Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: Defensa de la Naturaleza
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martes, 9 de septiembre de 2025

Que no pongan fuego a los montes so pena de echar al culpable dentro


                         

Monte quemado en Congosto, León   /EP


    A día de hoy (según satélite y datos del Sistema de Información de Incendios Forestales de la Comisión Europea) en España ya ha ardido casi medio millón de hectáreas, como queda detallado en las entradas anteriores. Los periódicos, los políticos y demás autoridades morales y políticas de nuestro país hablan como si todo fuese casualidad. Otros observadores pegados al terreno dicen que la práctica totalidad de los fuegos son provocados. Algún periódico habla de las detenciones de sospechosos, pero luego ya no dicen más. 

    Por comodidad o por amor fraternal por el prójimo ("Odia al delito y compadece al delincuente", que decía Doña Concepción Arenal) es muy posible que termine el activo veraneo de los delincuentes sin que ninguno de ellos esté en la cárcel. 

    10.000 millones de euros según ASEMFO (Asociación Nacional de Empresas Forestales de España) es lo que ya ha costado el desastre criminal de este año. Por otro lado, OK Diario publicaba el 19 de Agosto: "Teniendo en cuenta que apagar un incendio tiene un coste de 19.000 euros por hectárea, estos incendios ya han supuesto 6.650 millones de euros, mientras que su prevención tiene un precio de 2.000 euros por hectárea, es decir, 700 millones de euros" Esto significaría unos 7.600 millones de euros para empezar a hablar. 

    A partir de ahí, todos los cálculos son más imaginarios que otra cosa. Lo único innegable es que el coste de lo que está ocurriendo va a alcanzar un total enorme y que todos los agentes económicos intentarán cargar los unos a los otros. 

    Seguirá ocurriendo lo mismo hasta que no queden bosques. O hasta que por una vez se haga caso de lo ya prescrito hace 800 años en las Cortes de Segovia y después en las de Valladolid: que no pongan fuego a los montes so pena de echar al culpable dentro. 





miércoles, 27 de agosto de 2025

La Danza Macabra II

   El asunto de los incendios de montes es todavía más siniestro de lo que parece. Según el artículo que reproduzco a continuación, aparecido en The Economist de esta semana, 23 de Agosto 2025, la razón principal causante del 57% de los incendios, según un estudio hecho en Italia y aplicable a España y Portugal, es que están provocados por quienes piensan edificar en lo que hasta antes del incendio habían sido zonas verdes donde no se podía construir. Así es que es posible que el desastre de este verano, con sus muchos muertos y desaparición irreparable del medio natural, se deba a la simple y criminal codicia. 


martes, 26 de agosto de 2025

La Danza Macabra




Imagen de: EFE 25/08/2025



  Al cabo de un par de semanas de silencio oficial los españoles empezaban a sospechar que los constantes incendios de los montes de media España no podían ser una casualidad o una consecuencia imprevisible de lo que antes se llamaba "la pertinaz sequía". Ahora ya las autoridades, siempre serias y los periodistas también adustos, empiezan a reconocer que hay pirómanos (o sea, hideputas) detrás de casi medio millón de hectáreas quemadas. O sea que andamos cerca del 1% de nuestra patria incendiado por delincuentes y asesinos de 8 personas por ahora. 

  Además, el Ministerio de Interior acaba de anunciar que el número de detenidos alcanza ya los 48 y son 134 los investigados por la Guardia Civil y la Policia Nacional. Esperemos que cuando esos casos lleguen a los jueces, estos no se laven las manos. Por de pronto no se facilitan nombres. Ni se aclaran causas y consecuencias de los delitos cometidos. Claro que no, sería una injusticia prejuzgar los actos que han llevado la muerte y la ruina a 411.315 hectáreas hasta el día de hoy. 

  Pero la Danza Macabra continúa, ante la indiferencia casi universal. Salvo la alegria de los que medran. 









lunes, 2 de abril de 2012

Sigue la impunidad de los canallas

Triste año este, cuando no se puede esperar al 25 de Julio para impetrar a Santiago, Hijo del Trueno, que fulmine a los hideputas que incendian los bosques de su tierra gallega. No, hay tantos hideputas sueltos por toda España que incluso –y sobre todo– arde el Noroeste y el litoral cantábrico apenas comenzada la Primavera, y el Domingo de Ramos se convierte en una sacrílega humareda que arrasa el pasado pagano de nuestros bosques atlánticos, tan sagrado como el pasado y el presente cristianos. Y se sabe que los incendios son provocados, y nadie duda que si capturan, juzgan y condenan a los criminales permanecerán muy poco tiempo en la cárcel. Y todo se vuelve suspiros bellacos de cobardes o de cómplices susurrando “es que en España todo sale gratis”.

