Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

miércoles, 26 de octubre de 2022

Rishi Sunak

  Por su interés y con la autorización de su autor, Don Ramón Pérez-Maura, reproduzco este artículo aparecido hoy 26 de Octubre, 2022, en El Debate :



    

HORIZONTERAMÓN PÉREZ-MAURA

El racismo de la izquierda

Como dice un sabio amigo mío, las primarias siempre dan un mal resultado desde que se celebraron las primeras. ¿Las recuerdan? Jesucristo o Barrabás. Ganó Barrabás. En el Partido Conservador han generado a Boris Johnson y Lizz Truss. Dos desastres

 - Actualizada 01:30



L

a semana pasada, al hilo de la dimisión de la primer ministro Lizz Truss, escribí una columna titulada Una sociedad muy enferma. Mantengo mis afirmaciones sobre el disparate de gestión que ha provocado la brevedad de la jefatura de Gobierno de Truss. Pero la forma con la que          los tories han resuelto la crisis creo que indica que ha renacido el Partido Conservador clásico.

miércoles, 19 de octubre de 2022

Charles Baudelaire. Reaccionarios Liberales o Liberales Reaccionarios I

Baudelaire en 1844 por Émile Deroy

 

NADAR 1855
Baudelaire en 1855  por Nadar 

 

Baudelaire en 1862 por Carjat 

                                                              
Máscara mortuaria en 1867 de Charles Baudelaire


    La galería de pensadores, poetas, artistas o farsantes liberales reaccionarios o reaccionarios liberales hubiera debido presidirla Don José Ortega y Gasset. Hypocrite lecteur, mon semblable, mon frère, que diría Charles Baudelaire. Pero he citado tanto a Ortega en esta bitácora¹ que sería abuso traerlo de nuevo a la batalla como guerrero arquetípico de la Reacción Liberal.

    Así es que, sacrificándome como siempre por mis lectores, he preferido volver a un ejemplo tan seguro como inusitado de liberal reaccionario. O tal vez reaccionario liberal. Charles Baudelaire tan sólo es recordado hoy por sus escandalosos poemas, bien titulados Les Fleurs du Mal. 

    Como ejemplo, tan anarcoliberal como reaccionario, ahí va su homenaje al Maligno:

Gloire et louange à toi, Satan, dans les hauteurs
Du Ciel, où tu régnas, et dans les profondeurs
de l’Enfer, où, vaincu, tu rêves en silence!
Fais que mon âme un jour, sous l’Arbre de Science,
Près de toi se repose, à l’heure où sur ton front
Comme un Temple nouveau ses rameaux s’épandront!


Les fleurs du mal,1857


    Y, a continuación, una muestra de su recio desdén por cuanto ya entonces era políticamente correcto:

Il n'y a de gouvernement raisonnable et assuré que l'aristocratique. Monarchie ou république basées sur la démocratie sont également absurdes et faibles. 

Mon cœur mis à nu, 1864 

Il n'y a de grand parmi les hommes que le poète, le prêtre et le soldat, l'homme qui chante, l'homme qui bénit, l'homme qui sacrifie et se sacrifie.Le reste est fait pour le fouet.

Mon cœur mis à nu, 1864 


Les nations n'ont de grands hommes que malgré elles. Donc, le grand homme est vainqueur de toute sa nation.

Mon cœur mis à nu, 1864 


Avis aux non-communistes :Tout est commun, même Dieu.

Mon cœur mis à nu, 1864 


Ce qu'il y a d'enivrant dans le mauvais goût, c'est le plaisir aristocratique de déplaire.

Fusées, 1867


Parmi l'énumération nombreuse des droits de l'homme que la sagesse du XIXe siècle recommence si souvent et si complaisamment, deux assez importants ont été oubliés, qui sont le droit de se contredire et le droit de s'en aller.

Préface aux Histoires extraordinaires de Edgar Allan Poe, 1856


La plus belle des ruses du diable est de vous persuader qu'il n'existe pas.

