Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

miércoles, 27 de octubre de 2010

En los albores de la corrección política

Reproduzco el siguiente artículo tal y como aparece en el número especial (nº 129) de la Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, que acaba de salir en este mes de Octubre bajo el título de Claves para entender el mundo. Apareció primero en el nº 19 de la misma revista, en 1991. Algunos recordarán que en aquel entonces, hace un par de decenios, casi nadie en España conocía la expresión "corrección política", aunque sí la realidad práctica. Por eso disfruté tanto parafraseando a Bécquer con una especie de "¿Y tú me lo preguntas? Corrección política eres tú", dirigido a mis contemporáneos de la nueva España. Hoy diría lo mismo. De hecho lo sigo diciendo, puesto que ese artículo fue reproducido en las dos ediciones de El siglo XX y otras calamidades (1993 y 1997). Y la mitad de lo que he escrito desde entonces versa sobre el cómico espectáculo de una cultura, la occidental, convertida en un coro laico, ñoño y santurrón, donde pocos osan desafinar.


Las cosas por su nombre


Marqués de Tamarón


LOS VICIOS NACIONALES MODERNOS DE LOS PAÍSES EUROPEOS CRISTALIZAN HACIA 1840, CON EL TRIUNFO DEFINITIVO DE LAS BURGUESÍAS PATRIÓTICAS. ESPAÑA ADOPTA LA ENVIDIA COMO RAZÓN DE SER TRAS ABOLIR LA SOCIEDAD ESTAMENTAL MEDIANTE LA CONFUSIÓN DE ESTADOS Y LAS DESAMORTIZACIONES (1836). INGLATERRA CONVIERTE LA HIPOCRESÍA EN SUPREMA NORMA SOCIAL AL POCO DE ACCEDER AL TRONO LA REINA VICTORIA (1837). Y FRANCIA CONTRAE ENTUSIASTAS NUPCIAS CON LA AVARICIA INCITADA POR EL MANDATO DE GUIZOT, MINISTRO DE LUIS FELIPE, EL REY BURGUÉS: «ENRICHISSEZ-VOUS!» (1843).



No es que antes del aburguesamiento europeo las naciones careciesen de defectos distintivos, lo que pasa es que tenían otros y además plurales. Basta con ver las estampas de Hogarth para comprobar que la sociedad inglesa del XVIII era muchas cosas —sobre todo era disoluta— pero ciertamente no hipócrita. La Francia del Antiguo Régimen tenía la aris­tocracia más manirrota de Europa, a veces codiciosa mas nunca avara, ni de su propia sangre guerrera ni de su dine­ro. Los españoles sabían ser crueles y despóticos, pero la envidia tenía poco sentido en una sociedad casi de castas, aunque hay que reconocer que la Santa Inquisición, nece­saria para mantener la hegemonía de los cristianos viejos, pudo sembrar la simiente de la envidia, tan útil para el fo­mento de la delación. Luego, con la llamada Guerra de la Independencia, fructificó la semilla y lo primero que destruyó la envidia fue a los hidalgos, como en un delirio edípico que constituye una de las más sarcásticas manifesta­ciones de la némesis histórica.


HIPOCRESÍA Y CENSURA
Sea como fuere, cambio hubo en la idiosincrasia viciosa de cada país, y ese cambio afectó y sigue afectando a sus res­pectivos idiomas. Veamos primero cómo la hipocresía con­diciona la evolución de la lengua inglesa. Un hipócrita tiende a pasar la palabra por el filtro de la censura, para no ofender. Yo siempre he sido ardiente defensor de la hipocresía y de la censura, y no me voy a desdecir ahora. La hipocresía es esencial en toda sociedad moderna, que sin fingimiento sería invivible. Si todos expresásemos lo que pensamos, esa franqueza destruiría en horas cualquier tejido social. En cuan­to a la censura, recuérdese que Shakespeare, Quevedo o Dostoievski escribieron bajo su mirada severa, y que yo sepa no escribieron peor que Terenci Moix. La censura —siempre que tan sólo obligue a callar, y no a decir como la soviética, mientras sea negativa y no positiva— aguza el ingenio y la pluma y es un benéfico estímulo para el autor. Ya lo dice el apotegma: «Sin censura ni cesura / no existe literatura».

