martes, 9 de diciembre de 2025
Felices Pascuas y A.D MMXXVI
viernes, 13 de diciembre de 2024
Felices Pascuas y A.D. MMXXV
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| Cristo recién nacido, Georges de la Tour 1640, Museo de Rennes (Para agrandar la imagen pinche encima con el ratón) |
Os deseo a todos unas felices Pascuas y un buen Año Nuevo de 2025.
lunes, 11 de diciembre de 2023
Felices Pascuas y A.D. MMXXIV
| Adoración de los Reyes Magos, Rubens. 1624,Museo Real de Amberes |
miércoles, 7 de diciembre de 2022
Felices Pascuas y A.D. MMXXIII
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Madonna della Candeletta (Para agrandar la imagen pinche encima con el ratón) |
Campanitas de Belén,
tocad al Alba, que sale
vertiendo divino aljófar
sobre el Sol que de ella nace,
que los ángeles tocan,
tocan y tañen,
que es Dios hombre el Sol
y el Alba su madre.
jueves, 11 de agosto de 2022
Santa Ana y la Virgen María
Con retraso, pues la Iglesia de Roma celebra la festividad de Santa Ana el 26 de julio, publico este cuadro de Murillo que siempre me pareció ser uno de los pocos suyos que inspiran cierta ternura algo triste. Diríase que Santa Ana revela a su hija la Virgen María el destino glorioso y melancólico que le espera.
Una vez más hasta los escépticos recalcitrantes han de reconocer que Murillo no siempre era cursi, como ya quedaba claro en su Adoración de los Reyes Magos. Pero en este retrato de Santa Ana y la Virgen niña irrumpe con poca gracia la pareja cursilona de los querubines, con sus redondeces al aire y la coronita de flores. A veces imagino a la priora de un convento rico de monjas exigiendo al pintor la presencia en la obra de lindos serafines.
Mas surge de nuevo al contemplar este cuadro una duda. Sería subsanable dedicando tan sólo una tarde a revisar la rica iconografía religiosa, cristiana para contestar a una pregunta. ¿Es muy frecuente, como pensamos algunos nada doctos pero sí aficionados, que la Virgen María casi siempre aparezca con gesto serio, melancólico o triste? Diríase que desde el principio, precisamente desde que Santa Ana le habla como en este cuadro, la niña futura Madre de Dios Hijo sonríe menos.
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| Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. Murillo, circa 1655. Museo del Prado |
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lunes, 13 de diciembre de 2021
Felices Pascuas y A.D. MMXXII
viernes, 11 de diciembre de 2020
La Virgen de la Granada
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La Virgen de la Granada, Fra Angelico, 1426. Museo del Prado |
jueves, 5 de diciembre de 2019
O Oriens Splendor Lucis Æternae
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| Adoración de los pastores, Matthias Stomer, circa 1635-1640, Palacio Real de Turín. |
miércoles, 5 de diciembre de 2018
Gloria in Excelsis Deo
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| Adoración de los Magos, Domenico Ghirlandaio, 1488, Hospital de los Inocentes, Florencia. |
Enlaces relacionados:
miércoles, 21 de diciembre de 2016
Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo
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| La Adoración de los Pastores. Maíno (1581-1649) Museo del Prado |
Enlaces relacionados:
Felices Pascuas (2015)
Temblando estaba de frío (2014)
"Cuídate ser Mago si no eres Pastor" (2013)
...y no sólo estaban la mula y el buey (2012)
Felices Pascuas (2011)
Felices Pascuas y Año Nuevo (2010)
Felices Pascuas y próspero Año Nuevo (2009)
In verbis in herbis (2008)
lunes, 21 de diciembre de 2015
Felices Pascuas
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| Madonna della Candeletta por Carlo Crivelli, 1490 |
Felices Pascuas a todos o mejor dicho está aquí por Haendel y con música:
Enlace relacionado:
Aleluya
viernes, 13 de diciembre de 2013
"Cuídate ser Mago si no eres Pastor"
Domenico Ghirlandaio
1485
En la Santa Trinidad, Florencia
- Dígame, Rey Mago,quién lo trajo aquí.- De mi torre pina,estrella que vi.- Y a ti, pastorcillo,¿quién te lo anunciaba?- Por mis soledades,Un Ángel pasaba...Escribas cerraronpuertas y ventanas.Huyen mercaderesde visiones vanas.Para calar prontosi viene el Señor,cuídate ser Magosi no eres Pastor.Eugenio d'Ors (1882-1954)
Ghirlandaio, a su manera, es tan realista con sus recios y tiernos colores como las lapidarias palabras castellanas del gran catalán.
