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viernes, 18 de febrero de 2022

Botones de Muestra (XXXV)

 Homenaje a Goethe
Diplomacia y literatura

Miguel Ángel Ochoa Brun



Así pues, por más que resultase cautivador y atrayente, aquí no se ha optado por imitar a José Ortega y Gasset, quien —por cierto con su habitual perspicacia y maestría— elaboró un «Goethe desde dentro», un Goethe nach innen, sino por ofrecer un posible Goethe desde fuera. Ése sería el título ideal para este estudio, si no fuese porque siquiera remedar a Ortega sería cuando menos indecente. Se aspira en todo caso aquí a presentar a Goethe en el ámbito internacional que los contactos diplomáticos facilitan o muestran y colocarlo así en el entorno de los ejecutores de su tiempo. Él ya una vez sugirió que los diplomáticos tal vez no sean sino directores de escena (él que tanto sabía de teatro), que luego desaparecen y dejan que los verdaderos actores ejecuten la pieza, cuyo resultado por cierto forzosamente ha de dejarse al favor del público y al albur de la fortuna.
(Homenaje a Goethe, Diplomacia y literatura, página 11)

No se puede olvidar que Goethe además no sólo es el ilustre personaje de las Letras, es también hombre de su tiempo. Y ese tiempo en Europa es particularmente merecedor de toda atención por lo mucho que en él acaeció y por los caracteres que lo configuraron.
(Op. cit., página 12)

En un distinto ámbito, más prometedor y fructuoso, en el de la Cultura, también hay individualidades que traspasan esa linde de épocas y maneras, incluso se lucran de ambas y hasta son brillantes epígonos en una y adivinos precursores en la otra. Son a su vez representantes eximios de uno y otro tiempo. Uno de ellos es desde luego Francisco de Goya. Otro es Ludwig van Beethoven. 
Otro es Goethe. 
Se da en él esa estupenda dicotomía que es causa de que para unos sea Goethe el clásico por antonomasia, para otros el indiscutible romántico. Es el autor de la límpida Ifigenia, del arrebatado Werther y del colosal Fausto. Los inquietos avatares de su propia vida acreditan esa a veces desconcertante variedad que ciertamente no es contradicción, sino riqueza.
(Op. cit., página 13)

Miguel Ángel Ochoa Brun incluye en este volumen 23 sonetos de Goethe traducidos al español, más tres sonetos de Benvenuto Cellini, en italiano, en alemán traducidos por Goethe, y en español traducidos por Ochoa. 

Se atribuye al eximio traductor que fue San Jerónimo el dicho de que una versión no es sino una perversión. Según eso, toda traducción es una traición, más o menos encubierta: «traduttore traditore», dicen los italianos. Y a ese riesgo o castigo ha de someterse por cierto todo aquél que temerariamente a un trabajo de traducción se apreste. Muy raramente la traducción, más aún si de poesía se trata, podrá trasladar a una versión la belleza formal del texto original o, si eso lo consigue, el intrínseco mensaje de los pensamientos que albergue. 
Tanto más, si de sonetos se trata, donde ha de atenerse el traductor a las estrictas reglas que lo constituyen.
(Op. cit., página 293)

Permítaseme entrometerme en una tertulia tan ilustre de San Jerónimo, Benvenuto Cellini, Goethe y Miguel Ángel Ochoa para asegurar a quien nunca haya tenido la necesidad o el deseo de traducir que tal labor es tan ardua y exige tanta precisión que casi siempre su resultado es vano cuando no ridículo. No es así, de ningún modo, en el caso de estas traducciones de Goethe elaboradas con pasión, con ciencia y con paciencia por Miguel Ángel Ochoa. Valgan como botón de muestra estos dos sonetos (página 300-301): 

III. KURZ UND GUT

     Sollt’ich mich denn so ganz an sie gewöhnen?
Das wäre mir zuletzt doch reine Plage.
Darum versuch
’ich’s gleich am heut’gen Tage
Und nahe nicht dem vielgewohnten Schönen.