O, dicho con otros términos, sin comedimiento ni sintaxis ni métrica produciremos meras algarabías o extravíos dadaístas. Pero —y el pero es importante— la censura deja de ser provechosa o inocua cuando se extralimita y pretende fiscalizar el uso y significado de las palabras. Entonces se vuelve peligrosa. Quevedo sabía muy bien qué era lo que no podía decir sobre la Trinidad o sobre el poder de la Co­rona, pero también sabía que lo demás podía expresarlo con palabras a su entero gusto. De lo contrario se habría deses­perado y no hubiese sido Quevedo sino un vulgar gacetillero plagado de las muletillas del momento. Tres cuartos de lo mismo le ocurría al Cela de los años cincuenta. La literatura soporta casi todo menos que le capen el diccionario.

Pues bien, a esa castración lingüística tiende por hipo­cresía la lengua inglesa esporádicamente desde hace siglo y medio. Ya los victorianos fueron más lejos en su afán de­purador de las «four-letter words» que sus coetáneos espa­ñoles persiguiendo las palabras malsonantes. No hubo aquí nada comparable a la labor del Dr. Bowdler expurgando las obras de Shakespeare para hacer ediciones populares «lim­pias», con tanto ahínco que dio origen al verbo «bowdlerizar». Hoy, por supuesto, se emplea ese vocablo en sentido peyo­rativo, puesto que el mundo anglosajón ya no es pudibundo. Pero la cultura anglosajona —sobre todo la norteamericana— ha trasladado su refinada hipocresía a nuevos ámbitos, que también afectan al mismo Shakespeare. Se censura el lenguaje antisemita de El mercader de Venecia, se evita representar Coriolano (obra irrecuperable de puro militarista y antidemocrática) y se teme un poco a Otelo (por ser negro el personaje epónimo). Y no digamos lo que se hace con Mark Twain, cuya habla llana en boca de Tom Sawyer o Huckleberry Finn resulta inadmisible por racista. El eterno puritanismo latente y latiente en la sociedad americana cambia de tabúes —carnalidad, alcohol, raza, tabaco, lo que se tercie— pero siempre incluye el eufemismo entre las ar­mas de su perpetua cruzada moral.


«POLITICAL CORRECTNESS»
La última reencarnación de esta hipocresía lingüística an­gloamericana es la «political correctness», la «corrección política» en el sentido de buen tono, de lo que es aceptable y correcto. Hija legítima del puritanismo y del vago marxis­mo residual de los intelectuales de provincias, la «political correctness» aparece definida en el Random House Webster’s College Dictionary como «una ortodoxia típicamente progresista en cuestiones que afectan sobre todo a la raza, el género (nuevo eufemismo de sexo, masculino o femenino), las afinidades sexuales o la ecología». Cierto comentarista inglés más expeditivo dice que «no es más que el izquierdis­mo de clase media tal como se practica en las universidades americanas». El asunto ha levantado tal polvareda en los Estados Unidos que las siglas PC empiezan a ser empleadas más como iniciales de «political correctness» que como acrónimo de «personal computer». Lo curioso es que la polémica está convirtiéndose en una disputa filológica, con listas oficiales de palabras poscritas en distintas universidades. Remontando la historia mucho más allá del nomi­nalismo medieval, hasta volver a la creencia en la virtud taumatúrgica de los vocablos, profesores y alumnos rivalizan en sutilezas lingüísticas. Para evitar acusaciones de racismo, sexismo o desprecio por cualquier minoría imaginable hay que hacer arduas contorsiones eufemísticas. Algunos consideran machista «género humano» («humanity», y no digamos «mankind»), sabe Dios por qué, y el propio Dios no puede ser Él sino que tiene que turnarse con Ella. Se asegura que el sustantivo «judío» es vitando, hay que usarlo tan sólo como adjetivo y decir «una persona judía». Incluso hay militantes de los derechos de los animales que exigen sustituir «pet» por «animal de compañía», expresión más digna. Por supuesto, no se puede hablar de un «vejete», sino de un «senior citizen».