Le joueur généreux, en  Le Spleen de Paris,1862


    Sin embargo, alguien tan ferviente cristiano como T. S. Eliot, y no fue el único, vio el fondo religioso en Baudelaire, coexistiendo con sus boutades:

His Christianity is rudimentary or embryonic; at best, he has the excesses of a Tertullian (and even Tertullian is not considered wholly orthodox and well balanced). His business was not to practise Christianity, but  —what was much more important for his time— to assert its necessity. 

T. S. Eliot, Baudelaire, en  Selected Essays, página 422



 Post Scriptum: Perdone el lector que adelante estas citas sin su traducción al español. No he encontrado ninguna versión satisfactoria en nuestra lengua, pero espero poder en breve elaborar una modesta traducción. 



¹ Enlaces relacionados:

 Don José Ortega y Gasset, novelista frustrado. Citas Proscritas VI

Don José Ortega y Gasset y el sufragio universal Citas proscritas. I

Democracia, régimen, república

Habrá menos liberalismo y más democracia

Botones de muestra (XX)

DELENDA EST CARTHAGO

Ortega y el viril apetito de perforación

Tontos en varios idiomas

miércoles, 28 de septiembre de 2022

Y Dios lamentó haber creado al hombre... Citas proscritas VI

Ya sobrecogen bastante las palabras inapelables, Y Dios lamentó haber creado al hombre (Génesis 6:6). Pero no son más que preámbulo del plan divino: Así pues, dijo Yahvé: «Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado –desde el hombre hasta los ganados, los reptiles, y hasta las aves del cielo–, porque me pesa haberlos hecho». Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahvé (Génesis 6:7-8).¹

A partir de ahí, el Diluvio Universal, la Torre de Babel y otras calamidades. Lo inefable no admite más comentarios.

"The Deluge", Gustave Doré, 1866

¹ La cita es de la edición española de la Biblia de Jerusalén, por lo cual era de temer que renunciaran a referirse a Dios con su Nombre en español y usaran el hebreo, Yahvé.


Enlaces Relacionados:

Valery Larbaud y Teócrito. Citas Proscritas V
Don Claudio Sánchez-Albornoz y Don Manuel Azaña contra los secuaces de Moscú. Citas Proscritas IV
Don Manuel Azaña contra los abyectos necrófagos. Citas Proscritas III
Julián Marías y el antiespañolismo. Citas Proscritas II
Don José Ortega y Gasset y el sufragio universal. Citas Proscritas I


martes, 30 de agosto de 2022

Taedium Vitae

 

Los libros de memorias profesionales son ilegales o son aburridos. Los de los políticos son a veces ambas cosas. Los de los diplomáticos suelen ser más aburridos que ilegales. 

Pero en todo hay excepciones. Precisamente ando detrás de mi mejor amigo, un viejo diplomático, para convencerlo y que escriba poco a poco algunos episodios más o menos públicos y publicables. El otro día, hablando con él a este propósito le pregunté cuál había sido su mayor frustración profesional. Lo hice porque en lo tocante a frustraciones casi nadie, ni siquiera los diplomáticos, miente. 

—¿Qué pasó cuando te cabreaste y dimitiste de tu puesto de Embajador en Londres? 

—Mira muchacho, yo nunca me cabreo, me enfurezco. Y los embajadores no tienen derecho a dimitir, pero sí a pedir el traslado dando un portazo.

—Bueno, bueno, ¿qué pasó?

—Llegué a Madrid y miré alrededor, vi a viejos amigos y compañeros entre los que estabas tú, y pregunté qué puestos había libres y sin novio. Alguien me dijo que nadie, ni siquiera algún joven secretario de embajada con ánimo aventurero, quería ir a Qala-i-naw. Miré un atlas y vi que era un pueblo en medio de la nada de un país, Afganistán, a su vez en medio de la nada eurasiática y en guerra. 