Wie aber mag ich dich, mein Herz, versöhnen,
Daß ich im wicht
’gen Fall dich nicht befrage?
Wohlan! Komm her! Wir äußern unsre Klage
In liebevollen, traurig heitern Tönen.

Siehst du, es geht! Des Dichters Wink gewärtig,
Melodisch klingt die durchgespielte Leier,
Ein Liebesopfer traulich darzubringen.

Du denkst es kaum, und sieh, das Lied ist fertig!
Allein was nun? – Ich dächt
’, im ersten Feuer
Wir eilten hin, es vor ihr selbst zu singen.

IV. DAS MÄDCHEN SPRICHT

           Du siehst so ernst, Geliebter! Deinem Bilde
Von Marmor hier möcht
’ich dich wohl vergleichen:
Wie dieses gibst du mir kein Lebenszeichen.
Mit dir verglichen, zeigt der Stein sich milde.

Der Feind verbirgt sich hinter seinem Schilde,
Der Freund soll offen seine Stirn uns reichen.
Ich suche dich, du suchst mir zu entweichen;
Doch halte stand, wie dieses Kunstgebilde.

An wen von beiden soll ich nun mich wenden?
Sollt
’ ich von beiden Kälte leiden müssen,
Da dieser tot und du lebendig heißest?

Kurz, um der Worte mehr nicht zu verschwenden,
So will ich diesen Stein so lange küssen,
Bis eifersüchtig du mich ihm entreißest.


Traducción de Miguel Ángel Ochoa Brun: 

III. DE UNA VEZ

           ¿Me veré a la costumbre esclavizado
de no poder vivir sin su presencia? 
Hoy quiero conocer lo que es la ausencia
pasando un día lejos de su lado.

  Mas, ¿cómo, corazón, no he consultado
en asunto tan grave tu experiencia? 
Ven, cantemos los dos esta inclemencia
de nuestro triste y solitario estado. 

 ¿Ves? Mi lira obediente ha respondido,
al gesto del poeta y ya escuchamos
el son de sus acordes melodiosos.

  Apenas lo pensaste y concluído
el poema está ya. ¿Y ahora? ¡Vamos
a llevárselo a ella presurosos!


IV. HABLA LA MUCHACHA

¿Por qué tan frío, amado? ¿De este mudo
marmóreo busto imitas la tiesura?
Si en ti no hay, tampoco en él ternura;
contigo comparado, es menos rudo.

Se esconde el enemigo tras su escudo, 
mas descubre el amigo su figura; 
si te busco, me huye tu premura;
aguarda y ve; tu estatua huir no pudo.  

¿A cuál, pues, de los dos mi amor entrego?
¿Habré de soportar dobles desvíos,
porque uno es mudo y otro desdeñoso?

Pero más no hablaré, sino que luego
de piedra besaré estos labios fríos
hasta que tú me arranques envidioso.------------------

Goethe dictando. Óleo de Johann Joseph Schmeller, 1834. 

¿Qué tiene esto que ver con Goethe y la Diplomacia de su tiempo? 
Poco, solamente, por no decir que nada. Además, el que esto escribe debiera aplicarse a sí mismo el cuento y recordar que en la limitación se muestra el buen autor. 
En algo sí pudiera hallarse conexión. La Diplomacia requiere respeto a las leyes y contención en las formas. Y eso tal vez sí lo explicó Goethe (magistralmente por cierto) usando para ello las formas poéticas más tajantemente exigentes de rigor y limitación: los sonetos. 
En ellos expuso Goethe lecciones tanto precisamente de literatura como de política, tanto para poetas como para ciudadanos, pero aplicables desde luego a quienes se afanen en las tareas de la Diplomacia: «en la limitación se define un maestro»y «sólo la ley nos da la libertad».
(Op. Cit., página 219-220)

Termina el autor este libro que de alguna manera abarca su vida entera, su vida intelectual y profesional, declarando: 