Es cierto que estas ansias eufemísticas no son exclusivas del angloamericano, y que en el español también hemos in­troducido expresiones políticamente correctas como «tercera edad» o «invidente». Pero aquí casi nadie se las toma en serio, todo lo más algunos políticos y periodistas. Además algunos de nuestros neologismos, como «tercermundista» por «merienda de negros», son igual de insultantes en sus alusiones que las viejas expresiones, y a nadie parece importarle mucho. En los Estados Unidos, por el contrario, lo que importa es la censura idiomática. Los aspectos sus­tantivos, no lingüísticos, de la «corrección política» univer­sitaria parecen apasionar menos al público, por ejemplo los programas de lectura obligatoria en el «syllabus» de algunas enseñanzas superiores. Como Homero o Shakespeare eran varones, blancos y poco progresistas, y se suponía que su estudio podía ofender a las mujeres, a los negros y a toda persona «politically correct», hubo que aminorar o suprimir su lectura y acudir a textos de escritores más presentables; el autor ideal es una negra lesbiana procedente de alguna cultura sojuzgada, pero no siempre es posible encontrar el ideal. La otra posibilidad es explicar la historia de la cultura de esta manera: la civilización moderna ha heredado las artes y las ciencias de los griegos clásicos, pero éstos habían robado la antigua sabiduría a sus inventores, los egipcios, los cuales eran africanos, luego negros. Una variante de este discurso melanófilo es demostrar que las matemáticas, la filosofía y en general todo refinamiento intelectual y aun vital volvieron a Occidente gracias a los árabes, que tenían «air-conditioning» en la Alhambra (sic), mientras los reinos cristianos eran un hatajo de patanes. Naturalmente, tam­bién se da y florece en los Estados Unidos la versión amerindia de la Historia Universal —versión que aquí vamos conociendo a medida que se acerca el Quinto Centenario— y menudean otras exégesis culturales para todos los gustos siempre que no sean eurocéntricos o falócratas. Diríase que el amable manicomio de la Unesco de los años setenta se ha trasladado al campus académico norteamericano. Pero el centro de la batalla está en la palabra, y la tác­tica consiste en suprimir las palabras peligrosas, más que en desvirtuarlas. Se censura el diccionario porque —reacción de raíces bíblicas protestantes— tan sólo en el Libro pueden hallarse la culpa de los males del pueblo y su remedio.


EL CASO ESPAÑOL
Muy distinto es el caso del español. También se sacrifica el lenguaje claro en aras de exigencias sociales cambiantes, pero ello se hace adulterando ciertas palabras, no proscribiéndolas. Consciente o inconscientemen­te se advierte que la forma más fácil de conjurar ciertos peligros sociales es desdibujar el perfil semántico de algunos vocablos para terminar cambiando por completo su contenido. El ejemplo más revelador es el de la palabra democracia. Está claro que la nueva situación política en España a partir de 1975 puede ser descrita de muchas maneras, pero se ha consagrado una definición tan sucinta que consta de una sola palabra: democracia. El motivo de tal laconismo no es, como parece, maquiavélico; la pereza, la vanidad y sobre todo la simple envidia hacia los países vecinos han sido decisivas en la simplificación verbal. El problema está en que una vez adoptado un simple animal como tótem se tiende a complicarlo añadiéndole símbolos heterogéneos y atribuyéndole virtudes contradictorias: el toro potente termina teniendo alas y rapidez de águila, melena heroica de león, ojo de lince y aun astuto cuerpo de sierpe para que la tribu esté contenta identificándose con él y pierda sus complejos de inferioridad y su envidia congénita. Y eso es lo que ha ocurrido en nuestro idioma con el término democracia, que empezó significando gobierno del pueblo y ahora se pretende que signifique por lo menos doce cosas más.



No existe, en verdad, ningún paradigma comparable de polisemia en toda la historia de las lenguas humanas, nin­gún fenómeno de multivocidad extrema alcanzada en tan poco tiempo. Tres o cuatro lustros —un mero instante en la cronología lingüística— han bastado para que demo­cracia quiera decir no una sola cosa sino muchas y, lo que es más interesante y quizá único, no sólo cada una de esas cosas, alternativamente y a gusto del hablante, sino en ge­neral todas ellas a la vez, por discordantes que sean. Hay vocablos con varios significados. Escatología, por ejemplo, quiere en unas ocasiones decir «conjunto de creencias re­ferentes a la vida de ultratumba» y en otras «tratado de los excrementos», pero nunca se usa para designar ambas cosas a la vez. Se consideraría de mal gusto. En cambio, en­tra dentro de la PC e incluso puede que constituya el fun­damento mismo de nuestra «corrección política» emplear la voz democracia como quintaesencia simultánea de todos estos elementos variopintos: gobierno popular, estado de derecho, división de poderes, constitucionalismo, liberalismo, parlamentarismo, «sociedad civil», buena administración pública, progresismo izquierdista, librecambio capitalista, pluralismo, respeto por los derechos humanos y amor a las libertades fundamentales.



