Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: San Jerónimo (III)

martes, 22 de marzo de 2011

San Jerónimo (III)

Aparte del lado apacible de San Jerónimo, rodeado de libros y protegido por su león, conviene, en un paréntesis, mencionar su disputa con San Agustín a propósito de Jonás. La polémica (a principios del siglo V) acabó en violentos disturbios callejeros entre los partidarios de la calabaza y los de la hiedra al nombrar la planta que cobijó a Jonás en las afueras de Nínive. El caso es que la cosa no parece tan excéntrica si se analiza: San Agustín reprochó a San Jerónimo que al fundamentar su traducción al latín de la Biblia (la Vulgata) en la versión original hebrea más que en la versión griega de los Setenta, estaba separando a los cristianos orientales de los occidentales, asunto nada baladí.

Lo trató con tanta ciencia como amenidad mi viejo amigo Valentín García Yebra, recientemente muerto, en este artículo de hace un cuarto de siglo, publicado en el ABC (5/4/1987):




Así es que con esta curiosa controversia pretendo contestar a la pregunta de otro amigo, Jaime Otero, que quería recordar viejas charlas nuestras sobre la vitalidad de las polémicas intelectuales muy anteriores a la invención de los medios modernos de comunicación. Y aprovecho para reproducir esta otra imagen de San Jerónimo apareciéndosele a San Agustín (éste murió en el 430, diez años después de aquél):



Giovanni di Paolo pinxit circa 1456


Por cierto que si algún lector puede ilustrarnos refiriendo el significado de la escena, se le agradecerá mucho. Tan sólo se me ocurre que quizá al morirse San Jerónimo se le apareció a San Agustín para hacer las paces. También supongo que los dos santos figuran oscuros de tez porque San Agustín nació en Numidia, hoy Argelia, y San Jerónimo, aunque era dálmata, quizá se creía, gracias a la historia del león, que tenía aspecto más exótico. Lo que ya no puedo ni columbrar es el porqué de esa especie de Siva en la hornacina sobre la puerta del monasterio, y en la misma puerta un portero también sombrío. En todo caso el gabinete de San Agustín es cómodo y acogedor aunque no tanto como el que le atribuyen a su adversario San Jerónimo. En fin, cuán cierto es el viejo dicho Genus irritabile vatum.


(Les recuerdo que para ver bien el artículo del ABC y la imagen basta con pinchar una o dos veces en ellas)

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3 comentarios:

  1. Se me ocurre, marqués, que san Jerónimo se le apareciera para responderle a las dos últimas cartas que le envió san Agustín y que no pudo contestar debido a la estrecha vigilancia a la que le tenían sometidos los pelagianos.

    Es realmente impresionante el intercambio epistolar de los dos santos que transcurrió entre 394/395 al 405 y después de un silencio no demasiado amistoso, digamos,se reanudó del 415 al 419 y gira fundamentalmente alrededor del pelagianismo. Y apasionante lectura de dos fuerzas de la naturaleza que llegan a decirse sin ambages cosas nada agradables (aunque en latín siempre suenen mucho más educadas).

    Se pueden leer cronológicamente en la muy interesante recopilación, traducida y anotada, que ha hecho Carole Fry que no sólo presenta una muy cuidada edición bilingüe franco latina sino que recoge las novedades que en esta materia han ido aportando, sobre todo, ingleses y alemanes en los últimos 20 años.

    Ana

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  2. Me allano ante tal alarde de erudición. Defendía yo que el intelectual moderno se distingue entre otras cosas por la gran influencia pública de sus opiniones gracias de los medios de comunicación de masas, desde finales del siglo XIX: el affaire Dreyfuss, etc. Rápido cual rayo el autor de este blog me contestó con esta asombrosa historia de calabacistas y hiedristas. Yo ya no sé si hay algo nuevo bajo el sol, pero prometo que he disfrutado como un enano leyendo la tercera de García Yebra y el comentario de Tamarón, a quien agradezco el trabajo de buscar estas imágenes de ambos santos juntos, que son feas, sî, pero emocionantes. No tengo ni idea sobre esos elementos de la iconografîa y sobre todo me asombro de que los cristianos de occidente pudieran alborotarse por algo así.

    Jaime Otero

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  3. Pedro Calvo-Sotelo29 de marzo de 2011, 20:05

    Muy atractivo este rosario de iconografías del santo. Siempre San Jerónimo en un gabinete amanoso, por decirlo a la manera murciana. Es la estampa que mejor encarna el verso del creyente Lope: “venturoso rincón, amigos mudos/libros queridos…” o aquello del descreído Borges “yo, que me figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca”. Enhorabuena.

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