Por supuesto, sigue sin saberse cuántos de los incendiarios condenados por fuegos del año pasado están aún en la cárcel. Es probable que ninguno y que por eso las diversas autoridades centrales y de las taifas no quieran revelar cifras. Me permito, pues, reproducir dos textos ya publicados en esta bitácora en Julio del 2009 y del 2010.

Y agradezco de nuevo a Antonio Mingote que me autorizara personalmente en 2009 a reproducir su viñeta en esta bitácora, y le ruego a Santiago que como recompensa al buen corazón y buena mano de Antonio Mingote, Marqués de Daroca, se ocupe de que se restablezca pronto de su dolencia.


La impunidad de los canallas
Por el Marqués de Tamarón

29 de Julio de 2009


Arde España, como cada verano. Y, como siempre, nadie hace – por distracción, por estupidez, por cobardía o por conveniencia política – a los poderes públicos nacionales, autonómicos o locales, la pregunta que salta a la mente de cualquiera: ¿cuántos de los autores de los incendios del verano pasado – casi todos provocados – están ahora mismo en la cárcel? Mientras salga gratis ese delito, como salen gratis en España otros delitos igual de atroces o más, seguirán produciéndose. A los canallas les da mucho gusto destruir lo que con razón ven como algo superior a ellos mismos.

El hecho es que hay motivos para sospechar que nadie sigue en la cárcel (y muy pocos entraron en ella) por prender fuego al monte, causen o no muertes y graves daños a la economía y a la naturaleza. Al menos yo no he conseguido obtener esa información, y llevo años pidiéndola a múltiples instancias oficiales.

En estos últimos días han aparecido dos excelentes estudios sobre este asunto.

WWF/Adena ha publicado el Incendiómetro 2009

Greenpeace también acaba de publicar Incendios forestales ¿El fin de la impunidad?

Recomiendo vivamente la lectura de ambos informes, y quizá alguien encuentre en ellos el dato que yo no he logrado ver: ¿cuántos de los condenados por el delito de prender fuego al monte cumplen su condena en la cárcel? ¿cuántos hay hoy en la cárcel por el daño inmenso que causaron en el verano pasado? Y no hablemos de los incendios dolosos o por negligencia que han causado tantos muertos en años pasados y en el presente verano. Da igual, eso también sale gratis en España. La verdad es que mi único consuelo en estos días ha sido que anteayer lunes 27 de julio de 2009 el diario ABC y el diario El País coincidieron gracias a la pluma de dos de los mejores dibujantes de España, Antonio Mingote y El Roto, en el tema de dos viñetas amargas y clarividentes que me permito reproducir a continuación. Quizá bien mirado no todos los españoles estamos de acuerdo con la impunidad de los canallas.



Antonio Mingote en ABC, Lunes 27/7/2009




El Roto en El País, Lunes 27/7/2009



Otra falacia patética
Una de las falacias más repetidas es que los españoles son indiferentes ante la Naturaleza. Sorprende esta afirmación reiterada y gratuita -auténtica falacia patética, que diría Ruskin- cuando todo a nuestro alrededor indica que en su mayoría los españoles no sólo no son indiferentes ante la Naturaleza, sino que con notable eficacia la detestan. Esa antipatía se manifiesta a veces de forma canallesca, quemando el monte o envenenando animales. En otras ocasiones el estilo es tan sólo achulado, y se desparrama basura en parajes de singular belleza, estridencias de discoteca y moto en el corazón del silencio, pintadas procaces o mitineras en las rocas. Es una manera de decir, con desplante de imbécil, «por aquí he pasado yo, que no soy menos que ese roble tan viejo o esa águila que salió huyendo».

Pero las más de las veces el odio rezuma por omisión más que por acción: los vecinos se sonríen ante el atropello, el juez se encoge de hombros, el Ayuntamiento se inhibe, los Gobiernos callan o fingen. Es la más sincera de las connivencias. «Vaya usted a saber quién lo hizo, sería muy difícil probarlo, además el bosque era muy viejo, y ya es hora de que esto beneficie a las personas y no sólo a los pajaritos». Y suspiran satisfechos los especuladores urbanos, tratantes de madera quemada, cazadores furtivos, extorsionistas, camellos de la droga, piariegos y retenes renegados.

