Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La imagen de la lengua española en el futuro


Por el Marqués de Tamarón

Durante los agitados años de finales del siglo pasado, cobraron una importancia desmesurada los centros de estudio y previsión política. Solían ser instituciones más o menos independientes y más o menos especializadas en materias internacionales, nacionales, económicas o estratégicas. Pero todas tenían en común una misma finalidad: satisfacer las ansias de los políticos y de la opinión pública por conocer el futuro y prepararse para afrontarlo. Los que trabajábamos mal que bien, rodeados de tantas incertidumbres, solíamos empezar nuestras charlas o conferencias diciendo:

“Quienes viven de la bola de cristal han de acostumbrarse a una dieta de cristales rotos”.

Y todos terminábamos atragantándonos con varios añicos.

El caso es que era y sigue siendo más difícil prever el futuro a medio plazo que a corto o a largo plazo. Es, sin embargo, más necesario que ninguna otra cosa tener una idea de lo que va a ocurrir a medio plazo; no en vano Keynes dijo que “a largo plazo todos estaremos muertos”, y ello no es sólo verdad en materias económicas. Es también aplicable a cualquier otra realidad social. Por ejemplo, en lo tocante a las lenguas no hay mucho margen de error si pensamos que a corto plazo todo seguirá igual y a largo plazo cualquier lengua habrá desaparecido. Hace 17 años, se me encargó “dibujar el perfil internacional de nuestra lengua, averiguar lo que es y, casi igual de importante, lo que no es”. Creí ver que “el más somero boceto mostraría una gran lengua internacional, sorprendentemente unitaria, bastante pero no demasiado extendida geográficamente, de poco peso económico y con una reputación internacional manifiestamente mejorable”[1].

Pues bien, la reputación internacional del español sigue siendo manifiestamente mejorable, lo cual no quiere decir que no haya mejorado gracias a muchos esfuerzos de muchas instituciones y personas. Se daba la circunstancia, ya mitigada, de que nuestra lengua, una de las más lógicas en su gramática y más sistemática en la correspondencia entre escritura y fonética, como también una de las más unitarias, tenía la fama infundada de ser pura pasión y como tal un cúmulo de caos y anarquías románticas. Lo curioso es que esa falsa etiqueta la habíamos adoptado nosotros mismos, más o menos desde la Guerra de la Independencia, porque nos atraían los relatos y pinturas de una España de trabuco y pandereta que los extranjeros –no siempre con mala fe, a veces con gran admiración- nos dedicaban.

Adoptamos con extraño entusiasmo en el campo literario esos estereotipos y muchos ahí siguen. Seguramente más de uno a la pregunta de un estudiante extranjero, “¿qué clásico leo?”, contestaría antes El buscón que los sonetos de Quevedo. Y puestos a aconsejar un pensador o ensayista diría Unamuno y no Ortega y Gasset. Naturalmente la lengua y lo que en ella se escribe no siempre van parejos (pocos se atreven a recordar el juicio de George Borrow, “Don Jorgito el de las Biblias”, declarando la lengua española superior a la literatura española). Por supuesto en el español como en cualquier otra lengua coexisten tendencias muy distintas y aun contrapuestas, pero solemos fijarnos mucho más en el pathos que en el logos, en el desgarro que en la armonía.

A corto plazo poco cambio cabe esperar, pero a medio plazo sí es probable que se produzcan cambios de perspectiva importantes. El problema está en que los cambios de imágenes o estereotipos nacionales acontecen con gran lentitud. En general van a la zaga de los cambios sociales, que son algo más rápidos. El estereotipo de los españoles del Siglo de Oro vistos por los extranjeros tendía a ser el de hombres duros, eficaces y fríos, algo así como el estereotipo de los prusianos 300 años después. Mientras, el estereotipo de los ingleses en la época de Shakespeare era el de un pueblo apasionado, violento e impredecible, algo así como los italianos vistos por la ópera del siglo XIX. Todo eso ha cambiado, pero el caso es que las lenguas han cambiado menos que sus estereotipos, que suelen coincidir con los aplicados a sus hablantes. El inglés, que era y es una lengua perfectamente caprichosa, suele considerarse un prodigio de sensatez práctica. A la lengua española le ocurre precisamente lo contrario.