Así es que
domingo, 30 de diciembre de 2012
Un pregón de Navidad
Me siento honrado porque los vecinos de la villa de Tamarón me encargaron el pregón de Navidad. Lo leí en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Me atrevo a reproducir el texto a continuación porque gracias a la ayuda que recibí de Góngora, Lope de Vega, José Antonio Muñoz Rojas, Cela, José Hierro y, sobre todo, de los anónimos autores de tantos villancicos populares, el pregón no salió del todo mal. Así es que aprovecho la ocasión para agradecer a los ilustres poetas muertos y a los no menos generosos habitantes de Tamarón su apoyo y hospitalidad, prestada a través de su Alcalde, su Asociación Cultural y su Cura Párroco.
Queridos amigos todos de Tamarón:
Uno de los secretos mejor guardados hoy en día es el de los belenes de montaña. No es fácil ver en las nieves de las cumbres españolas el lugar abrigado entre piedras donde unos montañeros por estas fechas han empezado a colocar pequeñas figuras del Niño Jesús, de la Virgen María y de San José, y también, claro está, de la mula y el buey. Y a veces, pero no siempre, pues suele faltar sitio en los recovecos de los canchales, algún pastor, alguna oveja, algún ángel y tres Reyes Magos. El primero de esos modestos santuarios que descubrí en mi vida está –a 2.209 metros de altura– exactamente en la divisoria de aguas entre la cuenca del Tajo y la del Duero… o si ustedes prefieren en la raya entre Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, y no se suele dar más pormenores… Los montañeros que colocan las imágenes en la mínima y Santa Cueva rehuyen decir dónde está, quizá porque cada vez se fían menos de la creciente impiedad de nuestros tiempos.
Sin embargo, el símbolo más potente de nuestra religión, de nuestra cultura y también de nuestra civilización es ese: la esplendorosa epifanía del Niño Dios. Sin la Navidad de forma patente o implícita, nuestro mundo sería un patético chiringuito, frío y desangelado, nunca mejor dicho.
Por eso no olvidaré jamás lo que vivió alguien a quien conozco mejor que a nadie. Su madre, de confesión anglicana, siempre había dicho que la historia más hermosa del mundo era la de la Natividad, y que era tan radiante y con tantos personajes inesperados que aunque sólo fuera por eso tenía que ser la más absoluta verdad; pues ninguna mente humana podría haberla inventado. La mezcla de Reyes Magos guiados por una estrella, con pastores y ovejas, y ángeles cantando, y el parto de una Virgen que da a luz a un Niño Dios refulgente, destinado ya al martirio para redimirnos, es una escena tan gloriosa que, decía aquella señora, tenía que ser verdad. Pues bien, cuando murió –tras recibir la extremaunción, por cierto, de un sacerdote católico romano– su familia procedió a organizar dos funerales, uno católico y otro anglicano. En ambos insistió mi amigo en incluir lecturas de los evangelios de San Mateo y San Lucas, que por sus relatos de la Natividad eran los preferidos de su madre. El sacerdote católico comprendió muy bien lo que se quería hacer y accedió en el acto. El sacerdote anglicano objetó dificultades, diciendo que no era costumbre mezclar la Navidad con un servicio religioso para difuntos, pero al final consintió, y creo recordar que incluso aceptó que se leyesen los textos en la versión antigua inglesa de la Biblia del Rey Jaime. Estoy seguro de que aquella señora y también sus amigos y familiares recibieron el consuelo de la belleza solemne y tierna del recuerdo de aquel pesebre en Belén.
Ese sentimiento está muy presente en la rica tradición española de los villancicos, tanto los más populares como los más cultos. Esa ternura poética que late en la copla anónima
La Virgen está lavando
y tendiendo en el romero,
los pajarillos cantando,
y el romero floreciendo.Pero mira como beben
los peces en el río,
pero mira como beben
por ver al Dios nacido.
Beben y beben y vuelven a beber,
los peces en el río
por ver a Dios nacer.(¿Sería andaluz el autor de esta rima entre río y nacío?)
