Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

martes, 9 de julio de 2019

La tragedia recurrente

   
Antonio Mingote en ABC, Lunes 27/7/2009 

Prólogo a la tragedia recurrente 

   Se observa un sutil cambio en las opiniones sobre los incendios forestales, que de nuevo destruyen los bosques españoles ante la indiferencia del público y la impunidad de los culpables. 

  Se va extendiendo, incluso entre gente seria y solvente, la idea difusa de que en el fondo, fondo, lo que pasa se debe a varias circunstancias ajenas a cualquier responsabilidad concreta. Si a algunos pastores en la Cornisa Cantábrica se les va la mano en sus modestos intentos de mejorar los pastos prendiendo fuego al matorral, ¿acaso no es porque se ven obligados a ello para no perder los rebaños y las correspondientes subvenciones de la Política Agrícola Común? Si la Justicia es indulgente con criminales, ¿no será porque se está usando el Jurado Popular, constituído por paisanos del delincuente, embargados por la compasión? Y cuando la Guardia Civil y los jueces no encuentran testigos del delito, ¿no hay que comprender que los convecinos son leales entre ellos? Por último, ¿no hay que comprender que los verdaderos culpables de lo que ocurre son quienes no limpian los bosques, no quienes les prenden fuego por distracción u honesto esparcimiento con barbacoas sanas y nutritivas? 

    El caso es que seguimos sin saber cuántos incediarios del verano pasado siguen en la cárcel al cabo de un año. Tampoco sabemos si las organizaciones ecologistas se interesan por los estragos producidos en los montes de España. 

    Así es que me decido a reproducir el siguiente artículo publicado hace 13 años en el ABC que sigue, por desgracia, vigente.


Otra falacia patética 


   Una de las falacias más repetidas es que los españoles son indiferentes ante la Naturaleza. Sorprende esta afirmación reiterada y gratuita -auténtica falacia patética, que diría Ruskin- cuando todo a nuestro alrededor indica que en su mayoría los españoles no sólo no son indiferentes ante la Naturaleza, sino que con notable eficacia la detestan. Esa antipatía se manifiesta a veces de forma canallesca, quemando el monte o envenenando animales. En otras ocasiones el estilo es tan sólo achulado, y se desparrama basura en parajes de singular belleza, estridencias de discoteca y moto en el corazón del silencio, pintadas procaces o mitineras en las rocas. Es una manera de decir, con desplante de imbécil, «por aquí he pasado yo, que no soy menos que ese roble tan viejo o esa águila que salió huyendo». 

   Pero las más de las veces el odio rezuma por omisión más que por acción: los vecinos se sonríen ante el atropello, el juez se encoge de hombros, el Ayuntamiento se inhibe, los Gobiernos callan o fingen. Es la más sincera de las connivencias. «Vaya usted a saber quién lo hizo, sería muy difícil probarlo, además el bosque era muy viejo, y ya es hora de que esto beneficie a las personas y no sólo a los pajaritos». Y suspiran satisfechos los especuladores urbanos, tratantes de madera quemada, cazadores furtivos, extorsionistas, camellos de la droga, piariegos y retenes renegados. 

   El ejemplo perfecto de la mezcla de resentimiento y estupidez demagógica fue aquella brillante coletilla al lema de la vieja campaña contra los fuegos forestales: «Cuando arde un bosque, algo suyo se quema, señor conde». Añadiendo esas dos palabras, el gracioso -creo recordar que en La Codorniz- convertía el incendio en un acto progresista, puesto que fastidiaba a la oligarquía. Y además heroico, ya que en aquel entonces la Guardia Civil aún era o podía ser severa. 

   Huelga decir que esa bellaquería en particular no es ya políticamente correcta. Pero otras sí, pues casi todo es turbio en ciertas actitudes sociales. Ni siquiera los delincuentes, que deberían ser fieles a su imagen social de dechado de lógica -lógica egoísta y amoral, pero lógica al fin- son tal cosa cuando se dedican a destruir la Naturaleza. Rara vez actúan con la frialdad de un delincuente puramente racional, como por ejemplo un monedero falso. Éste tan sólo busca el estricto provecho económico, mientras que el incendiario, con independencia del posible lucro, suele disfrutar haciendo daño. Diríase que en ese terreno hay tanto o más odio que codicia. A veces cabe preguntarse si ciertos vertidos tóxicos o incendios no tendrán más en común con los crímenes de los violadores que con los de malhechores supuestamente racionales como los ladrones. Después de todo es de suponer que el sueño de quien aspira a hacer el mal perfecto es mancillar a su madre y luego matarla, y eso es, en exacta metáfora, lo que hacen miles de autores de delitos ecológicos al año, sobre todo en verano. Si tan sólo buscasen el lucro, es probable que escogieran otros delitos más rentables y que causan menos dolor innecesario. 