El ejemplo perfecto de la mezcla de resentimiento y estupidez demagógica fue aquella brillante coletilla al lema de la vieja campaña contra los fuegos forestales: «Cuando arde un bosque, algo suyo se quema, señor conde». Añadiendo esas dos palabras, el gracioso -creo recordar que en La Codorniz- convertía el incendio en un acto progresista, puesto que fastidiaba a la oligarquía. Y además heroico, ya que en aquel entonces la Guardia Civil aún era o podía ser severa.

Huelga decir que esa bellaquería en particular no es ya políticamente correcta. Pero otras sí, pues casi todo es turbio en ciertas actitudes sociales. Ni siquiera los delincuentes, que deberían ser fieles a su imagen social de dechado de lógica -lógica egoísta y amoral, pero lógica al fin- son tal cosa cuando se dedican a destruir la Naturaleza. Rara vez actúan con la frialdad de un delincuente puramente racional, como por ejemplo un monedero falso. Éste tan sólo busca el estricto provecho económico, mientras que el incendiario, con independencia del posible lucro, suele disfrutar haciendo daño. Diríase que en ese terreno hay tanto o más odio que codicia. A veces cabe preguntarse si ciertos vertidos tóxicos o incendios no tendrán más en común con los crímenes de los violadores que con los de malhechores supuestamente racionales como los ladrones. Después de todo es de suponer que el sueño de quien aspira a hacer el mal perfecto es mancillar a su madre y luego matarla, y eso es, en exacta metáfora, lo que hacen miles de autores de delitos ecológicos al año, sobre todo en verano. Si tan sólo buscasen el lucro, es probable que escogieran otros delitos más rentables y que causan menos dolor innecesario.

Lo más triste, sin embargo, es que lo turbio de las motivaciones de los delincuentes parece desdibujar las propias reacciones de la opinión pública, de las autoridades y de los periodistas. No conozco otro ámbito donde haya menos ideas claras y menos acciones decididas. Abunda, eso sí, la palabrería. Todas las fuerzas políticas coinciden en sus ansias retóricas de «preservar el medio ambiente» (artículo 38 de la Constitución de 1978), pero ninguna muestra respeto siquiera por su propio nombre; se conoce que no va con ellas lo de nomen est omen. Los socialistas valoran muy poco en la práctica el primer bien social, que es la Naturaleza. A los conservadores no les interesa mucho conservar esta vieja piel de toro, tan llena de mataduras. Los verdes, absortos en la izquierda unida, tienen mucho más de izquierdistas que de verdes. Y los llamados ecologistas nunca se manifiestan cuando el desastre ecológico ocurre donde gobiernan las izquierdas.

Prueba de lo que antecede es la anarquía urbanística en casi todos los municipios españoles. Sea cual sea su militancia política, el sueño megalómano de un alcalde es benidormizar entero su término municipal, edificarlo del uno al otro confín. Yerran quienes atribuyen el anhelo a un afán de beneficio personal. Por lo común no se trata de cohecho sino de una fe pétrea en el progreso, entendido éste como un aumento acelerado del casco urbano y del número de automóviles en circulación.

Contra creencia tan firme no hay leyes que valgan, y menos en un país latino, donde la tradición es legislar profusamente pero sin luego aplicar las normas con demasiado rigor. A veces, sin embargo, triunfan paradójicos escrúpulos y ocurre, por ejemplo, que se paraliza la declaración de tal Parque Nacional para no verse obligados a entorpecer los negocios de la construcción ni sufrir la consiguiente pérdida de votos.

Quizá por el mismo prurito oficial de discreción -acaso para evitar la llamada alarma social- no sea posible averiguar cuántos están en la cárcel tras los incendios, casi todos provocados, de 180.000 hectáreas forestales en toda España durante el pasado año 2005, o por cualquier otro delito ecológico (se dice oficiosamente que nadie está en prisión por un quítame allá esas pajas, aun ardientes). Pero cuesta creer que haya voluntad oficial de sigilo, pues los poderes públicos no pueden ignorar el auténtico sentir popular ante todos estos abusos y delitos: la sonrisa suficiente. Como mucho, los políticos evitarán en lo sucesivo reconocer las amplias complicidades del pueblo soberano con los incendiarios, después del revuelo causado en agosto pasado por la franqueza de la ministra de Medio Ambiente al admitir que existía «tolerancia social» en Galicia y en el resto de España, que impedía la identificación de los culpables.