—¿Y qué te contestó el Subdirector General de Servicio Exterior?

La Subdirectora General me dijo que sin duda yo había leído demasiado Kipling. Le dije que por supuesto e incluso le mandé una cita de Kipling que guardo impresa: 

To the Afghan neither life, property, law, nor kingship are sacred when his own lusts prompt him to rebel. He is a thief by instinct, a murderer by heredity and training, and frankly and bestially immoral by all three. None the less he has his own crooked notions of honour, and his character is fascinating to study. On occasion he will fight without reason given till he is hacked in pieces; on other occasions he will refuse to show fight till he is driven into a corner. Herein he is as unaccountable as the gray wolf, who is his blood-brother.¹

—¡Qué barbaridad!— exclamé hipócritamente.

—Para colmo otra diplomática, antigua alumna mía, me dijo que mi virtud correría peligro en Qala-i-naw porque sólo había dos hombres que tenían derecho cada uno a vivir en un contenedor con ducha exclusiva, el Coronel Jefe del Equipo de Reconstrucción Provincial y el diplomático asilvestrado. 

—¿Y qué?

— Pues que, según la diplomática, más de una mujer haría cualquier cosa por tener una ducha caliente en privado.

—Total, Embajador, que no te dieron el puesto modesto pero animado que pedías y te quedaste con unas memorias tan banales como las de cualquier otro diplomático. 

 —Taedium vitae— contestó el Embajador, incapaz como siempre de resistir la tentación del latinajo.



¹ Para el afgano, ni la vida, ni la propiedad, ni la ley, ni el parentesco son sagrados cuando sus propias ansias lo empujan a rebelarse. Es un ladrón por instinto, un asesino por herencia y costumbre y franca y bestialmente inmoral por las tres cosas. Sin embargo, tiene sus propias y retorcidas nociones de honor, y su catadura moral es fascinante para estudiarla. A veces luchará sin motivo hasta que esta cortado en pedazos; otras veces se negará a luchar hasta que está acorralado; y entonces es tan imprevisible como el lobo gris, que es su hermano de sangre.

jueves, 11 de agosto de 2022

Santa Ana y la Virgen María

Con retraso, pues la Iglesia de Roma celebra la festividad de Santa Ana el 26 de julio, publico este cuadro de Murillo que siempre me pareció ser uno de los pocos suyos que inspiran cierta ternura algo triste. Diríase que Santa Ana revela a su hija la Virgen María el destino glorioso y melancólico que le espera. 

Una vez más hasta los escépticos recalcitrantes han de reconocer que Murillo no siempre era cursi, como ya quedaba claro en su Adoración de los Reyes Magos. Pero en este retrato de Santa Ana y la Virgen niña irrumpe con poca gracia la pareja cursilona de los querubines, con sus redondeces al aire y la coronita de flores. A veces imagino a la priora de un convento rico de monjas exigiendo al pintor la presencia en la obra de lindos serafines. 

Mas surge de nuevo al contemplar este cuadro una duda. Sería subsanable dedicando tan sólo una tarde a revisar la rica iconografía religiosa, cristiana para contestar a una pregunta. ¿Es muy frecuente, como pensamos algunos nada doctos pero sí aficionados, que la Virgen María casi siempre aparezca con gesto serio, melancólico o triste? Diríase que desde el principio, precisamente desde que Santa Ana le habla como en este cuadro, la niña futura Madre de Dios Hijo sonríe menos. 

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. Murillo, circa 1655. Museo del Prado

Tono distinto tiene el rostro de la Virgen, mirando con alegría hacia el cielo de su Hijo, en esta Asunción, pintada por un francés, Nicolas Poussin, que trabajó casi toda su vida en Italia. La verdad es que emociona mirar con detenimiento la expresión de la cara de la Virgen, extática y alegre a la vez. Tanto que, por una vez inspirados los putti (niños en italiano), se recatan un poco y parecen sinceros y más alegres que traviesos.




