Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: 2015

lunes, 21 de diciembre de 2015

Felices Pascuas

Madonna della Candeletta
por Carlo Crivelli,
1490

Felices Pascuas a todos o mejor dicho está aquí por Haendel y con música:



Enlace relacionado:
Aleluya

martes, 1 de diciembre de 2015

Vinieron los sarracenos...


     Anteayer Domingo se publicó un sondeo de opinión (diario El Mundo, 29 de Noviembre de 2015) cuyos resultados parecen reveladores, aunque no me atrevo a deducir qué revelan. El 83 % de los españoles cree posible un atentado yihadista en territorio nacional, como el de París. El 54 % rechaza una implicación española directa en la operación militar de la coalición en Siria. El 35 % sí cree que España debe sumarse a dichas operaciones militares.

     Así pues, la situación parece clara. En su mayoría, los españoles no estamos dispuestos a defendernos.

     El problema no es de tal o cual partido político. En rigor no lo es de ningún partido político. Tampoco de la disposición de los militares (salvo alguna excepción de ex militar). El problema estriba en los sentimientos, pensamientos y actitudes más hondos y extendidos de nuestros compatriotas. Pues ocurre que una democracia consiste precisamente en hacer lo que la mayoría quiera. Y la mayoría de los españoles está indicando de forma inequívoca que no quiere defenderse. Otra cosa es que los gobiernos y en general el poder legislativo tengan obligación de cumplir con los deseos de la opinión pública. No la tienen, constitucionalmente.

     Pero las consecuencias de no acatar la voluntad del Demos son evidentes en las urnas e incluso en la calle. Huelga recordar que las urnas están a la vuelta de la esquina y las calles incluso antes de la esquina. También sobra añadir que la "Paz con Honor" que Chamberlain dijo traer de Munich en 1938 hizo perder ambas cosas, pero entre aclamaciones entusiastas del pueblo británico. A punto estuvo éste de suicidarse, y se salvó por la terquedad de Churchill, un simple diputado que no había sido elegido por sufragio universal para ser Primer Ministro, y al que el mismo noble pueblo británico despidió sin contemplaciones en cuanto pudo hacerlo. Es decir en cuanto Churchill hubo ganado la guerra.

     Convendría que todos recordásemos, ya que no cantares de gesta, al menos coplas de ciego como ésta:
Vinieron los sarracenos
y nos molieron a palos,
que Dios ayuda a los malos
cuando son más que los buenos.
     Dicen muchos que es letrilla cínica. Tal vez no. La vieja construcción sintáctica son más que, puede llevar implícito otro término tal que, en este caso, alentados. Muchos pensarán que eso tan sólo se puede guardar como esperanza, pero algo es algo. Habrá que aspirar, al menos, a ser más resueltos que los malos. A Dios rogando y con el mazo dando.

martes, 17 de noviembre de 2015

Carta de un padre sobre la Marsellesa

     Un padre, tan enemigo de los terroristas del DAESH de hoy como de los del Terror Rojo de 1793, ha escrito hoy esta carta a la maestra de su hija en el Liceo:

Madrid, 17 novembre 2015
  

     Madame,

     Votre programme musical, qui soulevait mon enthousiasme il y a dix jours, provoque cette semaine ma consternation. Vous avez demandé à ma fille et à ses camarades de chanter :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

Il y a quatre jours, un groupe de fanatiques a abreuvé les pavés de Paris du « sang impur » des « ennemis de l’Islam » dans le même quartier où, deux siècles plus tôt, la guillotine à répandu le « sang impur » des « ennemis de la Nation ».

Aujourd´hui les enfants de CM2C chanteront :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

Ma fille porte dans ses veines une bonne dose de « sang impur », comme le portent sans doute la plupart des enfants français de votre classe et probablement vous-même, car les victimes de la Révolution furent nombreuses, et les « aristos » n’en constituèrent qu’une toute petite minorité.

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

J’ai par hasard près de moi les mémoires d’une ancêtre, née en 1789, petite-fille de Malesherbes. Malesherbes, connu pour avoir protégé les Encyclopédistes et fait campagne pour l’émancipation des Juifs et des Protestants et pour l’abolition des lettres de cachet, se porta volontaire pour prendre la défense de Louis XVI à son procès. Le Roi lui répondit : « Votre sacrifice est d’autant plus généreux que vous exposez votre vie et que vous ne sauverez pas la mienne ».

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

En décembre 1793, Malesherbes fut arrêté avec tous les membres de sa famille qui ne parvinrent pas à fuir, comme « conspirateur ». Parmi ces « conspirateurs » se trouvait une nièce de onze ans, l’âge de certains de vos élèves qui aujourd´hui chanteront :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

La petite-fille de Malesherbes, qui avait à l’époque quatre ou cinq ans, raconte dans ses mémoires que les crieurs vinrent sous les fenêtres de la maison qu’elle habitait avec ses sœurs et ordonnèrent à des scieurs de pierres qui y travaillaient d’interrompre leur activité « afin que les petites aristocrates entendent la liste de leurs parents condamnés ».

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

Le 22 avril 1794, Malesherbes monta sur l’échafaud en compagnie de sa fille, son gendre et sa petite-fille dont il vit tomber les têtes avant que la sienne fut tranchée.Si l’histoire de Malesherbes vous émeut un peu je vous épargne celle d’une autre branche de ma famille, à Lyon, où Fouché se chargea des exécutions avec un zèle exceptionnel. Aujourd’hui leur descendante chantera avec un enthousiasme puéril :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

Je me doute bien que vous ne prétendez pas inciter les enfants au génocide. Si la République a conservé ces paroles barbares dans son Hymne, vous n’y pouvez rien. Mais parfois il est bon de remettre en cause certains symboles nationaux. En Allemagne on ne ferait pas chanter à des élèves, juifs ou « aryens » :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »


Bien à vous,

     Reproduzco esta carta con permiso de su autor y sin mencionar nombres, por motivos evidentes. Pero me atrevo a decir que la suscribiría si pudiese.

martes, 10 de noviembre de 2015

Botones de muestra XXIX

Escudo heráldico del Cardenal Newman

     Durante los siglos XIX y XX hubo muchas conversiones al catolicismo de personalidades relevantes británicas, que pasaron de sus orígenes anglicanos a la fe católica con una curiosa mezcla de lucha espiritual y a la vez facilidad natural, como la de quien vuelve a su casa tras un paseo de siglos por parajes no del todo gratos.