Y que mi admiración, muy de antaño cultivada, desde los tiempos que a la vista actual de uno mismo se antojan antiquísimos, quede probada, responde una osadía: la de atreverme a intentar una traducción en verso castellano de los sonetos goethianos y en forma de soneto. Y ello porque su serie ofrece un cerrado conjunto de variados asuntos. También porque el soneto es (para mí al menos) la expresión más consumada del cuidadoso quehacer y del remunerado resultado de todo poeta. «Catorce versos dicen que es soneto», sí, pero es desde luego mucho más. Y a esa gratísima tarea dediqué mis esfuerzos, allá por mediados del siglo pasado, en el año 1956, en parte en Madrid, en parte en Cambridge. No los he retocado, por más que bien conviniera, porque preferí dejarlos en el nostálgico estado que me inspiran. Y ahí están para que el lector los quiera o los desdeñe.
[...]
Porque a nadie quedará ya duda de que éste ha despertado de siempre mi admiración, aun cuando sus pensamientos sean tan insondables, su vida tan inabarcable como para que casi sea ilícito sumergirse todavía en ella a la búsqueda de más resultados. Convencido estoy de que a tal hombre, a tal poeta, lo único que puede ofrecérsele, es esto, un homenaje.
(Op. Cit., página 376-377)

Homenaje que, por cierto, yo debo al propio Miguel Ángel Ochoa Brun por lo mucho que aprendí de él más que de ningún otro jefe y compañero y amigo diplomático. Así pues, gracias y que Dios te guarde, querido Miguel Ángel.

P.S. Este su más reciente libro confirma la dedicatoria a Miguel Ángel Ochoa de mi libro El Guirigay Nacional:

MICHELANGELO OCHOA
QUI SAPIENTIAM AC BONITATEM
ELEGANTISSIME
IRONIA CELAT



Homenaje a Goethe. Diplomacia y literatura
Miguel Ángel Ochoa Brun
Publicado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España con la colaboración del Goethe Institut en Madrid
Madrid, 2022

Hay una versión digital disponible en la página del Ministerio de Asuntos Exteriores.


Enlaces relacionados:

Botones de Muestra (XXVII): (2015) Miguel Ángel Ochoa 
Tres poemas irónicos: (2011) Miguel Ángel Ochoa 
Trampantojos: (2010) Miguel Ángel Ochoa 


martes, 14 de julio de 2020

Botones de Muestra (XXXIV)


Atlas Shrugged
Ayn Rand


  Refresca encontrarse con una autora y un libro tan incalificables como inclasificables. Mezclan sus hilos personales, literarios e ideológicos hasta tal punto que la madeja es inextricable, aunque nunca aburrida. No podía ser de otra manera tratándose de Alisa Zinovyevna Rosenbaum, una rusa, judía, atea, partidaria del capitalismo a ultranza, que acogió con alegría la revolución de Kerenski y con pavor la revolución bolchevique, que consiguió huir de la Unión Soviética y emigrar a los Estados Unidos en 1926.

 Adoptó el nombre Ayn Rand para escribir, actividad que realizó con entusiasmo mientras sobrevivía con trabajos que la llevaron a Hollywood para ocuparse del vestuario de compañías de cine. 

 Su novela más importante apareció en 1957 con el título de Atlas Shrugged (publicada en español como La rebelión de Atlas). Tuvo un gran éxito pese a ser una mezcla ingenua, a veces tosca, de  filosofía política, acción, revoluciones, aventuras, amores y sorpresas diversas, todo ello en más de mil páginas de letra diminuta que me han dado dolores de cabeza y alegrías del ánimo durante estos últimos días.

 Las críticas fueron malas desde el principio, y siguen siéndolo. Las ventas fueron enormes desde el principio y siguen siéndolo ahora. La novela fue atacada por toda la izquierda intelectual y casi todos los conservadores intelectuales. Las ventas no se inmutaron y continuaron viento en popa, sobre todo cuando arreciaba el viento de la crisis económica, como fue la del 2008: las ventas de un libro como este que ya había cumplido el medio siglo, volvieron a subir hasta 445.000 ejemplares en 2011. 

