Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: Resultados de la búsqueda de felices pascuas
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viernes, 13 de diciembre de 2024

lunes, 11 de diciembre de 2023

Felices Pascuas y A.D. MMXXIV


Adoración de los Reyes Magos, Rubens. 
1624,Museo Real de Amberes

(Para agrandar la imagen pinche encima con el ratón) 


   Os deseo a todos unas felices Pascuas y un buen Año Nuevo de 2024. 
   Y que disfrutéis mirando al Niño, Luz Eterna, y escuchando la Gran Antífona de Adviento del día 21 de Diciembre: 


O ORIENS
SPLENDOR LUCIS ÆTERNÆ ET SOL JUSTITIÆ

VENI ET ILLUMINA SEDENTES IN TENEBRIS ET UMBRA MORTIS.





miércoles, 7 de diciembre de 2022

Felices Pascuas y A.D. MMXXIII

 

Madonna della Candeletta
por Carlo Crivelli  1490

(Para agrandar la imagen pinche encima con el ratón) 


Campanitas de Belén,
tocad al Alba, que sale
vertiendo divino aljófar
sobre el Sol que de ella nace,
que los ángeles tocan,
tocan y tañen,
que es Dios hombre el Sol
y el Alba su madre.
 
Lope de Vega (1612)


jueves, 11 de agosto de 2022

Santa Ana y la Virgen María

Con retraso, pues la Iglesia de Roma celebra la festividad de Santa Ana el 26 de julio, publico este cuadro de Murillo que siempre me pareció ser uno de los pocos suyos que inspiran cierta ternura algo triste. Diríase que Santa Ana revela a su hija la Virgen María el destino glorioso y melancólico que le espera. 

Una vez más hasta los escépticos recalcitrantes han de reconocer que Murillo no siempre era cursi, como ya quedaba claro en su Adoración de los Reyes Magos. Pero en este retrato de Santa Ana y la Virgen niña irrumpe con poca gracia la pareja cursilona de los querubines, con sus redondeces al aire y la coronita de flores. A veces imagino a la priora de un convento rico de monjas exigiendo al pintor la presencia en la obra de lindos serafines. 

Mas surge de nuevo al contemplar este cuadro una duda. Sería subsanable dedicando tan sólo una tarde a revisar la rica iconografía religiosa, cristiana para contestar a una pregunta. ¿Es muy frecuente, como pensamos algunos nada doctos pero sí aficionados, que la Virgen María casi siempre aparezca con gesto serio, melancólico o triste? Diríase que desde el principio, precisamente desde que Santa Ana le habla como en este cuadro, la niña futura Madre de Dios Hijo sonríe menos. 

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. Murillo, circa 1655. Museo del Prado

Tono distinto tiene el rostro de la Virgen, mirando con alegría hacia el cielo de su Hijo, en esta Asunción, pintada por un francés, Nicolas Poussin, que trabajó casi toda su vida en Italia. La verdad es que emociona mirar con detenimiento la expresión de la cara de la Virgen, extática y alegre a la vez. Tanto que, por una vez inspirados los putti (niños en italiano), se recatan un poco y parecen sinceros y más alegres que traviesos.




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lunes, 13 de diciembre de 2021

Felices Pascuas y A.D. MMXXII

Pone Murillo más matices expresivos en este cuadro de lo habitual en él. No todos son risueños. El asiático Rey Gaspar mira al Niño con curiosidad e inquietud, como si intuyese el doloroso final. En cambio Baltasar el africano disfruta contemplando al Niño Dios. Melchor, rendido, y su rostro no aparece, como en casi ningún otro cuadro de esa época. De los dos pajes, el que sostiene el manto del Mago Melchor sonríe con ternura y comprensión. El otro paje, distraído, mira a Murillo. La Virgen muestra una sonrisa cansada. San José, siempre prudente en el fondo.

En fin, este cuadro es de todos los de Murillo uno de los que más emoción y dramatismo encierran. Los Reyes Magos traían oro para el Niño Rey, incienso para el Niño Dios y mirra para el Niño Hombre, puesto que había de morir y con la mirra se embalsamaba a los muertos. 

Mezcla de temores y esperanzas, mezcla adecuada a este par de años de la Peste. Hasta los temores se tornan esperanzas mirando al año que empieza tras este solsticio de Invierno.