Hasta hace pocos años cualquier persona culta, de iz­quierdas o de derechas, hubiera protestado ante semejante amalgama, considerándola incoherente. Hubiese alegado que democracia equivale, jurídica y etimológicamente, al primer concepto de la lista antes citada, el gobierno del pueblo, y que ontológica e históricamente tal cosa puede existir y de hecho ha existido con independencia de los demás conceptos reseñados. Hubiese recordado que la democracia ateniense condenó a muerte a Sócrates y que la democracia de Weimar eligió a Hitler. Hubiese añadido que casi todas o todas las demás nociones políticas relacionadas pueden ser puestas en práctica sin democracia, y que alguna de ellas, como el liberalismo, se compadecen mal con el gobierno popular de pura mayoría, el cual tiende al igualitarismo absoluto y por tanto cercena las libertades y el pluralismo, como bien explicó Ortega y Gasset. También hubiese citado a Alfonso Guerra, que explicó no menos justamente cómo Montesquieu y su división de poderes tienen poco que ver con la realidad democrática de una mayoría de votos. Y si nuestro culto observador hubiese sido aficionado a la comparación internacional de los sistemas políticos, habría apuntado que los Estados occidentales de hoy que funcionan bien lo hacen en la medida en que no son democracias puras sino vigorosas oligarquías mitigadas por factores semidemocráticos. Así Bush, elegido por el 26 por 100 del electorado (o el 19 por 100 de la población, según se mire), tiene considerable poder, pero no tanto como para olvidarse de otros poderes como el Tribunal Supremo, Wall Street, el Pentágono, los lobbies ideológicos, raciales o económicos, las iglesias y cien más, ninguno de ellos dependiente del voto popular general. En el Reino Unido hay un mo­narca hereditario, una cámara alta también hereditaria, un clero constituido por cooptación, unas universidades con bienes propios y claustros también cooptados (que se permiten denegar un doctorado honorario al jefe del gobierno), una prensa pujante y otras mil instituciones no democráticas de gran peso. El estado de derecho, la sociedad civil o la buena administración pública son cosas muy distintas de la mitad más uno de los votos.

De hecho, y volviendo a España, a nadie se le oculta que nuestra democracia desconoce el constitucionalismo (puesto que la Constitución de 1978 no se puede cumplir y por tanto no se cumple), desprecia el parlamentarismo (los presidentes del gobierno apenas acuden al Congreso), carece de las características elementales de un estado de derecho (empezando por la seguridad jurídica, que exige cuando menos una administración de justicia fiable), y así sucesivamente.


MITOLOGÍA
Sin embargo, quien todo esto objetase a la actual polisemia del vocablo democracia en español podría ser un buen filólogo, un buen jurista y un buen historiador, pero sería un mal antropólogo. Cuando nuestros compatriotas caen a diario en el solecismo de decir «el rodillo parlamentario no es democrático» o «el soborno de los políticos es antidemocrático» o «la situación de las cárceles va en contra de la democracia», cuando dicen «llevaré el asunto hasta el Supremo, que para eso estamos en una democracia», no están aludiendo a ninguna forma política de gobierno, sino invocando a su tótem. Los oscuros sentimientos, las frustracio­nes y anhelos ancestrales que nos llevaron a escoger esa pa­labra totémica y no otra pueden traducirse resumidos en este silogismo: la democracia es todas esas cosas buenas y acaso alguna más, como recoger la basura y no saltarse los semáforos, la democracia es vivir como nuestros vecinos ricos. Es así que nosotros somos una democracia, luego los españoles somos justos y benéficos. Teleológicamente la corrupción semántica nos lleva por el túnel del tiempo a la Constitución de 1812. Mediante una extraña inversión temporal cumplimos ahora el mandato de entonces, pero por precaución concentramos en un solo santo y seña, De­mocracia, las antiguas y dispersas palabras mágicas de Constitución, Libertad o Progreso. En 1931 ocurrió lo mis­mo con otra palabra de vocación simbólica y abarcadora, República, y en 1939 otro tanto con el ensalmo Patria. En ninguno de los citados momentos históricos, incluido el actual, nos hemos planteado en serio si basta con pronunciar una palabra para vivir con el sosiego y el desahogo de suizos o daneses, o si hará falta algo más que conjuros anhelantes para disipar la miseria de los marginados o el humo acre de los incendios.



La gran mentira nacional —el mito— es atribuir a la democracia el significado precisamente de todo lo que no tenemos, de lo que ansiamos, de lo que envidiamos en otros, y no darle el sentido real, gobierno del pueblo, que sí existe en España. Buscábamos una mitología y nos hemos encontrado con una mitomanía.

Pero algo es algo, y la mentira, cuando es colosal, supone un buen paso adelante. Creo que ya Renan apuntó que las naciones sólo cuajan del todo cuando tienen un gran crimen colectivo e histórico que ocultar. Cabe esperar que nuestra mentira nacional tenga la misma virtud integradora y menos coste social que la Revolución Francesa o la Santa Inquisición. Tenemos a nuestro favor el hecho de que no ha habido ruptura en el vicio cardinal; hemos visto que la actual mentira es consecuencia en buena parte de la envi­dia, y la envidia fue lo que nos permitió sobrevivir a siglo y medio de desastres. La pena es que el precio de la super­vivencia incluya, según parece, la obligación de nunca más llamar a las cosas por su nombre.

