Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: Botones de muestra XXIX

martes, 10 de noviembre de 2015

Botones de muestra XXIX

Escudo heráldico del Cardenal Newman

     Durante los siglos XIX y XX hubo muchas conversiones al catolicismo de personalidades relevantes británicas, que pasaron de sus orígenes anglicanos a la fe católica con una curiosa mezcla de lucha espiritual y a la vez facilidad natural, como la de quien vuelve a su casa tras un paseo de siglos por parajes no del todo gratos.

     En el ánimo de todos están el Cardenal Manning, G. M. Hopkins, Maurice Baring, Graham Greene, Evelyn Waugh, Alec Guinness y, el más reciente converso, Tony Blair. Sin embargo, los más interesantes a efectos teológicos tal vez sean el Cardenal John Henry Newman y el poeta, ensayista y novelista G. K. Chesterton. Sobre estos dos personajes señeros del catolicismo inglés se han publicado sendos ensayos que inciden muy en especial en la devoción por la Virgen María, de Newman en su periodo anglicano y de Chesterton durante toda su vida. Ambos están escritos por Don Javier de Mora-Figueroa, que lleva muchos años interesado en estos temas. En su trabajo sobre Las letanías en la poesía de Chesterton, desarrolla con especial detalle unos poemas reunidos bajo el título de The Queen of Seven Swords (La Reina de las siete espadas):
"Las Siete Espadas de Dolor que atraviesan el corazón de María cuando se vuelve testigo del sufrimiento de su hijo se transfiguran en siete santos de Europa en la visión poética de Chesterton (Santiago de España, San Dionisio de Francia, San Antonio de Italia, San Patricio de Irlanda, San David de Gales, San Andrés de Escocia y San Jorge de Inglaterra). [...] 
Es una alegoría de la defensa de la fe que se centra en la mirada que cada santo tiene de su nación: Santiago fortalece sus ojos con penurias; San Dionisio vuelve fieros sus ojos por la fiebre; San Antonio se ciega por los resplandores que ve; San Patricio aviva sus ojos por la rabia; David de Gales endurece sus ojos por el horror; en San Andrés sus ojos se vuelven tímidos por los secretos que conocen; y los ojos de San Jorge se sellan por el sueño. [...] 
... cada uno admite los fallos de su propia historia, para pedir auxilio a la Virgen. Santiago de España narra la dureza de la dominación musulmana y cómo después de la Reconquista se perdió esa fortaleza en la defensa de la fe y clama "Reina, no olvides lo que todos han olvidado: que aquella batalla la ganamos"."
(Op. cit. pg. 304)

     Respecto a esto último -el poema dedicado a Santiago de España- me parece que por los tiempos que corren no sobra reproducir enteros los vigorosos versos que Chesterton dedica a St. James of Spain, y si los dejo en su versión original inglesa y no los traduzco al español quizá sea tanto por la dificultad de hacerlo con rima y métrica correctas (quién pudiera, como otras veces, pedir ese trabajo a mi amigo Fernando Ortiz, que en Paz descanse) como por dejar el valeroso romance en "the obscurity of a learned language", que diría Edward Gibbon:
St. James of Spain 
Mine eyes were strong with sorrows; none other blood shall say
What lay on my heart for a hundred years ere the stone was rolled away,
When crushing the vines and statuary, the rock of Mahound was hurled,
Featureless, faceless, enormous; the rolling stone of the world.
The haters of wine, the horsemen, came on us like night at noon.
The veiled knights with the crooked swords that sware by the crooked moon.
We endured to go down under darkness, beholding, as men that die,
The name of their God of Battles scrawled backwards across the sky. 
Queen, if our gold rotted what no man’s iron could rend,
Bronzed gold, dark wine of the dust; if we stiffened and stood at the end
A gilded skeleton army brittle and brown in the sun,
Forget not what all have forgotten; this field was won.
     En esta serie de santos patronos de algunas de las grandes naciones cristianas de Europa el broche melancólico pertenece a San Jorge, triste por no haber sabido defender hasta el final a la princesa que en su día salvó del dragón:
Más patético, si cabe, es el parlamento de San Jorge de Inglaterra. El caballero que venció al dragón abandonó a la princesa, robó su dote (quizá una alusión al viejo título de Inglaterra como Dote de María). Y se dirige al Espejo de Justicia pidiendo que los despierte. "Los que amábamos te hemos fallado. Tú no nos falles a nosotros".
(Op. cit. pg. 305)
     El texto original de los tres cuartetos dedicados a San Jorge es éste:
St. George of England 
Mine eyes were sealed with slumber; I sat too long at the ale.
The green dew blights the banner; the red rust eats the mail.
And a spider spanned the chasm from the hand to the fallen sword,
And the sea sand me to sleep; for it called me lord 
This was the hand of the hero; it strangled the dragon’s scream,
But I dreamed so long of the dragon that the dragon was a dream;
And the knight that defied the dragon deserted the princess.
Her knight has stolen her dowry; she has no redress. 
Mirror of Justice, shine on us; Blaze though the broad sky break
Show us our face though it shatter us; shatter and shake us awake!
We were not tortured of demons, with Berber and Scot,
We that have loved have failed thee. Oh, fail us not!
     Don Javier de Mora-Figueroa concluye con melancolía pero también con esperanza:
Los siete juntos reconocen que perdieron sus espadas en la batalla.
(Op. cit. pg. 305)
     Se comprende que la poesía tanto como la prosa de Chesterton atrajese por igual a correligionarios o adversarios: G. B. Shaw el irlandés ateo, George Steiner el judío agnóstico, Borges el argentino reaccionario y descreído o H. G. Wells el socialista deísta sin religión positiva, todos fueron o son admiradores de su obra. Y probablemente, confesándolo o no, de su personalidad arrolladora.