Esa misma ternura se halla en el bellísimo villancico de Lope de Vega:
Temblando estaba de frío
el mayor fuego del cielo,
y el que hizo el tiempo mismo,
sujeto al rigor del tiempo.¡Ay, Niño tierno!
¿cómo, si os quema amor, tembláis de hielo?El que hizo con su mano
los discordes elementos,
naciendo está por el hombre
a la inclemencia sujeto.¡Ay, Niño tierno!
¿cómo, si os quema amor, tembláis de hielo?Resulta conmovedora y a la vez fascinante la mezcla de familiaridad, ternura y veneración que Lope de Vega muestra por el Niño Dios en el villancico anterior. En el siguiente, Góngora añade a la divina escena al otro personaje fundamental, la Virgen María, que aparece requebrada por el poeta con el nombre refulgente de Aurora:
Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!Cuando el silencio tenía
Todas las cosas del suelo,
Y, coronada del yelo,
Reinaba la noche fría,
En medio la monarquía
De tiniebla tan cruel,Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!De un solo Clavel ceñida,
La Virgen, Aurora bella,
Al mundo se lo dio, y ella
Quedó cual antes florida;
A la púrpura caída
Solo fue el heno fïel.Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!El heno, pues, que fue dino,
A pesar de tantas nieves,
De ver en sus brazos leves
Este rosicler divino
Para su lecho fue lino,
Oro para su dosel.Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!No hace falta añadir que si la hermosa Aurora es María, el Clavel bellísimo es Jesús. Está claro que en el Siglo de Oro de nuestra literatura era un recurso no sólo lícito sino aconsejable el prodigar requiebros a la Divinidad.
Y esta costumbre de tratar con familiaridad y ternura a los personajes de la Navidad persiste aún hoy, incluso en autores insospechados. Hace unos años se me ocurrió encargar para las tarjetas navideñas del Instituto Cervantes diversos villancicos a autores españoles consagrados. El que ahora leo me pareció especialmente conmovedor y no me lo esperaba así del autor, que luego les diré:
¿Quién es?
¿Quién es el que en la noche
negra y helada
se derrama oro a oro
sobre la escarcha,
llamita niña
manantial donde mana
la vida misma?El poemita es de José Hierro, que nunca dejó de ser comunista pero nunca tampoco perdió la sensibilidad para la tradición navideña.
El siguiente es de José Antonio Muñoz Rojas, que también entronca con el estilo más clásico del villancico entre culto y popular:
¿Quién ha visto la azucena
florecida con el frío?
¿Quién ha visto sin rocío
la noche y la yerbabuena?
¡Ay noche de Nochebuena!
¿Qué haces, ahí tan parada
como si no hubiera nada
armado en la tierra, cuando
está ya a tu fin tocando
en un portal la alborada?Por último, quiero recordar esta
Octavilla para el desayuno
del
Niño JesúsTraigo dulce de membrillo,
bienmesabes y alfandoques
de mírame y no me toques,
canto al son de la fanfarria
de un arcángel monaguillo
mientras destapo el puchero
que guarda el sabor primero
de las flores de la Alcarria.Quizá hayáis adivinado, por el elogio de la Alcarria y por lo goloso del instinto del autor, que éste no era otro que Camilo José Cela, dando dulce coba a Jesús.
Después de lo que han pregonado sobre la Navidad algunos de los mejores ingenios de este nuestro viejo Reino de España, incluido su pueblo anónimo, mal podría yo, aunque sea mi obligación esta mañana, terminar este pregón colectivo con otra cosa que no sea desear a todos unas muy felices Pascuas.
Que Dios os guarde.
lunes, 17 de diciembre de 2012
… y no sólo estaban la mula y el buey
jueves, 5 de enero de 2012
Feliz Noche de Reyes
De todos los pintores que han reproducido la escena gloriosa y humilde, acaso sea Botticelli el que le dio un sesgo más misterioso. La Sagrada Familia desprende bondad, pero una bondad melancólica en el caso del Niño y de la Virgen, mientras que San José se muestra meditabundo. Los tres Reyes, al igual que la Familia, transmiten la gravedad propia de los Magos, que intuyen el trágico final de la encarnación divina en el Niño pobre, desnudo y lleno de luz. Pero lo más notable es la actitud del resto de los personajes, que se supone que forman parte del séquito de los Reyes Magos. No inspiran la menor confianza. Casi todos los que miran al pintor tienen una expresión francamente odiosa: son guapos, chulos y quizá criminales. Diríase que los acompañantes de los Magos, al llegar al humilde portal de Belén, se empeñaban en mostrar desprecio y ver qué beneficio podían sacar de todo ello. Sorprende leer que uno de los personajes menos siniestros (pero no del todo fiable), el vestido de color naranja, es el propio Botticelli.