Ilustraciones de Diego Mora-Figueroa, Marqués de Saavedra
Publicado en Nueva Revista N.º 19 (1991)

viernes, 8 de octubre de 2010

Citas desde la caverna (VII)

No me gusta esa palabra de intelectual. Nunca he comprendido lo que quiere decir. Cuando Régis Debray fue encarcelado en Bolivia, siempre lo designaban con la perífrasis “el joven intelectual”. En realidad era un joven combatiente que había asumido los riesgos del combate. La intelectualidad tenía poco que ver con su aventura. Todos los ejemplares de homo sapiens, por las virtudes todavía tan mal conocidas de sus neuronas, son intelectuales. Mi abuelo era tonelero, mi padre general, yo soy profesor y mi hijo es médico psicoanalista. Desde luego hace falta tanta inteligencia para hacer un tonel o para inventar cañones como para emborronar papeles o quitar las angustias.

(Georges Dumézil, Entretiens avec Didier Eribon, 1987)



He traducido a vuela pluma estas palabras tan osadas y políticamente incorrectas que sólo un sabio octogenario y próximo a la muerte se atreve a pronunciar. Georges Dumézil escribió algunos de los estudios más profundos y brillantes sobre la religión y la sociedad indoeuropeas. Y siempre fue un espíritu libre y luchador. He releído el libro que cito y no comprendo cómo pude olvidar estas palabras tan certeras cuando escribí mis modestas consideraciones sobre los intelectuales, que reproduje no hace mucho en esta bitácora con escándalo de más de un lector, a juzgar por los comentarios.

martes, 5 de octubre de 2010

Citas desde la caverna (VI)

Como continuación a lo aquí dicho (el 8 de Septiembre) sobre el soneto de Ronsard cuyo primer verso es Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle, publico ahora la traducción al español que anuncié. La hizo hace ya decenas de años Fernando Aguirre de Cárcer, un diplomático bohemio y culto. La incluyó en una antología titulada La poesía francesa en verso castellano. Que yo sepa permanece inédita y me gustaría que algún editor ilustrado se animase a publicarla; si algo queda claro es que no andamos sobrados de buenas traducciones de poesía, y esta lo es. Pido a los lectores que comparen esta versión con el original y con alguna otra que conozcan, además de la escrita por Eliseo Diego (traducción, claro, de otra traducción libre...). Y que nos den su opinión.


Cuando seas vieja

Cuando seas muy vieja, en la penumbra ociosa,
hilando y devanando junto al fuego sentada,
al cantar mis estrofas dirás maravillada:
“Ronsard me celebraba cuando era tan hermosa”.

No habrá sirviente entonces al escuchar tal cosa,
por el trabajo rudo ya medio adormilada,
que al rumor de mi nombre no despierte encantada,
bendiciendo tu nombre, de alabanza gloriosa.

Yo estaré bajo tierra y, espectro descarnado,
a la sombra del mirto dormiré sin cuidado.
Tú serás en tu hogar una anciana encogida,

llorando mi amor muerto y tu repulsa vana.
Créeme: Vive ahora. ¡No esperes a mañana!
¡Recoge cada día las rosas de la vida!

(Traducción de Ronsard por Fernando Aguirre de Cárcer)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Citas desde la caverna (V)

Espigadas en lecturas
sin orden mas no sin concierto,
con procedencia verificable.


Pero si todas las tesis del reaccionario sorprenden al progresista, la mera postura reaccionaria lo desconcierta. Que el reaccionario proteste contra la sociedad progresista, la juzgue, y la condene, pero que se resigne, sin embargo, a su actual monopolio de la historia, le parece una posición extravagante. El progresista radical, por una parte, no comprende cómo el reaccionario condena un hecho que admite, y el progresista liberal, por otra, no entiende cómo admite un hecho que condena. El primero le exige que renuncie a condenar si reconoce que el hecho es necesario, y el segundo que no se limite a abstenerse si confiesa que el hecho es reprobable. Aquel lo conmina a rendirse, éste a actuar. Ambos censuran su pasiva lealtad a la derrota. El progresista radical y el progresista liberal, en efecto, reprenden al reaccionario de distinta manera, porque el uno sostiene que la necesidad es razón, mientras que el otro afirma que la razón es libertad. Una distinta visión de la historia condiciona sus críticas. Para el progresista radical, necesidad y razón son sinónimos: la razón es la sustancia de la necesidad, y la necesidad el proceso en que la razón se realiza. Ambas son un solo torrente de existencias.
[…]
El reaccionario no es el soñador nostálgico de pasados abolidos, sino el cazador de sombras sagradas sobre las colinas eternas.