     En el ánimo de todos están el Cardenal Manning, G. M. Hopkins, Maurice Baring, Graham Greene, Evelyn Waugh, Alec Guinness y, el más reciente converso, Tony Blair. Sin embargo, los más interesantes a efectos teológicos tal vez sean el Cardenal John Henry Newman y el poeta, ensayista y novelista G. K. Chesterton. Sobre estos dos personajes señeros del catolicismo inglés se han publicado sendos ensayos que inciden muy en especial en la devoción por la Virgen María, de Newman en su periodo anglicano y de Chesterton durante toda su vida. Ambos están escritos por Don Javier de Mora-Figueroa, que lleva muchos años interesado en estos temas. En su trabajo sobre Las letanías en la poesía de Chesterton, desarrolla con especial detalle unos poemas reunidos bajo el título de The Queen of Seven Swords (La Reina de las siete espadas):
"Las Siete Espadas de Dolor que atraviesan el corazón de María cuando se vuelve testigo del sufrimiento de su hijo se transfiguran en siete santos de Europa en la visión poética de Chesterton (Santiago de España, San Dionisio de Francia, San Antonio de Italia, San Patricio de Irlanda, San David de Gales, San Andrés de Escocia y San Jorge de Inglaterra). [...] 
Es una alegoría de la defensa de la fe que se centra en la mirada que cada santo tiene de su nación: Santiago fortalece sus ojos con penurias; San Dionisio vuelve fieros sus ojos por la fiebre; San Antonio se ciega por los resplandores que ve; San Patricio aviva sus ojos por la rabia; David de Gales endurece sus ojos por el horror; en San Andrés sus ojos se vuelven tímidos por los secretos que conocen; y los ojos de San Jorge se sellan por el sueño. [...] 
... cada uno admite los fallos de su propia historia, para pedir auxilio a la Virgen. Santiago de España narra la dureza de la dominación musulmana y cómo después de la Reconquista se perdió esa fortaleza en la defensa de la fe y clama "Reina, no olvides lo que todos han olvidado: que aquella batalla la ganamos"."
(Op. cit. pg. 304)

     Respecto a esto último -el poema dedicado a Santiago de España- me parece que por los tiempos que corren no sobra reproducir enteros los vigorosos versos que Chesterton dedica a St. James of Spain, y si los dejo en su versión original inglesa y no los traduzco al español quizá sea tanto por la dificultad de hacerlo con rima y métrica correctas (quién pudiera, como otras veces, pedir ese trabajo a mi amigo Fernando Ortiz, que en Paz descanse) como por dejar el valeroso romance en "the obscurity of a learned language", que diría Edward Gibbon:
St. James of Spain 
Mine eyes were strong with sorrows; none other blood shall say
What lay on my heart for a hundred years ere the stone was rolled away,
When crushing the vines and statuary, the rock of Mahound was hurled,
Featureless, faceless, enormous; the rolling stone of the world.
The haters of wine, the horsemen, came on us like night at noon.
The veiled knights with the crooked swords that sware by the crooked moon.
We endured to go down under darkness, beholding, as men that die,
The name of their God of Battles scrawled backwards across the sky. 
Queen, if our gold rotted what no man’s iron could rend,
Bronzed gold, dark wine of the dust; if we stiffened and stood at the end
A gilded skeleton army brittle and brown in the sun,
Forget not what all have forgotten; this field was won.
     En esta serie de santos patronos de algunas de las grandes naciones cristianas de Europa el broche melancólico pertenece a San Jorge, triste por no haber sabido defender hasta el final a la princesa que en su día salvó del dragón:
Más patético, si cabe, es el parlamento de San Jorge de Inglaterra. El caballero que venció al dragón abandonó a la princesa, robó su dote (quizá una alusión al viejo título de Inglaterra como Dote de María). Y se dirige al Espejo de Justicia pidiendo que los despierte. "Los que amábamos te hemos fallado. Tú no nos falles a nosotros".
(Op. cit. pg. 305)
     El texto original de los tres cuartetos dedicados a San Jorge es éste:
St. George of England 
Mine eyes were sealed with slumber; I sat too long at the ale.
The green dew blights the banner; the red rust eats the mail.
And a spider spanned the chasm from the hand to the fallen sword,
And the sea sand me to sleep; for it called me lord 
This was the hand of the hero; it strangled the dragon’s scream,
But I dreamed so long of the dragon that the dragon was a dream;
And the knight that defied the dragon deserted the princess.
Her knight has stolen her dowry; she has no redress. 
Mirror of Justice, shine on us; Blaze though the broad sky break
Show us our face though it shatter us; shatter and shake us awake!
We were not tortured of demons, with Berber and Scot,
We that have loved have failed thee. Oh, fail us not!
     Don Javier de Mora-Figueroa concluye con melancolía pero también con esperanza:
Los siete juntos reconocen que perdieron sus espadas en la batalla.
(Op. cit. pg. 305)
     Se comprende que la poesía tanto como la prosa de Chesterton atrajese por igual a correligionarios o adversarios: G. B. Shaw el irlandés ateo, George Steiner el judío agnóstico, Borges el argentino reaccionario y descreído o H. G. Wells el socialista deísta sin religión positiva, todos fueron o son admiradores de su obra. Y probablemente, confesándolo o no, de su personalidad arrolladora.

Cardenal Newman por John Everett Millais
© National Portrait Gallery, Londres
     Pocos hombres habrá más distintos por su aspecto y su temperamento que el exultante y robusto Chesterton y el enjuto asceta Newman. Pero ambos muestran en su obra una ferviente devoción mariana y, me atrevo a añadir, que no sólo por motivos doctrinales sino con un fondo de ternura romántica que emociona al lector.

     En su ensayo sobre La mariología del periodo anglicano de John Henry Newman, Don Javier de Mora-Figueroa pone de manifiesto la sutileza y el realismo con el que Newman analiza ciertos aspectos del culto mariano, citando un fragmento de su carta al Reverendo E. B. Pusey en 1864, cuando Newman ya era católico y Pusey seguía en el Oxford Movement pero sin dar el paso definitivo a Roma:
“¿Qué madre, qué marido o esposa, qué joven o doncella enamorados no dicen miles de tonterías para demostrar su cariño? Quien las dice sentiría mucho que las oyeran los extraños, pero a quienes van dirigidas esas frases las reciben con agrado… Así sucede con la devoción. Pensamientos y palabras ardientes están tan abiertos a la crítica como están más allá de ella. Lo que es extravagante de modo abstracto, puede ser apropiado y bonito y sólo se rechaza cuando se encuentra en otros que lo imitan. […]”
     Escribe a este propósito Don Javier de Mora-Figueroa esto:
Ex umbris et imaginibus in veritate: este epitafio escrito por él mismo puede resumir perfectamente la evolución del pensamiento de Newman sobre la Virgen. Desde sus tiempos de protestantismo evangélico, pasando por su periodo anglicano, hasta llegar a Roma, Newman fue aumentando su fe y su devoción acerca de María.”
     El epitafio quiere decir Desde las sombras y los fantasmas hacia la verdad. Para completar su sentido hay quien lo relaciona con la alegoría de la Caverna platónica. En todo caso resulta hermoso y misterioso, quizá un milagro más de la Virgen María, comprobar que hoy el Beato John Henry Newman (beatificado en 2010 por Benedicto XVI) es venerado en la Iglesia Católica con su día de fiesta el 9 de Octubre y también lo es en la Iglesia Anglicana el 11 de Agosto.

     Así es que la vida y el pensamiento del Cardenal Newman fueron fieles al lema que él escogió para su escudo de armas cardenalicio, Cor ad Cor Loquitur. O sea, El Corazón habla al Corazón.