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martes, 19 de julio de 2022

El calor y la mala sangre


CESAR MANSO_AFP. 2022 

Este verano es uno de los peores de lo que va de siglo por el calor del tiempo y la mala sangre de algunos. Arden de nuevo miles y miles de hectáreas y seguimos tratándolo como un problema inevitable, insoluble y tan sólo debido a la sequía y al calor. Esa ceguera de la opinión pública y periodística es producto de la estupidez general y las quejas de los poderes públicos son por lo menos gemidos hipócritas. Puede que los  formadores de opinión, los influencers y el pueblo llano no estén al tanto de las causas de los incendios, casi siempre debidos a imprudencia jurídicamente punible o a dolo premeditado y gravísimo. Pero resulta increíble que los poderes públicos no lo sepan. 

En todo caso no comparten sus conocimientos con el pueblo soberano. Su obligación sería contestar a las siguientes preguntas:

¿Cuántos de los incendios parecen obra de individuos con intención delictiva o por torpeza punible? 
¿Cuántos han sido denunciados por las autoridades?
¿Cuántos han ido a los tribunales? 
¿Cuántos han sido condenados? 
¿Cuántos han cumplido su pena? 
¿Cuántos han pisado la cárcel y por cuánto tiempo? En 2016, el periódico digital La Información decía que sólo 8 de 325 condenados durante la década anterior entraron en la cárcel.  
¿Cuántos han pagado las multas o indemnizaciones debidas? 
¿Cuántos hay ahora mismo cumpliendo de alguna manera las condenas de otros años? 

Tal vez no haya ninguno cumpliendo condena. Sospecho que no hay muchos gobernantes o miembros de cualquiera de los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) que estén al tanto o que se muestren dispuestos a hacer públicos los datos pertinentes. 

Hace años visité a la Defensora del Pueblo a este propósito. Intentó ayudarme pero donde menos información pudo obtener fue en Cataluña donde no le facilitaron los datos.

En fin, publico aquí una vez más –sin miedo ni esperanza– un artículo que escribí para el ABC y apareció el 25 de Mayo del 2006. 


 Otra falacia patética 


   Una de las falacias más repetidas es que los españoles son indiferentes ante la Naturaleza. Sorprende esta afirmación reiterada y gratuita -auténtica falacia patética, que diría Ruskin- cuando todo a nuestro alrededor indica que en su mayoría los españoles no sólo no son indiferentes ante la Naturaleza, sino que con notable eficacia la detestan. Esa antipatía se manifiesta a veces de forma canallesca, quemando el monte o envenenando animales. En otras ocasiones el estilo es tan sólo achulado, y se desparrama basura en parajes de singular belleza, estridencias de discoteca y moto en el corazón del silencio, pintadas procaces o mitineras en las rocas. Es una manera de decir, con desplante de imbécil, «por aquí he pasado yo, que no soy menos que ese roble tan viejo o esa águila que salió huyendo». 

   Pero las más de las veces el odio rezuma por omisión más que por acción: los vecinos se sonríen ante el atropello, el juez se encoge de hombros, el Ayuntamiento se inhibe, los Gobiernos callan o fingen. Es la más sincera de las connivencias. «Vaya usted a saber quién lo hizo, sería muy difícil probarlo, además el bosque era muy viejo, y ya es hora de que esto beneficie a las personas y no sólo a los pajaritos». Y suspiran satisfechos los especuladores urbanos, tratantes de madera quemada, cazadores furtivos, extorsionistas, camellos de la droga, piariegos y retenes renegados. 

   El ejemplo perfecto de la mezcla de resentimiento y estupidez demagógica fue aquella brillante coletilla al lema de la vieja campaña contra los fuegos forestales: «Cuando arde un bosque, algo suyo se quema, señor conde». Añadiendo esas dos palabras, el gracioso -creo recordar que en La Codorniz- convertía el incendio en un acto progresista, puesto que fastidiaba a la oligarquía. Y además heroico, ya que en aquel entonces la Guardia Civil aún era o podía ser severa. 