"El reaccionario auténtico", por Nicolás Gómez Dávila
© Revista de la Universidad de Antioquia

Permítaseme un escolio al maestro de los escolios, Nicolás Gómez Dávila. Alegra descubrir al cabo de los años que uno tuvo un maestro desconocido. Digo desconocido porque hasta este verano no había leído nada suyo. Sabía de su existencia como se sabe de la del unicornio o la esfinge. Incluso recordaba haber recibido tiempo atrás un libro suyo, y haberlo perdido en el acto. Un día reapareció y luego todo se aceleró, como suele ocurrir. El Magister quondam Magisterque futurus se aparece en las páginas de otros libros, revistas o sitios de la red, citado con respeto, odio o envidia. En fin, yo ya sólo puedo aconsejar a quien no conozca al maestro, una vez más, empezar por la Wikipedia (Nicolás Gómez Dávila) y seguir luego buscando sus aforismos y ensayos. Y - de acuerdo o no - disfrutar de su inteligencia y belleza.

Enlaces relacionados:
Botones de muestra (XXVI)
Botones de muestra (XX)

jueves, 23 de septiembre de 2010

El brindis al sol nublado

Así es que el Sábado pasado la Vuelta ciclista a España pasó por la Sierra de Guadarrama, subiendo a una cumbre en un espacio natural protegido. La cosa mereció el previsible entusiasmo popular, muy bien reflejado por los medios de información con su habitual mezcla de exageraciones fanfarronas y exquisita cursilería. Se habló de gesta por el penoso ascenso en un día nublado. Se da por hecho que tan heroico acontecimiento deberá repetirse anualmente por siempre jamás.

Pienso ahora en los pocos que nos opusimos a esta ilegalidad. Sigo creyendo que casi siempre es mejor perder una pelea que no luchar. Y tampoco es sorprendente que hayan vencido quienes reunían el apoyo expreso o tácito de los principales partidos políticos (en el gobierno de la nación, en los dos gobiernos autonómicos y en los ayuntamientos), de casi toda la prensa y de casi todas las oenegés, apoyos a veces expresados con silencios estruendosos.

La verdad es que a mí no me parece un precio excesivo por haber tomado la medida política, social, moral e intelectual del mundillo que nos rodea. Tampoco esa talla me sorprende.

martes, 21 de septiembre de 2010

Citas desde la caverna (IV)

Espigadas en lecturas
sin orden mas no sin concierto,
con procedencia verificable.


Volviendo a la dificultad de traducir poesía y las consideraciones al respecto de Fernando Ortiz, es justicia mostrar cómo él no es sólo un teórico de la cuestión sino diestro en la práctica de tales traducciones. Valga de ejemplo este poema de Mario Luzi (1914-2005) que a continuación reproducimos en italiano y luego traducido al español por Fernando Ortiz:


Nell’imminenza dei quarant’anni

Il pensiero m'insegue in questo borgo
cupo ove corre un vento d'altipiano
e il tuffo del rondone taglia il filo
sottile in lontananza dei monti.

Sono tra poco quarant'anni d'ansia,
d'uggia, d'ilarità improvvise, rapide
com'è rapida a marzo la ventata
che sparge luce e pioggia, son gli indugi,
lo strappo a mani tese dai miei cari,
dai miei luoghi, abitudini di anni
rotte a un tratto che devo ora comprendere.
L'albero di dolore scuote i rami...

Si sollevano gli anni alle mie spalle
a sciami. Non fu vano, è questa l'opera
che si compie ciascuno e tutti insieme
i vivi i morti, penetrare il mondo
opaco lungo vie chiare e cunicoli
fitti d'incontri effimeri e di perdite
o d'amore in amore o in uno solo
di padre in figlio fino a che sia limpido.

E detto questo posso incamminarmi
spedito tra l'eterna compresenza
del tutto nella vita nella morte,
sparire nella polvere o nel fuoco
se il fuoco oltre la fiamma dura ancora.

O sea:

En la inminencia de los cuarenta años

El pesar me persigue en este barrio
oscuro, corre un viento de altiplano
y el salto del vencejo talla el hilo
delgado en lontananza de los montes.

