Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

martes, 23 de febrero de 2016

Portentos y presagios de la fenología

Día y Noche. M. C. Escher © The M. C. Echer Company - Baarn, Holanda.

     Todo apunte fenológico refleja un portento. Pero es un portento del cual no se sabe lo que presagia. En general barrunta el fin del mundo. El fin de nuestro mundo.

     Cualquier pequeña y amable epifanía – el canto del primer cuco, la floración de un almendro, la migración de una bandada de patos – puede encerrar un aviso ominoso. Basta con que menudee a destiempo y persista la anomalía.

     No hace falta ser arúspice o augur para interpretar los signos. Tampoco resulta imprescindible ser ecologista, aunque ayuda a conseguir prestigio mesocrático y postmoderno. Lo mejor es ser ecólogo serio con una pizca de melancolía premoderna.

     Ambas condiciones las reúne Don José Antonio Martínez Climent, como se ve en su novela La tierra del grajo, de la que pronto daremos aquí cumplida noticia. Sirvan de adelanto estas sus notas, también reveladoras de su condición irónica, melancólica y premoderna. Y generosa, puesto que nos regala el texto para su publicación aquí.

Breves notas fenológicas

Por José Antonio Martínez Climent

* 4 de septiembre de 2015. Sierra del Ventós, Agost, provincia de Alicante.

     ¡Qué escándalo el de la incontinencia so pretexto de los calores! Tan sangrante es que currucas o tarabillas correteen por setos y por piedras molineras idas, entusiasmadas como si acabasen de leer la Celestina como que el Gran Duque haya perdido el decoro y cante desde los rocosos balcones de sus castillos solicitando amores a la primera duquesita que acierte a pasar al pie del cantil casi en cualquier época del año. Si algo ha tenido la nobleza es la obligación de ser sustento del Tiempo, como ilustra maravillosamente el Duque de Berry en su libro de Horas. Cada estación tiene su afán: en invierno calentarse las piernas en la fogata, en otoño a vendimiar, el verano para la altanería y el baño refrescante, y la primavera para decir serranillas, bailar saltarelos y trinchar perdices y princesas.  Y no menos que la nobleza el clero, que con su división canónica del día (anunciada por el lejano tañido de una campana) nos recuerda a cada tanto que el tiempo sacro supera en sustancia, en hermosura y en provecho al tiempo administrativo y marxista. Todo sea también que Don Francisco, avisado de que la sustancia del siglo mengua un poco cada vez que suenan primas, tercias, sextas y nonas, mande dar las campanadas a toque de corneta a sus filas franciscanas, tan poco amigas de liturgias y de altas formas.

* 20 de septiembre de 2015. San Vicente del Raspeig, provincia de Alicante.

     Crisis de refugiado

     Después de poco más de un lustro se ha vuelto a ver una verde crisopa por estas tierras. El ejemplar se encuentra en la vertical de la cabeza del que escribe, agarrado al techo de su habitación, sin decir ni mu, y se diría que tirita. Sin duda ha entrado por la ventana, frontera natural entre el Mundo Libre y la que hasta ahora ha sido su tierra, el vecino jardín del colegio estatal, huyendo de las diarias y matinales fumigaciones que llevan a cabo la hordas de funcionarios contratados a golpe de talón con cargo a bolsillo ajeno, y lo hacen porque pueden. 

     El exterminio de las etnias de crisopas por motivos ideológicos se lleva a cabo en este pueblo con mayor o menor crudeza desde hace al menos ocho años sin que ni grupos ecologistas subvencionados ni organizaciones gubernamentales ni partido político alguno hayan condenado la matanza, de lo que se deduce connivencia con la causa exterminadora porque también se peca por omisión. Se teme un incremento de la tensión en la frontera cuando mañana lunes la horda fumigadora reanude la búsqueda, porque muy sanguinarios y laicos son, pero en fin de semana no se extermina porque no se cobra, y el domingo se santifica en el bar. 

* 9 de enero de 2016. Ibídem.

     La margarita común de descampado (Bellis perennis) ha florecido tardíamente este año en San Vicente del Raspeig. A las dificultades que el ayuntamiento impone a la planta para mantener su área de distribución se suma la bolsa de aire africano, sucio, terroso, que se ha asentado sobre la provincia como un mal presagio, y que trastorna sus menesteres y trajines fotosintéticos. Con este son ya catorce años que en las flores no se ha visto, en su ronda ensimismada y monacal, a ninguna mariquita.