La mariología del período anglicano de John Henry Newman
Por Javier de Mora-Figueroa
In: Scripta de Maria, Serie II, número VII
Santuario de Torreciudad, 2010














Las letanías en la poesía de Chesterton
Por Javier de Mora-Figueroa
In: Scripta de Maria, Serie II, número XII
Santuario de Torreciudad, 2015

Enlaces relacionados:
Botones de muestra (XV): Maurice Baring y Javier de Mora-Figueroa
Lepanto y sus milagros

viernes, 23 de octubre de 2015

Llega el futuro

Es triste acertar cuando se otea el horizonte del cambio histórico. Seguro que la misma Casandra sintió más dolor que vanidad satisfecha cuando vio que del Caballo de Troya salían los enemigos aqueos que acabarían con la ciudad.
Pues bien, he aquí un pronóstico de algo tan próximo que parece presente ya:

There are, as I have said, things that western states can do to arrest their own institutional degeneration. But I do not believe that institutional reforms alone will suffice to solve the fundamental imbalances that we see today: the imbalance between an ageing Europe and a youthful Muslim world; the imbalance between a post-Christian Europe—secularised and unbelieving—and an increasingly devout Muslim world; the imbalance between a fundamentally safe and just Europe and a dangerous, lawless Muslim word; above all, the imbalance between a Europe that is failing to create sufficient employment even for its own relatively well educated inhabitants and a poorly educated Muslim world, to whom even the benefits paid to asylum claimants represent an improvement in living standards.
[…]
My final question is a stark one: is Europe today any better equipped to withstand the new ideological plague of Islamic extremism, and all that follows in its wake, not least the inevitable populist backlash? In the absence of radical institutional reform to reverse the great degeneration, and without a revival of belief in the values of western civilisation itself, I doubt it. From the outside, Europe may continue to look attractive. But on the inside I fear it is only going to get uglier.
(Niall Ferguson: The degeneration of Europe, Prospect Magazine, November 2015)

 

Es de suponer que el Profesor Ferguson ve con angustia el futuro inmediato que vislumbra. Debe de verlo con más claridad aún que la que hace diez años presentaba el porvenir, por lo menos a mis ojos:

 

         La civilización del vacío

La mezcla más mortífera de pasiones es la envidia entreverada con desprecio, dice Toynbee. Se refiere a pasiones esencialmente políticas, puesto que atañen a los fundamentos del gobierno de la polis. El historiador veía en esa amalgama la causa principal de la caída de las civilizaciones y elabora un esquema general arrancando del estudio detallado del caso de lo que llama Civilización Helénica y otros llamarían civilización grecorromana o clásica.
Entiende que con la decadencia del Imperio Romano surgen dos proletariados, uno externo y otro interno. El primero está constituido por las naciones y tribus bárbaras de la periferia, pueblos que han dejado de admirar a Roma como modelo político, religioso y cultural y que apenas son mantenidos a raya por la fuerza militar de las legiones. En cuanto al proletariado interno, también por lo general de origen bárbaro, siente hondo resentimiento hacia sus amos, en los que no ve ninguna superioridad moral. Pero ambos proletariados -recuérdese que Toynbee no emplea la palabra en el sentido marxista- sienten tanta envidia como desdén hacia la hegemonía social y económica de Roma: ansían las riquezas y el poderío de los decadentes. De ahí la paradoja explosiva en las entrañas de Roma, una masa hirviente e inasimilada que no comparte el sistema oficial de valores pero codicia lo inasequible, todo ello rodeado de pueblos hostiles.
El desenlace de aquella situación es de sobra conocido. Lo que no sabemos -y mucho importaría saber- es si nuestra sociedad occidental moderna lleva el mismo camino. Parece que sí, mas acaso se pueda aún desandar el camino recorrido. Para ello habría que empezar por afrontar la realidad y dejar de hacer como el avestruz. Europa Occidental lleva casi medio siglo tomando ciertas decisiones cruciales por acción o por omisión, sin pararse a pensar en sus posibles consecuencias. Me refiero a los enormes movimientos migratorios de los últimos tiempos. Quizás eran y siguen siendo imprescindibles e incluso beneficiosos para todos, pero no lo sabemos, pues el debate público, informado y sosegado ha sido escasísimo.
Ha habido, eso sí, griterío. Ocurría, sin embargo, que los gritos rara vez mencionaban lo que podía resultar dialécticamente incómodo, no ya para el gritador sino incluso para su antagonista. Por eso se daban por buenas ciertas premisas harto discutibles.
La primera premisa -siempre tácita, nunca expresa- era que la economía moderna tan sólo puede funcionar si el Producto Mundial Bruto aumenta constantemente, para lo cual ni siquiera basta con un aumento del consumo de una población estable sino que hace falta crecimiento demográfico. Dado que en los países como España no hay fertilidad suficiente en la población autóctona, la inmigración se veía como una necesidad ineludible. Huelga decir que si aceptamos esa visión de la economía como un alud en necesario y perpetuo crecimiento, nos podemos ahorrar ulteriores disquisiciones, puesto que nos reconocemos condenados a destruir nuestro planeta.
La segunda premisa era negativa y consistía en nunca preguntarse si se podía hablar de falta de mano de obra cuando la tasa de paro oscila entre el 10% y el 25% durante el último cuarto de siglo. Es cierto que las respuestas podían turbar la paz social: mencionar la codicia de los ricos y la pereza de los pobres hubiera sido cosa de mal gusto, pero el hecho es que los empresarios prefieren importar mano de obra barata y dócil a dar trabajo a quienes viven bastante bien con los subsidios y trabajarían de muy mala gana, y que los trabajadores en paro prefieren que se abran las fronteras a la inmigración mientras ellos conserven sus subsidios. Ambos comportamientos son racionales, aunque miopes.
La tercera premisa suponía la imposibilidad -unos decían que física, otros que moral­­- de parar la inmigración ilegal. No era políticamente correcto censurar la indecisión política o la incompetencia de los vigilantes.
Y, por último, la presunción más pueril y suicida: creer por sistema que los actos carecen de consecuencias, que violentar el artículo 3 de la Constitución atribuyendo un papel internacional impropio al catalán no va a obligar a hacer lo mismo algún día con el árabe, que la consagración del matrimonio homosexual no puede acarrear la de la poligamia y la poliandria. O que la inacción ante la inmigración ilegal y la delincuencia no va a alumbrar un nuevo partido político similar al Frente Nacional en Francia, cuyo nacimiento sería de consecuencias incalculables para los partidos tradicionales de izquierdas y de derechas.
Ha sido necesario sufrir oleadas de delincuencia y terrorismo para atreverse a ver el presente y a pensar en el porvenir. Hoy en casi toda la Europa Occidental se considera urgente reducir al mínimo la inmigración y a la vez integrar a los inmigrantes ya admitidos de hecho o de derecho.
Lo primero parece factible si hay voluntad política para ello, cosa que aún falta en España. Lo segundo se ve cada vez más arduo, y no necesariamente -o no tan sólo- por resistencias de los inmigrantes a integrarse en sus nuevos países de residencia. De hecho el mayor obstáculo a tal integración es la falta de un terreno social y espiritualmente fértil donde puedan aclimatarse quienes llegan de muy lejanos climas culturales. Lo que a muchos inmigrantes les ocurre no es que no quieran integrarse, es que no encuentran dónde. Tenemos que afrontar una realidad incómoda de admitir: nuestras sociedades opulentas postmodernas constituyen un vacío axiológico casi perfecto. Y digo casi porque todos los valores -los conservadores y los de izquierdas, los religiosos, los morales y los estéticos- se han convertido en uno solo, el dinero al servicio del ansia de consumo. Ahora bien, en un vacío donde solamente resuena el tintineo de unas cuantas monedas es muy difícil integrarse, y muy fácil pensar que se puede agarrar las monedas y desentenderse de la llamada “sociedad de acogida”.
Imaginemos a un inmigrante musulmán cualquiera, a uno de los millones que viven o malviven en la Europa opulenta tras superar las dificultades propias de desarraigos y viajes más o menos legales. Un día ve por la televisión cómo sale de la cárcel con permiso un sujeto al cabo de muy pocos años de haber violado y asesinado a una niña, mientras un médico explica que con toda seguridad ese sujeto volverá a intentar crímenes iguales. Asqueado, el inmigrante cambia de programa. En otro, escucha a un sociólogo explicar la obsesión por mantener el velo de las mujeres musulmanas, símbolo de la resistencia primitiva contra el progreso. El inmigrante apaga la televisión y se alista en alguna organización que a usted, lector, y a mí no nos gusta nada. Pero es que él cree en terribles durezas premodernas y nosotros no creemos ni siquiera en nuestras blanduras postmodernas.
No, no es posible que se integre en un vacío. Y tampoco es posible la alianza entre una civilización áspera y la civilización del vacío, por muchas ansias infinitas de paz que tengamos.
Marqués de Tamarón
(Publicado en el ABC, Madrid, el 8 de Enero de 2005)


sábado, 10 de octubre de 2015

Mariano Ucelay de Montero




      Mariano Ucelay de Montero murió el pasado Domingo 4 de Octubre de 2015 en Madrid, donde había nacido en 1936. Me parece justo pagar con tristeza los muchos ratos de alegría que se han tenido con un amigo; eso es lo que llamamos el duelo. Pero sabemos que es ley de vida el que a la larga siempre cobren más fuerza los buenos recuerdos que las memorias tristes. Algún día escribiré algo sobre nuestras bromas y veras de jóvenes diplomáticos en París, hace más de cuarenta años. Hoy no.

