Autorretrato, pintado en 1782. National Gallery de Londres
Si el lector quiere “ser instruido deleitando”, nada como leer sobre Marie Louise Élisabeth Vigée Lebrun (1755-1842) y ver y admirar su obra de retratos en el ocaso del Antiguo Régimen en Francia.
Algo de melancolía le traerán, pero su grado depende de las fuentes en que beba el lector.
Las tres versiones de la entrada sobre la pintora que he visto en las Wikipedias española, francesa e inglesa, son muy dispares. Lo cual se refleja no sólo en el enfoque si no en el resultado o la intención:
Española 1.004 palabras
Francesa 5.447 palabras
Inglesa 17.988 palabras
Francesa 5.447 palabras
Inglesa 17.988 palabras
La tentación es atribuir a las ideologías tan grandes discrepancias en el tamaño de las entradas de las tres enciclopedias. Diríase que la patria francesa de la pintora es mezquina con ella por motivos políticos e históricos. Es cierto que la cultura oficial francesa es bastante indulgente con la barbarie revolucionaria. Pero puede que también pese en el ánimo de los regidores culturales parisinos la preferencia por la Insobornable Contemporaneidad, es decir, el feísmo. Y Vigée Lebrun era todo menos feísta y menos aún fea.
Mire el lector las ilustraciones y disfrútelas olvidando por el momento los horrores sórdidos de la Révolution Française. Otro día volveremos a tratar del abismo histórico.
Retrato de la Archiduquesa María Antonia de Austria, 1755-1793,
más tarde Reina María Antonieta de Francia, por Martin van Meytens c. 1767 Viena, Castillo de
Schönbrunn

Que Le Brun huyera de Francia antes de que la Revolución se volviera realmente sangrienta fue intuición: supo leer el clima político con inteligencia práctica. Quizá eso explique su longevidad artística, mientras otros quedaron atrapados en un mundo que se derrumbaba, ella siguió pintando por toda Europa, como si el arte fuese un pasaporte.
ResponderEliminarBelleza. Qué preciosas son sus pinturas y hermosa es esta señora. De la revolución francesa mejor hablemos luego. Solo recordar, a modo de apunte, que la pretendida revolución de las luces asesinó a Antoine Lavoisier, una de las mentes más brillantes de su época que revolucionó -él sí para bien- la química con la mesura y la sistematización.
ResponderEliminarA tu servicio Santiago. David
En las memorias de Mme Vigée Lebrun es emocionante el pasaje en el que describe su emoción al escuchar, en la iglesia boloñesa de Santa Inés, arrodillada ante el cuadro de la mártir de Domenichino, la obertura de la Ifigenia de Gluck que había escuchado en tiempos más felices : "Je m'étais agenouillée devant le chef-d'œuvre, et les sons de l'orgue me faisaient entendre l'ouverture d'Iphigénie parfaitement bien exécutée. Le rapprochement involontaire que je fis entre la jeune victime des païens et la jeune victime chrétienne, le souvenir du temps si calme et si heureux où j'avais entendu cette même musique, et la triste pensée des maux qui pesaient alors sur ma malheureuse patrie, tout oppressa mon cœur au point que je me mis à pleurer amèrement et à prier Dieu pour la France. Heureusement j'étais seule dans l'église, et je pus y rester long-temps, livrée aux émotions si vives qui s'étaient emparées de mon âme."
ResponderEliminarEsperemos que Dios la escuchase en su serena y preciosa oración en lo privado, que del ruego por Francia o no hubo respuesta, o se me escapa la ayuda.
EliminarPermíteme Santiago una , hasta cierto punto, transgresión temática. Hay una monja cistersiense en España llamada Sor Isabel Guerra Peñamaría que no es que pinte bien, es que pinta divino, es como si el color y la luz fuesen sus óleos directos esparcidos en la paleta. Quizá pudieses dedicarle una entrada.
ResponderEliminarTuyo a tu servicio,
David
Muchas gracias, querido David, por descubrirme a la sorprendente Sor que ciértamente merece una entrada como verás en este blog, donde aprovecho para agradecerte tu recomendación tan merecida por la propia Sor Isabel como inmerecida por tu amigo Santiago.
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