y mente extraviada.
Por supuesto somos nosotros los que acertamos y son los extranjeros quienes se equivocan. Los españoles permanecemos fieles - literal ya que no literariamente - a la intención genial y perversa de Cervantes: destruir las ilusiones mostrando que nobleza es locura. Los extranjeros mantienen el mito literario con la semántica heroica. Los españoles demostraron ya en 1605, cuando se publicó la primera parte del Quijote y comenzó el éxito fulgurante de la novela, que ansiaban que dejasen de mandar los quijotes. El resto de los europeos, al no entender el libro pero leerlo con avidez, dio pruebas de seguir admirando a los quijotes. Naturalmente que allí como aquí y entonces como ahora la mayoría de la gente era y es sanchopancesca y no quijotesca. Pero aquí el iberoide sanchopancesco se moría de ganas de sacudirse el yugo hidalgo hace ya tres siglos, cuando sus congéneres ultrapirenaicos todavía no habían pensado en ello. Los sanchopanzas no quieren mandar ellos, pero a la larga tampoco quieren que les manden los quijotes. A quien de verdad hubiese querido servir Sancho Panza no es a don Quijote sino a Godoy, a Salamanca o a Romanones: a un protoyupi que le hubiese dado miajas, y no de gloria sino de pan. Sus descendientes lo consiguieron al cabo de un par de siglos, antes que los sanchopanzas británicos o germánicos.
En esto no se ha cumplido la teoría de los frutos tardíos españoles. Hemos sido precursores en la invención del tipo humano universal del yupi. El Príncipe de la Paz inauguró la serie ya a finales del siglo XVIII, veinte años después el modelo se había reproducido en incontables individuos de la camarilla del Deseado y desde entonces hasta ahora no nos han faltado monjas milagreras, generales bonitos, financieros avispados e intelectuales orgánicos. Yupis todos, a fin de cuentas.
Otra cosa es que la palabra hoy de moda en el mundo entero sea de origen americano y muy reciente. Yuppie (o yuppy, o yumpie, o yumpy) surgió en 1984 como abreviatura de young urban professional o de young upwardly mobile person. Así es que el término encierra su propia definición: un joven trepa. Trepa y no arribista porque el arribista -como el advenedizo- ha llegado, y el yupi por definición nunca ha llegado del todo sino que biológicamente está obligado a seguir acumulando y trepando, incansable como la ardilla heráldica de Fouquet con su cínico lema Quo non ascendam?. Por eso tampoco le corresponde al yupi la traducción de listillo y aprovechadete, pues ningún sufijo diminutivo haría justicia al atlético empeño ascendente del trepa.
 No, el trepa rampante, el yupi en todo su esplendor es una fuerza de la Naturaleza y habrá que temerla y respetarla más de lo que Cervantes respetó a un pobre hidalgo de pueblo, loco de amor por el ideal caballeresco de amparar al desvalido, defender a la viuda y al huérfano, mantener la palabra dada. No son precisamente ésos los valores del yupi. Por eso manda hoy.


Artículo publicado en la Nueva Revista, Febrero 1992.
Reproducido en El Guirigay Nacional, ensayos sobre el habla de hoy, 2005. 



jueves, 11 de junio de 2020

Panóptico



  La Nueva Normalidad que se avecina suena a broma siniestra, como el Brave New World de Aldous Huxley. Este último fue traducido como Un Mundo Feliz. 

 Ambos recuerdan la Nueva Política Económica de Lenin. Cabe preguntarse por qué las utopías procuran usar el adjetivo Nuevo, y con mayúscula, antes de convertirse en distopías. 

 Aunque habría que resucitar el eufónico apelativo de cacotopía. Quiere decir lo mismo que distopía, pero lo acuñó Bentham en 1818, mucho antes de que John Stuart Mill inventase, en 1868, distopía

  Sugiero, pues, ir preparándonos para la Nueva Cacotopía. O Nueva Kakotopía, que suena más seria aún y se usa en inglés con más énfasis.