Sin embargo, lentamente, fuera de España y también fuera de nuestro folclore o nuestro cine, crece la constatación de que en la realidad, igual que los hooligans futboleros ingleses son mucho más brutales que los hinchas españoles, el aullido en otras lenguas es tan irracional o más que el aullido hispano. Eso y tantas otras observaciones como cabe hacer, parece que nosotros mismos no siempre queremos admitirlo. A veces uno se pregunta a qué se debe un fenómeno tan curioso como el que la imagen de España sea mucho peor entre los propios españoles que en cualquier otro de los ocho países europeos objeto de cierto estudio[2], que evidencia que quienes nos ven con más simpatía son los polacos y los británicos, mientras nosotros nos hundimos en una especie de masoquismo. En general y en el extranjero, es decir a efectos lingüísticos fuera de la veintena de países de habla española, la imagen de la lengua española, más o menos realista, sí va bastante unida a la imagen de los pueblos hispánicos. Quizá, en cambio, de puertas adentro nosotros admiremos más –como le pasaba a George Borrow hace casi dos siglos- nuestra lengua que nuestra cultura en general o nuestra historia.

El futuro de la imagen de nuestra lengua en el extranjero parece mejor, paradójicamente, que su futuro entre nosotros mismos. Deberíamos los hispanohablantes ayudar a esta lenta evolución mostrando nuestro aprecio por el lado lógico del español. No es asunto baladí el de los iconos nacionales basados en la cultura. No olvidemos nunca que es difícil vender un tren de alta velocidad si sugerimos que está fabricado por Carmen la cigarrera y conducido por Don Quijote. Y como los iconos nacionales se hacen extensivos a las lenguas, no estaría de más recordar que el español es “lengua nacida a la escritura en un monasterio de liturgia visigótica entre los Pirineos y la Sierra de la Demanda, rodeado de prados, hayedos y robledales […], con más razón que pasión”[3].

Aquí en la Rioja, pues, está la cuna de nuestra lengua, y la imagen mejor para su futuro.
  


[1] Marqués de Tamarón, El peso de la lengua española en el mundo, Valladolid, 
[2] Fuente: Pew Global, campo de Abril de 2012, citado en “Análisis de la actual imagen exterior de España” por Narciso Michavila (en Retos de nuestra acción exterior: Diplomacia Pública y Marca España, por diversos autores, Colección Escuela Diplomática, 2012 ).
[3] Loc. Cit., pg 70.


(Este es el texto que, algo resumido, fue mi intervención en el Foro Futuro en Español, el pasado día 15 de Noviembre, en Logroño. Lo reproduzco aquí pues, en estos tiempos de plagiarios impunes, los entendidos aseguran que cualquier obra literaria, grande o pequeña, tiene más probabilidades de ser robada si tan sólo está publicada en papel y no en soporte electrónico y presente en la Red)

miércoles, 7 de noviembre de 2012

"Que se jodan" dice Alfredo Bryce Echenique

“Que se jodan” dice Alfredo Bryce Echenique, “No he plagiado… Nunca lo he hecho”.

Ah, ¿no? Pues obsérvese esto:



*
Pínchese aquí para ver las comparaciones completas. 
** Y luego descárguese el archivo para verlo mucho más grande y nítido. 

 Lo que antecede es una imagen parcial y borrosa, pero fácilmente desarrollable y completable siguiendo las instrucciones. Sirve de ejemplo bastante claro del método ABE de plagio absoluto. Del discurso mío en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de 1991, Alfredo Bryce Echenique consiguió sacar (y cobrar) ocho artículos y una ponencia para el III Congreso Internacional de la Lengua Española. Es más, de la literalidad de los plagios da idea el hecho de que, por ejemplo en el artículo en Nexos del 1 de Julio del 2005 tan sólo figuran ocho (8) palabras que acaso procedan de su propio ingenio. El resto está sacado de mi discurso por el sistema de cortar y pegar. Su ponencia en el Congreso de la Lengua Española tal como figura en la página del Instituto Cervantes en la Red contiene un 77% de renglones míos y un 22% puestos por él, aunque éstos son en su mayoría citas de terceros autores. No está mal para un señor que a la sazón era miembro del Patronato del Instituto Cervantes, esa forma de apropiarse el trabajo de otro señor que un lustro antes era Director del mismo Instituto. 