     La floración fue inusualmente abrupta, como si un angélico y moroso funcionario hubiera dado orden tardía de producir pétalos y corolas a tiempo para mediados de enero, cumpleaños de cierta madre que las tenía por preferidas.

* 13 de enero de 2016. Ibídem.
     Uno tenía bien asentada la imagen bruegueliana de la urraca picando migas o nueces sobre el lago helado en el que patina una hacendosa y diligente burguesía mercantil holandesa, erguida sobre la gárgola burlona y horrenda de un vierteaguas gótico, volando en línea recta en un cielo agrícola y despejado sobre un barbecho puntuado por serenos almiares belgas,  o picando los gusanos de las rosas que trabajosamente produce el suelo turboso de un jardín palatino. Toda esa imaginería lograda por siglos de historia europea queda ahora hecha añicos debido tanto a la translocación del clima como a esa transubstanciación antifukuyámaica del mundo en más mundo, del siglo en más siglo, del tiempo en peor tiempo, por esa crecida de aguas leninistas que tanto crédulo creyó cegada para siempre pero que con la caída del Muro provocó una lenta escorrentía hacia Occidente mucho mayor que el tibio goteo de liberalismo que rodó Telón de Acero abajo.
     Pero no. Ahora las urracas campan a sus anchas por el cielo alicantino, por la huerta murciana, en la plana castelloní, y cuando uno, poco acostumbrado, levanta la vista, ve cómo una estampa de otro sitio tapa el cuadro habitual de los últimos decenios, una imagen panorámica de cromo doble del Serengeti, todo manchas de blanco y negro que se dirían cebras lejanas, y el susto que se lleva es morrocotudo. No es que no desee el bienestar de las picazas ni que lamente que vuelvan a sus antiguos dominios, sino que desearía que lo hubieran hecho con un orden y una jerarquía distintos: que en lugar de patrullar rotondas, avanzar a saltitos sobre las farolas y cebarse en vertederos municipales sobrevolaran huertas regadas, anidasen en granados reventones y graznasen desde la punta de esos cipreses que marcaban los caminos de las fincas molineras, esas quintas costumbristas del agro ibérico en las que los ávidos adalides del progreso no ven más que futuros museos agrícolas.

* 6 de febrero de 2016. Ibídem.

     Por la Ermita del Pozo de San Antonio ya no pasan más que parejas que buscan satisfacer sus nocturnos ardores en la urgente incomodidad de algún asiento trasero; cuartetos de mujeronas vestidas de chandal fucsia andando deprisa, sin mirar los pocos almendros que aún quedan; pandillas de instituto que con un tablero, un vaso y varias litronas pretenden invocar al demonio junto a una hoguera, y quiero pensar que también acude allí ese último ufólogo que en toda provincia española debe de permanecer en la sombra, venido a menos porque hace ya decenios que nadie organiza salidas para ver ovnis en el cielo peninsular pero sin que eso haga mella en su fe setentera e inmarcesible. A poca tarde y en sábado, para no molestar a la relicta fauna de tan singular región, tengo por costumbre acercarme hasta la encalada fachada recalentada por el sol y allí merendar un bocadillo de tortilla, si es la estación con habas frescas, sentado en mi silla plegable. Si me canso, que no me canso, de mirar la rambla aneja, con sus tarays, sus algarrobos, sus taludes agujereados por conejos y abejarucos, y con esa lavadora oxidada medio enterrada por un aluvión de cañas viejas, me doy la vuelta y miro la pared cuarteada por el sol y el abandono. En esas estaba hace un par de semanas, pensando que había dejado la tortilla corta de sal y diciéndome que es pena que en la Toscana este paisaje parezca lírico y ensoñado y aquí se lo tome por la esencia misma del atraso, cuando me vino el pensamiento de anotar unas líneas comparando la tibia caída de la luz invernal en la corta espadaña de la ermita con esa torrentera solar e ígnea que el mes de agosto derrama sobre el campo alicantino. Dejé el bocadillo sobre un romero bajo y ancho, bien envuelto en una ya aceitosa servilleta, y cuando me había calado el lápiz en la boca con ese gesto arquetípico de escriba en busca de palabras vi el mismísimo comienzo de la primavera en pleno mes de febrero. Era una golondrina común: iba sola, cabalgando una suave brisa vespertina.