   Lo más triste, sin embargo, es que lo turbio de las motivaciones de los delincuentes parece desdibujar las propias reacciones de la opinión pública, de las autoridades y de los periodistas. No conozco otro ámbito donde haya menos ideas claras y menos acciones decididas. Abunda, eso sí, la palabrería. Todas las fuerzas políticas coinciden en sus ansias retóricas de «preservar el medio ambiente» (artículo 38 de la Constitución de 1978), pero ninguna muestra respeto siquiera por su propio nombre; se conoce que no va con ellas lo de nomen est omen. Los socialistas valoran muy poco en la práctica el primer bien social, que es la Naturaleza. A los conservadores no les interesa mucho conservar esta vieja piel de toro, tan llena de mataduras. Los verdes, absortos en la izquierda unida, tienen mucho más de izquierdistas que de verdes. Y los llamados ecologistas nunca se manifiestan cuando el desastre ecológico ocurre donde gobiernan las izquierdas. 

   Prueba de lo que antecede es la anarquía urbanística en casi todos los municipios españoles. Sea cual sea su militancia política, el sueño megalómano de un alcalde es benidormizar entero su término municipal, edificarlo del uno al otro confín. Yerran quienes atribuyen el anhelo a un afán de beneficio personal. Por lo común no se trata de cohecho sino de una fe pétrea en el progreso, entendido éste como un aumento acelerado del casco urbano y del número de automóviles en circulación. 

   Contra creencia tan firme no hay leyes que valgan, y menos en un país latino, donde la tradición es legislar profusamente pero sin luego aplicar las normas con demasiado rigor. A veces, sin embargo, triunfan paradójicos escrúpulos y ocurre, por ejemplo, que se paraliza la declaración de tal Parque Nacional para no verse obligados a entorpecer los negocios de la construcción ni sufrir la consiguiente pérdida de votos. 

   Quizá por el mismo prurito oficial de discreción -acaso para evitar la llamada alarma social- no sea posible averiguar cuántos están en la cárcel tras los incendios, casi todos provocados, de 180.000 hectáreas forestales en toda España durante el pasado año 2005, o por cualquier otro delito ecológico (se dice oficiosamente que nadie está en prisión por un quítame allá esas pajas, aun ardientes). Pero cuesta creer que haya voluntad oficial de sigilo, pues los poderes públicos no pueden ignorar el auténtico sentir popular ante todos estos abusos y delitos: la sonrisa suficiente. Como mucho, los políticos evitarán en lo sucesivo reconocer las amplias complicidades del pueblo soberano con los incendiarios, después del revuelo causado en agosto pasado por la franqueza de la ministra de Medio Ambiente al admitir que existía «tolerancia social» en Galicia y en el resto de España, que impedía la identificación de los culpables. 

   A la tolerancia podía haber añadido la desidia. Mientras escribo estas líneas y para no perder el sentido de la realidad más humilde, tengo a mi lado una bolsa de carbón vegetal para barbacoas hecho en el Paraguay y comprado esta primavera en unos grandes almacenes madrileños. O sea, que mientras ardían los montes españoles porque nadie era capaz de atajar el fuego, ya que el sotobosque no se mantiene limpio desde que desapareció el piconeo, estábamos importando picón de una selva situada a diez mil kilómetros de distancia. 

   Y es que aquí, como en otros asuntos nacionales, el problema no está tanto en el Gobierno o los Gobiernos de la nación cuanto en la nación del Gobierno. Un pueblo que no cree en él mismo -en su historia ni en su naturaleza- mal puede exigir fe y voluntad a sus Gobiernos. Y éstos -unos más que otros, es cierto- tendrán la perpetua tentación de zanjar los problemas «como sea». Es decir, sin resolverlos. 


El Marqués de Tamarón   



Este artículo apareció en el ABC el 25 de Mayo de 2006 y en esta bitácora el 23 de Octubre de 2008, el 25 de Julio del 2010 y el 2 de Abril del 2012.

Sí, suave lector, e incluso suave lectora, sé que me repito, pero ya decía André Gide que como nadie escucha hay que seguir diciendo lo mismo. 



Enlaces relacionados:

Fuego, crimen y castigo II (2017)
Fuego, crimen y castigo (2016)
Los hideputas hacen su agosto (2015)
Verano de bochorno (2015)
De nuevo la infamia impune (2014) 
Más hideputas que pirómanos (2013)
España pronto en llamas (2013)
"España está que arde" y "Algo suyo se quema" (2012)
Más canallas impunes (2012)
Sigue la impunidad de los canallas (2012)
Otra falacia patética (2010)
La herida infectada (2010)
La impunidad de los canallas (2009)
¿Cleptocracia o pulcrofobia? ¿O simple amnesia colectiva? (2009)
Otra falacia patética (2008)








martes, 18 de junio de 2019

¿Papiamento o glosolalia?