Así es que las declaraciones de don Alfredo Bryce Echenique son dignas de un estudio a fondo, quizá por los jueces. No tanto lo del “que se jodan”, que se entiende bien y a fondo, sino la defensa que hace de su honor profesional de escritor al afirmar “No he plagiado… Nunca lo he hecho”. No parece ser de esa opinión el Tribunal de Defensa de la Competencia y de la Propiedad Intelectual del Perú, que en sus sentencias aprecia “plagios serviles” (sic) y también “plagios inteligentes” (sic) en la obra periodística de don Alfredo Bryce Echenique. 

Por cierto que para no incurrir en plagio, quiero dar de nuevo las gracias por su ímprobo trabajo de cotejo de textos a la joven investigadora doña Fabiola Ramírez Gutiérrez, autora de la tabla comparativa arriba reproducida (“En el taller de Bryce Echenique”, Nexos en línea 19/10/2012). 

Y para aportar juicios muy diversos, les sugiero que lean las declaraciones de don Alfredo Bryce Echenique reproducidas en El País de ayer, 6 de Noviembre (http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/05/actualidad/1352147480_768541.html) así como el comentario que a esas declaraciones dedica la revista Nexos hoy, 7 de Noviembre (http://redaccion.nexos.com.mx/?p=4394). 

Para mí que con mi discurso en la Real Academia de Ciencias don Alfredo Bryce Echenique cometió nueve plagios serviles y ninguno inteligente.

Posdata: Es peor aún, son diez no nueve los plagios serviles y ninguno inteligente. Me lo aclara doña Fabiola Ramírez; me explica que de ese mi discurso en la Real Academia de Ciencias salió otro artículo más que firmó don Alfredo Bryce Echenique en la revista Jano, número 1633, 2006. Claro que eso, con ser peor para la reputación del plagiario, es mejor para su cartera.


Enlaces relacionados:
Pedrada en ojo del boticario Bryce
Gracias, Doña Elena Poniatowska

lunes, 22 de octubre de 2012

Pedrada en ojo del boticario Bryce


      Permítaseme por una vez que empiece con una cita. Llega como pedrada en ojo de boticario y el boticario es don Alfredo Bryce Echenique. La pedrada la lanza doña Fabiola Ramírez Gutiérrez con un artículo titulado "En el taller de Bryce Echenique"  (http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2102983#_ftn40) que empieza así:


     Hace poco más de una década, Bryce Echenique fue aclamado no solo por forjar “uno de los mundos novelísticos más importantes de la literatura peruana de este siglo”, sino también por “haberse dado el tiempo de cultivar un periodismo original y singular, con admirable seriedad intelectual y hasta con denodada pasión”. Hoy es evidente que el autor nos engañó a todos en este último punto al plagiar el trabajo de otros.

     Termina la autora citando al boticario, que, sin duda cegado por los dioses que ciegan a quienes quieren perder, se atrevió a escribir en el año 2000 a propósito de la piratería de libros:

     “Los verdaderos piratas a menudo conocidos, poderosos, mañosos, atrapados, procesados y... y... y aquí no ha pasado nada son unos peces tan gordos, tan pero tan gordos, que su peso abruma y aplasta a las autoridades competentes, señores de vista tan pero tan gorda, a su vez, que son incapaces de distinguir y capturar hasta al gordo más gordo de todos los cuadros de gordas y gordos de Botero”. (http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2099807)

     Por último, como se dice en algunos parlamentos antiguos, tengo que declarar un interés. Soy parte interesada como verán ustedes en el cuadro titulado Evidencias materiales de los plagios de Bryce Echenique publicados en Nexos que publica Fabiola Ramírez al final de su minucioso estudio. La ficha número 12 se refiere al mucho jugo que sacó el Sr. Bryce Echenique a un trabajo mío de 1991, ya que copiándolo literalmente extrajo por lo menos tres artículos y un discurso y los publicó en varias revistas de tres o cuatro países. Y los cobró a todas las publicaciones. Parece ser que su columna estaba sindicada y se llamó a veces, sin duda por ironía, La columna incólume. 