* 9 de febrero de 2016. Ibídem.

     1.- El bios ha tocado a rebato. Pelotones de verdecillos, mirladas enteras, avanzadillas de piquituertos y hasta los gatos de los tejados han caído presa del estro. Pero quizá porque los cantos, maullidos y aullidos de la fauna callejera llegan con meses de adelanto sobre lo que manda el calendario zaragozano el coro resulta inarmónico: los gorriones lanzan chirridos de ferretería, los jilgueros pían con gallito, los colirrojos chascan como con la boca seca y las currucas suenan como cámaras de fotografiar con el paso averiado.

     2.- A principios de febrero el mirlo ha comenzado a declamar su gay saber desde la punta del ciprés, y no contento con saltarse el mandato astronómico de esperar hasta finales de marzo, en lugar de pasar la mañana recitando leys d’amors de perfil, recortado contra el arrebol matutino, a la menor ocasión baja de un salto suicida al tejado del colegio vecino donde, en compañía de otros cuatro, comienza a recorrer las aguas entregado ciegamente a las urgencias de un estro muy poco lírico (por apresurado y público) que en todo contradice la contención propia del herido de amor galante. 

* 11 de febrero de 2016. Ibídem.

     Los verdecillos rompen el crepúsculo matutino con sus líricos sofismas, y no puede uno ni salir a por el pan sin topárselos posados de ocho en ocho en el tendido de la luz o en la valla del polideportivo, más que recitando enmarañados versos de amor, amenazando a todo viandante con sus sonoras urgencias vocales.

José Antonio Martínez Climent
Enlaces relacionados:
Botones de muestra XXX: La tierra del grajo




lunes, 8 de febrero de 2016

Cabeza de chorlito

Chorlito dorado común (Pluvialis apricaria), en plumaje prenupcial
© Wikimedia Commons

     Si hubiera justicia, Cabeza de chorlito no sería expresión peyorativa ("Persona ligera y de poco juicio", dice el diccionario de la Real Academia) sino encomiástica.

     Este invierno han emigrado hacia el Sur menos aves que otros años. El otro día leí en el Spectator que entre los pájaros hay pocos escépticos sobre el cambio climático. En Castilla tampoco, según he estado observando estos días. Los milanos negros no han emigrado este año al África. Los chorlitos tampoco se han obstinado en negar con escepticismo los evidentes cambios.

     No ocurre así entre los humanos.

     Los de derechas no suelen creer en el cambio climático. Es natural, pues no suelen ser conservadores sino conservaduros (hoy diríamos conservaeuros).

     Los de izquierdas fingen creer en el cambio climático pero no hacen nada para mitigarlo, igual que los de derechas. Y menos aún que la derechona, la izquierdona se preocupa poco por identificar a los culpables de los incendios.

     En cuanto a las grandes Oenegés, brillan por su ausencia a la hora de pedir castigos para los culpables. Ni siquiera piden los datos del número de condenados que permancen encarcelados más allá de la prisión provisional.

     Así, no es de extrañar la impunidad de los canallas (http://marquesdetamaron.blogspot.com.es/2012/09/mas-canallas-impunes_7.html).

     Las únicas cabezas sensatas son las de los chorlitos. Huyen de la quema.

viernes, 29 de enero de 2016

¿Barones o caciques? ¿O rabadanes?


     No se habla de otra cosa. Los rumores sobre confabulaciones de barones e incluso de barones no varones, es decir, baronesas, circulan por los mentideros y las covachuelas de esta villa y corte (o de las demás villas y cortes europeas, americanas, africanas, asiáticas y hasta oceánicas).

     No hace tanto que en España se emplea la palabra barón para designar a la “persona que tiene gran influencia y poder dentro de un partido político,una institución, una empresa, etc.” (DRAE, 2014). Antes los mandamases de diverso cuño eran calificados de caciques: “Persona que en un pueblo o comarca ejerce excesiva influencia en asuntos políticos" (o administrativos, se añadía en anteriores ediciones, pero la palabra ha sido suprimida por pudores de corrección política).

     Lo curioso es que casi nadie recuerda ya el origen del trasvase de la palabra desde su uso medieval hasta el moderno. Ocurre que fueron los Barones de la Inglaterra medieval los que en el hermoso prado de Runnymede doblegaron la voluntad absolutista del Rey Juan sin Tierra en 1215. Gracias a ellos triunfó la libertad –no la democracia, claro– contra la arbitrariedad regia. El parlamentarismo fue una conquista esencialmente aristocrática, como don José Ortega y Gasset no se cansaba de recordar, para espanto de progres e ingenuos.