   Huelga decir que esa bellaquería en particular no es ya políticamente correcta. Pero otras sí, pues casi todo es turbio en ciertas actitudes sociales. Ni siquiera los delincuentes, que deberían ser fieles a su imagen social de dechado de lógica -lógica egoísta y amoral, pero lógica al fin- son tal cosa cuando se dedican a destruir la Naturaleza. Rara vez actúan con la frialdad de un delincuente puramente racional, como por ejemplo un monedero falso. Éste tan sólo busca el estricto provecho económico, mientras que el incendiario, con independencia del posible lucro, suele disfrutar haciendo daño. Diríase que en ese terreno hay tanto o más odio que codicia. A veces cabe preguntarse si ciertos vertidos tóxicos o incendios no tendrán más en común con los crímenes de los violadores que con los de malhechores supuestamente racionales como los ladrones. Después de todo es de suponer que el sueño de quien aspira a hacer el mal perfecto es mancillar a su madre y luego matarla, y eso es, en exacta metáfora, lo que hacen miles de autores de delitos ecológicos al año, sobre todo en verano. Si tan sólo buscasen el lucro, es probable que escogieran otros delitos más rentables y que causan menos dolor innecesario. 

   Lo más triste, sin embargo, es que lo turbio de las motivaciones de los delincuentes parece desdibujar las propias reacciones de la opinión pública, de las autoridades y de los periodistas. No conozco otro ámbito donde haya menos ideas claras y menos acciones decididas. Abunda, eso sí, la palabrería. Todas las fuerzas políticas coinciden en sus ansias retóricas de «preservar el medio ambiente» (artículo 38 de la Constitución de 1978), pero ninguna muestra respeto siquiera por su propio nombre; se conoce que no va con ellas lo de nomen est omen. Los socialistas valoran muy poco en la práctica el primer bien social, que es la Naturaleza. A los conservadores no les interesa mucho conservar esta vieja piel de toro, tan llena de mataduras. Los verdes, absortos en la izquierda unida, tienen mucho más de izquierdistas que de verdes. Y los llamados ecologistas nunca se manifiestan cuando el desastre ecológico ocurre donde gobiernan las izquierdas. 

   Prueba de lo que antecede es la anarquía urbanística en casi todos los municipios españoles. Sea cual sea su militancia política, el sueño megalómano de un alcalde es benidormizar entero su término municipal, edificarlo del uno al otro confín. Yerran quienes atribuyen el anhelo a un afán de beneficio personal. Por lo común no se trata de cohecho sino de una fe pétrea en el progreso, entendido éste como un aumento acelerado del casco urbano y del número de automóviles en circulación. 

   Contra creencia tan firme no hay leyes que valgan, y menos en un país latino, donde la tradición es legislar profusamente pero sin luego aplicar las normas con demasiado rigor. A veces, sin embargo, triunfan paradójicos escrúpulos y ocurre, por ejemplo, que se paraliza la declaración de tal Parque Nacional para no verse obligados a entorpecer los negocios de la construcción ni sufrir la consiguiente pérdida de votos. 

   Quizá por el mismo prurito oficial de discreción -acaso para evitar la llamada alarma social- no sea posible averiguar cuántos están en la cárcel tras los incendios, casi todos provocados, de 180.000 hectáreas forestales en toda España durante el pasado año 2005, o por cualquier otro delito ecológico (se dice oficiosamente que nadie está en prisión por un quítame allá esas pajas, aun ardientes). Pero cuesta creer que haya voluntad oficial de sigilo, pues los poderes públicos no pueden ignorar el auténtico sentir popular ante todos estos abusos y delitos: la sonrisa suficiente. Como mucho, los políticos evitarán en lo sucesivo reconocer las amplias complicidades del pueblo soberano con los incendiarios, después del revuelo causado en agosto pasado por la franqueza de la ministra de Medio Ambiente al admitir que existía «tolerancia social» en Galicia y en el resto de España, que impedía la identificación de los culpables. 