 Angustiado como siempre por no reventar a mis amigos lectores este novelón lleno de lances y amores, de luchas y filosofías, tan sólo me atrevo a recomendarlo porque de ese millar largo de páginas tan sólo hay treinta y seis (de la 923 a la 959) que son aburridas. El resto puede irritar pero no aburrir. Es una mezcla de 1984 de George Orwell y de una película futurista como Blade Runner. Con más filosofía, eso sí, y no muy clara, ya que la autora concibió un sistema filosófico llamado Objetivismo, complementario con el Realismo Romántico que calificaba sus novelas. Y aunque se declaró aristotélica es bastante menos clara que el filósofo griego. 

Atlas Shrugged
Ayn Rand
Signet, New American Library 
New York, 1996

La rebelión de Atlas (Colección Ayn Rand): Amazon.es: Rand, Ayn ...
La Rebelión de Atlas 
Ayn Rand 
Traducción de Domingo García 
Editorial Deusto
Barcelona, 2019

Aunque no le leído la versión española tengo entendido que la de Domingo García de La Rebelión de Atlas (Editorial Deusto, 2019) es traducción fidedigna del original en inglés. 


Enlaces Relacionados 
Botones de Muestra (XXXIII) Vida y embajadas de Girolamo Farnese, Veneciano, Novela de José Antonio Martínez-Climent 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Botones de muestra (X)


Lo primero que salta a la vista de este libro es el excelente título escogido por el autor: El pábilo vacilante. Lo último es el no menos excelente -divino, incluso- origen del título, que se encuentra en el colofón, si se lo sopla a uno el autor (que sabe muy bien que la literatura cuando es buena es de misterio y cuando es mala es de Corín Tellado):
No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Isaías 42, 3. 
El pábilo vacilante, de Enrique García-Máiquez, se imprimió el 2 de febrero de 2012, fiesta de la Candelaria.
Bajo ese título hermoso encontramos, como reza el subtítulo (RAYOS Y TRUENOS, 2008-2011), una antología de entradas en la bitácora de su autor, que piensa con razón que "con los blogs literarios estamos ante un nuevo género, que ha encontrado un pequeño espacio propio entre los territorios del diario, la crónica periodística, la glosa, la tertulia, el epistolario y, ya puestos, el haibun". Eso quiere decir que alberga además mil formas de la concisión literaria, desde el aforismo o los lemas hasta la greguería o el colofón, como acabamos de ver. Incluso aparecen villancicos como éste, más que lunario breve fogonazo de estrella fugaz:
Es esta luna
la misma que brilló
allá en Belén.
Aunque hace frío, salgo
por si quiere contarme.
Lo más notable es que Enrique García-Máiquez combina el buen oído con la concisión extrema. Algunos dirán que eso es natural, pero no lo es. Gracián, sin ir más lejos, brillaba más por la concisión que por el buen oído. Incluso en El pábilo vacilante aparecen textos donde a la brevedad y a la eufonía se añade la densidad de alusiones cultas bajo un ropaje de gran simplicidad popular, por ejemplo en esta
Feria de Mayo en El Puerto  
La luna ha leído a Lorca
(como es lógico) y anoche
le dio por posar de rosa. 
Pero cuando fui a cortarla
para prenderla en el pelo
de Leonor, clamó indignada: 
«Una rosa es una rosa
es una rosa, y yo soy
leída pero no tonta». 
«Busca una buena gitana
y, señorito legítimo.
le compras por un buen pico
una rosa colorada... 
Tú déjate de metáforas».
En fin, cada uno admira más aquello de lo que carece, y yo no tengo buen oído para lo propio pero tal vez sí para lo ajeno. En algún lugar de este libro (o quizá me lo dijo de palabra el autor) cita a otro escritor que decía más o menos "cuando se escribe poesía el problema es buscar la rima; cuando se escribe prosa, también, pero para eliminarla". Claro que García-Máiquez es demasiado buen prosista como para seguir a rajatabla este precepto. Él no extirpa las rimas asonantes en su prosa, como mucho las espacia o suaviza manejando la métrica con discreción. Es fiel al método que propone: "escribir de buen humor, corregir de mal humor [...] Un mal humor que no nos hiele la sonrisa o que, incluso, la provoque, o una sonrisa que nos consuele un poco o que, al menos, no nos amargue más".