     Quizá otro día, con tiempo, merezca la pena reproducir ese trabajo mío que tanto juego y jugo dio al boticario Bryce. Pero hoy lo que urge es dar las gracias a la investigadora, doña Fabiola Ramírez Gutiérrez, que con tanto tino como tenacidad contribuye poderosamente a desentrañar la maraña (y también, como ella misma hace, a doña María Soledad de la Cerda, cuya lista fue “de gran ayuda para elaborar este cuadro”).

Enlaces relacionados:
"Que se jodan" dice Alfredo Bryce Echenique
Gracias, Doña Elena Poniatowska

jueves, 18 de octubre de 2012

Elogio del rojo y vituperio del progre


Llevo años queriendo escribir un ensayo con ese título, pero tengo tal cantidad de barruntes y frases garrapateadas que es probable que nunca mi tesis revolucionaria vea la luz. Sin embargo, ya que una imagen vale por mil palabras, ilustraré la idea central con dos imágenes:

El Roto, publicado en El País, el 17 de Octubre, 2012

Recordemos que el Roto es rojo. Un rojo que conjuga mordaz crudeza obrerista con brillante sensibilidad artística. Lo contrario, pues de estotro:



Perich, Autopista (Cuando el bosque se quema algo suyo se quema... señor Conde), Editorial Estela, 1971



Ya se ve, el Perich es progre; pese a su militancia en el Partido Comunista tiene resabios de taimada hipocresía burguesa.

Sí, ya sé que la viñeta y la frase del Roto podrían interpretarse aproximándola algo a la viñeta del Perich, pero sería forzado. A fin de cuentas salta a la vista que al rojo Roto no le caen bien los incendiarios y al progre Perich sí.

Por eso son arquetipos respectivamente del rojerío y la progresía, y justifican este

Elogio del Roto y vituperio del Perich

Enlaces relacionados:
El fuego purificador
"España está que arde" y "Algo suyo se quema"

miércoles, 3 de octubre de 2012

El fuego purificador

Me honra Chimo Soler aceptando la hospitalidad de esta bitácora, donde acogemos hoy este artículo suyo titulado El fuego purificador. También hubiera podido llamarse El fuego impuro, pues impuro es todo lo maligno, y malignos son los incendios provocados por los canallas impunes. Pero hace bien el autor invitado en subrayar la paradoja de "cómo esa quimera del fuego purificador se metamorfosea y actualiza, para acabar prendiendo y dejando desiertos tras de sí". 


El fuego purificador
por Chimo Soler

En esta página del Marqués de Tamarón, Otto Silenus apostilla el 8 abril de 2012 en el artículo “Sigue la impunidad de los canallas”:

El lema "cuando un bosque se quema, algo suyo se quema, señor conde", no es de La Codorniz. Lo acuñó Jaume Perich Escala (El Perich) en su libro "Autopista", que en 1971 fue el mas vendido en España.

Ya tuvo Tamarón cautelas cuando precede la afirmación con “creo recordar”:

“Añadiendo esas dos palabras [se refiere a señor conde], el gracioso [J. Perich] -creo recordar que en La Codorniz- convertía el incendio en un acto progresista, puesto que fastidiaba a la oligarquía.”

Efectivamente, como afirma Otto Silenus el lema es de Perich y aparece en la portada de Autopista, el libro más vendido de 1971 editado por ver primera en 1970 por Estela. Como el libro es un recopilatorio, cabe  hacerse la pregunta de dónde y cuándo se publicó originalmente la viñeta con el lema y si pudo ser en La Codorniz, como también afirmaba en su blog el hoy ministro don José Manuel García Margallo, o fue en otro sitio.