   A la tolerancia podía haber añadido la desidia. Mientras escribo estas líneas y para no perder el sentido de la realidad más humilde, tengo a mi lado una bolsa de carbón vegetal para barbacoas hecho en el Paraguay y comprado esta primavera en unos grandes almacenes madrileños. O sea, que mientras ardían los montes españoles porque nadie era capaz de atajar el fuego, ya que el sotobosque no se mantiene limpio desde que desapareció el piconeo, estábamos importando picón de una selva situada a diez mil kilómetros de distancia. 

   Y es que aquí, como en otros asuntos nacionales, el problema no está tanto en el Gobierno o los Gobiernos de la nación cuanto en la nación del Gobierno. Un pueblo que no cree en él mismo -en su historia ni en su naturaleza- mal puede exigir fe y voluntad a sus Gobiernos. Y éstos -unos más que otros, es cierto- tendrán la perpetua tentación de zanjar los problemas «como sea». Es decir, sin resolverlos. 


El Marqués de Tamarón   



Este artículo apareció en el ABC el 25 de Mayo de 2006 y en esta bitácora el 23 de Octubre de 2008, el 25 de Julio del 2010, el 2 de Abril del 2012, y el 9 de Julio de 2019. Y ahora mismo es más triste y verdadero que nunca.


Enlaces relacionados:

¿Por qué arde España? (2021)
La tragedia recurrente (2019)

Fuego, crimen y castigo II (2017)
Fuego, crimen y castigo (2016)
Los hideputas hacen su agosto (2015)
Verano de bochorno (2015)
De nuevo la infamia impune (2014) 
Más hideputas que pirómanos (2013)
España pronto en llamas (2013)
"España está que arde" y "Algo suyo se quema" (2012)
Más canallas impunes (2012)
Sigue la impunidad de los canallas (2012)
Otra falacia patética (2010)
La herida infectada (2010)
La impunidad de los canallas (2009)
¿Cleptocracia o pulcrofobia? ¿O simple amnesia colectiva? (2009)
Otra falacia patética (2008)

 

martes, 28 de junio de 2022

Don José Ortega y Gasset, novelista frustrado. Citas Proscritas VI


José Ortega y Gasset, 1883-1955

Ortega podría haber sido el mejor novelista de su época. Dos ejemplos, escritos en 1917, cuando tenía 32 años, dan que pensar. Aparecen recogidos en De Madrid a Asturias o los dos paisajes, y más tarde en el Tomo III de El Espectador (1921). 

Juzgue el lector con un par de modestos y perfectos botones de muestra narrativa:


DUEÑAS

Pocos kilómetros antes de llegar a Venta de Baños está Dueñas, un pueblo atroz. Se alza en la caída de un cabezo con aire de pueblo alerta. Es del color de la tierra. Las casas de adobe, bajo la luz de la siesta, casi incorpóreas, tiemblan, como hechas de luz y calígine, y una enorme iglesia se levanta en lo alto, defensora y hostil. En torno al pueblo, edificado sobre la tierra hay un pueblo de terrícolas, de hombres que viven como hormigas dentro del cabezo. Allí, sepultos en las entrañas del montículo, que debe arder con fuego sin llama y sin claror, con terrible fuego mudo, estos castellanos y castellanas, hermanos nuestros, duermen, aman, paren. Fuera, el sol amarillea a lo largo, calizo, polvoriento, y el sol de julio hincha con cada una de sus pulsaciones todo el horizonte como un alarido inmenso. 

