Sí, confieso que Cioran se vuelve una bebida adictiva. Aunque sea fácil caer en la interpretación casi cómica del rumano afrancesado y aunque nadie pueda negar que era cómico a ratos, a ratos angustiado y siempre teatral. Pero el lector llega pronto a convencerse de que el rumano está a todas luces en la tribu -muy española, por cierto- donde por cada aforismo serio hay diez bromas. Sus compañeros de tribu en España serían Antonio Machado, Unamuno, Eugenio d´Ors o Azorín.
Muchas ocurrencias esmaltan la obra de Cioran, pero también hay pensamientos sueltos de otro fondo y forma. Tal vez sin quererlo -o sin saberlo- Cioran en sus aforismos plantea la cuestión de la legitimidad de esa forma. ¿Tan sólo es admisible en rimas humorísticas? No, claro está. El ejemplo más angustioso, más noble, son las Siete Palabras de Jesús en la Cruz.
El resto es inefable. Dios Padre mora en el Misterio.
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