Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: Botones de muestra (V)

jueves, 15 de septiembre de 2011

Botones de muestra (V)



Esta es una novela picaresca -escrita por un autor nada pícaro- que escoge como protagonista a un pícaro inocente, mánico-depresivo, opositor a notarías, obeso y de nombre Simbad Martínez. La unidad de acción es bastante intensa pues dura un año y 494 páginas. Ni una es aburrida. Los lances, en el Madrid de hoy, tienen todos un algo de Kafka y un mucho de Cela, de Mihura y hasta de Tintín, o mejor dicho de los dos policías tontos, Dupond y Dupont, representados por Aguayo y Torrecilla.

El efecto final no es sólo el clásico de la novela picaresca –nihilismo mezclado con añoranza de un mundo menos estúpido y cruel- sino burla surrealista con una palpable e injustificada esperanza en el porvenir.

Esto último se opone a la constante presencia de aforismos al estilo de Cioran, de los que es autor Simbad Martínez. Bien mirado y si relee uno a Cioran verá que es menos pesimista de lo que uno cree recordar porque no ha perdido el humor, un cierto humor salvaje, nada melancólico. Miguel Albero tiene tal oido literario que del medio centenar de aforismos que salpimentan la novela, cada lector puede intuir cuáles son un trasunto de Cioran y cuáles, más surrealistas, de Ramón Gómez de la Serna o de Jardiel Poncela. Y sin embargo, todos son rigurosamente (o suavemente) originales. Por ejemplo:

Hoy no puedo vivir todos los días

Los meses terminan y empiezan los meses.
Tampoco aquí se nos concede tregua alguna.

No hay sinvivir.
Sin vivir.
Eso quisiéramos.

Saber que existes me hace ser.
Perderte sería perderme.

No vivir siempre es más hermoso.
Vivir no siempre es la quimera.


Al releer los ejemplos que anteceden entro sin querer en el juego de detectar los influjos heterogéneos. ¿Gracián, el Barroco? Y a veces emerge, como una ballena cubierta de percebes, un aforismo grandilocuente pero nada serio, como un Viva mi dueño en la panza de un cacharro de loza:

De mi pueblo soy,
por mi pueblo vivo.

Mi pueblo es mi vida.
Por eso soy, por eso vivo.


Claro que esto ya es al final de la novela, donde el desengaño llega devolviendo la razón al pícaro, después de una batalla burlesca pero brutal en un supermercado. Este último episodio, como el resto de la acción constante en las tres partes de la novela, serían perfectas para una o varias películas. Las películas serían como la novela, que alguien tan tajante y agudo como Evelyn Waugh hubiera calificado de very funny, very sad. Quizá sea porque la dichosa contemporaneidad insobornable que nos ha tocado en suerte es así, triste y cómica a la vez. O sea, grotesca. Esta novela está en la mejor tradición española de retratar esa realidad grotesca.




Ya queda menos
Por Miguel Albero
Zut Ediciones S.L.
Málaga, 2011



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2 comentarios:

  1. Ya queda menos tiene una acción perfectamente medida, desde el comienzo insólito (“Es primero de Enero y el año ha entrado con fuerza por la ventana de la habitación de Simbad Martínez”) hasta el desenlace inesperado (“y no importa que lo que falte no sea más que un punto final, no por ello se desmiente ni pierde su validez, al contrario, se muestra de nuevo infalible, aquí la tienen, ya queda menos”).

    Pero, además, ocurre que esa acción tiene su propio ritmo, muy independiente del estilo con el que es narrada. Es como si Giraudoux contase ciertas aventuras de Tom Sawyer: lo caótico con estilo poético.

    Da la impresión de que Miguel Albero no se percata del alcance de su originalidad. Y eso sólo le ocurre a los escritores de verdad.

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  2. Ni he leído a Miguel Albero ni había leído, hasta ahora, a Tamarón. Tras esta crítica seguiré leyendo al segundo y empezaré a leer al primero. Gracias, espero, a los dos.

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