Cardenal Newman por John Everett Millais
© National Portrait Gallery, Londres
     Pocos hombres habrá más distintos por su aspecto y su temperamento que el exultante y robusto Chesterton y el enjuto asceta Newman. Pero ambos muestran en su obra una ferviente devoción mariana y, me atrevo a añadir, que no sólo por motivos doctrinales sino con un fondo de ternura romántica que emociona al lector.

     En su ensayo sobre La mariología del periodo anglicano de John Henry Newman, Don Javier de Mora-Figueroa pone de manifiesto la sutileza y el realismo con el que Newman analiza ciertos aspectos del culto mariano, citando un fragmento de su carta al Reverendo E. B. Pusey en 1864, cuando Newman ya era católico y Pusey seguía en el Oxford Movement pero sin dar el paso definitivo a Roma:
“¿Qué madre, qué marido o esposa, qué joven o doncella enamorados no dicen miles de tonterías para demostrar su cariño? Quien las dice sentiría mucho que las oyeran los extraños, pero a quienes van dirigidas esas frases las reciben con agrado… Así sucede con la devoción. Pensamientos y palabras ardientes están tan abiertos a la crítica como están más allá de ella. Lo que es extravagante de modo abstracto, puede ser apropiado y bonito y sólo se rechaza cuando se encuentra en otros que lo imitan. […]”
     Escribe a este propósito Don Javier de Mora-Figueroa esto:
Ex umbris et imaginibus in veritate: este epitafio escrito por él mismo puede resumir perfectamente la evolución del pensamiento de Newman sobre la Virgen. Desde sus tiempos de protestantismo evangélico, pasando por su periodo anglicano, hasta llegar a Roma, Newman fue aumentando su fe y su devoción acerca de María.”
     El epitafio quiere decir Desde las sombras y los fantasmas hacia la verdad. Para completar su sentido hay quien lo relaciona con la alegoría de la Caverna platónica. En todo caso resulta hermoso y misterioso, quizá un milagro más de la Virgen María, comprobar que hoy el Beato John Henry Newman (beatificado en 2010 por Benedicto XVI) es venerado en la Iglesia Católica con su día de fiesta el 9 de Octubre y también lo es en la Iglesia Anglicana el 11 de Agosto.

     Así es que la vida y el pensamiento del Cardenal Newman fueron fieles al lema que él escogió para su escudo de armas cardenalicio, Cor ad Cor Loquitur. O sea, El Corazón habla al Corazón.




La mariología del período anglicano de John Henry Newman
Por Javier de Mora-Figueroa
In: Scripta de Maria, Serie II, número VII
Santuario de Torreciudad, 2010














Las letanías en la poesía de Chesterton
Por Javier de Mora-Figueroa
In: Scripta de Maria, Serie II, número XII
Santuario de Torreciudad, 2015

Enlaces relacionados:
Botones de muestra (XV): Maurice Baring y Javier de Mora-Figueroa
Lepanto y sus milagros

14 comentarios:

  1. Al hilo de las curiosas afinidades electivas que menciona Tamarón (Chesterton-Shaw, etc.) me viene a la mente otra, sorprendente por igual: James Joyce, el irlandés católico apóstata (a medias, dicen), afirmó que "nadie ha escrito prosa en inglés que pueda compararse con la de ese pesado y fútil curita anglicano que luego se convirtió en un príncipe de la única iglesia verdadera".