      Mas quiero pagar, tarde y mal, una deuda reciente. Hace meses que comenté con él varios gozos y angustias de la traducción. Vinimos a dar con el poema If (Si...) de Kipling, que Mariano había traducido magistralmente en 1995. Buscamos otras versiones en español (donde la única otra aceptable es la de Miquelarena) y en francés, donde la más libre es la de André Maurois. Le pedí permiso a mi amigo para publicar su versión en esta bitácora, junto con el original y otras traducciones. Asintió de buen humor al careo. Y yo luego me olvidé. Me olvidé del asunto que bien mirado es el único importante en la vida: si al odio no respondes con más odio, y encima / no te las das de justo, ni de sabio al hablar.

      Por eso, y porque sé que Mariano Ucelay en más de una ocasión debió de acudir -porque debió acudir- a los consejos estoicos de Kipling, es de justicia publicar ahora, con urgencia, el original de Kipling y la traducción de Ucelay, seguidos de la versión anterior de Miquelarena así como la de Maurois.

      Aquí están:


If

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don’t deal in lies,
Or being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise:

If you can dream—and not make dreams your master;
If you can think—and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same;
If you can bear to hear the truth you've spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build ’em up with worn-out tools:

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: “Hold on!”

If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with Kings—nor lose the common touch,
If neither foes nor loving friends can hurt you,
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And—which is more—you’ll be a Man, my son.

Rudyard Kipling, 1895


IF...

Si sabes guardar firme la cabeza en los hombros
cuando todos la pierden y por ello te culpan,
si en ti mismo confías cuando otros de ti dudan,
mas eres indulgente también con su dudar;
si esperar sabes siempre, sin cansarte en la espera,
y en falacias no incurres, aunque de ti las digan;
si al odio no respondes con más odio, y encima
no te las das de justo, ni de sabio al hablar;

Si al soñar no te dejas dominar por los sueños
ni es sólo el pensamiento tu objetivo al pensar;
si eres capaz de habértelas con el Triunfo y la Ruina
y a entrambos impostores dar trato parigual;
si no te desanimas al oír tus verdades
trastrocadas por pillos como trampa de incautos;
si al ver rotas las cosas que ocuparon tu vida
con tus gastados útiles las vuelves a empezar;

Si eres capaz un día de arriesgar tus ganancias
al albur de una sola jugada a cara o cruz,
y perder, y de nuevo tornar a tus comienzos
sin musitar palabra por todo lo perdido;
si puedes obligar corazón, nervio y fibra
a responder muy luego de haberlos agotado,
y así aguantar aún, cuando en ti nada queda
salvo tu voluntad, que les ordena: "¡Aún más!"

Si el decoro conservas al hablar con la plebe
y entre reyes no pierdes tu sentir del común;
si no pueden amigos ni enemigos herirte
y todos, mas no en todo, pueden contar contigo;
si llenar, en fin, sabes el minuto postrero
con sesenta segundos de andadura cumplida,
tuya es la Tierra y tuyo cuanto la Tierra encierra
y, lo que es más, ya eres todo un Hombre, hijo mío.

Traducción de Mariano Ucelay de Montero, 1995



Si

Si guardas, en tu puesto, la cabeza tranquila
cuando todo a tu lado es cabeza perdida. 
Si tienes en ti mismo una fe que te niegan 
y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan. 
Si esperas, en tu puesto, sin fatiga en la espera; 
si, engañado, no engañas; si no buscas más odio 
que el odio que te tengan… 
Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres;
si, al hablar, no exageras lo que sabes y quieres.

Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo;
si piensas y rechazas lo que piensas en vano. 
Si tropiezas al Triunfo, si llega tu Derrota,
y a los dos impostores los tratas de igual forma. 
Si logras que se sepa la Verdad que has hablado
a pesar del sofisma del Orbe encanallado. 
Si vuelves al comienzo de la obra perdida
aunque esta obra sea la de toda tu vida.

Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría, 
tus ganancias de siempre a la suerte de un día; 
y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea
sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era. 
Si logras que tus nervios y el corazón te asistan, 
aun después de su fuga de tu cuerpo en fatiga;
y se agarren contigo cuando no quede nada 
porque tú lo deseas y lo quieres y mandas.

Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud.
Si marchas junto a Reyes con tu paso y tu luz. 
Si nadie que te hiera llega a hacerte la herida.
Si todos te reclaman y ni uno te precisa. 
Si llenas el minuto inolvidable y cierto, 
de sesenta segundos que te lleven al cielo… 
Todo lo de esta Tierra será de tu dominio;
y mucho más aún: serás Hombre, hijo mío.

Traducción de Jacinto Miquelarena


Si

Si tu peux voir détruit l'ouvrage de ta vie
Et sans dire un seul mot te mettre à rebâtir,
Ou perdre en un seul coup le gain de cent parties
Sans un geste et sans un soupir ;
Si tu peux être amant sans être fou d'amour,
Si tu peux être fort sans cesser d'être tendre,
Et, te sentant haï, sans haïr à ton tour,
Pourtant lutter et te défendre ;

Si tu peux supporter d'entendre tes paroles
Travesties par des gueux pour exciter des sots,
Et d'entendre mentir sur toi leurs bouches folles
Sans mentir toi-même d'un mot ;
Si tu peux rester digne en étant populaire,
Si tu peux rester peuple en conseillant les rois,
Et si tu peux aimer tous tes amis en frère,
Sans qu'aucun d'eux soit tout pour toi ;

Si tu sais méditer, observer et connaître,
Sans jamais devenir sceptique ou destructeur,
Rêver, mais sans laisser ton rêve être ton maître,
Penser sans n'être qu'un penseur ;
Si tu peux être dur sans jamais être en rage,
Si tu peux être brave et jamais imprudent,
Si tu sais être bon, si tu sais être sage,
Sans être moral ni pédant ;

Si tu peux rencontrer Triomphe après Défaite
Et recevoir ces deux menteurs d'un même front,
Si tu peux conserver ton courage et ta tête
Quand tous les autres les perdront,
Alors les Rois, les Dieux, la Chance et la Victoire
Seront à tous jamais tes esclaves soumis,
Et, ce qui vaut mieux que les Rois et la Gloire
Tu seras un homme, mon fils.

Traducción de André Maurois, 1918

      Sirva, pues, lo que antecede de epitafio estoico de un hidalgo cristiano que supo conservar el decoro al hablar con la plebe y entre reyes no perder su sentir del común.


