Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: Emil Cioran

jueves, 15 de octubre de 2026

Emil Cioran

 


Emil Cioran, Eugène Ionesco y Mircea Eliade en París


«Personne n’est plus religieux que moi. Ni moins. Je suis à la fois plus près et plus loin de l’Absolu que n’importe qui». (1) ¿Será Cioran el colmo de la vanidad? ¿O será el colmo de la soberbia?  Tal vez no sea ni lo uno ni lo otro, sino cosa del bufón más grande de la historia contemporánea, que aprovechó la estupidez de la crema de la inteleztualidá francesa para entrar en el Parnaso.
En fin, hay que reconocer que el Parnaso ha debido de mejorar de ambiente y de humor con la llegada de Cioran (1995), e incluso también con la presencia de Eugène Ionesco (1994) y Mircea Eliade (1986).                                       
Todos los escritores tienen -tenemos- una pizca de exhibicionismo. A veces se mezcla con proselitismo. 
Cioran tiene algo más que una pizca. Incluso cuando se presenta como un anacoreta de la Tebaida o un fantástico hereje que chapotea en el Mar Negro.
Pero lo hace con ironía, no siempre amarga. Lo más interesante de su vida es Simone Boué, su mujer, siempre en la sombra, siempre ayudándolo.
Cioran hizo de su vida una tragicomedia: fue autor, actor y pintor del decorado.
Cioran suele mirarse el ombligo. Casi siempre usa la primera persona, «je» y otras on, o nous, pero siempre para hablar de si mismo y pontificar aunque sea burlándose de sí mismo.

«Il est possible à la rigueur d´imaginer 
Dieu parlant français. Jamais le Christ. 
Ses paroles ne passent pas dans une 
langue si mal à l´aise dans la näiveté 
ou le sublime».(2)

Cioran, supuesta quintaesencia del pensamiento francés y en francés, no es tal cosa pues se atreve a decir que el francés es la lengua del cielo pero no de Cristo.

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       (1) «Nadie es más religioso que yo. Ni menos. Estoy a la vez más cerca y más lejos del Absoluto que cualquier otra persona». Emil Cioran, Cahiers, París Gallimard.

(2) «Es posible, en rigor, imaginar a Dios hablando francés. Pero nunca a Cristo. Sus palabras no encajan en una lengua tan incómoda en la ingenuidad o lo sublime».Emil Cioran, Fractures, Aveux et anathèmes - París Gallimard (1986).
         



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2 comentarios:

  1. De los tres, conozco bien solo a Eliade. Ni el teatro del absurdo, que para mí siempre fue absurdo, ni el pesimismo nihilista me atrajeron nunca. Pienso, en mi ignorancia, que este tipo de corrientes solo brotan de las cenizas cuando los tiempos son decadentes y los vientos traen malos presagios.
    Eliade es otra cosa, pues me cautivaron sus libros llenos de erudición cuando los leí en mi juventud. Forgerons et alchimistes me resultó de gran interés y me incitó a investigar los mitos y ritos relacionados con la minería y las menas metálicas, un campo del que, modestamente, acumulé bastantes textos. Fueron sus obras guías que despertaron mi interés por el simbolismo, el folclore, la magia de las cosas y, en definitiva, los misterios intrínsecos de la naturaleza, abriendo en mi joven espíritu las puertas, si no a la gran Esperanza, sí al menos a las esperanzas de hallar sentido, conocimiento y causas a los enigmas y a la belleza del mundo.
    Tengo a la Esperanza por la más preciada de las virtudes, y renegar de ella me parece el peor de los pecados. Por eso, quizá, me alejo de todo aquel a quien veo cometer el yerro de la desesperanza ajena, pues quien induce a ella empuja, irremediablemente, a la desesperación. Pues quien esté desesperanzado, o acaso desesperado, bien podría encontrar sentido, aun desde la inmanencia, en hacer el camino más hermoso para los demás, en lugar de calcinar cualquier flor, más aún si está seco el camino, ya que bien dijo San Ignacio que hacer de la necesidad una virtud era un soberano triunfo.
    A tu servicio, querido amigo.
    DJF

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  2. Jean Doute - Pessimiste à temps perdu22 de octubre de 2026 a las 17:33

    Cioran se pasó la vida dudando de todo, menos de su talento para dudar. Y encima en francés, que siempre da más categoría al pesimismo 😂

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