No es la primera apostilla sobre la publicación de este lema. Cuando “Otra falacia patética” se publica en ABC el de 25 de mayo de 2006, la referencia a La Codorniz llama la atención de D. Carlos Robles Piquer, de su carta da noticia Luis Ignacio Parada también en ABC:

“Sólo quiero añadir, si mi recuerdo no falla” (…) el tremendo chiste que debilitó una acertada campaña de protección de los bosques en los últimos años del franquismo tuvo por autor a un buen humorista, Chumy Chúmez. Me parece recordar que él colaboraba en el diario “Madrid” tan crítico con aquel régimen como era posible. No creo, por tanto, que se publicara en ‘La Codorniz’”.


Un error que se corrigió semanas más tarde. En julio de 2006 ABC publica:

 “Detectó FERNANDO PASCUAL GIL que «en la carta de Carlos Robles Piquer, del 28 de mayo, se dice que el autor de la frase «cuando un bosque se quema algo suyo se quema, señor conde» es del humorista Chumy Chúmez, siendo en realidad de Jaume Perich»”

Posiblemente don Carlos Robles Fraga se hacía eco del libro “El parlamento de papel”, publicado dos años antes, en 2004. En esta obra de Ignacio Fontes y Ángel Menéndez se atribuye erróneamente el lema a Chumy Chúmez y al diario Madrid:

“cuando se inauguró el incendio forestal como camino expedito para la recalificación en terreno edificable y el gobierno de Franco hizo una campaña de publicidad con el eslogan «Cuando un monte se quema, algo tuyo se quema», Chumy escribió y dibujó en Madrid: «Cuando un monte se quema, algo suyo se quema, señor conde».

¿Es necesario explicar la gracia del chiste por el contexto? seguro que muchas personas de menos de treinta años no entenderían la frase sin él. De hecho, si se hubiera publicado hace cien años, sería normal entender que el aviso sería una exigencia de responsabilidad al conde de Romanones, como Presidente del Gobierno recién nombrado. Otros pensarían que podría ser que el conde fuera la persona mejor preparada para liderar la lucha contra el fuego ya que, siendo alcalde de Madrid, el 5 de octubre de 1894, se aprobó el primer reglamento del Cuerpo de Bomberos, sostenido por el Ayuntamiento. Fue una reacción al incendio de la calle Ribera de Curtidores, los “Matafuegos de la Villa” abrieron el camino a los Maestros Bomberos.

En esos tiempos no tan distantes, otros podrían pensar que el lema “algo suyo se quema, señor conde…” recordaría a Romanones las responsabilidades de ejemplaridad de la nobleza. De hecho, la preocupación por nuestros montes formaba parte del inventario de inquietudes del conde, en el libro de los discursos parlamentarios de Romanones leemos:

“Ya sabemos lo que suelen hacer esos capataces; no viven más que de consentir a los vecinos de los pueblos que talen los montes, tolerancia que todos los Diputados en mayor ó menor grado tenemos que consentir, porque todos los que han hecho elecciones saben que estos capataces y sobreguardas conocen que son un factor principalísimo en las elecciones, porque tienen los pueblos en la mano.

Desgraciado del pueblo que tenga montes, es el esclavo del capataz; no tiene más remedio, por su miseria, que vivir de la propiedad del Estado, y el capataz y el sobreguarda tienen también por su propia miseria que dejar talar los montes y así los montes van desapareciendo.”

Pero, volviendo a los setenta del veinte alguna interpretación de las citadas presenta un lado irónico, ¿pudo publicarse en el diario Madrid? Como es sabido el título del libro de Perich Autopista, el más vendido en 1971, satirizaba Camino, del fundador del Opus Dei. Habría sido chocante, como poco, que la portada de Autopista, con el flamante lema ‘Cuando un bosque se quema, algo…’ se hubiera publicado originalmente en ese diario Madrid, entonces editado por D. Rafael Calvo Serer y D. Antonio Fontán, próximos al Opus Dei.