A la tolerancia podía haber añadido la desidia. Mientras escribo estas líneas y para no perder el sentido de la realidad más humilde, tengo a mi lado una bolsa de carbón vegetal para barbacoas hecho en el Paraguay y comprado esta primavera en unos grandes almacenes madrileños. O sea, que mientras ardían los montes españoles porque nadie era capaz de atajar el fuego, ya que el sotobosque no se mantiene limpio desde que desapareció el piconeo, estábamos importando picón de una selva situada a diez mil kilómetros de distancia.

Y es que aquí, como en otros asuntos nacionales, el problema no está tanto en el Gobierno o los Gobiernos de la nación cuanto en la nación del Gobierno. Un pueblo que no cree en él mismo -en su historia ni en su naturaleza- mal puede exigir fe y voluntad a sus Gobiernos. Y éstos -unos más que otros, es cierto- tendrán la perpetua tentación de zanjar los problemas «como sea». Es decir, sin resolverlos.


El Marqués de Tamarón



Este artículo apareció en el ABC el 25 de Mayo de 2006 y en esta bitácora el 23 de Octubre de 2008 y el 25 de Julio del 2010.
Sí, suave lector, e incluso suave lectora, sé que me repito, pero ya decía André Gide que como nadie escucha hay que seguir diciendo lo mismo.




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¿Cleptocracia o pulcrofobia? ¿O simple amnesia colectiva?
La herida infectada
Acerca de los parques eólicos
Más sobre los parques eólicos

martes, 1 de febrero de 2011

Más sobre los parques eólicos



Arrecian las polémicas sobre los parques eólicos. Unos dicen que son la panacea contra el cambio climático y ven en ellos el símbolo glorioso de la energía renovable. Otros, sobre todo los que tienen la desgracia de vivir cerca de parques eólicos, se desesperan por la contaminación visual, sonora y quizá de otro tipo que acarrean esas máquinas. Antes las llamaban con ironía simpática molinillos, ahora empiezan a llamarlos patíbulos, que es lo que parecen.

El asunto es tan grave que merece dedicar un tiempo a estudiarlo. En general las informaciones que las diversas versiones de la Wikipedia ofrecen sobre los parques eólicos son muy favorables a esta fuente de energía eléctrica. Convendría equilibrarlas con puntos de vista menos optimistas sobre los resultados del muy extenso uso de la generación eólica de electricidad. Mi entrada en esta bitácora tenía un alcance limitado al efecto antiestético en España de estas instalaciones, pero existe una asociación europea cuyo sitio resulta de sumo interés por la abundancia de información que da sobre los parques eólicos, en su mayoría facilitada por quienes los sufren. Su dirección, que abre esta entrada, se la repetimos:

http://www.epaw.org/index.php?lang=es

Y por otro lado, como ejemplo de lo ardua que es la lucha de una pequeña asociación local contra el vasto poderío de los fabricantes de molinos, los productores de electricidad, los cuatro niveles de gobierno en nuestro país (Bruselas, Madrid, comunidad autónoma y ayuntamiento) y demás auténticos gigantes, vean también este otro sitio en la red:

Entorno de Guadarrama sin molinos

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Acerca de los parques eólicos

En España se están colocando parques eólicos en sitios muy inapropiados e incluso ilegales: dentro de la Red Natura 2000 o alrededor de paisajes monumentales como Uclés o las crestas montañosas cerca de Ávila. Mientras tanto, las mismas empresas hacen gala de talante ilustrado y verde en otros países. En los Estados Unidos, según un reciente artículo en la publicación ecologista The Nature Conservancy, Iberdrola Renewables aplaude con entusiasmo un plan que, en efecto, parece sensato: hacer mapas de todos los Estados Unidos, que superpongan las zonas de más viento con las zonas más necesitadas de proteger la naturaleza, para escoger los lugares donde menos daño hagan estos parques eólicos. ¿Por qué no muestran igual actitud en España? Diríase que aquí ni las oenegés ecologistas ni los gobiernos regionales o nacionales se muestran exigentes frente a los intereses económicos, con tal de que sean "renovables".