A poco son cuarenta años de ansia,
de tedio, de imprevista risa, rápida
como es rápida la ráfaga de marzo
que esparce luz y lluvia, son demoras,
el brusco desasirme de los míos,
de mis lugares, hábitos de años
rotos en un instante que debo ahora entender.
El árbol del dolor mueve las ramas…

Se levantan los años a mi espalda
en enjambre. No fue vano, es la obra
cumplida en cada cual y en todos juntos,
vivos y muertos, penetrar el mundo
tan opaco claras vías y pasadizos
de efímeros encuentros y de pérdidas
o de amor en amor o en uno solo
de padre a hijo hasta que sea límpido.

Y dicho esto puedo encaminarme
a cuerpo limpio a la presencia eterna
del todo que es la vida que es la muerte,
disiparme en el polvo o en el fuego
si el fuego dura aún más que la llama.

(Traducción de Fernando Ortiz)

martes, 14 de septiembre de 2010

El Sábado 18, brindis al sol

El Sábado que viene, 18 de Septiembre, la caravana de la Vuelta Ciclista a España, ebria de insobornable contemporaneidad, introducirá una innovación en su desarrollo: subirá al Alto de las Guarramillas, mal llamado Bola del Mundo. Comprendo que destruir la Naturaleza a cachos da más votos (y por supuesto dinero) de los que quita. Sin embargo, algunos no estamos de acuerdo. Cuatro de nosotros hemos firmado y estamos intentando difundir la carta adjunta, que no requiere más comentarios. Mejor dicho, habrá que hacer algún comentario, al menos por mi parte, cuando pase el día de la bellaca celebración. O si prefieren, dejémoslo en el día del brindis al sol.



LA PROTECCIÓN DE LA SIERRA DE GUADARRAMA Y LA VUELTA CICLISTA A ESPAÑA EN SEPTIEMBRE DE 2010.


En el dilatado proceso de protección de los paisajes de cumbre de la Sierra de Guadarrama aparecen algunas actuaciones puntuales contradictorias con el propósito general de conservación. Con incidencia actual especialmente llamativa podemos citar el permiso concedido por las Comunidades Autónomas de Madrid y de Castilla y León para que una etapa de la Vuelta Ciclista a España culmine en la cima de las Guarramillas, situada en las proximidades del Puerto de Navacerrada, pese a que constituye un lugar que ha de ser objeto de evidente protección. Los abajo firmantes, preocupados por la buena conducción del procedimiento de conservación de nuestra Sierra, consideramos incompatible con él la simultaneidad de la aprobación de este uso deportivo contraproducente en una de sus cumbres, con todas sus implicaciones, por muy mitigadas que éstas puedan darse.

Nos asisten las siguientes razones:

- a/ la cumbre de las Guarramillas y sus inmediaciones tienen un significado orográfico, cultural y escénico en la Sierra de primer rango, por lo que su utilización como meta ciclista estaría contraindicada en cualquier situación, incluso sin estar en marcha el proceso de protección del Guadarrama. Se trata de un área particularmente central, visible, modélica y significativa, que debe ser muestra ejemplar en la conservación. No es simplemente una rampa empinada para demostraciones deportivas.

- b/ esta cumbre, por su cota ya elevada y por su enlace del Puerto de Navacerrada con la Cuerda Larga es parte integrante del ámbito cimero del Guadarrama y, por lo tanto, utilizarla de este modo es afectar a dicho ámbito en términos más generales en uno de sus puntos concretos y notables. Teniendo en cuenta que el plan de protección como Parque Nacional de esta sierra lleva ahora por nombre de las “ cumbres”, justamente, de la Sierra de Guadarrama, y que abarca este sector en una de sus modalidades, la contradicción entre el mencionado uso y tal proceso de protección oficial no sólo es de orden general, sino específico.

- c/ Aunque la dirección general de medio ambiente de la comunidad de Madrid ha asegurado que dicha actuación de la Vuelta Ciclista se hará sin daño al medio ambiente, para lo cual se han tomado medidas, sin embargo, hay cosas en las que el único bien posible al medio ambiente no es paliar sus posibles daños sino no hacerlas. Este es el caso. Y más aún existiendo alternativas para colocar ese fin de etapa en localizaciones próximas, ya alteradas y de mejor acogida logística, como el aparcamiento de la estación invernal de Valdesquí.

- d/ en consecuencia, consideramos que ha sido un error plantear, proponer y aceptar ese fin de etapa en el alto de Las Guarramillas por razones generales de respeto a los parajes naturales de la Sierra de Guadarrama y, más aún, estando en pleno proceso casi final de aplicación el PORN conjunto de Madrid y Castilla y León sobre dicha sierra, que pretende la conservación cuidadosa de esos parajes y especialmente los de sus cumbres.