   Este artículo puede resultar provocativo. Algunos - sobre todo franceses - se quejarán de la Pérfida Albión. Otros, incluídos muchos españoles y más de un inglés, dirán que son sueños crepusculares del imperialismo británico. Todos ellos se equivocan, tanto como se equivocan los británicos, estadounidenses, australianos, neozelandeses y canadienses de robusto optimismo anglosajón. Más bien acertarían en su análisis los cientos de millones de ciudadanos de la India que piden que el inglés sea declarado lengua vehicular preeminente para el uso político y comercial en su país. 

   En fin, creo que desde hace muchos años he intentado explicar las ventajas e inconvenientes de poseer una lengua propia que también sea lingua franca, en la práctica un bien mostrenco.  «Qué ironía si la respuesta a Babel fuese el papiamento y no Pentecostés», dijo hace mucho George Steiner. Al pie de esta entrada pueden ustedes encontrar enlaces con dos ensayos míos sobre este asunto. 

   Y entretanto quédense con este artículo hondo, pragmático y con un punto de ironía casi socrática. Por eso lo dejo en inglés. Por eso y por pereza.

   Perdónenme ustedes.

   Y para verlo mejor pinchen sobre él. 

The Economist, June 15th 2019



Enlaces Relacionados:

El español ¿lengua internacional o lingua franca? (1992)


miércoles, 15 de mayo de 2019

Los nueve primeros siglos de las Órdenes Militares


   Artículo publicado ayer Martes 14 de Mayo en el ABC.

   Para poder leer el artículo pínchese sobre la imagen y se ampliará:

Pínchese para ampliar

martes, 30 de abril de 2019

Modesto prólogo a un genio

 


    Un libro muy necesario por los tiempos que corren - ni peores ni mejores que los tiempos de Quevedo - acaba de publicarse. Su portada aparece arriba. Su prólogo me fue encargado y lo hice aunque muy consciente de que el contraste entre un escritor de hoy y Don Francisco de Quevedo deja en mal lugar a cualquiera de nosotros, aprendices de la pluma y de la espada que con tanta ferocidad supo usar el más sarcástico, el más brillante, a veces el más tierno, de nuestros maestros castellanos. 

    Vean ustedes y agradezcan a José Antonio Martínez-Climent y a Ricardo González Haba su esforzada erudición y perdónenme mi atrevimiento al escribir este


Prólogo 


    Hoy en día los únicos escritores vivos son los clásicos, por estar muertos. Por estar muertos son inalcanzables a la criminal estupidez de la corrección política. Pero sólo Dios sabe cuánto durará este estado beatífico, o al menos de limbo, del que goza Don Francisco de Quevedo. Si observamos la situación en las naciones más señeras en el progreso social, como los Estados Unidos o los países escandinavos o el Barrio de Lavapiés, veremos que el mismo Shakespeare ha caído herido de muerte en sus comedias como La Fierecilla Domada o tragedias como Coriolano, imposibles de representar sin que quemen el teatro por supuesta misoginia o antidemocracia.


     En fin, aprovechen ustedes que aún no se ha cerrado “el tinglado de la antigua farsa”. Disfruten en este Diccionario de Insultos de Quevedo con el frenesí de un “doctor en desvergüenzas, licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades” que también supo escribir sonetos sublimes, tristes pero estoicos. Y que pasaba con vertiginosa facilidad, como señala Eugenio d’Ors, de “vocablos nerviosos y linajudos, como potros finos” al “frío resplandor de una navaja española, en la revuelta confusión de un fandango popular”.

    Notables navajazos da a su derredor. Contumelioso, como si él mismo no lo fuese, llama al aficionado al insulto, al oprobio, a la ofensa y a la injuria. Cornicantano es el marido al que su mujer pone cuernos por primera vez, como quien canta misa. De encaje de lechuza llama al escritor afecto a dárselas de interesante empleando expresiones oscuras (tal vez lo decía pensando en su enemigo Góngora que, aunque culterano a veces, otras se despachaba con improperios populares contra el propio Quevedo). Al poeta huero lo llamaba tahur de vocablos, y al médico matasanos escalera de la horca. El lector puede averiguar o imaginarse lo que es una enflautadora de hombres, o un filósofo amarillo (tal que Derrida y otros postmodernos). Con esto último tal vez enlace el quevedesco escarnio de gabachísimo señor (afrancesado, que en la época no era poco insulto). 