     Los franceses fueron los primeros que hace ya casi medio siglo copiaron la palabra barones para designar a los capitostes de los partidos de la V República. Recuerdo a mi Embajador en París sonriéndose de lo que creía ser un error producto de la ignorancia de los periodistas que llamaron al político gaullista Olivier Guichard “Barón”. No sé si logré convencerlo, con mi pedantería de Secretario de Embajada, de que en efecto Guichard era portador de un título hereditario de barón del imperio napoleónico, a la vez que cacique de la UNR y de los partidos gaullistas sucesores de esta.

     En fin, para qué vamos a discutir. Yo, si fuera cacique progre no me haría llamar barón, con sus ecos carcas, ni tampoco cacique, exótico y plutocrático. Estaría orgulloso de que me llamaran rabadán: “Mayoral que cuida y gobierna todos los hatos de ganado de una cabaña, y manda a los zagales y pastores.” (DRAE, 2014). Nada más meritocrático y democrático que una junta de rabadanes: reunión de rabadanes, oveja muerta.

martes, 19 de enero de 2016

Sinónimos de la Insobornable Contemporaneidad

en las Artes, el Pensamiento y la Retórica:

El Patio de Monipodio: Rinconete y Cortadillo (personajes de Cervantes) al llegar a Sevilla se asocian con "Monipodio, jefe de un gremio de ladrones. Viven en su gran casa, cambian de nombres y forman parte de esta pintoresca cofradía de criminales" (Wikipedia).

El Puerto de Arrebatacapas: "Lugar o casa donde, por la confusión y el desorden y la calidad de las personas, hay riesgo de fraudes o rapiñas" (DRAE).

La Feria de Cuernicabra: "obra de teatro de Alfredo Mañas, estrenada en 1956 [...] nueva versión de El Corregidor y la Molinera" (Wikipedia).

La Casa de Tócame Roque: "legendaria vivienda madrileña, populosa, destartalada y jaranera [...] habitada por 72 familias entre habituales riñas y escándalos" (Wikipedia).

ONU, Nueva York, 1960
Parlamento catalán, Barcelona, 2013



lunes, 11 de enero de 2016

Premios de 1986

     Una vez más quiero celebrar el Año Nuevo distribuyendo unos premios que no pretenden sino agradecer el sano esparcimiento que me ha ofrecido durante 1986 la lectura de la Prensa, el cuarto poder de España, tan noble y edificante como los otros tres.

     Premio Priapo pétreo a la precisión exquisita: ganado por el pie de foto del ABC (11-IV-86) que rezaba: «Jagdish Baba, un santón natural del estado indio de Uttar Pradesh, muestra la fuerza de su concentración al resistir impasible una piedra de quince kilogramos de peso colgada de su pene.» Lo que me duele es el anglicismo de «su pene»; en castellano hubiera bastado con decir «del pene». ¿De quién iba a ser el citado miembro sino del señor Baba? Mío no, desde luego.

     Premio Sol naciente de Occidente a la antilogía: «La caída de Karmal en Afganistán culmina con su cese en todos los cargos» (titular de El País, 21-XI-86). Mal puede alguien culminar cayendo, a menos que se trate de una pirueta oriental como la que hicieron los chinos llamando a don Felipe González con el apelativo que da nombre a este premio, o que esté inspirado por el «extraordinario marco de normalidad» (El País, 6-X-86) de las conversaciones entre ministros españoles y franceses en Zaragoza donde, sin duda, se prefirió la mencionada antilogía al pleonasmo del «normal marco de ordinariez» hispano-francesa.

     Premio Alcoyano, CF, a la moral futbolística: «La selección española vuelve de Méjico derrotada, que no vencida» (Radio Nacional de España, 24-VI-86). Menos mal.

     Premio Eppur si muove al peripatetismo: otorgado al señor alcalde de Madrid, quien, picado porque la televisión estaba filmando a sus rivales políticos, echó a los fotógrafos diciendo que en ninguna parte del mundo se les permitía estar «desambulando por las sesiones» (ABC, 29-XI-86).