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viernes, 11 de diciembre de 2020

La Virgen de la Granada

La Virgen de la Granada, Fra Angelico, 1426. Museo del Prado

   Sirva esta imagen de belleza e inocencia para despedir un año de plaga doliente y desear a todos 

 Felices Pascuas y Próspero A.D. MMXXI



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jueves, 5 de diciembre de 2019

O Oriens Splendor Lucis Æternae


Adoración de los pastores, Matthias Stomer, circa 1635-1640, Palacio Real de Turín. 

















     Os deseo a todos unas felices Pascuas y un buen Año Nuevo de 2020. 
   Y que disfrutéis mirando al Niño, Luz Eterna, y escuchando la Gran Antífona de Adviento del día 21 de Diciembre: 


O ORIENS
SPLENDOR LUCIS ÆTERNÆ ET SOL JUSTITIÆ
VENI ET ILLUMINA SEDENTES IN TENEBRIS ET UMBRA MORTIS.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

Gloria in Excelsis Deo


Adoración de los Magos, Domenico Ghirlandaio, 1488, Hospital de los Inocentes, Florencia.

   Si me atrevo a felicitaros a todos las Pascuas y a desearos lo mejor para el Año Nuevo de 2019, es porque mi natural pesimismo se ve mitigado gracias a la prodigiosa hermosura de la Adoración de los Magos de Ghirlandaio y de este Gloria de Vivaldi 


   No en vano ambos monumentos llevan el rótulo Gloria in Excelsis Deo, las palabras que los ángeles utilizaron para anunciar el nacimiento de Jesús a los pastores. 




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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo

 
La Adoración de los Magos.
Maíno (1581-1649)
Museo del Prado

- Dígame, Rey Mago,
quién lo trajo aquí.
- De mi torre pina,
estrella que vi.
- Y a ti, pastorcillo,
¿quién te lo anunciaba?
- Por mis soledades,
Un Ángel pasaba...
Escribas cerraron
puertas y ventanas.
Huyen mercaderes
de visiones vanas.
Para calar pronto
si viene el Señor,
cuídate ser Mago
si no eres Pastor.

Eugenio d'Ors (1882-1954)

La Adoración de los Pastores.
Maíno (1581-1649)
Museo del Prado

lunes, 21 de diciembre de 2015

Felices Pascuas

Madonna della Candeletta
por Carlo Crivelli,
1490

Felices Pascuas a todos o mejor dicho está aquí por Haendel y con música:



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Aleluya

viernes, 13 de diciembre de 2013

"Cuídate ser Mago si no eres Pastor"


Adoración de los pastores
Domenico Ghirlandaio
1485
En la Santa Trinidad, Florencia

    - Dígame, Rey Mago,         
    quién lo trajo aquí.  
    - De mi torre pina, 
    estrella que vi.
    - Y a ti, pastorcillo,          
    ¿quién te lo anunciaba?      
    - Por mis soledades,          
    Un Ángel pasaba...
    Escribas cerraron    
    puertas y ventanas.  
    Huyen mercaderes  
    de visiones vanas.
    Para calar pronto    
    si viene el Señor,    
    cuídate ser Mago   
    si no eres Pastor.

    Eugenio d'Ors (1882-1954)
         Sin duda el mejor consejo navideño y para toda la vida es el que dio don Eugenio d'Ors en este villancico: "Cuídate ser Mago si no eres Pastor". Todos los demás, la inmensa y pusilánime mayoría de los humanos, tan sólo piensan en cerrar puertas y ventanas. Sin embargo el Niño, en cueros, sonríe feliz sin miedo al frío y a las angustias que le esperan. El Niño Dios abre ventanas. Ningún Dios es pusilánime.

         Ghirlandaio, a su manera, es tan realista con sus recios y tiernos colores como las lapidarias palabras castellanas del gran catalán.

         Así es que

         Felices Pascuas a todos

         Enlace relacionado:
         ... y no sólo estaban la mula y el buey



domingo, 30 de diciembre de 2012

Un pregón de Navidad

Me siento honrado porque los vecinos de la villa de Tamarón me encargaron el pregón de Navidad. Lo leí en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Me atrevo a reproducir el texto a continuación porque gracias a la ayuda que recibí de Góngora, Lope de Vega, José Antonio Muñoz Rojas, Cela, José Hierro y, sobre todo, de los anónimos autores de tantos villancicos populares, el pregón no salió del todo mal. Así es que aprovecho la ocasión para agradecer a los ilustres poetas muertos y a los no menos generosos habitantes de Tamarón su apoyo y hospitalidad, prestada a través de su Alcalde, su Asociación Cultural y su Cura Párroco.