El pábilo vacilante
Por Enrique García-Máiquez
Renacimiento
Sevilla, 2012

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Botones de muestra

viernes, 8 de junio de 2012

Botones de muestra (IX)




Sobre Todo Nada es, desde el título del libro hasta el último poema, un cúmulo (¿o un túmulo?) perfecto de todas las formas imaginables del humor negro en su variedad poética y aforística. Prefiero, para dar una idea de su forma y contenido, empezar citando la primera parte de uno de sus poemas:
                          
                           HUMOR 
                                 I 
Lo tengo, 
Es el único de los órganos vitales que me resta, 
Estoy considerando donarlo para cuando esto termine. 

Me falta el valor, 
Hace tiempo perdí la esperanza, 
Ya no recuerdo dónde se quedó el deseo. 
Pero sí hay humor. 

Y sí, lo donaré sin duda, 
Está además en buen estado, 
No creo que los riñones sirvan para nadie, 
Del hígado ni hablemos, 
Quién va a querer mi corazón. 

Humor en buen estado que no sano, 
Amargo y ácido como el de un enfermo terminal, 
Humor sin hache y con hiel, que sí la tiene, 
Humor al cabo, humor.

Hay humor, desde luego. Hay humor negro, claro, y oscuro en un solo punto: "Humor sin hache" (ni el omnisciente Sr. Google nos saca de dudas, y tan sólo sugiere para completar el macabro crucigrama el nombre de un rey búlgaro del siglo VIII, Umor, o asesinato en esloveno, o apócope de humor en italiano).

Hay humor nihilista, como si Cioran se hubiera puesto a escribir poesía. Porque estos textos sí son poéticos, como son poéticos los mejores exorcismos antiguos. Por eso el lector se pregunta a veces si el autor no tendrá un punto de intención de exorcizar ciertos horrores que todos llevamos dentro. Ante esos horrores tan sólo cabe el exorcismo o el masoquismo, y no me parece columbrar lo segundo en Sobre Todo Nada.

Sí se ve, y mucho, el humor negro. Hablando el otro día con otro diplomático culto (no, no es oxímoron pero tampoco pleonasmo) y tendente al humor negro le comenté que en alguna de sus alusiones al liberalismo doceañista se traslucía lo que en inglés se llama humor de la horca (gallows humour) y que no parece tener traducción al español más que humor macabro. Me dijo que probablemente la expresión inglesa viene del alemán, Galgenhumor, y que Freud había escrito sobre eso. Así es que estoy a punto de retirar lo que acabo de escribir porque Miguel Albero es lo más distinto de Freud que cabe imaginar: Miguel Albero hubiera sido un buen chamán profiriendo exorcismos o conjuros en los que podía no estar ausente el sentido del humor, mientras que los psicoanalistas carecen de sentido del humor, por definición.

Recomiendo este libro a todos. A unos aportará el tónico vivificante de la discrepancia sobre la muerte. A otros nos hará leer cosas que, por lo menos yo, pienso (¿o siento?) a veces pero no escribo. Esa es la función imprescindible de los exorcistas.


Sobre Todo Nada
Por Miguel Albero
Visor Libros
Madrid, 2011

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miércoles, 29 de febrero de 2012

Botones de muestra (VIII)


Después del siglo XX
Por Fernando Ortiz
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, Enero 2012
(El libro se encuentra en Amazon.es)



En un lugar de la blogosfera de cuyo nombre conviene acordarnos (Apuntes y Reflexiones), abundan nuevos regalos en prosa y en verso que Fernando Ortiz hace a sus lectores con constancia, arte y hondura. Algunos acaban de aparecer en papel -por cierto, buen papel, buena tipografía, buena maquetación- bajo el título Después del siglo XX. El librito contiene entre otros este hermoso poema en endecasílabos blancos que no me resisto a reproducir entero como botón de muestra:


Memorias de un niño leído

Verano, la campiña, la cocina
a través de una puerta se abre al campo.
Trajinaban en ellas las mujeres.
Y por aquella puerta yo salía
al huerto, y arrancaba de la mata
un tomate al que daba algún mordisco.
Y escogía algún fruto bien maduro
del árbol, con pericia de un experto.
Agotado del juego matutino
a comer me llamaban, y el gazpacho
embaulaba y algún plato riquísimo.
Luego a dormir la siesta. Por la tarde,
en un sillón de mimbre me sentaba
bajo las buganvilias del jardín.
Y pensaba qué triste era mi vida.