    Diríase que la obsesión de Quevedo en esta vertiente de mofas era insultar a cualquiera que se le cruzaba, simplemente por no gustarle su cara, acaso por envidia e incapacidad de admirar o amar al prójimo. Pero no fue así. Uno de los sonetos más hermosos es el que dedicó como epitafio a su amigo y valedor el III Duque de Osuna, que empieza “faltar pudo su patria al grande Osuna”, escrito cuando el Duque había muerto en una mazmorra donde llevaba dos años prisionero e incapaz de ayudar a su leal Quevedo. Éste ya no recobró su anterior posición social y política. Fue fiel incluso a las causas perdidas. Y ganó alguna contra viento y marea, como conseguir que se atribuyese el patronato de España a Santiago Matamoros y no a Santa Teresa como quería Lope de Vega. Decisión eminentemente práctica y propia de un Caballero de Santiago, aunque hoy por desgracia ya inoperante. 

    Quevedo no fue un malandrín calvatrueno, sino un hidalgo irascible e insolente. 

    Quien lo leyó lo sabe. 


                                                                          El Marqués de Tamarón


   Enlaces relacionados: 

Botones de muestra (XXXIII) -
Portentos y presagios de la fenología
Botones de muestra XXX





lunes, 22 de abril de 2019

"Porque eres tibio te escupiré de mi boca"


Mientras unos preparaban el asesinato de tres centenares de cristianos, el Pastor Sumo de éstos se entretiene haciéndose fotos en un besapiés.
Luego todos los primates se lamentan, pero la protesta más tibia es la del Obispo de Roma. Hasta un político socialista y presunto ateo como Jeremy Corbyn se mostró más compasivo:
“I’m appalled by the horrific attacks in Sri Lanka, on Easter Sunday, the most important day in the Christian calendar”.
¿Será así el Pastor Sumo por cobardía, por ceguera o por estupidez? Tal vez de todo un poco. Cualquier otro motivo sería más vil aún.
Consuela saber que al menos la Canciller alemana Angela Merkel declaró en Twitter:
“Estamos horrorizados por la noticia de que los cristianos en Sri Lanka fueron atacados y matados durante las celebraciones de Pascua. Los lloramos y rezamos por los heridos y sus familias”.
Otros políticos expresaron también su dolor sin eludir el significado religioso de la tragedia. Por ejemplo el Presidente del Brasil, Jair Bolsonaro, que declaró:
“Mesmo neste dia sagrado, o extremismo deixa rastros de morte e dor. Em nome dos brasileiros, condeno os ataques que deixaram centenas de vítimas no Sri Lanka, inclusive em igrejas, onde se celebrava a Ressurreição de Cristo. Que Deus possa confortar os que agora sofrem!
Pero ciertos silencios sorprenden, y también ciertas formas de menospreciar la tragedia. Algunos, como el comunicado de la Moncloa, parecen más propios de un pésame por los damnificados de una inundación, que otra cosa:
​“El Gobierno de España expresa sus sinceras condolencias a las familias de las víctimas así como al pueblo y al Gobierno de Sri Lanka, junto con el deseo de una pronta recuperación de los heridos”.
A la hora de escribir esto, no consta ningún comunicado de la Casa de S.M., aunque es posible que, como en otras ocasiones, se hayan cursado mensajes directamente a las autoridades nacionales del lugar de la matanza.
Quizá el horror de lo ocurrido sirva para despertar algunas conciencias de creyentes en Cristo o en cualquier otra religión, o de agnósticos de buena voluntad, que no acaban de comprender que en muchos países del mundo, incluso en nuestros tiempos supuestamente ilustrados, existe una persecusión feroz y un heroísmo mudo y desconocido de creyentes que pagan su fe con su vida.
Será útil leer en el enlace de abajo el texto traducido de un artículo en The Guardian (el diario inglés de izquierdas) sobre Los 15 países más peligrosos para un cristiano. Angustia leer los horrores que sufren los cristianos desde Corea del Norte hasta el Yemen. Son mejores que nosotros. Por lo menos son mejores que yo.
Y desde luego no se les podrá nunca aplicar el versículo del Apocalipsis (3:16):
“Porque eres tibio te escupiré de mi boca”.
No estoy seguro de que alguno de los primates citados al principio no merezca caer fulminado por la terrible imprecación.

Enlace mencionado:

     Post Scriptum (26 de Abril de 2019):

    1º   Por ignorancia no fui del todo justo con S.S. Habló, sí, al final de su bendición Urbi et Orbi el Domingo de Resurrección, sobre los atentados en Sri Lanka. Pero fue frío. Como lo fue al volver a hablar de la misma tragedia el Lunes de Pascua, después del Regina Coeli. Una tragedia producto del odio satánico no es lo mismo que una tragedia causada por la fuerza ciega de un huracán o un terremoto. 

    2º  Sí habló S.M. el Martes 23 sobre la tragedia. Y lo hizo con más calor que otros, al inicio de la entrega del Premio Cervantes de 2018. Me atrevo a pensar que el Manco de Lepanto, doquiera que esté, recordará a quién debía el brazo estropiado, al Turco y a su Media Luna, la misma hoy utilizada por algunos que asesinan a mujeres y niños indefensos. 