Enlace relacionado:
Botones de muestra (XIII): Mariano Ucelay de Montero

jueves, 24 de septiembre de 2015

El triunfo de Calibán

Calibán bailando por Johann Heinrich Ramberg (1763-1840)
     El azar —o la misericordia divina— ha hecho que cuando empezaba a agobiarnos el estudio de la estupidez y de la ignorancia humanas cayeran en nuestras manos dos libros inteligentes: el discurso de ingreso en la Real Academia de don Valentín García Yebra y After Babel, de George Steiner. Acaso habríamos ido demasiado lejos en nuestra curiosidad —¿masoquista?— por el lenguaje pobre y mendaz de la política y del periodismo. Quizá tenía ribetes morbosos nuestra caza de la presuntuosa traducción errónea. O no; puede que esa catarsis sea necesaria. De cualquier manera, cansa a la larga vivir rodeado de idiotismos y de idioteces, de falsos amigos y de amigos falsos, de traidores y de traductores, con solo el sarcasmo por defensa. No es bueno reducir las emociones a la ironía. A veces hay que volver los ojos a la belleza y admirarla.

     Pues bien, a eso nos incitan García Yebra y Steiner, cada cual a su manera, a propósito de las traducciones. Ambos son políglotas —de los de verdad, no de los que pululan en TVE— y conocen a fondo tanto la cultura clásica como la moderna. Dicho de otra manera, son fósiles vivientes. Pertenecen a la noble tribu —hostigada, diezmada y ya casi extinta— de los humanistas capaces de leer a Horacio en latín y a Proust en francés, y además disfrutarlo. Eso, no nos engañemos, está desapareciendo. Cierto sistema común de referencias culturales, en vigor durante muchos siglos, ha sido eliminado de los planes educativos y ya empiezan a surgir generaciones de jóvenes bárbaros, afables y bien nutridos, limpitos de cuerpo y de mirada, lobotomizados por un bachillerato analfabético, a quienes nada dicen el misterio del Gólgota o los de Delfos, la belleza de Helena o la de María Magdalena. J. J. Rousseau (il a été laquais et cela se voit, decía de él Voltaire) ha triunfado. Cuando el buen salvaje entra en el Museo del Prado y ve a un imponente barbudo con cuernos de luz y unas lápidas en la mano, o a tres mujeres en cueros ante un joven que ofrece una manzana, sonríe con la mirada beatífica del mulo y sigue su camino. No sabe, no puede saber, de qué va.

     García Yebra sí sabe de qué va. Su reciente discurso, Traducción y enriquecimiento de la lengua del traductor, síntesis de una vida de trabajo y de disfrute intelectual, es a primera vista un resumen de la historia de la traducción y del catálogo de las influencias mutuas entre las lenguas. En el fondo es mucho más, es un retrato del entramado que une a unas culturas con otras tras siglos de fértiles cruces. Es el árbol genealógico de la cultura humana. No busca limpiezas de sangre; cuando encuentra a un abuelo pirata o cuatrero lo reseña complacido. La raigambre latina de nuestra lengua no ningunea al vocablo moruno o caribeño. Todos concurren a crear un idioma viejo, rico y sutil, en perpetua transformación. García Yebra no es inmovilista ni menos retrógrado. Acepta sin miedo la evolución lingüística. Pero toda su exposición rezuma una pregunta no formulada: ¿y ahora, qué? ¿Continuará la evolución enriquecedora o hemos entrado en la evolución empobrecedora, es decir, la degeneración lingüística, camino del «español básico» de mil palabras, casi todas ambiguas e imprecisas?

     George Steiner, más pesimista, aborda el problema y no ve solución. En realidad no necesitaba mencionarlo; también en su obra —más filosófica que la antes citada— hay implícito un retrato casi póstumo de nuestra civilización. Un detalle hacia el final de After Babel nos parece revelador. Cuando decide citar dos ejemplos supremos de traducción perfecta, el autor —judío y liberal, no se olvide— acude a un reaccionario católico y a un jesuita del siglo pasado. El primero es G. K. Chesterton, autor de una versión inglesa exacta y a la vez conmovedora del famoso soneto «Heureux qui, comme Ulysse...», de Joachim du Bellay. El segundo es Gerard Manley Hopkins, cuya poesía religiosa, tan rica y compleja que a veces anonada, ha sido objeto de una traducción al francés por Pierre Leyris rayana en el prodigio. Al leer Pied Beauty (Beauté Piolée) en versión bilingüe fuerza es preguntarse quién será capaz de hacer algo comparable dentro de cin­cuenta años. ¿Cómo traducir Calderón al español básico? Será un empeño vano, tanto como esperar generosidad ecléctica en un crítico literario.

     Y es que la guerra contra Calibán la hemos perdido, aunque por fortuna no nos hayamos enterado. Tan sólo cabe seguir amando la causa perdida y, en los raros momentos de triste lucidez, consolarnos con el famoso epitafio de A. E. Housman: «What God abandoned, these defended». No, no es difícil de traducir. Hasta nuestros nietos mostrencos podrán decirlo en español básico: «Lo que Dios había aban­donado, éstos defendieron».

(Este artículo se publicó en el ABC del 19 de Octubre de 1985, y fue recogido en los libros El Guirigay Nacional (1988) y El Guirigay Nacional. Ensayos sobre el habla de hoy (2005)).

Enlaces relacionados:
Belleza maculada
Bibliografía de El Guirigay Nacional. Ensayos sobre el habla de hoy
Bibliografía del Marqués de Tamarón

jueves, 13 de agosto de 2015

Los hideputas hacen su agosto

Fotografía: EFE

     Este verano vuelve a ser ardiente con rabia. Y vuelven a encogerse de hombros muchos que deberían hacer algo.

     El peor incendio por ahora es el de la Sierra de Gata, en Extremadura. Los incendiarios han conseguido plenamente su propósito; ya llevan 8.000 hectáreas quemadas. El Presidente de la Junta de Extremadura dijo que eran incendios provocados puesto que es imposible que el azar haga estallar cinco focos a la vez en el monte. Pero no ha atribuido la autoría a alguien en concreto, ni siquiera a algún grupo social o psicopático; cosa que se comprende puesto que habrá que esperar los resultados de las investigaciones, si es que los hay alguna vez.

     Mientras ardía buena parte de España se declararon en huelga indefinida los llamados brigadistas, miembros de las Brigadas de Refuerzo contra Incendios Forestales (BRIF). Sus jefes sindicales aseguraron que no dejarían de trabajar contra el fuego "voluntariamente". El caso es que ha habido sabotajes de helicópteros y coches destinados a luchar contra el fuego (véase el artículo de El País "Sabotajes a helicópteros y coches en la huelga de los brigadistas antiincendios").

     La otra coincidencia es que se ha modificado la legislación haciendo menos difícil la reclasificación de los terrenos forestales quemados.