Queridos amigos todos de Tamarón:

Uno de los secretos mejor guardados hoy en día es el de los belenes de montaña. No es fácil ver en las nieves de las cumbres españolas el lugar abrigado entre piedras donde unos montañeros por estas fechas han empezado a colocar pequeñas figuras del Niño Jesús, de la Virgen María y de San José, y también, claro está, de la mula y el buey. Y a veces, pero no siempre, pues suele faltar sitio en los recovecos de los canchales, algún pastor, alguna oveja, algún ángel y tres Reyes Magos. El primero de esos modestos santuarios que descubrí en mi vida está –a 2.209 metros de altura– exactamente en la divisoria de aguas entre la cuenca del Tajo y la del Duero… o si ustedes prefieren en la raya entre Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, y no se suele dar más pormenores… Los montañeros que colocan las imágenes en la mínima y Santa Cueva rehuyen decir dónde está, quizá porque cada vez se fían menos de la creciente impiedad de nuestros tiempos.

Sin embargo, el símbolo más potente de nuestra religión, de nuestra cultura y también de nuestra civilización es ese: la esplendorosa epifanía del Niño Dios. Sin la Navidad de forma patente o implícita, nuestro mundo sería un patético chiringuito, frío y desangelado, nunca mejor dicho.

Por eso no olvidaré jamás lo que vivió alguien a quien conozco mejor que a nadie. Su madre, de confesión anglicana, siempre había dicho que la historia más hermosa del mundo era la de la Natividad, y que era tan radiante y con tantos personajes inesperados que aunque sólo fuera por eso tenía que ser la más absoluta verdad; pues ninguna mente humana podría haberla inventado. La mezcla de Reyes Magos guiados por una estrella, con pastores y ovejas, y ángeles cantando, y el parto de una Virgen que da a luz a un Niño Dios refulgente, destinado ya al martirio para redimirnos, es una escena tan gloriosa que, decía aquella señora, tenía que ser verdad. Pues bien, cuando murió –tras recibir la extremaunción, por cierto, de un sacerdote católico romano– su familia procedió a organizar dos funerales, uno católico y otro anglicano. En ambos insistió mi amigo en incluir lecturas de los evangelios de San Mateo y San Lucas, que por sus relatos de la Natividad eran los preferidos de su madre. El sacerdote católico comprendió muy bien lo que se quería hacer y accedió en el acto. El sacerdote anglicano objetó dificultades, diciendo que no era costumbre mezclar la Navidad con un servicio religioso para difuntos, pero al final consintió, y creo recordar que incluso aceptó que se leyesen los textos en la versión antigua inglesa de la Biblia del Rey Jaime. Estoy seguro de que aquella señora y también sus amigos y familiares recibieron el consuelo de la belleza solemne y tierna del recuerdo de aquel pesebre en Belén.

Ese sentimiento está muy presente en la rica tradición española de los villancicos, tanto los más populares como los más cultos. Esa ternura poética que late en la copla anónima

La Virgen está lavando
y tendiendo en el romero,
los pajarillos cantando,
y el romero floreciendo.

Pero mira como beben
los peces en el río,
pero mira como beben
por ver al Dios nacido.
Beben y beben y vuelven a beber,
los peces en el río
por ver a Dios nacer.

(¿Sería andaluz el autor de esta rima entre río y nacío?)

Esa misma ternura se halla en el bellísimo villancico de Lope de Vega:

Temblando estaba de frío
el mayor fuego del cielo,
y el que hizo el tiempo mismo,
sujeto al rigor del tiempo.

¡Ay, Niño tierno!
¿cómo, si os quema amor, tembláis de hielo?

El que hizo con su mano
los discordes elementos,
naciendo está por el hombre
a la inclemencia sujeto.

¡Ay, Niño tierno!
¿cómo, si os quema amor, tembláis de hielo?

Resulta conmovedora y a la vez fascinante la mezcla de familiaridad, ternura y veneración que Lope de Vega muestra por el Niño Dios en el villancico anterior. En el siguiente, Góngora añade a la divina escena al otro personaje fundamental, la Virgen María, que aparece requebrada por el poeta con el nombre refulgente de Aurora:

Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!

Cuando el silencio tenía
Todas las cosas del suelo,
Y, coronada del yelo,
Reinaba la noche fría,
En medio la monarquía
De tiniebla tan cruel,

Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!

De un solo Clavel ceñida,
La Virgen, Aurora bella,
Al mundo se lo dio, y ella
Quedó cual antes florida;
A la púrpura caída
Solo fue el heno fïel.

Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!

El heno, pues, que fue dino,
A pesar de tantas nieves,
De ver en sus brazos leves
Este rosicler divino
Para su lecho fue lino,
Oro para su dosel.

Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él!

No hace falta añadir que si la hermosa Aurora es María, el Clavel bellísimo es Jesús. Está claro que en el Siglo de Oro de nuestra literatura era un recurso no sólo lícito sino aconsejable el prodigar requiebros a la Divinidad.

Y esta costumbre de tratar con familiaridad y ternura a los personajes de la Navidad persiste aún hoy, incluso en autores insospechados. Hace unos años se me ocurrió encargar para las tarjetas navideñas del Instituto Cervantes diversos villancicos a autores españoles consagrados. El que ahora leo me pareció especialmente conmovedor y no me lo esperaba así del autor, que luego les diré:

¿Quién es?

¿Quién es el que en la noche
negra y helada
se derrama oro a oro
sobre la escarcha,
llamita niña
manantial donde mana
la vida misma?

El poemita es de José Hierro, que nunca dejó de ser comunista pero nunca tampoco perdió la sensibilidad para la tradición navideña.

El siguiente es de José Antonio Muñoz Rojas, que también entronca con el estilo más clásico del villancico entre culto y popular:

¿Quién ha visto la azucena
florecida con el frío?
¿Quién ha visto sin rocío
la noche y la yerbabuena?
¡Ay noche de Nochebuena!
¿Qué haces, ahí tan parada
como si no hubiera nada
armado en la tierra, cuando
está ya a tu fin tocando
en un portal la alborada?

Por último, quiero recordar esta

Octavilla para el desayuno
del
Niño Jesús

Traigo dulce de membrillo,
bienmesabes y alfandoques
de mírame y no me toques,
canto al son de la fanfarria
de un arcángel monaguillo
mientras destapo el puchero
que guarda el sabor primero
de las flores de la Alcarria.

Quizá hayáis adivinado, por el elogio de la Alcarria y por lo goloso del instinto del autor, que éste no era otro que Camilo José Cela, dando dulce coba a Jesús.

Después de lo que han pregonado sobre la Navidad algunos de los mejores ingenios de este nuestro viejo Reino de España, incluido su pueblo anónimo, mal podría yo, aunque sea mi obligación esta mañana, terminar este pregón colectivo con otra cosa que no sea desear a todos unas muy felices Pascuas.

Que Dios os guarde.

lunes, 17 de diciembre de 2012

… y no sólo estaban la mula y el buey


La Adoración
Fra Angelico y Fra Filippo Lippi, 1445


Y no sólo estaban Allí la mula y el buey. Si uno agranda la imagen en cualquier punto (y para mayor resolución entra en http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e0/Fra_Angelico_Adoration.jpg) descubrirá un mundo maravilloso con todo el elenco habitual de esta Epifanía: personajes egregios y humildes, todos gloriosos. Los tres Reyes que además eran Magos, el oro, el incienso y la mirra para el Niño Dios, la Estrella que tan sólo aparece reflejada en el gesto y la mirada de pasmo del hombre vestido de rojo, los animales del Portal. Pero también otros seres menos habituales: el pavo real, símbolo de la Inmortalidad y la Resurrección, la granada, símbolo de la Iglesia, un faisán en un tejado, con otro pájaro que no identifico, símbolos ambos de… no lo sé. Pero, de seguro, en las profundidades del océano de Google habrá algún libro entero dedicado a la simbología de este cuadro. Peores maneras hay de combatir la resaca de estos días que buscar perlas en  ese océano, que nos harán sonreir beatíficamente.

Así es que

Felices Pascuas a todos

jueves, 5 de enero de 2012

Feliz Noche de Reyes

La adoración del Niño Dios por los Reyes Magos –y por los pastores y por los animales y por los ángeles y la Estrella, y la persecución por Herodes– conforman un conjunto tan mágico y tan increíble que tiene que ser verdad. Nadie puede inventar algo así. Eso decía, hace muchos años, alguien muy próximo a mí. Luego, cuando murió, costó Dios y ayuda convencer al cura anglicano para que incluyese el evangelio de la Natividad en su funeral ("no es costumbre"). En cambio en su funeral católico el cura no tuvo inconveniente en mezclar la vida con la muerte. Comprendió además que no se trataba de un credo quia absurdum. No, era credo quia magicum. Para eso los Reyes eran magos, y acaso los demás también.

