Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: El tuteo

jueves, 10 de febrero de 2011

El tuteo

¿Qué tuvieron en común Alfonso XIII, los comunistas, los Grandes de España, los socialistas y los falangistas? Que les gustaba el tuteo más que a un tonto un látigo. Entre todos ellos desencadenaron durante el primer tercio de este siglo un proceso que ahora está llegando a su consecuencia natural: la desaparición del usted en España. Es casi seguro que no era ése el resultado que buscaban los aficionados al tuteo. Lo que buscaban era diferenciarse, y para diferenciarse tenía que subsistir el uso generalizado del usted. La gracia estaba en que Alfonso XIII tutease al Mayordomo Mayor de Palacio, al alcalde del pueblo y al carbonero, pero siempre que ellos entre sí se hablasen de riguroso usted. El socialista lo que pretendía al tutear a los compañeros —de partido más aún que de clase obrera— era marcar las distancias frente a los demás. No hay solidaridad de grupo sin una cierta complicidad contra mundum. Pero al generalizarse el tuteo pierde su utilidad como signo distintivo. Una de las paradojas del lenguaje es que esa costumbre queda, desde el instante en que triunfa, vacía de sentido.

Por eso creemos que está mal planteada la polémica en torno a este asunto. No es que no tenga razón Feliciano Fidalgo cuando dice que «el tuteo a lo salvaje es la definición más canalla de la libertad democrática» (El País, 2-10-85), o Antonio Burgos al quejarse de «la imparable ascensión del compadreo del granujeo de la España del tuteo» (ABC, 10-8-85). Tampoco dejan de tener su parte de razón los abolicionistas del usted cuando afirman que su desaparición simplificará el lenguaje. Todo eso es verdad y tiene su importancia social por un lado y sintáctica por otro. Pero pasa por alto el meollo de la cuestión, que es semántico y estriba en que el suprimir cualquiera de las dos formas, tanto el como el usted, empobrecería muchísimo el castellano y su capacidad de significar matices. Como los matices van a seguir existiendo —dos desconocidos seguirán tratándose con menos confianza que dos amigos, dos hermanos con más cariño que el inspector de Hacienda a su víctima— la dualidad de forma del pronombre personal de segunda persona sigue siendo una manera económica y eficaz de evitar largos circunloquios para manifestar con más palabras lo mismo: el grado de proximidad o lejanía.

Es cierto que la proclividad española al compadreo viene de lejos. Ya el Duque de Saint-Simon, embajador de Luis XV ante Felipe V, se declara en su Cuadro de la Corte de España en 1722 «asombrado al oír a jóvenes atolondrados tutear a Grandes ancianos y a antiguos Ministros». Dicha tendencia se vio reforzada, ya en el siglo XX, por la camaradería política de los partidos de masas y por los gustos regios o estamentales antes citados. Corrompidos —lingüísticamente, se entiende— la nobleza y el proletariado urbano, quedaban aún sin contaminar hacia 1936 la burguesía y el campesinado. Pero llega la guerra y en ambos bandos se desmadra el tuteo. Hay quien dice que los burgueses se percataron de lo elegante que era cuando varios miles de ellos, refugiados en las Embajadas extranjeras en Madrid junto con aristócratas también perseguidos, observaron que éstos lo usaban con garboso desenfado. Luego salieron y lo contaron en sus boticas o notarías, y ya no hubo quien parase el contagio. La UCD y los periodistas ultimaron la faena, y ahora sólo quedan reductos de buen hablar en la pequeña burguesía y en algunas aldeas de montaña.

Y en toda Hispanoamérica, claro está. Ya en otra ocasión les informaremos del resultado de nuestra encuesta sobre el tú y el usted fuera de nuestro país, pero vaya por delante la siguiente prueba de que no en todas partes cuecen habas: «Trataremos de usted a las personas que por sus méritos revolucionarios, laborales, culturales, etcétera, gocen de un elevado prestigio social. Ellos son merecedores del respeto y la consideración de todos». Recuerda a la frase del catecismo del padre Ripalda (1536-1618) sobre «los mayores en edad, saber y gobierno», pero quizá lo de los méritos revolucionarios les haya dado una pista. Se trata de una Norma de educación formal, del Ministerio cubano de Educación, publicada por el diario Juventud Rebelde, de La Habana, el 21 de febrero de 1985.

(Este artículo se publicó en el ABC del 9 de Noviembre de 1985)


Desde Nueva Delhi me ilustró don Carlos Fernández Espeso:

«Me encuentro entre mis libros un curioso folleto sobre etiqueta de palacio del que acompaño fotocopia de las dos primeras páginas. El artículo 6.° trata nada menos que del tuteo mayestático. Como verás está redactado con criterio restrictivo. Parece como si S. M. quisiera reservar al máximo el privilegio del tuteo. Tenía olvidado el folleto y ahora lo redescubro. No tiene fecha y no veo ningún detalle que me permita descubrir cuándo se publicó. En otros artículos (tiene 114) habla del Congreso de Diputados, de doblones y de duros, no de pesetas. ¿Isabel Segunda?».

En efecto, el artículo 6.° de aquellas Aclaraciones en varios puntos de la etiqueta vigente de palacio decía:

«Queda abolida la costumbre del tratamiento de Tú a los súbditos españoles, usado hasta aquí por todos los individuos de la familia Real, y sólo lo usarán el Rey o Reina reinante, o Regente del reino, que fuesen padre o madre del Rey o Reina menor».