Como la lógica no abunda, ante cualquier reparo que se oponga a la proliferación de los parques eólicos mal emplazados se contesta con la acusación de que toda crítica se debe a quienes están en contra de las energías limpias y renovables. Hay que seguir insistiendo en que los parques eólicos, como las instalaciones solares, y de hecho cualquier forma de generación de electricidad, deben estar situados en lugares adecuados, y de ningún modo es lugar adecuado la bahía de Santander o el último refugio del urogallo en León o las zonas de migraciones de aves. En otros países la opinión pública ha reaccionado contra la evidente contaminación visual, sonora e incluso lumínica que producen los parques eólicos y la tendencia es a colocarlos lejos de la costa.

Para evitar los abusos, casi todos irreparables, debería bastar con que se aplicasen las leyes, puesto que existe un poderoso arsenal normativo para impedir ilegalidades tan palmarias como ésta. Pero en España no faltan leyes, sino voluntad de aplicarlas. Cuando ni siquiera algunas sentencias firmes del Tribunal Supremo se ejecutan, ¿qué cabe esperar? Tan sólo la opinión pública expresándose con determinación y pidiendo eco en los medios informativos podría convencer a los poderes políticos de que perderían votos dejando cometer irregularidades, a los poderes económicos de que a la larga perderían dinero y a la nación española de que la belleza del paisaje también es un activo económico, aunque sólo sea para atraer turismo de calidad. Todo lo demás –razonar sobre deberes históricos de conservar las raíces culturales y naturales de nuestro país– interesa a muy poca gente. Pero incluso eso habrá que argumentarlo, aunque sólo sea en aplicación del melancólico y tenaz principio de “por mí que no quede”.


(Artículo del Marqués de Tamarón publicado en la revista HISPANIA NOSTRA, Nº 1, Septiembre de 2010)

Postdata: Este artículo lo escribí hace tiempo pero tardó en publicarse y acaba de salir ahora. Por eso no aparece mencionada la barbaridad que se pretende hacer en el piedemonte del Guadarrama segoviano, erigiendo una muralla de 225 molinos de 100 metros de altura cada uno. Sobre este torvo empeño encontrarán mucha información en la bitácora Guadarrama sin molinos.

miércoles, 10 de febrero de 2010

LA HERIDA INFECTADA

Ayer Domingo 7 de Febrero, dando un paseo por un paraje de singular belleza e interés en flora y fauna en el piedemonte de la sierra del Guadarrama, me encontré con esta escena de devastación y basura plástica que aparece en las fotos adjuntas. El lugar es el cauce del río Ceguilla, cerca de Aldealengua de Pedraza en la provincia de Segovia.

Hace unos seis años se empezó una obra faraónica para hacer una presa en dicho río. El asunto era polémico, pues se trataba de una zona natural protegida por varios conceptos, entre otros el formar parte de la Red Natura 2000. El proyecto estaba financiado en un 65% por fondos europeos, el resto entre otros por la Junta de Castilla y León, y todo ello bajo la dirección del entonces llamado Ministerio de Medio Ambiente a través de la Confederación Hidrográfica del Duero y Aguas del Duero, S.A. La adecuación del proyecto a la legislación vigente fue dudosa, pero su realización no ofrece duda ninguna, ya que ha sido un desastre. Según los carteles triunfalistas que siguen decorando la comarca, la obra tenía que empezar en Mayo de 2004 y su plazo de ejecución era de 18 meses. Seis años después sigue sin haberse completado la ejecución, como puede apreciarse en las fotos.

El embalse sigue sin embalsar un litro de agua, aunque en Octubre del 2007 se inauguró y los periódicos publicaron fotos falsas donde aparecía un lago paradisíaco. Luego nos dijeron que probarían la capacidad de retener agua de la obra faraónica y harían la Estación de Tratamiento de Aguas Potables (ETAP) así como 89 kilómetros de conducciones para abastecer nuevos depósitos por toda la comarca. Pero tampoco aparecen los complementos faraónicos por ningún lado.

Así es que tenemos todos los inconvenientes del proyecto (destrucción a gran escala de la naturaleza) y ninguna de las ventajas anunciadas para los habitantes. Y el colmo es que nadie se ha molestado en limpiar de escombros el valle del arroyo de montaña destrozado. Peor aún, han dejado el lugar desolado sembrado de grandes trozos de plástico y de tuberías también plásticas, que se quedarán allí para toda la eternidad, y que ya en parte están sepultados por la erosión. Nada de ello es biodegradable y todo ello es nocivo, quizá venenoso, en un depósito destinado a dar de beber a toda la comarca.