¿Pudo ser La Codorniz el primer medio en publicar el lema? Hay varias fuentes que afirman que fue en la sección Perich Match de El Correo Catalán, un periódico que en sus orígenes servía a la causa carlista, católica y conservadora y que se reorientó hacia un ideario democrático y catalanista moderado. El propio libro Autopista indica el Correo Catalán como fuente del libro recopilatorio y así también lo recuerda el entonces editor de Estela, Alfonso Carlos Comín:


“En pleno furor y vigor tecnocrático, Perich había escrito un aforismo "docente" e impertinente: "De momento, al célebre "Camino" no se le va a cambiar el título para llamarle "Autopista." Este coqueteo entre las obras de infraestructura económica y las propiamente religiosas de la Obra dio origen al título que recogía un cúmulo de aforismos y de chistes que Perich venía publicando en "El Correo Catalán" en su sección "Perich-Match", materiales que, en el caso del humorista catalán resultaron ser señas de identidad de la realidad política contemporánea del país.”

La paternidad Autopista como título del libro también dio lugar a curiosas apostillas que ilustran un contexto complejo. El propio Jaume Perich en una entrevista sobre el éxito de su libro se distancia de ella, dejando bien claro que el mérito del título Autopista  correspondía a Comín, quien era, por cierto, de familia carlista, fundador de Cristianos por el Socialismo, compañero de Bandera Roja y posteriormente pasó al PSUC.  

“Perich, al recordarlo, sonríe: fue como estar en el lugar adecuado y en el momento oportuno, pese a las dificultades de edición, ya que el ministerio de Fraga respondía con silencio administrativo. El título fue una parodia de Camino, el libro de cabecera de los miembros del Opus Dei. Propuse ‘Algo suyo se quema, señor conde…’ pero Alfonso Carlos Comín, que era el director de la editorial Laia, sugirió Autopista y así se quedó.”

Parece, por tanto, fuera de duda que la primera publicación fuera, efectivamente, en la sección Perich Match incluida en la nueva etapa del Correo Catalán que pretendía, como otros, actualizarse manteniendo la cabecera. Lamentablemente para ver la viñeta original no disponemos de la versión digital en línea del periódico ni en la Biblioteca Nacional Española ni en la Biblioteca Nacional de Cataluña.

¿Pudo aparecer también en La Codorniz? No encuentro ninguna biografía oficial de Perich que documente su paso por La Codorniz. Pero así lo afirma Hoy en su número 20-31, las biografías en el portal Humoralart.com, en la Fondazione Franco Fossatin, el citado libro de Fontes y Menéndez y el blog de Kap en LaVanguardia.

Es instructivo observar como esa quimera del fuego purificador se metarmofosea y actualiza, para acabar prendiendo y dejando desiertos tras de sí. Afortunadamente también los matafuegos se ponen al día, aunque a veces su heroísmo les cueste la vida.


                                                Chimo Soler


martes, 25 de septiembre de 2012

"España está que arde" y "Algo suyo se quema"

Con la llegada oficial del otoño ha coincidido el inicio de otro incendio forestal más, el de Chulilla, en Valencia, que es uno de los muy dañinos. Tanto que se siente uno tentado de atribuírselo a alguno de los miles de cainitas que campan por sus respetos en España, buscando algún monte que aún no esté quemado. Pero la causa todavía no la sabemos, y quizá no la sepamos nunca: las autoridades no saben, no contestan.

Reconforta, sin embargo, comprobar que aumenta el número de quienes se niegan a a comulgar con las ruedas de molino de "habrá sido una chispa" o "habrá sido un loco", o más a menudo, "la culpa es de los recortes presupuestarios". A continuación reproduzco dos artículos que no predican la ceguera o la lenidad con los canallas incendiarios: "España está que arde", de José L. González Quirós, y "Algo suyo se quema", de José M. de Areilza.












viernes, 7 de septiembre de 2012

Más canallas impunes


Hace unos días, cuando aún duraba en España el siniestro resplandor de los incendios forestales provocados a fines de Agosto o principios de Septiembre, escribí este artículo que hoy publica el ABC (con alguna modificación menor como la legítima preferencia de la redacción para la entradilla, donde escoge una cita de Tamarón en lugar del argumento de Burke contra Rousseau), para ver el cual basta con pinchar aquí.