  Y como hasta en lo más proceloso anida la ironía, hay que sonreír recordando que ese gran ilustrado  y amante del Progreso que fue Jeremías Bentham y que advirtió contra la maldad que podía encarnarse en una distopía, fue nada menos que el inventor del panóptico. Se trataba de una cárcel circular con una torre en el centro desde donde el Director podía vigilar a todos los presos y guardianes allí confinados. Viajó a Rusia, donde era muy admirado, y allí se edificó un panóptico, pero poco respetuoso con el ambicioso proyecto ilustrado. En España también hubo admiradores del progreso, como el arquitecto Elías Rogent que construyó en 1851 en Mataró (Barcelona) un admirable panóptico - prisión. Hoy se conserva como Bien de Interés Cultural (BIC) así como Bien Cultural de Interés Nacional de Cataluña

   Así pues, es de justicia dirigir a la sombra errabunda de Bentham la exquisita pregunta de nuestro vate Bécquer: 

   ¿Y tú me lo preguntas? Distopía... eres tú.





viernes, 22 de mayo de 2020

Para Elisa y otras Alegrías

 Beethoven por Joseph Karl Stieler, 1820

Für Elise
Piano music by Ludwig van Beethoven
Beethoven WoO 59 Erstausgabe.png
First edition, 1867
KeyA minor
Catalogue
Composed27 April 1810
Published1867


    El Para Elisa de Beethoven es una obra señera, quintaesencia de la cursilería. Ningún músico de los siglos anteriores al XIX hubiera podido caer tan bajo. Marca la llegada del romanticismo.

    Cosa distinta es su Oda a la Alegría. 

Anthem of the European Union 
Instrumental performed by the United States Navy Band

    La letra es de Schiller, que la escribió en 1785. La música de Beethoven es el último movimiento de su Novena Sinfonía, terminada en 1824. Música pegadiza y que ha entusiasmado a buena parte del género humano, cosa a veces lamentable. Fascinaba a Hitler y por orden de Goebbels la tocaban en cada cumpleaños del Führer. Entusiasmaba a los enemigos de Pinochet, a los manifestantes en la Plaza de Tiananmen, a los que celebraban la caída del Muro de Berlín y a los partidarios de Macron. Todos ellos la entonaban con fervor.

   Por desgracia el sádico entusiasmo de los nacional-socialistas llegó a esto:
"En el mismo Auschwitz se organiza una coral infantil de niños checos judíos. Además de melodías folklóricas, esa coral cantará en las letrinas de Auschwitz la Oda a la Alegría en checo. El concierto nunca tendrá lugar porque sus miembros serán asesinados el 7 de marzo de 1944, en la cámara de gas". 
La Novena de Beethoven como espejo de la biocenosis de Europa.
 Reseña apologética materialista de un libro de Esteban Buch 
©El Basilisco, Enero-Junio 2005, Rufino Salguero Rodríguez 


    Al final - por ahora - la Oda a la Alegría fué adoptada por la Unión Europea como himno (sin letra, hermoso oxímoron). 
    


lunes, 11 de mayo de 2020

El Relato de Ignacio Ruiz-Quintano


   La semana pasada descubrí por casualidad el notable contraste entre una entrada en la Wikipedia en español con el título de Revisionismo histórico en España y otra en la Wikipedia en inglés titulada Revisionism (Spain). La discrepancia me pareció interesante y pregunté su opinión a unos cuantos amigos. Uno de ellos, Ignacio Ruiz-Quintano, me contestó públicamente en un artículo en el ABC del pasado Sábado 9 de Mayo. Ese mismo día recogió dicho artículo en su Blog de la vida privada, Salmonetes ya no nos quedan. 

   Me ha autorizado a publicarlo, cosa que hago a continuación, incluyendo una fotografía que él encontró y publicó y que corresponde a una presentación de Cartas Credenciales en Junio de 1999. Se trata, pues, de un relato sobre otro relato. 


SÁBADO, 9 DE MAYO DE 2020 
El Relato
   Ignacio Ruiz Quintano  
Abc, 9 de Mayo de 2020
Dice Tamarón haber descubierto, “casi por azar”, la gran discrepancia existente en la Wikipedia entre las entradas en inglés y en español sobre la historiografía “revisionista” acerca de la guerra y la posguerra españolas. Le sorprende el maniqueísmo de la entrada en español, que contrasta con el equilibrio de la entrada en inglés, y me pregunta si el asunto tiene remedio.
    Wikipedia me parece el vertedero global donde las urracas culturales rebuscan y picotean lo que reluce. No sé quién ni cómo lo hace, pero resulta ser la escombrera del metarrelato comunista.
    