Pero, más o menos, esto también es Baños, donde dejo el tren de Irún para tomar el mixto de León. Ví un árbol en las inmediaciones. En estas tierras el sol de mediodía crea una soledad mucho más medrosa que la de la noche profunda... Es preciso recogerse en el pobre restaurante de la estación. Al entrar no se ve nada. La claridad desesperada que inunda el exterior ha absorbido todo el vigor de la retina. Poco después comienza a restablecerse la sensibilidad, y vacilando, con paso de convaleciente, palpando, apoyándose aquí y allá, descubre el flanco sin lustre de un aparador, las filas de copas con las servilletas en forma de cucurucho, las gasas de los espejos mancilladas por las moscas, y en la pared, colgando, una litografía de un palmo no más delicadísima, exquisita, sutil, hecha con puro espíritu de línea y pura esencia de color. Es del Siglo XVIII y se titula Les Bouquets. Unos galanes de casaquín ofrecen, en paso de danza, unos ramos de flores a unas damas floridas en ingrávidas. (¡Fondista, cuidado con mi amigo Pío Baroja, que es coleccionista!).

Grabado de Dueñas (1808) por Robert Pollard sobre una obra de Henry Swinburne durante su viaje por España en 1775-1776.Única imagen que se conserva del castillo y las murallas, antes de su utilización para la construcción del Canal de Castilla a partir de 1830 (Wikipedia) 

LA HERMANA VISITADORA

Palencia, Grijota, Villa Umbrales, Paredes... Aquí, en Paredes, creo que nació Berruguete, el escultor. Es una aldea grande, tendida en el llano, con algunos edificios amplios que deben de ser hospitales. ¡Iglesias y hospitales! Obras de la fe, obras de la caridad. Pero en ninguna parte, sobre los techos rojizos de estos poblados se advierte la huella de los dedos de la esperanza. Ni verdura en la tierra, ni esperanza en los corazones. Cercado por esta aspereza tan ardiente, algo, gimiendo dentro de nosotros, exclama: «¡Esperanza!». Y como si acudiera a nuestra llamada, vemos en la fantasía una fontana de agua clara, fresca, que mana trémula... 

Hasta aquí he ido solo en el departamento. En Paredes suben tres monjas, tres Hermanas de la Caridad. Una es joven, pálida y escrofulosa. Otra, de mediana edad, con tez y perfil anglosajones. La tercera, a quien ambas atienden y regalan, es vieja, una de esas viejas muy viejas que conservan en sus facciones gruesas una grata blandura, que tienen la mano aún gordezuela, pero ya sin elasticidad en los tejidos musculares. Es dulce, simpática, sencilla, noble y aldeana a la vez. Es la vieja perfecta; debió [de] ser hermosa, y los arcos óseos de sus ojos siguen siendo dos bellos arcos de ruidos. 

Debe de ser esta monja una elevada autoridad en su Orden. Por lo que habla, una visitadora que va de hospital en hospital, inspeccionando los pequeños destacamentos de este ejército tan noble, tan respetable, tan arcaico. ¡Pero es tan vieja! Ha olvidado los nombres de las superioras de todos los conventos que visita. Confunde una sor con otra sor. ¡Ha visto tantas! Ni por casualidad acierta una vez. La monja anglosajona, en cambio, lo sabe todo, y cariñosamente corrije a la anciana, la cual sonríe, sonríe siempre, con una sonrisa blanda y universal.

El sol de occidente echa unos rayos rubio por la ventanilla que besan y aureolan la faz cetrina de la hermana visitadora. Saca ésta del bolso un abanico de los que venden en las ferias con figuras abigarradas en el país. 

–Es el abanico de mi tonto –dice–. En el hospital tenemos un tonto que es muy bueno. El último día de mi santo me dijo (y la anciana imitaba el balbuceo del tonto): «Hermana, yo le regalaré un abanico.» Yo le contesté: «¡Pero si ya tengo, Crispín!» Y él repuso: «No, que es negro; yo quió regalarle uno con gente.» Mi tonto llama a las figuras gente. 

Luego pregunta: 

–¿Qué día es hoy? 

–Dieciséis de julio –le contestan.