   En fin, no olvidemos nunca que los mártires son acreedores de nuestro respeto y nuestra admiración. Y que son mártires quienes van a una iglesia conscientes de que están corriendo graves riesgos. Descansen en paz.


miércoles, 17 de abril de 2019

Sobre Entre líneas y a contracorriente

 
   Lo único que sé a ciencia cierta de quien firma esta reseña con el nombre de la Madre de todas las Musas, Mnemósine, es que su generosidad va más allá de mis merecimientos. Cuando se refiere a mi capacidad de "reflejar deseos, sueños, imágenes y pensamientos a través de la palabra escrita" me temo que en vez de capacidad debería atribuirme tan sólo una aspiración muy extendida entre cuantos escribimos, sin que en mi caso los logros lleguen muy lejos. 

   Esto es lo que me siento obligado a decir, ya que la modestia levemente hipócrita es la mínima cortesía que el escritor debe al crítico. Pero, tras ello, el plumilla sonríe feliz y convencido de que Mnemósine es perspicaz y sincera. Y, por supuesto, acierta en la enumeración de los fines que persigue como escritor. Pues ocurre que todos esos fines y propósitos, el reflejo por escrito de los deseos, sueños, imágenes y pensamientos, son ni más ni menos que "el espejo al borde de un camino", la novela concebida por Stendhal.

   Y aunque en Entre líneas y a contracorriente hay una novela y varios cuentos, el resto - equiparable en propósito ya que no en valía - podría haberse llamado, copiando a Carl Gustav Jung, "recuerdos, sueños y pensamientos". Es decir, todo lo que se le pasa por la cabeza a un escritor o a cualquiera que sin serlo piense en lo que ha vivido, visto y leído. Y lo desmenuce y vierta en... ¿un cajón de sastre? Tal vez suene mejor un cuaderno de bitácora, aunque viene a ser lo mismo.

   En cualquier caso, quien dedique tiempo a mirar y a reflexionar sobre el contenido del cajón de sastre o cuaderno de bitácora es digno del agradecimiento del autor, tan sólo comparable al agradecimiento de un insecto hacia el curioso entomólogo.



Sobre Entre líneas y a contracorriente

     Entre los numerosos recovecos que ofrece Internet y a modo de desván o camarote, el lector curioso y quizás un tanto despistado puede acabar encontrándose con el blog o bitácora de Tamarón.
Ese lector que, tal vez desconcertado,franquee la puerta del sitio web, descubrirá entre sorprendido y maravillado un oasis en el que las palabras fluyen dando vida y reflejando no sólo opiniones sino también los numerosos saberes y divertimentos creados por su autor, Santiago Mora-Figueroa, Marqués de Tamarón.
Santiago ha conseguido lo que es el sueño y deseo oculto de muchos apasionados lectores: ha logrado atravesar, como Julio César, el Rubicón y reflejar deseos, sueños, imágenes y pensamientos a través de la palabra escrita. Lo hace con gran maestría y habilidad, y con multitud de registros que reflejan en buena parte las distintas facetas de su personalidad y amplia cultura.
Resulta un placer, altamente recomendable, acompañar a nuestro autor a un paseo por la Sierra de Guadarrama, profundizar en el sentido del liberalismo y los desafíos que plantea la democracia o reconocer en sus preocupaciones algunas de las que pueden asaltar frecuentemente al lector. Otras entradas imprescindibles son las relacionadas con la crítica literaria y sus botones de muestra y, por último, el blog permite disfrutar de El rompimiento de Gloria, una novela para muchos desconocida pero de apasionante lectura y que en ningún caso deja indiferente.
Santiago es inquieto y, pese al éxito de su blog, ha decidido ir más allá y, volver a cruzar un segundo Rubicón, pasando a editar en papel su blog. El resultado es Entre líneas y a contracorriente, tres volúmenes editados la pasada primavera en los que se recogen de manera cronológica todas las entradas de su blog hasta la fecha de edición.
La decisión de Santiago de recoger en papel el contenido de su blog responde, creo, no sólo a su temor a lo fugaz de Internet y lo etéreo de "la nube" sino a una voluntad de facilitar la consulta a todos sus lectores y así lo demuestra el índice de contenidos, que sistemáticamente recoge todas las entradas desde 2008.
Habrá quienes prefieran la bitácora con sus acertadas ilustraciones y la viveza de sus comentarios y quienes, por el contrario, elogien la decisión de Santiago de editar y compilar en tres volúmenes el contenido de estos diez años. A mi modo de ver, es difícil decantarse por una u otra opción ya que ambas pueden ser complementarias y la facilidad y viveza del chat merecen ser recogidas para ser custodiadas no solo en un rincón de Internet sino también en un anaquel de nuestras bibliotecas.