Con Lyotard en el papel de epidemiólogo Simón, Francia decretó la muerte de los grandes relatos por pandemia de posmodernidad en el 79, aunque en realidad esa muerte tuvo lugar en el verano de 1791, cuando la Asamblea Constituyente, para evitar votar la República, votó la gran mentira, urdida por Barnave, de que el rey no había huido a Varennes, sino que había sido secuestrado. Es curioso que quienes votaron en contra de la gran mentira (Tom Paine, entre ellos) fueron quienes luego votaron en contra de la muerte del rey, decidida por quienes urdieron el "fake" que acabaría desatando el movimiento republicano del pueblo contra sus representantes. Había nacido el mundo actual, y eso incluye la Wikipedia, contra la cual sólo prevalece la curiosidad intelectual.
    
El asunto, dilecto Tamarón, no tiene aquí remedio porque en este Estado de partidos (García Pelayo) el único cometido de los intelectuales es proveer a los partidos del pequeño relato que los permita disfrutar con buena conciencia de las posiciones de privilegio ocupadas en el Estado. Así se explica la nula curiosidad del centrismo por las medallas, ahora que ha muerto, de González Pacheco, el policía sin cuyo 77 (Oriol y Villaescusa) no hubiera sido posible el 78 de Suárez, a quien tanto cantan, y que fue quien lo condecoró, a las órdenes de Martín Villa, luego presidente de Sogecable.
    –Es que tú, Antonio, siempre has sido conflictivo




Enlaces Relacionados:

Revisionism (Spain) - Enlace a Wikipedia en Inglés
Revisionismo histórico en España - Enlace a Wikipedia en español
Artículo "El relato" en ABC 
Artículo "El Relato" en Blog de Ignacio Ruiz-Quintano

martes, 28 de abril de 2020

Antes de la Caída


   No sé quién es el autor de esta recopilación de escenas surrealistas. Me ha llegado como anónimo, así es que me atrevo a publicarlo aquí sin más que mi felicitación y agradecimiento a quienes filmaron estas imágenes. Y también a los actores animales. 

   Así debió de ser el Jardín del Edén antes de la Caída. Aunque quizá sin la música de la Danza de Anitra, de Grieg. 




domingo, 19 de abril de 2020

Unexplored Spain




   En 1893 se publicó en Londres Wild Spain, libro escrito por Abel Chapman y Walter J. Buck, sobre la naturaleza y la caza en España. Tuvo éxito y fue seguido en 1910 por Unexplored Spain, de los mismos autores. Posteriormente ha habido diversas traducciones y ediciones en español de ambos libros, convertidos en clásicos en la materia. España agreste apareció en 1963 traducida por Mauricio González-Gordon, y de nuevo en 1982, con prólogo de Luis de Mora-Figueroa. España inexplorada fue publicada en 1989. 

   Como bisnieto de Walter J. Buck celebro que este documental aparezca y nos haga disfrutar a todos de paisajes y lugares, animales y plantas que hace más de 100 años deslumbraron a estos cazadores y naturalistas británicos. Agradecemos a Raúl Tomás Granizo y a su equipo su dedicada y brillante labor. 






miércoles, 15 de abril de 2020

La claustrofobia vencida



   Tal vez sea esta viñeta una metáfora de la fe, la esperanza y la caridad. O tal vez represente el valor y la inocencia. O las cinco virtudes juntas. Todas ellas pueden verse de forma estrictamente racional o de forma trascendente. 

    En cualquier caso es un símbolo de la pascua, sea esta sagrada o profana. Si lo segundo, sirva de recordatorio: no ha desaparecido de nuestro mundo, de nuestro distópico Brave New World, el valor de quienes afrontan lo desconocido desde el borde mismo de la miseria.

   Toda una lección - involuntaria e inadvertida - de los débiles a los poderosos, a través de la pluma de un gran artista.

Disposición original de la viñeta aparecida en ABC,
reproducida aquí con autorización del períodico y del autor

   Y como prueba suplementaria de la destreza de J.M. Nieto, obsérvese cómo dispuso su viñeta siempre apaisada, imagino, por necesidad de la maquetación. Conserva el vértigo de la claustrofobia vencida.


    Post Scriptum: 
   El autor me aclaró esto: "La inclinación de la viñeta es intencionada, pues refuerza la exageración perspectiva. Incluso incliné los textos como quien ha de girar el cuello para poder mirar hacia arriba, hacia ese trozo de cielo que tanto nos falta estos días." Me alegro de poder precisar esta circunstancia importante y subsanar mi conjetura errónea.