Debo subsanar un olvido mío, el nombre del autor del artículo de 1937, también aparecido en el ABC, bajo el título Tío Conservaduros y Tío Sociolisto. Se trata de José Mayoral Fernández, que fue cronista oficial de Ávila. No he encontrado otra mención anterior del apelativo conservaduros o conservaduro. Desde luego cada día hay más conservaduros y menos conservadores en nuestro país. Y cada día hay menos duros de plata y menos árboles.

La impunidad de los canallas
Por el Marqués de Tamarón

«… la respuesta de Burke a Rousseau: el orden político es un contrato, pero no como sostiene Rousseau un compromiso entre los que viven, sino entre los que viven, los aún no nacidos y los muertos.»

 Las derechas no son conservadoras y los movimientos ecologistas son de izquierdas, circunstancias ambas más palmarias aún en España que en los demás países desarrollados. Por eso es difícil hablar de la devastación de la Naturaleza en nuestro país. En cualquier debate sobre las causas y consecuencias de los incendios forestales, el sentido común, el sentido científico y no digamos el sentido de la justicia se ven eclipsados por la humareda de los prejuicios ideológicos. Y eso que en el fondo nuestra derecha –más heredera de Mendizábal que de Jovellanos– no está tan alejada de los postulados economicistas de la izquierda. A ninguna de las dos le importa mucho en realidad la conservación de la Naturaleza. Las dos aspiran al control económico de la sociedad.

 En los medios ecologistas reina, indiscutida, la estricta ortodoxia rousseauniana: el hombre es bueno y la sociedad es mala. O el hombre es bueno y el capitalismo es malo. Basta con ver los dictámenes publicados en los últimos días de agosto por las cinco grandes organizaciones ecologistas: Greenpeace, Ecologistas en Acción, WWF, SEO-Birdlife y Amigos de la Tierra. Poco habían dicho hasta ahora de la terrible serie de incendios del verano, pero al fin desgranan en la Red la letanía de causas tal como las ven los bienpensantes. En esencia son calentamiento global, recortes presupuestarios y mala planificación. Es decir, los abusos del "capitalismo salvaje". Poco o nada se dice de los incendios provocados. Como mucho, se habla de los “pirómanos”, con lo cual el dogma rousseauniano queda a salvo, puesto que los causantes son unos enfermos –por culpa de la sociedad– y por tanto inocentes. Pero todo el mundo sabe que en su mayoría los grandes incendios son provocados, y no por imprudencia sino por intención criminal. También por eso es insuficiente pedir que se cambie la ley para castigar con más severidad esos delitos. El problema no es tan sólo la lenidad de las penas, con ser notable. Está sobre todo en que la ley no se aplica. Incluso cuando se ha capturado al sospechoso y ha sido juzgado y condenado, ocurre que o no cumple la pena o ésta se queda reducida a un tiempo mínimo. La prueba está en que de un año para otro quedan en la cárcel muy pocos o quizá ninguno de los convictos y confesos. Y por cierto, los datos estadísticos que acreditan la lenidad de la justicia en estos delitos son de difícil acceso, cuando no imposible.

 Por otro lado, la escasez de datos sobre la profesión de los causantes de los incendios dan pábulo a conjeturas –muy verosímiles pero tal vez injustas o incompletas– que están en la mente y en la boca de todos, pero no en la pluma. Además, parece que los jurados populares son reacios a condenar a los incendiarios, y hablan distintas fuentes de encomendar estos casos a jueces y magistrados profesionales. No es chica ironía que esa conquista democrática haya resultado ser un fracaso, al menos en estos asuntos donde acaso los jurados populares se consideran pertenecientes al mismo demos que los incendiarios. Maravilla que concurran por igual en este desencanto juristas progresistas, que no hurtan sus togas al polvo del camino, y ministros del actual gobierno.