 Mnemósine                       

lunes, 15 de abril de 2019

Entrevista en la Revista Diplomacia

   A continuación aparece la entrevista que amablemente me hizo mi amigo y compañero Domingo de Silos Manso, aparecida en la Revista Diplomacia, Número 117, de Febrero 2019.

   Para leer la entrevista con más comodidad, se puede ampliar el documento pulsando el botón de la esquina superior derecha.





viernes, 1 de marzo de 2019

De libros sobrevalorados y menospreciados (I)


San Jerónimo, por Antonello da Messina, 1474. National Gallery, Londres
San Jerónimo por Marinus van Reymerswaele, 1541. Museo del Prado, Madrid

     Hace cuarenta años disfruté leyendo las impertinencias iconoclastas proferidas por la crema de la inteleztualidá  inglesa, sobre ella misma. El espectáculo lo montó el Times Literary Supplement para celebrar el 75 aniversario de su nacimiento. Hizo un sondeo a algunas de las luminarias de la época sobre "The most underrated and overrated books (or authors) of the past seventy-five years". Estoy buscando la versión original del sondeo, pero mientras la encuentro, aquí se puede ver una versión resumida, también del TLS, del 2017 (https://www.the-tls.co.uk/articles/public/reputations-revisited/). Da gloria leer a alguna vaca sagrada como Vladimir Nabokov destrozar a vacas otrora sagradas como Conrad o D.H. Lawrence.
     Así es que pedí a 77 escritores su opinión sobre las reputaciones literarias y 30 contestaron, como verán ustedes más adelante. Por cierto que cuantos entran en esta bitácora están invitados a añadir sus opiniones en las páginas de comentarios.
     Parece prudente colocar los juicios que siguen bajo el patronato de San Jerónimo (340-420 A.D.). Siendo el máximo filólogo de la antigüedad cristiana, le cabe el honor de haber traducido la Biblia al latín y también el dudoso privilegio de ser el primer crítico literario. No estoy seguro de que se haya molestado en inspirarnos a todos cuantos a continuación opinamos sobre los libros afamados en exceso o escasamente, pero tal vez nos haya evitado mayores tropiezos. 
     Ya en su época había disputas entre eruditos, claro está. Una de las que San Jerónimo sostuvo fue con San Agustín (354-430 A.D.). Versó sobre la traducción correcta al griego y al latín de la palabra usada en el Libro de Jonás para describir una planta llamada en hebreo ciceion, que hoy llamaríamos ricino.
     Sospecho que nuestras controversias literarias podrán algún día parecer tan vanas como las del Siglo IV. Pero no es así. La discrepancia calabaza-hiedra-ricino es extrañamente importante, pues el riesgo de que la Iglesia cristiana de Oriente y la de Roma usasen palabras distintas podía añadirse a otras desavenencias que acabarían dividiendo la Cristiandad. Es curioso que el mismo desacuerdo resurgió mil años después bajo otra forma: Lutero en 1534 tradujo por calabaza lo que Arias Montano en 1572 llamó ricino.
     Al lado de la expresión intensa, exaltada del San Jerónimo de Marinus van Reymerswaele (parece un mago de Tolkien), o del aspecto sereno, apacible, esencialmente cómodo del San Jerónimo de Antonello da Messina (parece un príncipe del Renacimiento), me temo que nuestras opiniones literarias resulten sosas. En fin, ahí van, en tres entregas, los pareceres de los mejores ingenios de esta corte que amablemente han accedido a enviarnos. 
     Léanlos, envíen sus comentarios y opiniones y verán confirmada la sentencia de Horacio, Genus irritabile vatum, raza irritable la de los poetas. Así somos, tanto los vates como los prosaicos. Pero lo imprescindible es no ser aburridos, y ninguno de estos lo es, salvo el último encuestado, vuestro affmo Tamarón.




José Guillermo García-Valdecasas
25 de Enero

Según pienso, el record de escritores injustamente aplaudidos o desdeñados lo tienen las letras ale­ma­nas. No hay en toda la literatura universal otro autor tan malo y cele­bérrimo como Goethe, coetáneo de Kleist y Büchner, dos gigantes de escasa nombradía.  El formidable Keyser­ling (Eduard von) es un desconocido, mientras gozan de so­bra­da fama sus hueros seguidores Hermann Hesse y Thomas Mann.

No opinaré ante ti de ingleses (que admiro sobremanera) o france­ses. La narrativa italiana se sobrevalora, pues sólo ha producido una novela universal (Il Gatopardo). En Ru­sia veo a Chejov, mediocre apreciadísimo. En Es­pa­ña la crítica sólo elogia demasiado a los escri­to­res que dirigen un periódico (y acaban en la Academia).  Pe­ro ignora y proscribe al máximo talento narrativo del XX: J. Mallorquí, autor de El Coyote.