Me trajo a la mente una frase del último artículo que publicó Joaquín Calvo-Sotelo, y la cito de memoria: "Lo único que reprocho a la vida es que no me avisó cuando más feliz era yo". Los endecasílabos de Fernando Ortiz tienen un claro y limpio tono elegíaco. Junto a poemas elegíacos, algunos ya fúnebres, hay otros de desengaño irónico. Y también hay uno que es pura sátira (es decir puro humor, según acabo de leer a Monseñor Ronald Knox), como este broche por soleares:


El siglo XX

Que nadie se llame a engaño:
Lo mejor del siglo XX
ha sido el cuarto de baño.





No es chico valor decir eso. Nabokov dijo algo parecido pero con menos gracia y sin rima, y por poco no lo matan los progres.

Así es que preparémonos para defender a Fernando Ortiz ahora que se declara incrédulo sobre la existencia del Progreso. Desde luego en la poesía no hay ningún Progreso, que se sepa. Pero ya es mucho e inhabitual estar a la altura de lo mejor del pasado, como consigue Fernando Ortiz.

Gracias, maestro.


Enlaces relacionados:
Dos antologías poéticas de Fernando Ortiz

miércoles, 18 de enero de 2012

Botones de muestra (VII)



Empecé a leer este libro con cierta duda inquieta que un antiguo nunca hubiera entendido: ¿era una novela? ¿o un ensayo histórico? ¿o quizá un ensayo antropológico sobre el recuerdo y el olvido? Un antiguo se hubiera limitado a constatar que La chica que dejamos atrás es una crónica con elementos épicos, líricos y religiosos, es decir un mito. Claro que en todas las civilizaciones la literatura –oral e incluso escrita– empieza con el mito. La diversificación de los géneros literarios viene mucho después; esa distinción puede muy bien interpretarse como el primer signo de decadencia en cualquier cultura humana. Pero ocurre que Rafael Garranzo, el autor de este trozo vivo de la historia reciente –o quizá intemporal– de la América del Norte, es antropólogo de formación y diplomático de profesión, con lo cual sabe muy bien que cuanto más pueda uno acercarse a los orígenes y a las raíces de un mito histórico mejor entenderá el incendio del que siempre queda algún rescoldo. Sabe incluso que ningún incendio en la historia se apaga del todo; siempre quedan brasas. Y son brasas que queman. Nadie puede removerlas con impunidad.

El método narrativo empleado se adapta muy bien a la realidad mítica -huelga decir que no son términos antitéticos- que describe. Se presenta como una obra coral y en el coro se mezclan los personajes y los narradores más variopintos, pero ninguno traído caprichosamente. La historia está contada por Buffalo Bill y Calamity Jane, por blancos y por indios, hombres y mujeres, muertos y vivos, perros, militares y escritores y pintores, y el Dr Jekyll y Mr Hyde, y hasta Robert Louis Stevenson aparece en alguna escena. Sobre todo, claro está, el principal narrador es es autor del libro, por más que no busque protagonismo y quiera dejárselo todo, con generosidad de auténtico escritor, a los memorialistas, historiadores, aventureros, héroes y malvados que cruzan las vastas praderas del Oeste. Rafael Garranzo, antropólogo seguidor de Lévi-Strauss (pero no rousseauniano, puesto que no cree en la inane dicotomía Hombre Bueno/Sociedad Mala), relata con vigor el drama de las guerras entre indios y colonos y soldados en los Estados Unidos. Garranzo es a la vez un contador de cuentos, como llamaban a Robert Louis Stevenson los polinesios, y un antropólogo que al final del día comprende el fondo del drama: a veces el olvido es el único remedio. No siempre el recuerdo sirve para el exorcismo de los demonios del pasado. T.S. Eliot no andaba descaminado al decir “humankind cannot bear very much reality”.