     Premio en la categoría Jóvenes juveniles al pleonasmo: concedido a la revista Época (3-XI-86) que, como el resto de la Prensa española, se recrea en hablar de los jóvenes cachorros de la política, como si existiesen cachorros viejos en la política o en la perrera. Mezclan el término cachorro con el de jóvenes turcos (grupo nacido en 1908 con la yana pretensión de renovar el imperio otomano), ambos de similar sentido figurado. Pero olvidan que si bien un turco puede ser joven o viejo, y no es redundancia indicarlo, un cachorro tan sólo puede ser joven: al envejecer se convierte en perro viejo de la política, aunque le cueste reconocerlo.

     Premio Glosolalía pentecostal al traductor monóglota: «Nuestros traductores de un tema de medicina o arquitectura son, como esos especialistas, médicos o arquitectos en activo; además conocen al menos un idioma.» («Mensaje número 2 de Traductores Diorki») ¿Y no tendrían algún mudo analfabeto?

     Premio Augusto Comte al mejor epígono del autor de La Philosophie Positive: ganado por el jefe de la Policía Municipal de Madrid, quien al felicitarse a sí mismo del éxito de sus coches-patrulla provistos de ordenador, que han capturado a muchísimos cacos, declaró que «estas cifras demuestran que la filosofía de conectar con las bases de datos de la Policía Nacional es positiva». Hubiera podido decir la idea es buena, pero le parecería expresión poco refinada para los guardias de la porra.

     Y, por último, el galardón que con más gusto doy, el premio Maestro Ciruela (que no sabía leer y puso escuela) a quien con notable petulancia se erigió en flagelo de ajenos errores lingüísticos y de erudición, y ahora se descuelga él mismo con una pifia llamando liberal a Dato (ABC, 6-XII-86), conservador donde los hubiere, por más que su partido se llamase liberal-conservador. Pero este premio, como los anteriores, lo doy zin acritú, puesto que lo otorgo a mi mejor amigo, es decir, a quien esto escribe y les desea, queridos lectores, un feliz Año Nuevo: su affmo.
TAMARÓN

     A veces alivia comprobar que casi nadie lo lee a uno. Cuando metí la pata con lo de Dato, tan sólo mi amigo don Sebastián Martín Retortillo me abrumó con merecidos sarcasmos. Como no puede ser el único en conocer la afiliación política de Dato, se nota que los demás cultos no me leen. ¡Cuán vano es le vertige de la page en blanc! La página puede uno emborronarla como quiera; nadie lo va a notar.


(Este artículo se publicó en el ABC del 3 de Enero de 1987, y fue recogido en los libros El Guirigay Nacional (1988) y El Guirigay Nacional. Ensayos sobre el habla de hoy (2005))

lunes, 21 de diciembre de 2015

Felices Pascuas

Madonna della Candeletta
por Carlo Crivelli,
1490

Felices Pascuas a todos o mejor dicho está aquí por Haendel y con música:



Enlace relacionado:
Aleluya

martes, 1 de diciembre de 2015

Vinieron los sarracenos...


     Anteayer Domingo se publicó un sondeo de opinión (diario El Mundo, 29 de Noviembre de 2015) cuyos resultados parecen reveladores, aunque no me atrevo a deducir qué revelan. El 83 % de los españoles cree posible un atentado yihadista en territorio nacional, como el de París. El 54 % rechaza una implicación española directa en la operación militar de la coalición en Siria. El 35 % sí cree que España debe sumarse a dichas operaciones militares.

     Así pues, la situación parece clara. En su mayoría, los españoles no estamos dispuestos a defendernos.

     El problema no es de tal o cual partido político. En rigor no lo es de ningún partido político. Tampoco de la disposición de los militares (salvo alguna excepción de ex militar). El problema estriba en los sentimientos, pensamientos y actitudes más hondos y extendidos de nuestros compatriotas. Pues ocurre que una democracia consiste precisamente en hacer lo que la mayoría quiera. Y la mayoría de los españoles está indicando de forma inequívoca que no quiere defenderse. Otra cosa es que los gobiernos y en general el poder legislativo tengan obligación de cumplir con los deseos de la opinión pública. No la tienen, constitucionalmente.