     Así es que resultan reveladores, en el artículo de El País "A la búsqueda del incendiario" (...) estos párrafos finales:
Un informe confeccionado por el Ministerio de Medio Ambiente, que recopila los incendios registrados en España entre 2001 y 2010, recoge que solo detrás del 4,3% de todos estos fuegos había causas naturales; y del 23,3%, negligencias y accidentes. Del resto, un 15% se desconoce qué los provocó; y un 54,7% fueron intencionados. "Estos últimos son los más numerosos, representan el 60% de la superficie afectada", explica el documento, que señala que, de ellos, un 68,3% corresponden a quemas ilegales agrícolas, eliminación de matorral y regeneración de pastos que se hicieron "de forma incontrolada"; un 11,9% a venganzas y vandalismo; y un 9,7% a pirómanos. 
Los investigadores distinguen, por ello, dos perfiles. El del incendiario: "Un hombre de 30 a 50 años, con domicilio cerca del lugar y sin cualificación profesional; que actúa por motivos de maldad, interés económico, venganza... Son frecuentes las personas desestructuradas, tanto familiarmente como socialmente", explica un informe de la Guardia Civil de Galicia. Y los pirómanos: "Son gente enferma, con un trastorno de conducta, que no pueden controlarse y que requieren tratamiento", sentencia el integrante de Greenpeace.
     La última frase es inefable y cabe imaginar cómo la musita, melifluo, el onegero anónimo de Greenpeace. Eso, los pirómanos son igual que los violadores y asesinos de niños, enfermos que requieren tratamiento y, mientras, hay que soltarlos para que entren en razón. Por mucho que los médicos avisen de que esos hideputas siempre seguirán delinquiendo.

     El caso es que ya caben pocas dudas: los incendios de los montes españoles son en un 95 % provocados, por negligencia o, sobre todo, con ánimo delictivo.

     Y tampoco caben dudas en cuanto a la inoperancia de la justicia, que en muy pequeña proporción detiene, juzga y condena a los culpables. Y aún de ese pequeño porcentaje no se sabe cuántos cumplen la sentencia puesto que entre 2007 y 2013 tan sólo ocho personas fueron condenadas a penas de prisión superiores a dos años, el mínimo para que suponga el ingreso obligatorio en la cárcel. Es más, no se sabe cuántos han entrado en prisión firme ni por cuánto tiempo. Y lo peor no es eso, sino que hay motivos para suponer que la ausencia de datos no es ocultación de las administraciones sino ignorancia impura y simple, como se desprende de este informe de la Fundación Civio, elaborado con admirable tesón y rectitud por Marcos García Rey y Hugo Garrido:
¿Quién quema el monte?
     Por último, este asunto de extrema gravedad está degenerando en un cruce de acusaciones impropio de un país serio que se supone un Estado de Derecho. Aparece la tendencia a atribuir los incendios -una vez que está claro que han sido provocados- a una de estas dos causas: la nueva ley que facilita edificar en terrenos quemados y la nueva ley que quita facultades a los agentes forestales. En el primer caso los sospechosos de haber prendido el fuego son unos ricos explotadores del pueblo (aunque no creo que para edificar sea necesario y ni siquiera conveniente convertir 8.000 hectáreas en terreno calcinado). Y en el segundo caso los agentes forestales estarían justificados al defender sus legítimos intereses, como explicó un espontáneo en comentario en El País el 30 de Julio:
Demonizar a los trabajadores que pelean por sus derechos, es propio de regímenes fascistas. Los derechos amparan nuestras libertades, y el de huelga es sagrado.Así, la huelga se ideó para dañar a la otra parte y hacerla ceder en sus pretensiones, protegiendo de esa manera los derechos laborales del trabajador............................. Hablar de huelgas agresivas o sabotajes , es desconocer la legislación y los derechos humanos por completo. ¡¡Más de un periodista debería volver a la universidad.......si es que ha estado alguna vez!!!.
     Aunque también puede ser este comentario obra no de un saboteador sino de un provocador del bando opuesto al proletario indignado.

     A este respecto, el anterior Presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago,
ha recordado que en 2003, "con un gobierno socialista", se quemaron en Extremadura 50.000 hectáreas en Valencia de Alcántara (Cáceres) "y no existía esta ley de Montes, lo que existía era lo mismo que existe ahora: gente con deseo de querer quemar el monte". 
Ha recalcado que detrás del inicio de un incendio como el de Sierra de Gata "siempre está la mano del hombre, de una o varias malas personas" y "no el marco normativo". (El Periódico de Extremadura)
     En fin, lo único seguro del incendio de la Sierra de Gata es que ha sido provocado. Y casi igual de seguro es que los culpables no irán a la cárcel.

     Otra victoria, pues, del estúpido optimismo antropológico de Rousseau contra el cauto pesimismo de Hobbes.

Enlace relacionado:
Verano de bochorno

viernes, 7 de agosto de 2015

Botones de muestra XXVIII



     Sabido es que el pecado capital de los ingleses -tal vez de los británicos en general- es la hipocresía. Con tres salvedades: la clase baja, la clase alta y los católicos no son en Inglaterra hipócritas sino cínicos, que es lo contrario. Como en este libro esas tres categorías están muy presentes, la hipocresía está bastante ausente. Por eso es tan disfrutable este diccionario. La Pérfida Albión, que diría un francés, brilla aquí con todo su esplendor, rodeada de matices irónicos en ocasiones, tiernos en otras, con frecuencia melancólicos.

     El título forma parte del esplendor esencial. Todos recordamos la música de Sir Edward Elgar, un prócer, católico, por cierto, y de origen humilde, con lo cual no podía ser hipócrita y sí podía titular la marcha tomando sin remilgos el verso de Shakespeare "Pride, pomp, and circumstance of glorious war!". Pero Ignacio Peyró es realista y se atreve a reconocer que "el resultado de la anglofilia suele ser el amor rechazado". Es cierto que los ingleses pueden rechazar a los admiradores, y a veces lo hacen hipócritamente y otras con cínica ironía. Pero no siempre ocurre eso, y no tan sólo ocurre en las Islas Británicas. En ocasiones el rechazo puede nacer de la timidez, y los ingleses de la honrada clase media se sienten a veces tímidos ante lo que consideran mayor soltura mundana de los europeos "continentales".

     El subtítulo del libro, Diccionario sentimental de la cultura inglesa, es tan atinado como el título e igual lo es la imagen en la cubierta del oficial y los soldados de uno de los regimientos de la Guardia Real. Todo ello marca el tono elegíaco y a la vez lúcido de este libro que proporciona muchas horas de lectura placentera veraniega pese a los reflejos otoñales de tantas de sus hojas. Está organizado en efecto como un diccionario que agrupa en 350 entradas con reenvíos muy diversos personajes, cosas, objetos y conceptos que van desde el Abate Ponz (Antonio Ponz, el proto-anglófilo ilustrado y moderado) hasta Young Fogeys (jóvenes carcas que copian el estilo de Brideshead en los años 30). Entre estas dos entradas hay un arca de Noé de seres atractivos, repelentes, de curiosidades etnográficas, de manías y de entes de razón. Lo mejor de todo es que es imposible encontrar a un lector que esté de acuerdo con Ignacio Peyró en todo lo ahí escrito; para mí que incluso es imposible que Ignacio Peyró esté de acuerdo en todo con lo escribe Ignacio Peyró. Gracias a eso el lector apasionado pero bien instalado bajo una sombrilla con este libro de 1.062 páginas se despertará de su innoble torpor playero dando bufidos de ira, carcajadas de alegría o sonrisas aprobatorias.

     Pregunté al autor cuál era su propia entrada favorita, y me dijo que la dedicada a los exiliados españoles en Inglaterra. Tiene 16 páginas por las que desfila un gran elenco de emigrados, desterrados, transterrados y extrañados, que de todo hubo. El autor es generoso y se apiada de todos. Salvo de los de derechas. No aparecen el futuro Alfonso XII ni el Conde de Barcelona. A Madariaga no lo menciona en esta entrada, aunque es verdad que no estuvo exiliado sino emigrado, y de los carlistas tan sólo veo al General Cabrera (el mejor militar del siglo XIX español, que no tuvo más instrucción que la del seminario y que no se amilanó ni cuando los liberales fusilaron a su madre). Peyró reprocha a Cabrera estar "muy bien casado con una fortuna británica".