Por último, qué buen título el de este libro, que condensa la ironía de la historia, o quizá de toda la Historia. La chica que dejamos atrás (The girl I left behind) es el título de una vieja canción, considerada como una de las señas de identidad de los Estados Unidos. Pero resulta que, según nos asegura la Wikipedia, sus orígenes son ingleses o irlandeses. Luego la llevaron las tropas británicas a América y allí la adoptó el ejército de la revolución americana. Así es que también habrá que olvidar los orígenes de las canciones de marcha (también Lili Marleen y La Madelon) para ir incorporándolas a las señas de identidad de un bando o de otro. O, quizá, de los dos.



















La chica que dejamos atrás
Por Rafael Garranzo
Ediciones Atlantis
Madrid, Septiembre 2011

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jueves, 8 de diciembre de 2011

Botones de muestra (VI)





La frase de la portada de esta biografía de Alma Mahler Gropius, escrita por Almudena de Maeztu, dice mucho pero no todo: "Una mujer generosa, de espíritu libre, siempre polémica, musa de artistas, que fascinó a todos los que a ella se acercaron". Lo que no dice la portada pero sí el interior del libro es si era inteligente además de fascinante y buena persona además de generosa. La contestación a ambas preguntas que se desprende del texto de este libro es "Tal vez sí, tal vez no. Dependía de los días".

Esa condición cambiante en sus pasiones como en sus gustos hacía de Alma Schindler (por darle su nombre de soltera, que dejó de usar desde que se casó con el músico Gustav Mahler) materia perfecta para una biografía o una novela. La autora de este libro no ha desaprovechado la ocasión. Empezó escribiendo una tesis doctoral y luego la convirtió en una biografía que sin sacrificar el rigor histórico evita las arideces tan frecuentes en las tesis universitarias. Abarca la vida de la biografiada desde su nacimiento en 1879 hasta su divorcio en 1920 del arquitecto Gropius. Luego ella se casó con el escritor Franz Werfel y vivió hasta 1964. Tuvo amantes tan notables como los pintores Gustav Klimt y Oskar Kokoschka, amén de otros de menor cuantía.

Era vanidosa, voluntariosa y egoísta. En este libro aparece reproducida una larga y dura carta que le escribió Gustav Mahler, presa de los celos pero no ciego por ellos. Ni siquiera le hace reproches, más bien la analiza sin contemplaciones. Lo más curioso es que le señala, al parecer con motivos, que está vacía de ideas:

"Mi Alma, ¿cuáles son tus ideas? ¿Los escritos misóginos de Schopenhauer, las antimoralidades del superhombre de Nietzsche, tan falaz como detestable, los brumosos sueños ideológicos y etílicos de Maeterlink o la retórica de burdel de Bierbaum y compañía? Esas no son ideas tuyas, gracias a Dios, sino ideas ajenas."
Claro que junto a eso debía de tener una simpatía y un encanto arrolladores. Quizá también en vez de egoísta habría que usar el eufemismo egocéntrica. Y era muy guapa.

Esta biografía cumple brillantemente con la principal condición de ese género literario e histórico: expone de forma clara y amena la información disponible y deja al lector que juzgue al personaje. Leyendo este libro uno puede pensar que Alma Mahler era un monstruo. O una sirena cautivadora. O una eterna adolescente malcriada. O una mujer muy atractiva, que comprendía muy bien a los artistas y que gracias a eso fue una musa poderosamente inspiradora de músicos, pintores y escritores, y hasta arquitectos de la Bauhaus, a quienes cabría suponer una frialdad práctica y austera que los inmunizase ante cualquier vampiresa o valquiria. Quizá de verdad fue una fuerza de la naturaleza. Y, como me dijo la autora, "tal vez leyó demasiado a Nietzsche". Porque la biógrafa, Almudena de Maeztu, simpatiza con los personajes de estas vidas pero no deja de verlos con ojos muy claros ("Mahler en su música tenía un lado macarra", se atreve a decir). Qué diferencia con quienes descubren todo este mundo por casualidad, como tal político español que quedó prendado de la música de Gustav Mahler porque vio la película que lleva su nombre y hasta hoy no ha dejado de referirse a sus composiciones. "Consiguió que nos aburriese Mahler, pero peor hubiera podido ser si Alfonso Guerra en vez de ver Mahler hubiese descubierto a Mozart viendo Amadeus y nos hubiera hartado de su música", dice un amigo mío, anarca él.