(Este artículo se publicó en el ABC del 9 de Noviembre de 1985, y fue recogido en los libros El Guirigay Nacional (1988) y El Guirigay Nacional. Ensayos sobre el habla de hoy (2005))



Bibliografía de El Guirigay Nacional. Ensayos sobre el habla de hoy
Bibliografía del Marqués de Tamarón
(c) Marqués de Tamarón 2008

8 comentarios:

  1. Querido Santiago:
    Hoy me ha puesto un correo electrónico un registrador de la propiedad, aunque no por asuntos de su oficio público, al que no conocía de nada y me tuteaba. Le he contestado tratándole de usted, al principio, para pasar luego al tuteo, porque no quería que me calificase de distante (además, ¿quién sería yo para establecer distancias frente a un registrador?) pero le explicaba la forma de contestarle por mi costumbre de tratar de tal modo a mis alumnos que, al fin y a la postre, son quienes me dan más que hablar, y que lo hacía porque creo haber comprobado que la razón de su tuteo universal radica exclusivamente en que no son capaces de emplear el estilo de habla en tercera persona que ello supone, y eso me parece una perdida tan grave como la del subjuntivo, una forma verbal y mental riquísima que ya no emplean ni los académicos. Así lo veo. Un abrazo,

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  2. A propósito del inspector de Hacienda y sus víctimas, escuché hace unos años en Potes (Santander) a unos ganaderos en la feria de ganado de noviembre este refrán:
    "El que te trata mucho de usted, o te ha jodido o te va a joder"
    Un saludo.

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  3. Sr. de Mora-Figueroa, gracias por contestarme.
    En uno de los Blackwood's Edinburgh Magazine, hay un artículo sobre la aristocracia de Inglaterra. En el artículo, que comienza poniendo a caer de un burro a España y a Portugal, y después continúa arremetiendo contra Francia, se puede leer que los ingleses diferenciaron muy bien y desde el principio, la 'clase de los amos' de la de 'los sirvientes', para beneficio de ambas. El autor del artículo se retrotrae a Roma, al mismo Plauto, para decirnos que la pérdida de respeto por parte de los sirvientes, que paradójicamente, proviene de su debilidad o indefensión frente a los amos, tiene su causa en la falta de 'legalidad' entre ambas clases, y de honorabilidad por tanto, pues eso entre otras cosas, parece que hace la ley, esto es, dar honorabilidad. Yo me pregunto si puede ser que el tuteo sea, a este tenor, o una rémora continental de los usos romanos; o habida cuenta de que hace tiempo que terminaron las clases, gracias a la socialdemocracia de carta de ajuste[que no al marxismo; aunque cada vez estoy más convencido de que en España nunca existieron clases sociales como en Inglaterra-véase la peli "Lo que queda del día"- por no ser un país suficientemente rico], sino será el tuteo un sintoma de la falta, no ya de leyes, sino de 'consideración civil', es decir, política largo sensu. Dejo para otro día otra cosa relacionada con esto, y es, que en el mismo artículo se asombraba Salmasio de que en Inglaterra el 'gentleman' pudiera no ser noble, algo que en continente se suponía equivalente. Resulta, al menos, curioso, como ese clasismo continental, se llevaba a la perfección con esa pérdida de respeto de los sirvientes a los amos.

    Saludos

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  4. Muy interesante la cita, Don Víctor. Pero ¿quién lo dijo y cuándo? Teniendo en cuenta que el Blackwood's Magazine se publicó desde 1817 hasta 1980, sería interesante saber cuál de los cientos o miles de autores lo dijo y en cuál de los 163 años.

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  5. Lo puede ud. encontrar, si no lo recuerdo mal(y juro que ahora no lo tengo delante) en julio de 1843

    saludos

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  6. No hay como ponerse a ello. Yo “usteo” ya de forma sistemática a todo el que puedo. Sin dudarlo un momento, por supuesto, en comercios, establecimientos públicos, administración, proveedores, etc. Hay que aprovechar el tirón de la emigración hispanoamericana para quien es algo más natural, como en el artículo se señala, y antes de que salgan todos corriendo otra vez.

    De paso habría que promocionar también la vuelta del sombrero, para poder saludarse por la calle civilizadamente, levantándolo o tocando el ala simplemente, si es amigo de confianza. Una poco en la línea de la frase de Miguel Maura, sobre no volver a España hasta que las manos no se levantaran más que para quitarse el sombrero al saludar. Me temo que dijo la frase coincidiendo en el tiempo con la desaparición de la prenda. La horrible “béisbol cap” no es una solución, desde luego.

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  7. Para mí que lo ocurrido en el español -el tú ha desplazado al usted- es lo mismo que pasó en el inglés -el you (usted) eliminó el thou (tú)- sólo que al revés. Parece que unos tendieron a homogeneizar por lo alto mientras que otros hacen lo propio siguiendo una línea más corriente.

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  8. Quedan los manipuladores impresentables, comúnmente ladrones o también conocidos como trasnacionales de expolio de países.
    Estos energúmenos - especímenes globales - utilizan a su conveniencia el usted o el tú.
    Utilizan el tú desde la fórmula corporativa y el usted desde el empleado.
    Creando así la superioridad de las corporaciones sobre las personas, al mismo tiempo que llaman a una supuesta confianza hacia las mismas.

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