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  2. Respuestas
    1. Tiene razón, amigo Anónimo, hay que implorar la ayuda divina en estos tiempos torvos y azarosos. Eso sí, conviene dirigir la plegaria al Dios de las Batallas.

      Sí, ya sé que la Iglesia post-conciliar huye de esa advocación, políticamente incorrecta. En un arrebato inicuo prefiere oír un himno de odio ateo en el órgano de la Catedral de Nuestra Señora en París. La Marsellesa profana las bóvedas sagradas. Evoca a la Diosa Razón, en cuyo honor se celebró allí mismo un remedo litúrgico ultrajante en 1793. Recuerda la destrucción por los mismos revolucionarios de las estatuas de los bellos pórticos de la fachada. Y ahora todos los cobardes apóstatas allí reunidos entonan con unción la letra infame:

      "...qu'un sang impur [de los Reyes] abreuve nos sillons".

      Bien distinto fue el comportamiento del General de Gaulle y su acompañante el General Leclerc en Agosto de 1944 cuando entraron en la catedral parisina para asistir a un Te Deum que celebraba la reciente liberación de la capital. Allí no se cantó la Marsellesa sino el Magnificat, como Dios manda. El General de Gaulle cantó como el que más. Al salir al atrio y como continuasen los tiroteos, casi todos causados por la histeria de algunos resistentes, el General Leclerc le dio un fustazo a uno de ellos que pegaba tiros a las azoteas sin ton ni son. Volvió la serenidad.

      En fin, tan sólo nos queda pedir con Santiago a Nuestra Señora: "Reina [...] no olvides lo que todos han olvidado; esa batalla la ganamos", como en el poema de Chesterton. Se refería, claro está, a Clavijo y a todo lo que hubo entre Covadonga y Granada. No a la triste claudicación de ahora.

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    2. Bien mirado, Rita la Concejala es la Diosa Razón en más cutre aún. No hay quien pare el Progreso.

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  3. Any chance of getting these books in a conventional bookshop?

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    1. Creo que los puede encargar en la librería Neblí, calle Serrano 80, 28006 Madrid. Los tomos que contienen los ensayos están publicados bajo el nombre de Scripta de María.

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  4. En fin, tiene más éxito la doble moral y la hipocresía que no la autenticidad. Las dos caras de la vida al mismo tiempo, una por delante y otra por detrás.

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  5. ¡Triste realidad de la vida: Todo se queda en Nada!. Todo son supuestos resplandores creadores de fantasmas.

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  6. Tampoco a mí me gusta ese himno sangriento que, paradójicamente, sirve ahora para unir y emocionar a muchas almas buenas y llenas de amor a su patria. Como eximente puedo traer estas palabras de Chesterton en su libro sobre Tomás de Aquino: "St. Dominic and St. Francis created a Revolution, quite as popular and unpopular as the French Revolution. But it is very hard today to feel that even the French Revolution was as fresh as it really was. The Marseillaise once sounded like the human voice of the volcano or the dance-tune of the earthquake, and the kings of the earth trembled. some fearing that the heavens might fall; some fearing far more that justice might be done. The Marseillaise is played today at diplomatic dinner-parties, where smiling monarchs meet beaming millionaires, and is rather less revolutionary than "Home Sweet Home." "

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  7. Un himno sangriento como que no viene bien, sin embargo yo escogería el concierto de Aranjuez o Amazing Grace tocado por nuestro gaitero español, Carlos Núñez, la dulzura humana y celestial.

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    1. Pues para mí lo mejor de Aranjuez son los espárragos y lo mejor del dulce Gaitero es la sidra. No servirían de mucho para Himno Nacional y menos para Marcha Real.

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  8. Las dos respuestas acertadas sería la actitud de los dos protagonistas de la película La Misión.

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  9. El 26 de febrero de 1871 John Henry Newman, ese curita fútil y pesado, escribía a su amigo Henry Wilberforce estas escalofriantes palabras:
    "I wonder what day I shall die on -
    One passes year by year over one's death day
    As one might pass over one's grave"

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