 La derecha española no es propiamente conservadora. Es cierto que no es nuestro país el único donde tal cosa ocurre. En el Reino Unido el centro de gravedad del Partido Conservador se alejó del conservatismo para pasarse al liberalismo librecambista. Siempre se dijo que Margaret Thatcher estaba más cerca en su ideología de Gladstone que de Disraeli. En lo referente a la conservación de la Naturaleza, dos de los más notables pensadores ingleses de hoy, John Gray y Roger Scruton, subrayan que el llamado ecologismo debería ser –como lo fue en sus inicios en el siglo XIX– una causa muy ligada al Partido Conservador británico. Es más, ambos citan la misma fuente, la respuesta de Burke a Rousseau: el orden político es un contrato, pero no como sostiene Rousseau un compromiso entre los que viven, sino entre los que viven, los aún no nacidos y los muertos. La población actual del planeta puede tener interés en consumir todos los recursos, pero no para eso trabajaron nuestros mayores, y nuestros descendientes aún no nacidos dependen de nuestra moderación. A largo plazo, el equilibrio social ha de incluir, pues, el equilibrio ecológico.

 En la derecha española las dos corrientes están muy marcadas. Una de ellas tiene incluso un nombre que me atrevo a usar aquí pese a su tono burlesco. Me refiero a conservaduros, cuyo primer uso documentado que encuentro está, precisamente, en esta página del diario ABC, hace 75 años. Se trata de una denuncia feroz del ánimo codicioso de un cacique de derechas al que dieron el apodo de Tío Conservaduros y a su rival, Tío Sociolisto (ABC, Sevilla, 4 marzo 1937). El caso es que el ansia de conservar las monedas de a duro no lleva a ningún empeño en conservar la Naturaleza. Ni los ecologistas de izquierdas ni los derechistas librecambistas atribuyen a la Naturaleza un valor más que instrumental. Por eso ambos sectores la llaman Medio Ambiente, es decir, mero escenario para las posturas e intereses de ellos, los grandes actores. Por eso tampoco creo que les sorprenda mucho la tragedia de este verano en llamas. Pueden estar seguros de que dentro de poco ya se nos habrá olvidado lo ocurrido; después de todo, 165.000 hectáreas son poca cosa al lado del casi medio millón calcinado durante el verano de 1985. O de las más de 400.000 que quemaron en 1978, en 1989 y en 1994. Por cierto que el primer año en que se rebasaron las 150.000 hectáreas quemadas (cifra hoy por debajo de la media, pero que parecía inquietante entonces) fue 1975. También se nos ha olvidado ya que en 2005 un incendio mató a 11 personas y quemó 13.000 has, y que siete años después han condenado a un solo acusado “por un delito de incendio forestal cometido por imprudencia grave, a dos años de prisión” (que no tendrá que cumplir) y multas y responsabilidad civil de 10 millones de euros, que no pagará.

 Al final –triste estrambote– surge la pregunta que acaso interese a los conservaduros: ¿qué hace más daño a nuestra imagen turística y económica en el extranjero, los incendios provocados o la impunidad de los canallas incendiarios?

El Marqués de Tamarón 
Escritor y diplomático

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martes, 21 de agosto de 2012

Un soneto de Fernando Ortiz

Me lo presta desde Cádiz en este Agosto inmisericorde, pero soportable en la Tacita de Plata, que él, Fernando, ve "nostálgica y extraña". Yo también la veo así. Por eso y porque a él lo admiro y lo conozco bastante como para saber que terminará publicando una versión ulterior en su propia página, me atreví a pedirle permiso para recibirlo aquí.

¿Dónde mejor que en una bitácora puede hacer escala un soneto a Cádiz?

Gracias, maestro,
y publico el soneto con tu venia.

                            CÁDIZ

                                                A mi amigo Santiago, oficial de la Marina Española
                                                que mandó tropa en esta plaza.

Constitución. La libertad. La España
que no fue ni será nunca jamás.
Entonces se soñó. Ven y verás
de la lejana América la entraña.

Qué ciudad tan nostálgica y extraña.
Neoclásica, barroca y además
se ríe de sí misma y los demás
y oculta con su ingenio la patraña.

Patraña de un país que es de opereta.
Entra en el mar, y el mar la purifica
con su humedad salada y primigenia.

En Venecia hay canal, y aquí caleta.
Para sainete el de tía Norica
y termino el soneto con tu venia.

Fernando Ortiz