"Todo ya se ha dicho una vez; pero como nadie escucha, hay que decirlo de nuevo", frase atribuida al escritor francés y Premio Nobel, André Gide. Amparándome en ese dictamen del escritor francés, me atrevo a publicar de nuevo esta entrevista que me hizo mi compañero diplomático Miguel Gómez de Aranda hace ya 10 años.
Entrevista con Santiago de Mora-Figueroa, Marqués de Tamarón,
Cervantes no escribió solo la historia de un loco con lanza, sino la de todos los cuerdos que, en secreto, también ven gigantes donde otros juran que hay molinos. Siempre un gusto oir tus entrevistas Santiago.
Creo que Cervantes fue una birria como escritor, burlándose de la caballería, como muestra el final de don Quijote. También birria como soldado, a los hechos me remito. Para mayor vergüenza, era recaudador de impuestos. No le faltaba nada, menudo pájaro. Y además me suspendieron literatura por su culpa. Lo siento, señor Santiago, pero por Cervantes no paso.
Santiago siempre resulta grato al oido y al intelecto. Esto sí es un ejemplo de diplomacia cultural. No sé si vivo en el pasado o en el futuro pero en cualquier caso lejos de lo presente que, por regla general, tiende a abochornarme. Gracias, amigo por estos oasis de sosiego. A tu servicio. DJ
Más allá de las reflexiones sobre Cervantes, la entrevista tiene un valor añadido muy poco frecuente hoy: la calidad intelectual y humana del propio marqués de Tamarón. Hay personas cultas que exhiben erudición; él, en cambio, transmite algo mucho más difícil: una cultura interiorizada, vivida, convertida en forma natural de mirar el mundo. Habla de Cervantes con conocimiento, sí, pero también con sensibilidad histórica, con sentido de la medida y con una elegancia intelectual que recuerda a otra tradición de conversación pública, más pausada y más profunda.
Eso se percibe especialmente en el tono. No necesita sobreactuar ni pontificar. Sus palabras avanzan con serenidad, dejando espacio a los matices, algo muy cervantino, por cierto. Porque Cervantes también desconfiaba de las verdades absolutas y comprendía que el ser humano es mezcla de grandeza y fragilidad, de idealismo y realidad. Tamarón parece acercarse a él desde esa comprensión madura de la vida, no desde la fría admiración académica.
Y quizá ahí reside una de las mayores virtudes de la entrevista: escuchar a alguien que representa una idea de diplomacia cultural entendida no como propaganda ni escaparate institucional, sino como defensa de una civilización hecha de lengua, memoria, literatura y conversación inteligente. En tiempos de ruido y simplificación, encontrar voces así produce casi alivio.
La impresión final es clara: más que una entrevista sobre Cervantes, asistimos a una conversación entre dos formas de inteligencia que hoy escasean mucho: la inteligencia cultivada y la inteligencia humana.
Cervantes no escribió solo la historia de un loco con lanza, sino la de todos los cuerdos que, en secreto, también ven gigantes donde otros juran que hay molinos. Siempre un gusto oir tus entrevistas Santiago.
ResponderEliminarCreo que Cervantes fue una birria como escritor, burlándose de la caballería, como muestra el final de don Quijote. También birria como soldado, a los hechos me remito. Para mayor vergüenza, era recaudador de impuestos. No le faltaba nada, menudo pájaro. Y además me suspendieron literatura por su culpa. Lo siento, señor Santiago, pero por Cervantes no paso.
ResponderEliminarSantiago siempre resulta grato al oido y al intelecto. Esto sí es un ejemplo de diplomacia cultural. No sé si vivo en el pasado o en el futuro pero en cualquier caso lejos de lo presente que, por regla general, tiende a abochornarme. Gracias, amigo por estos oasis de sosiego. A tu servicio. DJ
ResponderEliminarMás allá de las reflexiones sobre Cervantes, la entrevista tiene un valor añadido muy poco frecuente hoy: la calidad intelectual y humana del propio marqués de Tamarón. Hay personas cultas que exhiben erudición; él, en cambio, transmite algo mucho más difícil: una cultura interiorizada, vivida, convertida en forma natural de mirar el mundo. Habla de Cervantes con conocimiento, sí, pero también con sensibilidad histórica, con sentido de la medida y con una elegancia intelectual que recuerda a otra tradición de conversación pública, más pausada y más profunda.
ResponderEliminarEso se percibe especialmente en el tono. No necesita sobreactuar ni pontificar. Sus palabras avanzan con serenidad, dejando espacio a los matices, algo muy cervantino, por cierto. Porque Cervantes también desconfiaba de las verdades absolutas y comprendía que el ser humano es mezcla de grandeza y fragilidad, de idealismo y realidad. Tamarón parece acercarse a él desde esa comprensión madura de la vida, no desde la fría admiración académica.
Y quizá ahí reside una de las mayores virtudes de la entrevista: escuchar a alguien que representa una idea de diplomacia cultural entendida no como propaganda ni escaparate institucional, sino como defensa de una civilización hecha de lengua, memoria, literatura y conversación inteligente. En tiempos de ruido y simplificación, encontrar voces así produce casi alivio.
La impresión final es clara: más que una entrevista sobre Cervantes, asistimos a una conversación entre dos formas de inteligencia que hoy escasean mucho: la inteligencia cultivada y la inteligencia humana.