     Da la impresión de que los españoles de izquierdas en Inglaterra no estaban a gusto, menos sin duda que los españoles en Méjico o incluso en Francia. Es triste leer las palabras de Cernuda embarcado ya para ir de la Gran Bretaña a las Américas:
Adiós al fin, tierra como tu gente fría,
un error me trajo y otro me lleva.
Gracias por todo y por nada. No volveré a pisarte.
     La verdad es que en general lo inglés es mucho menos atractivo para los españoles y otros mediterráneos que España para los británicos. Para nosotros lo inglés es un gusto adquirido, como los espárragos y los nísperos. Este libro -profundo e irónico- ayudará a los españoles a conocer a los ingleses y tal vez a los ingleses a conocerse a ellos mismos mirándose en un espejo exótico.

Pompa y circunstancia
Diccionario sentimental de la cultura inglesa
Ignacio Peyró
Fórcola Ediciones
Madrid, 2014

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Botones de muestra (XXVII): Miguel-Ángel Ochoa Brun
En los albores de la corrección política


viernes, 17 de julio de 2015

Verano de bochorno

© Angel M. Sánchez 2005

Verano de bochorno. Y mientras:

1. Mis amigos de la derechona dicen que no hay calentamiento global. O que sí lo hay pero no importa. O que tal vez importe pero es demasiado caro o imposible resolverlo.

2. Mis amigos de la izquierdona dicen que sí hay calentamiento global, pero no proponen nada para mitigarlo. No creen en la energía nuclear como mal menor; tan sólo creen en los patibularios y ruinosos generadores eólicos.

3. Mis amigos ecologistas se encogen de hombros ante los incendios devastadores, casi todos provocados. El único remedio que se les ocurre es dar más dinero a los agentes forestales, al grito de "los incendios de montes se apagan en invierno".

4. Mis amigos de las autoridades competentes siguen sin contestar a preguntas tan sencillas como "¿cuántos de los incendiarios del año pasado siguen todavía en la cárcel?". Es probable que no lo sepan. Pero el público tampoco sabe, ahora que se cumplen los diez años del incendio de Guadalajara que costó once vidas y muchos miles de hectáreas de monte, si alguno de los culpables de imprudencia punible en torno a una barbacoa o desde un despacho fue a la cárcel.

5. Mis amigos más creyentes y obedientes al Papa han acogido con cierto interés su Encíclica Laudato si. Eso ya es algo. Pero nadie ha reparado en que el Pontífice no ha mencionado la posibilidad de cambiar la doctrina de la Encíclica Humanae vitae, que en 1968 prohibió el uso de la píldora anticonceptiva. Y nadie ha apuntado que todas las apasionadas exhortaciones del Papa Francisco para salvar el planeta son inútiles si no se empieza por enmendar la plana a su predecesor Pablo VI.

6. El hombre es el único animal que tropieza dos y aun mil veces en la misma piedra. Tengamos paciencia y acabaremos destruyendo el planeta.

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viernes, 10 de julio de 2015

Botones de muestra XXVII

      Urge a veces recordar el pasado para entender el presente y precaverse del futuro. Valga de botón de muestra esta observación de un prudente historiador, Miguel-Ángel Ochoa Brun, sobre unos prudentes soberanos, Isabel y Fernando:

          "LOS LÍMITES DE LA DEVOCIÓN

     En el reinado de los Católicos, no sólo había límites [se refiere al Tratado de Tordesillas] en los dominios; los hubo también entre los dos campos de la Política y la Religión. Nadie hubo más devoto que los monarcas que merecieron muy justamente el título de Católicos que, concorde con una tradición de los Reinos hispánicos, les otorgó el Papa Alejandro VI y que ostentan hasta hoy los soberanos españoles. Pero esta devoción no implicó nunca sumisión en la política, antes bien convivió con una pugna, ora larvada y latente, ora -más a menudo- patente y actuante, entre la Iglesia y el Estado. «Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» es ni más ni menos que un innegable mandato evangélico. De otra manera formulado, se muestra en una carta que parece haber enviado Fernando el Católico a su Virrey en Nápoles: «ellos al Papa y vos a la Capa». [...]. Los Reyes Católicos respetaron devotamente a la Sede Romana, la defendieron frente a sus atacantes, propugnaron su independencia, pero nunca hicieron ante ella renuncia de sus propios derechos, ni por ella se separaron de sus fácticos objetivos".
          (Miguel-Ángel Ochoa Brun, Miscelánea diplomática, pgs. 28-29)

     En su Historia de la Diplomacia Española, que ya ha alcanzado en el volumen décimo el ocaso del siglo XVIII, este brillante diplomático e historiador ofrece multitud de ejemplos de cómo una nación y sus dirigentes y embajadores, por católicos que sean, o, mejor dicho, cuanto más católicos sean, deben velar celosamente por sus fueros. Una de las cosas que a la fuerza hay que evitar es que un dignatario eclesiástico, ni siquiera -y sobre todo- el Soberano Pontífice, pida perdón a nadie por lo que ha hecho una nación como España. Y menos a quien contesta con una hoz y un martillo.

      Por eso confío en que al llegar con su magna obra al siglo XX, el Embajador Ochoa confirme, desmienta o detalle lo ocurrido en la audiencia que Pío XI dio en 1936 al nuevo Embajador de España, el Almirante Marqués de Magaz, cuando este aprovechó un ataque de asma del Santo Padre para decirle lo que pensaba sobre la protección que el Vaticano daba al clero separatista vasco.

      En cambio y como contraste, da gusto leer cómo transcurrieron las dos embajadas que envió en 1401 y en 1403 Enrique III de Castilla a Oriente. Tamerlán, uno de los hombres más feroces de la historia, se comportó caballerosamente con los embajadores Don Payo Gómez de Sotomayor y Don Hernán Sánchez de Palazuelos. Incluso les entregó a dos damas griegas cautivas, señoras de gran belleza que casaron con nobles castellanos y de ellas descienden muchos otros hidalgos españoles hasta nuestros días. Los acompañó de vuelta, tras haber Tamerlán vencido a Bayaceto, un embajador mongol a Enrique III. Lo ocurrido fue que en Europa occidental había empeño en atajar los avances otomanos, y se creía que ello era posible buscando una alianza con Tamerlán, aunque de hecho los dos imperios rivales estaban gobernados por sendos déspotas musulmanes. El caso es que hubo una segunda embajada, esta vez dirigida por Ruy González de Clavijo, que salió del Puerto de Santa María y llegó a Samarkanda en septiembre de 1404, al cabo de año y medio de viaje arriesgado y penoso. El libro escrito por Clavijo es fascinante y lleno de pormenores sobre las costumbres, la fauna y los paisajes de las enormes regiones de Asia que cruzó. Pero lo más curioso es cómo Tamerlán, ya viejo, recibió a los castellanos:

     "Tamerlán les preguntó cortesmente cómo estaba el rey y si era bien sano; escuchó el discurso de los embajadores y luego se volvió a sus cortesanos y les dijo: «Catad aquí estos embajadores que me envía mi hijo el rey de España, que es el mayor rey que hay en los francos, que son en el un cabo de mundo; y son muy gran gente y de verdad; y yo le daré mi bendición a mi hijo el rey». En los días siguientes, los embajadores castellanos participaron de los festejos de la corte y de muchos agasajos en su honor. Tamerlán dispuso que se les otorgase precedencia sobre los embajadores del emperador del Catay, que también allí estaban por entonces."
          (Miguel-Ángel Ochoa Brun, Historia de la Diplomacia Española, volumen I, pgs. 229-245)

      Al leer la solemne bendición que invoca el feroz tirano mongol sobre el Rey de Castilla recordé algo que decía Evelyn Waugh en un artículo sobre la visita de Tito a Inglaterra: puede ser honorable partir el pan con un enemigo en una tregua, pero no es honorable hacerlo con un aliado traidor. Tamerlán no tuvo tiempo de faltar a su bendición, pues murió días después. Puede que la misión diplomática castellana no fuese productiva, pero vive Dios que aburrida no debió de ser.