~

Amando de Miguel
26 de Enero

Autores más sobrevalorados: Federico García Lorca (fusilado por los nacionales en la guerra civil) y Valle-Inclán.

Autores más menospreciados: Ramiro de Maeztu y Manuel Bueno (fusilados por los republicanos),  Galdós (llamado el garbancero por Valle-Inclán), a raíz de que un gran personaje suyo, Máximo Manso, era aficionado al garbanzo. Fue por envidia.

~

Álvaro Delgado Gal
27 de Enero

Voy a restringirme a la literatura en español. Ampliar el espectro sería perderse en el océano. Ahí van mis respuestas:

Se ha concedido a “Cien años de soledad” un valor excesivo. El libro está diestramente escrito, pero es infantil. Imitar su estilo, es condenarse a repetir tópicos: imágenes congeladas, sin desarrollo posible.

“Fortunata y Jacinta”, aunque apreciado, es más de lo que la crítica piensa. Se trata, en efecto, de la segunda mejor novela española después del “Quijote”. Galdós murió demasiado tarde. Ha sido víctima de algo tan pueril, y a la vez tan decisivo, como el cambio de gusto.

~

Jon Juaristi Linacero
27 de Enero

En general, creo que las vanguardias europeas del siglo pasado han sido muy sobrevaloradas, Y el libro más insoportable que conozco es el Livro do desassosego, de Bernardo Soares/ Fernando Pessoa.

Me parece, también en general, que la poesía española del XVIII no es suficientemente valorada (Meléndez Valdés, Jovellanos, Cienfuegos, Cadalso, Trigueros). Puede ser una manía personal, pero son mis maestros.

~

Serafín Fanjul
28 de Enero

Sobrevalorados:

W. Churchill, Joyce, Mérimée,, Chateaubriand, Günter Grass, Jorge Amado, Juan Goytisolo, J. J. Millás, Sánchez Ferlosio, Caballero Bonald, Echegaray, Alejandro Casona, Naguib Mahfuz, Adonis, 'Abd al-Wahab al-Bayati, Jorge Edwards, E. Galeano, M. Benedetti, Dulce Mª Loynaz, Bob Dylan, Noah Gordon.

Infravalorados:

Casi todos los clásicos grecolatinos, medievales (españoles  y europeos) y del Siglo de Oro. Y además:  Álvaro Cunqueiro, Torrente Ballester, Blanco Amor, M. Delibes, Nicolás Guillén, Horacio Quiroga, Ricardo Güiraldes, Manuel Gálvez, Eustasio Rivera, Roa Bastos *, Jorge Icaza.

* - A Roa Bastos sigo considerándole un gran escritor pese a haberle oído soltar, en La Habana, en enero de 1992 , un panfleto antiespañol estomagante ,cuando vivía en España y ya había conseguido la nacionalidad española. Por exigencias del guión - supongo - como tantos hispanos de allá , acudió al argumento fácil y que se esperaba de él; después volvería a Madrid y seguiría con la matraca de la Madre Patria, aunque últimamente hemos perfeccionado el sistema y traemos a hispanoamericanos de paseo para que nos zahieran aquí mismo, así ahorramos tiempo y esfuerzos.

Sobre los cientos, o miles, de escritores importantes no mencionados puedo decir que:

O me parece bien la conceptuación en que se les tiene, o no tengo los suficientes elementos de juicio para opinar, o los considero tan deleznables que no vale la pena ni recordarlos (un solo ejemplo: Antonio Gala). Aquí también estaría toda la pléyade de pitufos (y pitufas) que pululan por los premios, los medios de comunicación y la moda más pelmaza.

~

Carmen Posadas
29 de Enero

¿Qué autores o libros le parecen  más sobre valorados?
En realidad son tantos que no sé ni por dónde  empezar. En la  actualidad, Karl Ove Knausgärd y su agotadora novela  Min Kamp, (Mi lucha) También  cualquiera de las  últimas novelas  de Paul Auster, autor favorito de todos los papanatas literarios que conozco. Para mí otro autor que tiene algunas novelas  que están muy sobrevaloradas es Stefan Zweig.

¿Quiénes son los autores o novelas más  menospreciadas?
Considero  poco valorada a Edith Wharton . A pesar de que  algunas de sus novelas han tenido   éxito comercial, sobre todo gracias al cine, no tiene el reconocimiento que  merece.
Lo mismo  le ocurre a Teresa de la Parra (París 1889-  Madrid 1936) autora de Efigenia;  a  Elena Castedo (Barcelona 1937)  autora de El Paraíso y a  mi compatriota  Felisberto Hernández  (1902-1964)

~

Carlos Rodríguez Braun
29 de Enero

El libro más sobrevalorado:
On Liberty de John Stuart Mill (1859). Universalmente considerado un estandarte liberal, es una obra confusa, que defiende una cosa y la contraria, y que cabe esgrimir para socavar derechos y libertades.