     Pero las consecuencias de no acatar la voluntad del Demos son evidentes en las urnas e incluso en la calle. Huelga recordar que las urnas están a la vuelta de la esquina y las calles incluso antes de la esquina. También sobra añadir que la "Paz con Honor" que Chamberlain dijo traer de Munich en 1938 hizo perder ambas cosas, pero entre aclamaciones entusiastas del pueblo británico. A punto estuvo éste de suicidarse, y se salvó por la terquedad de Churchill, un simple diputado que no había sido elegido por sufragio universal para ser Primer Ministro, y al que el mismo noble pueblo británico despidió sin contemplaciones en cuanto pudo hacerlo. Es decir en cuanto Churchill hubo ganado la guerra.

     Convendría que todos recordásemos, ya que no cantares de gesta, al menos coplas de ciego como ésta:
Vinieron los sarracenos
y nos molieron a palos,
que Dios ayuda a los malos
cuando son más que los buenos.
     Dicen muchos que es letrilla cínica. Tal vez no. La vieja construcción sintáctica son más que, puede llevar implícito otro término tal que, en este caso, alentados. Muchos pensarán que eso tan sólo se puede guardar como esperanza, pero algo es algo. Habrá que aspirar, al menos, a ser más resueltos que los malos. A Dios rogando y con el mazo dando.

martes, 17 de noviembre de 2015

Carta de un padre sobre la Marsellesa

     Un padre, tan enemigo de los terroristas del DAESH de hoy como de los del Terror Rojo de 1793, ha escrito hoy esta carta a la maestra de su hija en el Liceo:

Madrid, 17 novembre 2015
  

     Madame,

     Votre programme musical, qui soulevait mon enthousiasme il y a dix jours, provoque cette semaine ma consternation. Vous avez demandé à ma fille et à ses camarades de chanter :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

Il y a quatre jours, un groupe de fanatiques a abreuvé les pavés de Paris du « sang impur » des « ennemis de l’Islam » dans le même quartier où, deux siècles plus tôt, la guillotine à répandu le « sang impur » des « ennemis de la Nation ».

Aujourd´hui les enfants de CM2C chanteront :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

Ma fille porte dans ses veines une bonne dose de « sang impur », comme le portent sans doute la plupart des enfants français de votre classe et probablement vous-même, car les victimes de la Révolution furent nombreuses, et les « aristos » n’en constituèrent qu’une toute petite minorité.

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

J’ai par hasard près de moi les mémoires d’une ancêtre, née en 1789, petite-fille de Malesherbes. Malesherbes, connu pour avoir protégé les Encyclopédistes et fait campagne pour l’émancipation des Juifs et des Protestants et pour l’abolition des lettres de cachet, se porta volontaire pour prendre la défense de Louis XVI à son procès. Le Roi lui répondit : « Votre sacrifice est d’autant plus généreux que vous exposez votre vie et que vous ne sauverez pas la mienne ».

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

En décembre 1793, Malesherbes fut arrêté avec tous les membres de sa famille qui ne parvinrent pas à fuir, comme « conspirateur ». Parmi ces « conspirateurs » se trouvait une nièce de onze ans, l’âge de certains de vos élèves qui aujourd´hui chanteront :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

La petite-fille de Malesherbes, qui avait à l’époque quatre ou cinq ans, raconte dans ses mémoires que les crieurs vinrent sous les fenêtres de la maison qu’elle habitait avec ses sœurs et ordonnèrent à des scieurs de pierres qui y travaillaient d’interrompre leur activité « afin que les petites aristocrates entendent la liste de leurs parents condamnés ».

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

Le 22 avril 1794, Malesherbes monta sur l’échafaud en compagnie de sa fille, son gendre et sa petite-fille dont il vit tomber les têtes avant que la sienne fut tranchée.Si l’histoire de Malesherbes vous émeut un peu je vous épargne celle d’une autre branche de ma famille, à Lyon, où Fouché se chargea des exécutions avec un zèle exceptionnel. Aujourd’hui leur descendante chantera avec un enthousiasme puéril :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »

Je me doute bien que vous ne prétendez pas inciter les enfants au génocide. Si la République a conservé ces paroles barbares dans son Hymne, vous n’y pouvez rien. Mais parfois il est bon de remettre en cause certains symboles nationaux. En Allemagne on ne ferait pas chanter à des élèves, juifs ou « aryens » :

« QU’UN SANG IMPUR ABREUVE NOS SILLONS »


Bien à vous,

     Reproduzco esta carta con permiso de su autor y sin mencionar nombres, por motivos evidentes. Pero me atrevo a decir que la suscribiría si pudiese.