- e/ tal contradicción de principios y de actuaciones debe solucionarse con ideas y propósitos claros, sin borrosidades y sin esquivar los hechos. En nuestra opinión, es evidente que ya es tarde para dar marcha atrás por parte de las administraciones en esta vuelta de 2010. El patinazo ya no tiene remedio. Pero debe haber “contrición” clara en sus consejerías de medio ambiente y “propósito de enmienda” para el futuro. Es decir: no sólo extremo cuidado en cómo se desarrolla este año esa parte de tal etapa, sino anulación definitiva de tal meta para el futuro. Es más: si prosperase el proyecto de Parque Nacional y Parque Regional conjuntos, como todos deseamos vivamente, sería incompatible este uso no ya con el obvio sentido de la conservación que nos mueve sino además con la letra de la ley futura que ambas Comunidades persiguen. Y se puede argumentar que ya lo es con el decreto vigente de protección del Guadarrama de la Comunidad de Madrid

Estas cosas no deberían siquiera plantearse, puesto que, además de dar pie a daños objetivos, crean un clima equívoco entre propósitos legales y actuaciones reales. Si la tendencia es a la protección, los actos deberían facilitarle el terreno, avanzar en ese horizonte y no en el contrario.


Madrid, 10 de septiembre de 2010

FIRMAS:

Eduardo Martínez de Pisón
Santiago de Mora-Figueroa, Marqués de Tamarón
Juan Luis Arsuaga
Antonio Sáenz de Miera

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Citas desde la caverna (III)

Espigadas en lecturas
sin orden mas no sin concierto,
con procedencia verificable.

Cita del mes de Septiembre:


A propósito de la peculiar dificultad de traducir poesía, cuestión no siempre pacífica en esta bitácora, mi amigo Fernando Ortiz me regala un libro de Eliseo Diego con traducciones excelentes al español de poesía inglesa. El autor era un escritor cubano de quien nada conocía yo hasta ahora; el libro se llama Conversación con los difuntos, en recuerdo del soneto de Quevedo. En la antología aparece la traducción al español de un poema en inglés de W. B. Yeats, que a su vez es paráfrasis libre de un soneto de Ronsard, el cual por lo demás recoge ecos de Petrarca y aun anteriores. Así es que el orden sería:


Cuando seas vieja

Cuando seas vieja y gris, colmada por el sueño,
y cabeceando al fuego, tomes este libro
y leas despacio, y con el brillo suave sueñes
que hubo en tus ojos una vez, y con sus sombras;

cuántos tus ratos de risueña gracia amaron
y tu belleza con un amor sincero o pérfido,
mas sólo un hombre amó tu alma en ti viajera
y las penas amó de tu cambiante cara;

y encogiéndote junto al fuego crepitante
murmures triste, acaso, del amor que huyera
para vagar por las montañas desoladas
y su rostro esconder en un montón de estrellas.

(Traducción de Eliseo Diego, 1991)


When you are old

When you are old and grey and full of sleep,
And, nodding by the fire, take down this book,
And slowly read, and dream of the soft look
Your eyes had once, and of their shadows deep;

How many loved your moments of glad grace,
And loved your beauty with love false or true,
But one man loved the pilgrim soul in you,
And loved the sorrows of your changing face;

And bending down beside the glowing bars,
Murmur, a little sadly, how Love fled
And paced upon the mountain overhead
And hid his face amid a crowd of stars.

(Versión libre de W.B. Yeats, 1893)


Quand vous serez bien vieille

Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle,
Assise auprès du feu, dévidant et filant,
Direz, chantant mes vers, en vous émerveillant
Ronsard me célébrait du temps que j’étais belle.

Lors, vous n’aurez servante oyant telle nouvelle,
Déjà sous le labeur à demi sommeillant,
Qui au bruit de mon nom ne s’aille réveillant,
Bénissant votre nom de louange immortelle.

Je serai sous la terre et fantôme sans os :
Par les ombres myrteux je prendrai mon repos :
Vous serez au foyer une vieille accroupie,

Regrettant mon amour et votre fier dédain.
Vivez, si m’en croyez, n’attendez à demain :
Cueillez dès aujourd’hui les roses de la vie.

(Soneto de Pierre de Ronsard, 1587)



Para completar esta áurea cadena publicaré una buena e inédita traducción al español del soneto francés, en cuanto ponga orden en mi biblioteca y obtenga el permiso de la familia del traductor.

Pero antes resolveré una duda y brindaré aquí un modelo de traducción poética del propio Fernando Ortiz, hecha del italiano al español.

Disfruten ustedes de obras bien hechas.