Y dá un hondo suspiro, mira la lejanía y dice: 

–Pues esta mañana, a las cinco, han hecho cuarenta y nueve años que salí de mi casa para ir al convento. ¡Qué mañana! No la olvido nunca. Salí con el corazón encogido y me iba acordando de lo que decía Santa Teresa de sí misma: «Cuando abandonaba la casa de mis padres me parecía que me crujían los huesos.»

Pero esto lo dice la hermana visitadora envolviendo el antiguo hecho amargo con la sonrisa universal de ahora. Y es como si alguien acariciando con la yema del dedo una espina dijera: «¡Pobrecilla! ¡Bastante desgracia tienes con ser tu misión herir ».


No sé quién o qué frustró esta actividad de Ortega que hubiera podido desembocar en novelas o cuentos propiamente dichos. El filósofo siguió ocasionalmente creando y colocando en sus ensayos episodios o viñetas, a veces cuadros vivos, que daban vida a sus pensamientos, ideas y opiniones. Azorín también lo hacía, pero mal. En toda su carrera no escribió nada como estos apuntes que el propio Ortega no valoró bastante. 


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lunes, 20 de junio de 2022

Valery Larbaud y Teócrito. Citas Proscritas V


 Fi des pays coloniaux, qui n'ont pour eux
Que les merveilles de la nature, et n'ont pas su
Même se procurer un Théocrite.

Valery Larbaud, A.O. BARNABOOTH, Poesies, 1913

O sea: 

Qué asco, los países coloniales, que no tienen más   
que las bellezas de la Naturaleza y ni siquiera han sabido 
procurarse un Teócrito.

Amable lector, antes de escandalizarte por la incorrección política de Valery Larbaud, espera que termine el cuento. Descubrí a Valery Larbaud a los veinte años, cuando estaba yo en Burdeos mejorando mis conocimientos de francés para presentarme a la oposición de ingreso en la carrera diplomática. El autor - que tenía unos treinta años cuando en 1913 publicó esa monumental fantasía enciclopédica e irónica - me atrajo, incluso al descubrir el sorprendente final del libro. No sé si me ayudó  a sacar la oposición o a desconfiar del cosmopolitismo.

El caso es que el único "país colonial" lo sufrí cuando en 24 horas de estancia en Guinea Ecuatorial cogí el paludismo. En rigor podría considerarse país colonial a Mauritania, donde viví felizmente tres años, o el Canadá, donde pasé uno. Pero Barnabooth / Larbaud no los hubieran llamado así y yo menos.

En el Journal Intime del libro A.O. BARNABOOTH, el autor juega con el lector pues precipita la decisión dramática del multimillonario narrador, que decide volver a América como Ulises a Ítaca pero con cientos de baúles, un loro que repite en español ¿Loro...lorito...?¡lorito real! y Concha, con quien se acaba de casar tres veces: selon l'église d'Angleterre, selon l'église de Rome, et selon le consulat du ***. Los tres astericos representan el nombre del país de donde es originario el protagonista y donde radica su enorme fortuna basada en el guano. Él se llamaba a sí mismo a veces Le roi du caca... 

Valery Larbaud cae simpático a cualquier lector capaz de ver a través de distintos planos cuál es la esencia de su mente y su corazón generosos. El lector medio, y yo desde luego, se angustia al saber que Larbaud tras vivir su juventud de rico heredero que viaja y reside en diversos lugares y en todos disfruta, especialmente en Alicante, a los 53 años tuvo una hemiplejia y afasia que lo dejó los 22 años restantes sentado en una silla y repitiendo lo único que podía decir, Bonsoir les choses d'ici-bas. Es decir, Buenas noches, cosas de aquí abajo. Angustia el pensarlo y más aún al saber que el cerebro sí le funcionaba. Se ocupó de él solícitamente un eminente neurólogo, el Dr. Théophile Alajouanine. Pero desazona a cualquiera preguntarse si el pobre millonario esteta hubiera preferido la eutanasia. 

Valery Larbaud hacia 1900


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