Hace años que algunos de nosotros hemos avisado de todos estos abusos e irregularidades a las autoridades, empezando por el Ministerio de Medio Ambiente y terminando con la Comisión Europea. Algunos no contestan y otros aseguran blandamente que todo está en regla. Incluso el Defensor del Pueblo Europeo dice que “no considera justificado llevar a cabo una investigación”. Eso sí, ninguna autoridad contesta que ha ido a ver el atropello y comprueba que no existe.

En fin, cuando llegue el día, si es que llega, en que abran ustedes el grifo y aparezca agua quizá transparente pero muy poco de fiar, acuérdense de esto. Y la próxima vez que oigan hablar de “desarrollo sostenible” piensen también en esta desolación inútil, en esta herida sin restañar en las entrañas de la sierra de Guadarrama.



Este artículo lo publiqué en la bitácora llamada Desde la Sierra, en donde pueden ustedes entrar para contemplar las fotografías, tan deprimentes como los hechos descritos:

http://desdelasierradeguadarrama.blogspot.com

PD: Actualización a 15 de Noviembre de 2017. Como no estoy muy seguro de que sobreviva la página llamada Desde la Sierra, recojo de ella las fotografías que aparecieron en la entrada antes mencionada.




jueves, 17 de septiembre de 2009

¿Cleptocracia o pulcrofobia? ¿O simple amnesia colectiva?


Los errores – o delitos – urbanísticos suelen ser irreparables. Más de un alcalde español conseguiría destruir Venecia en sus cuatro años de mandato, y lo peor es que podría hacerlo con la mejor voluntad del mundo, ebrio de insobornable contemporaneidad.

Pues bien, el Parlamento Europeo no parece estar de acuerdo con la forma de ver las cosas que predomina en algunas partes de España y aprobó por muy amplia mayoría, hace casi medio año, el Informe Auken (así llamado por el nombre de su ponente, la señora Margrete Auken, diputada danesa de los Verdes) que critica los abusos urbanísticos en España y señala la alarmante falta de confianza de los denunciantes en el sistema judicial español.

El informe se centra en tres puntos que suscitan las principales denuncias recibidas en la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo: el incumplimiento de la normativa europea sobre medio ambiente (urbanizaciones en plena Red Natura 2000, falta de evaluaciones de impacto ambiental, etc.), la mala gestión del agua y las expropiaciones abusivas de terrenos.

Pero lo más triste y revelador es que el asunto prácticamente no ha suscitado interés en España. Diríase que al igual que los eurodiputados de los principales partidos españoles votaron en contra de este informe o se abstuvieron, los medios de información de nuestro país antepusieron otras consideraciones a los principales intereses nacionales e incluso internacionales, que incluyen respetar el medio ambiente en España. Por no hablar de una especie también en peligro de extinción llamada el Estado de Derecho.

Además, el informe recuerda ominosamente que la Comisión puede suspender a un estado miembro los fondos estructurales y el Parlamento Europeo puede colocar en reserva los fondos destinados a políticas de cohesión. Pero pese a todo eso, y al hecho de que esta es la tercera vez que el pleno de la Eurocámara toma posición sobre este asunto, fascina ver hasta qué punto en España el asunto interesó poco en su día y ahora ya no interesa nada a nadie. Incluso las oenegés ecologistas, con pocas y honrosas excepciones, pronto se desentendieron de esta cuestión.

¿Será posible que todas las fuerzas vivas de un país sucumban a la amnesia colectiva?


Enlace con la nota de prensa del Parlamento Europeo: http://www.europarl.europa.eu/news/expert/infopress_page/021-52627-082-03-13-902-20090325IPR52626-23-03-2009-2009-false/default_es.htm


Enlace con el Informe Auken:
http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//TEXT+REPORT+A6-2009-0082+0+DOC+XML+V0//ES


Enlace con el resultado de la votación (a partir de la página 16 de este documento):
http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//NONSGML+PV+20090326+RES-RCV+DOC+WORD+V0//ES&language=ES


El siguiente enlace da la lista completa de los diputados españoles en esa legislatura del Parlamento Europeo, con lo cual al cotejarla con los votos se puede ver no sólo quiénes votaron a favor o en contra, o se abstuvieron, sino también los muchos que al parecer estuvieron ausentes, cosa quizá digna de meditación:
http://www.europarl.es/resultados_lista_alfabetica_2004.php?opcion=4