      Nada de lo que escribe el Embajador Ochoa es aburrido. Precisamente en el tomo donde se refiere la embajada al Asia Central pone el dedo en la llaga de tantos sucesores nuestros al decir:

     "...la relación de Clavijo es también una pieza literaria, obra de quien se revela como un verdadero escritor. Es curioso que, pese a esa su indudable condición, el autor no incurra en uno de los habituales vicios del intelectual -sobre todo del intelectual político- que, llamado a describir hechos o circunstancias memorables de que fue testigo, cae por lo general en la tentación de puntualizar y destacar antes que nada su propia participación y su personal protagonismo [...]. La pedantería inherente al intelectual, su frecuente autoconsideración como centro del mundo o su tendencia a arrimar -reformándolos- los datos empíricos a sus propios prejuicios ideológicos, restan muchas veces valor a sus testimonios. No es este el caso de Clavijo".
          (Ibid 244)

      Tampoco es el caso de Ochoa, QUI SAPIENTIAM AC BONITATEM ELEGANTISSIME IRONIA CELAT.















Historia de la Diplomacia Española, volúmenes I a X
Miguel-Ángel Ochoa Brun
Ministerio de Asuntos Exteriores
Madrid 1990-2012













Miscelánea diplomática
Miguel-Ángel Ochoa Brun
Real Academia de la Historia
Madrid 2012

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Botones de muestra (XXIII): Charles Powell
Botones de muestra (XXII): Calendario Zaragozano
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Botones de muestra: Fernando Ortiz

lunes, 6 de julio de 2015

Deliberando groserías

   
"Lunchtime at the grocery", por Albert W. Hampson
© The Saturday Evening Post. Agosto 1940

     Un muchacho portorriqueño se encuentra con otro en Nueva York, acarreando paquetes. «¡Cuánto tiempo sin vernos! ¿Qué es de tu vida?», le pregunta. «Pues ya ves, deliberando groserías». Y no es que el chico perteneciese al consejo de redacción de alguna revista ilustrada y tuviera que debatir qué zafiedades convenía ofrecer al público; el chico lo único que hacía era repartir comestibles de una tienda de ultramarinos. Pero eso en inglés se dice delivering groceries, y la tentación del falso amigo lingüístico fue irresistible a la hora de traducir su honrada tarea.

     La anécdota es conocida y, como todo lo popular, debe de ser apócrifa. Basta, sin embargo, con enchufar la televisión media hora al año —como hacemos nosotros en abnegado sacrificio por nuestros lectores— para oír varios disparates comparables. A veces traducen guiados por falsos amigos y llaman, por ejemplo, hierbas salvajes al benéfico poleo o a la humilde yerbaluisa, como si de feroces plantas carnívoras se tratase (no saben que el adjetivo francés sauvage significa en muchas ocasiones silvestre y no salvaje, como ocurre con el wild inglés). Otras veces usan vocablos que no tienen nada que ver con el original extranjero. Y, por último, ocurre en ocasiones que una palabra no les suena, y la dejan en la lengua original, como observamos hace poco en aquella serie tontiloca llamada «V», donde un bueno le dice a un malo, «eh, tú, Rascal» (rascal es palabra inglesa tan común como lo que designa, pillo o sinvergüenza, pero el supuesto traductor la desconocería cuando la tomó por un nombre propio).

     El cine, aunque con más pretensiones intelectuales, es tan ignaro como la televisión. El feo título de película Mujer entre perro y lobo es burda traducción literal de un bello juego de palabras francés, Femme entre chien et loup, que hacía referencia con ambigüedad deliberada al crepúsculo de la tarde (también en castellano existe el término entrelubricán o lubricán, y con el mismo origen que la expresión francesa, la incierta luz vespertina en que se confunde al lobo con el can, lupus y canis, disfrutando además de una connotación adicional —fonética y acaso etimológica por cruce— que haría el título más taquillero: lo lúbrico). En cuanto al Yo te saludo, María (por Je vous salue, Marie, es decir, Avemaría o Dios te salve, María), sólo la hipocresía podría justificar tamaña torpeza, si lo que se buscaba era no provocar demasiado escándalo.

     Otro fenómeno interesante es el de la ubicuidad, en el mundo de la erudición, de un sabio germano llamado Undsoweiter. Aparece citado como autoridad en libros de cristalografía, teología, sociología y de muchas otras disciplinas. ¿Será un polígrafo desmadrado, un Leibniz redivivo, el único hombre universal del siglo XX? No, pronto descubre uno con pena que etcétera en alemán se dice und so weiter, y que lo ocurrido es que más de un futuro tratadista español, al escribir apuntes en las lejanas aulas germánicas, tomaba el etcétera, broche final de la retahíla de autores, por nombre de un estudioso más, que luego citaría muy ufano. Tres cuartos de lo mismo pasa con Guardasigilli, docto jurista italiano según ciertas fuentes españolas, y según el diccionario el ministro de Justicia (guardián de los Sellos). O con el notable jurisperito alemán Derselbe (el mismo) mencionado en su memoria de cátedra por alguien que llegaría a ser luminaria de la Universidad de Sevilla.

     No se le ocultará al perspicaz lector que cuantas más lenguas sepa uno menos traducciones leerá. En primer lugar porque las necesitará menos, y en segundo porque desconfiará más. Llegados a este punto hemos de confesar que nosotros rara vez las leemos. Y aunque tememos que los que sí las leen no puedan percatarse de los desatinos, agradeceríamos al respetable que nos mandase ejemplos regocijantes (a ser posible con fotocopia de la página y referencia bibliográfica de la obra). Al remitente del gazapo más sabroso le daremos de premio un diploma bilingüe en bable y chino. En serio.

* * *

     No era broma lo del premio, era una firme promesa cuyo cumpli¬miento me obligó a abusar de la ciencia y la paciencia del Cronista Oficial de Llanes y del Embajador de España en Pequín. Gracias a ambos —don José Ignacio Gracía Noriega y don Mariano Ucelay— pude disponer del diploma bilingüe en bable y en chino, y entregar a don Valentín García Yebra el Premio Ojo Avizor (Güeyu espabilau en bable) «por su atención vigilante a las traducciones espurias y en general por su meritorio despioje del idioma» («meritoriu escarpir de la fala»).

     Mereció accésit don Juan Domínguez Hocking, que el 16 de octubre de 1985 me escribía:

     «Hace poco se estrenó en Madrid una película que en versión original se titulaba Dressed to kill. Ni cortos ni perezosos lo tradujeron por Vestida para matar, ignorando que se trataba de un juego de palabras, pues Dressed to kill significa ir vestido con mucha elegancia».

(Este artículo se publicó en el ABC del 12 de Octubre de 1985, y fue recogido en los libros El Guirigay Nacional (1988) y El Guirigay Nacional. Ensayos sobre el habla de hoy (2005)).

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