Seguro que me equivoco y que en media hora el sabio y amable Mr Google me sacaría del error y me explicaría el porqué de esas caras torvas en algunos casos y tristes en otros. Quizá quien encargase el cuadro quiso reprender de manera indirecta a ciertos italianos renacentistas muy principales. Pero hoy no es día para entrar en esas cábalas. Mejor será buscar lo divino in verbis in herbis et lapidibus –o sea, en las palabras, en las plantas y en las piedras, que decía Paracelso– y no en las miradas esquinadas de los humanos.
Observemos, pues, un detalle pétreo y tierno a la vez del cuadro:

La planta que crece en ese rincón del Portal se llama Ombligo de Venus (Umbilicus rupestris). Sin entrar en sus cualidades medicinales, ni tampoco en simbologías confusas, merece la pena ir a las palabras y admirar la inventiva derrochada en todas las lenguas para dar nombre a esta planta. Además del suyo principal –religioso a fin de cuentas por pagano que sea– el sabio botánico Pío Font Quer reseña en su libro Plantas medicinales, el Dioscórides renovado los siguientes sinónimos en castellano:
Ombliguera, orejas de abad, de monje o de fraile, basilios, vasillos, escudetes, sombreritos o sombrerillos, gorros de sapo, angüejo, zumillo, hierba de bálsamo.
En portugués y gallego, y también en catalán, reaparecen los mismos nombres, en cambio en vascuence pasa a llamarse orma belarr (“hierba de hielo” por su frescura) y begarri belarr.
De todos estos nombres cabe sacar una conclusión: el nombre venusino, grácil y hermoso, no gusta a la mayoría. Esta parece tentada por el feo pecado de la pulcrofobia y enseguida cambia los encantos de la diosa por grotescas orejas y por sapos.
Pero esta noche recordemos que un pintor de mirada limpia y luminosa (todavía no había enloquecido por culpa de Savonarola) quiso poner junto al Niño Dios esa humilde hierba, que no desmerece de las testas coronadas y mágicas de los adoradores.
Enlaces relacionados:
In verbis in herbis
Felices Pascuas
jueves, 22 de diciembre de 2011
Felices Pascuas

En tiempos remotos -calculo que cerca de la Navidad de 1997- pedimos un villancico para felicitar las Pascuas desde el Instituto Cervantes. En aquel entonces la corrección política todavía no consideraba subversivos los villancicos. Tampoco a un viejo luchador de izquierdas como José Hierro, que había pasado años en la cárcel al final de la Guerra Civil, le repugnaba esa forma popular de celebrar las Pascuas. Como no podíamos, por motivos burocráticos, pagarle el trabajo, le pedí por teléfono que aceptara unas botellas de vino, preguntándole si prefería tinto o blanco. Todos son buenos, me contestó. Te equivocas, me atreví a decirle, es sabido que en España el mejor blanco es el rojo. Divertido al parecer por lo que podía interpretarse como un guiño político -aunque yo lo había dicho porque no me gustan los vinos blancos españoles y sí los tintos-, me escribió una letrilla de agradecimiento reconociendo que el tinto rojo es mejor que el blanco. Y es que él era un rojo y no un progre. Entre otras cosas porque el progre suele ser de medio pelo y él era rigurosamente calvo.
Así es que felices Pascuas a todos, incluido Pepe Hierro y nuestros demás amigos ya en el otro mundo; este año se nos han ido varios.
jueves, 23 de diciembre de 2010
jueves, 10 de diciembre de 2009
Felices Pascuas y próspero Año Nuevo

“¿Quiénes fueron los primeros en exclamar Navidad?
Pues ocurrió que todos eran animales.”
And then they heard the angels tell
“Who were the first to cry Nowell?
Animals all, as it befell,
In the stable were they did dwell!
Joy shall be theirs in the morning!”
Carol of the field-mice from The Wind in the Willows by Kenneth Grahame
Wood engraving by Eric Gill