Para los españoles que conocemos mal el mundo centroeuropeo y danubiano es éste un libro tan fascinante como Alma Mahler y esclarecedor del alma de Alma y de las tormentas de ella y de sus coetáneos.





Alma Mahler Gropius
Por Almudena de Maeztu
JP Libros
Barcelona, 2010

También disponible en edición Kindle:
https://www.amazon.es/dp/B006Y7DOXI

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jueves, 15 de septiembre de 2011

Botones de muestra (V)



Esta es una novela picaresca -escrita por un autor nada pícaro- que escoge como protagonista a un pícaro inocente, mánico-depresivo, opositor a notarías, obeso y de nombre Simbad Martínez. La unidad de acción es bastante intensa pues dura un año y 494 páginas. Ni una es aburrida. Los lances, en el Madrid de hoy, tienen todos un algo de Kafka y un mucho de Cela, de Mihura y hasta de Tintín, o mejor dicho de los dos policías tontos, Dupond y Dupont, representados por Aguayo y Torrecilla.

El efecto final no es sólo el clásico de la novela picaresca –nihilismo mezclado con añoranza de un mundo menos estúpido y cruel- sino burla surrealista con una palpable e injustificada esperanza en el porvenir.

Esto último se opone a la constante presencia de aforismos al estilo de Cioran, de los que es autor Simbad Martínez. Bien mirado y si relee uno a Cioran verá que es menos pesimista de lo que uno cree recordar porque no ha perdido el humor, un cierto humor salvaje, nada melancólico. Miguel Albero tiene tal oido literario que del medio centenar de aforismos que salpimentan la novela, cada lector puede intuir cuáles son un trasunto de Cioran y cuáles, más surrealistas, de Ramón Gómez de la Serna o de Jardiel Poncela. Y sin embargo, todos son rigurosamente (o suavemente) originales. Por ejemplo:

Hoy no puedo vivir todos los días

Los meses terminan y empiezan los meses.
Tampoco aquí se nos concede tregua alguna.

No hay sinvivir.
Sin vivir.
Eso quisiéramos.

Saber que existes me hace ser.
Perderte sería perderme.

No vivir siempre es más hermoso.
Vivir no siempre es la quimera.


Al releer los ejemplos que anteceden entro sin querer en el juego de detectar los influjos heterogéneos. ¿Gracián, el Barroco? Y a veces emerge, como una ballena cubierta de percebes, un aforismo grandilocuente pero nada serio, como un Viva mi dueño en la panza de un cacharro de loza:

De mi pueblo soy,
por mi pueblo vivo.

Mi pueblo es mi vida.
Por eso soy, por eso vivo.


Claro que esto ya es al final de la novela, donde el desengaño llega devolviendo la razón al pícaro, después de una batalla burlesca pero brutal en un supermercado. Este último episodio, como el resto de la acción constante en las tres partes de la novela, serían perfectas para una o varias películas. Las películas serían como la novela, que alguien tan tajante y agudo como Evelyn Waugh hubiera calificado de very funny, very sad. Quizá sea porque la dichosa contemporaneidad insobornable que nos ha tocado en suerte es así, triste y cómica a la vez. O sea, grotesca. Esta novela está en la mejor tradición española de retratar esa realidad grotesca.




Ya queda menos
Por Miguel Albero
Zut Ediciones S.L.
Málaga, 2011



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