De todos los pintores que han reproducido la escena gloriosa y humilde, acaso sea Botticelli el que le dio un sesgo más misterioso. La Sagrada Familia desprende bondad, pero una bondad melancólica en el caso del Niño y de la Virgen, mientras que San José se muestra meditabundo. Los tres Reyes, al igual que la Familia, transmiten la gravedad propia de los Magos, que intuyen el trágico final de la encarnación divina en el Niño pobre, desnudo y lleno de luz. Pero lo más notable es la actitud del resto de los personajes, que se supone que forman parte del séquito de los Reyes Magos. No inspiran la menor confianza. Casi todos los que miran al pintor tienen una expresión francamente odiosa: son guapos, chulos y quizá criminales. Diríase que los acompañantes de los Magos, al llegar al humilde portal de Belén, se empeñaban en mostrar desprecio y ver qué beneficio podían sacar de todo ello. Sorprende leer que uno de los personajes menos siniestros (pero no del todo fiable), el vestido de color naranja, es el propio Botticelli.

Seguro que me equivoco y que en media hora el sabio y amable Mr Google me sacaría del error y me explicaría el porqué de esas caras torvas en algunos casos y tristes en otros. Quizá quien encargase el cuadro quiso reprender de manera indirecta a ciertos italianos renacentistas muy principales. Pero hoy no es día para entrar en esas cábalas. Mejor será buscar lo divino in verbis in herbis et lapidibus –o sea, en las palabras, en las plantas y en las piedras, que decía Paracelso– y no en las miradas esquinadas de los humanos.

Observemos, pues, un detalle pétreo y tierno a la vez del cuadro:


La planta que crece en ese rincón del Portal se llama Ombligo de Venus (Umbilicus rupestris). Sin entrar en sus cualidades medicinales, ni tampoco en simbologías confusas, merece la pena ir a las palabras y admirar la inventiva derrochada en todas las lenguas para dar nombre a esta planta. Además del suyo principal –religioso a fin de cuentas por pagano que sea– el sabio botánico Pío Font Quer reseña en su libro Plantas medicinales, el Dioscórides renovado los siguientes sinónimos en castellano:

Ombliguera, orejas de abad, de monje o de fraile, basilios, vasillos, escudetes, sombreritos o sombrerillos, gorros de sapo, angüejo, zumillo, hierba de bálsamo.

En portugués y gallego, y también en catalán, reaparecen los mismos nombres, en cambio en vascuence pasa a llamarse orma belarr (“hierba de hielo” por su frescura) y begarri belarr.

De todos estos nombres cabe sacar una conclusión: el nombre venusino, grácil y hermoso, no gusta a la mayoría. Esta parece tentada por el feo pecado de la pulcrofobia y enseguida cambia los encantos de la diosa por grotescas orejas y por sapos.

Pero esta noche recordemos que un pintor de mirada limpia y luminosa (todavía no había enloquecido por culpa de Savonarola) quiso poner junto al Niño Dios esa humilde hierba, que no desmerece de las testas coronadas y mágicas de los adoradores.


Enlaces relacionados:
In verbis in herbis
Felices Pascuas

jueves, 22 de diciembre de 2011

Felices Pascuas


En tiempos remotos -calculo que cerca de la Navidad de 1997- pedimos un villancico para felicitar las Pascuas desde el Instituto Cervantes. En aquel entonces la corrección política todavía no consideraba subversivos los villancicos. Tampoco a un viejo luchador de izquierdas como José Hierro, que había pasado años en la cárcel al final de la Guerra Civil, le repugnaba esa forma popular de celebrar las Pascuas. Como no podíamos, por motivos burocráticos, pagarle el trabajo, le pedí por teléfono que aceptara unas botellas de vino, preguntándole si prefería tinto o blanco. Todos son buenos, me contestó. Te equivocas, me atreví a decirle, es sabido que en España el mejor blanco es el rojo. Divertido al parecer por lo que podía interpretarse como un guiño político -aunque yo lo había dicho porque no me gustan los vinos blancos españoles y sí los tintos-, me escribió una letrilla de agradecimiento reconociendo que el tinto rojo es mejor que el blanco. Y es que él era un rojo y no un progre. Entre otras cosas porque el progre suele ser de medio pelo y él era rigurosamente calvo.

Así es que felices Pascuas a todos, incluido Pepe Hierro y nuestros demás amigos ya en el otro mundo; este año se nos han ido varios.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Felices Pascuas y próspero Año Nuevo



“¿Quiénes fueron los primeros en exclamar Navidad?
Pues ocurrió que todos eran animales.”


And then they heard the angels tell
“Who were the first to cry Nowell?
Animals all, as it befell,
In the stable were they did dwell!
Joy shall be theirs in the morning!”

Carol of the field-mice from The Wind in the Willows by Kenneth Grahame
Wood engraving by Eric Gill