El libro más menospreciado:
Two Lectures on Population de Nassau William Senior (1829). Sostuvo, en contra de Malthus, que la población no iba a crecer hasta agotar la comida, y que la agricultura podría alimentar a muchas más personas con mucho menos peso en el PIB. Nadie le hizo caso y el bobo alarmismo demográfico continuó hasta nuestros días. 

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José María Beneyto Pérez
29 de Enero

De entre los autores más sobrevalorados y que merecerían ser objeto de un arrollador silencio, pero que no deja de ser cacareada señalaré a Elena Ferrante, que ha hecho del juego de ocultar su identidad un pasatiempo que aburre mucho. De entre los olvidados, un "demoledor de edificios", León Bloy. Otro gran olvidado, Herman Broch, sobre todo "La muerte de Virgilio", y Barbey D'Aurevilly, Les diaboliques, el Saul Bellow de "Herzog", o el Müjica Laínez de "Bomarzo". Para mandar al más profundo baúl de los olvidos, Ruiz Zafón, y sobrevalorados el chico del verdadero detective, Bolaño, también pienso que Umberto Eco. Y no suficientemente releído, un grande, Alejo Carpentier. 

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 Jaime Olmedo
30 de Enero

¿Quiénes le parecen los autores o los libros más sobrevalorados?
En general, todos aquellos autores u obras que han hecho de la deconstrucción novelesca su seña de identidad. Por ejemplo, Juan Benet, de quien sorprende la alta consideración que se tiene de un narrador que no supo compensar con la amenidad la voladura de todos los elementos constitutivos de una narración.

¿Quiénes le parecen los autores o los libros más menospreciados?
Por contraposición, todos aquellos que defienden planeamientos asentados sobre los principios narrativos que hacen de la novela el relato de una aventura y no la aventura de un relato, por decirlo con Jean Ricardou. En este caso, tras un siglo de “prolongado y fastuoso suicidio”, como lo llama Compagnon, son legión los autores injustamente menospreciados.

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José Antonio Martínez Climent
30 de Enero

¿Quiénes le parecen los autores o los libros más sobrevalorados? 

Diría uno que Céline es el escritor más cargante que ha leído. Del filo que le ven uno sólo recibe una roma vulgaridad autocomplaciente. Dostoyevski, por haber confundido el informe psiquiátrico con la literatura, le anda a la zaga. Inhóspita nos parece también la literatura norteamericana en general hasta que la redimió Nabokov, y aquejado de aridez vemos el solar ibérico contemporáneo por soso e ideologizado, salvo notables y bellas excepciones (J. Lozano, I. Peyró, J. Escobar…)      
¿Quiénes le parecen los autores o los libros más menospreciados? 

El mejor escritor que uno ha leído fue un viejo maderero finlandés. Escribía largas notas de perfecta caligrafía y generoso vocabulario (relativas a la cría del Cárabo Uralense, al estado de la nieve, a los tipos de silencio o de verdor que le servían para orientarse…) con hollín de una hoguera hecha para la ocasión, en el fino tronco de algún abedul arqueado, cortado a lo largo. Era un Proust-Frazer-Delibes de la taiga que vivía con su madre ciega en el corazón de un bosque por el que paseaba con un enorme machete. También merecedores de mayor gloria literaria: J. G. Frazer, Casanova, Calasso, Ligne, Benet, Steiner, Jünger, Larbaud, Lozano, Santayana, Biely, Huizinga…
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Darío Villanueva
1 de Febrero

Sobrevaloraciones desde el alfa, Sully Prudhomme, al omega (hasta hoy): Bob Dylan. Por medio, ¡ay!, Echegaray, pero también Pearl S. Buck, Dario Fo... En cambio, menosprecio a Vicente Huidobro, que estuvo en la palestra pero fue desechado por excesivamente vanguardista. Aparte, en este registro, dos manías personales: Jules Romains, el autor de ese soberbio fresco de la Francia y la Europa de entreguerras que es LES HOMMES DE BONNE VOLONTÉ, y nuestro Benjamín Jarnés. 

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José M. de Areilza Caravajal
3 de Febrero

Sobrevalorados:
Michel Houllebecq, deprimente, tosco, incapaz de cualquier ironía. Jorge Luis Borges, mejor poeta que prosista, mejor lector que escritor.

Infravalorados:
Louis Auchincloss, un observador realista y sabio del poder y de la naturaleza humana. Michael Ignatieff, el mejor educador de políticos de nuestro tiempo.

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Helena Cosano Nuño
4 de Febrero

Lo más sobrevalorado: todo el Nouveau Roman me parece aburridísimo.

Más menospreciado: la literatura de humor. Woodehouse por ejemplo me parece un genio a quien no se reconoce en su justa medida!

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