Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: Tres poemas irónicos

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Tres poemas irónicos

Al jubilarme en este otoño de la varonil edad, que diría Gracián, varios ingenios de esta corte y de otras en el extranjero han acrecentado mi júbilo con bromas cultas y poéticas. La contestación a mi maestro sevillano Fernando Ortiz, que figura al pie de su magnífico soneto gongorino, es aplicable al soneto de mi antiguo jefe Miguel Ángel Ochoa y a la décima de mi antiguo alumno Fidel Sendagorta. Todos se ríen -creo yo- conmigo y no de mí. Dos de los tres se refieren a mi "augusta altura" y a mi "alta atalaya". Me traen a la mente y al corazón el recuerdo de Conchita Guzmán, mi maestra tierna y burlona gracias a la cual puedo tomarme a mí mismo el poco pelo que me queda en lo más alto de la atalaya.

En fin, ahí van los tres poemas, con mi hondo y alegre agradecimiento a sus autores.

A Don Santiago Mora-Figueroa, Marqués de Tamarón,
ingenio de las letras patrias,
y de cómo en su escudo
esplenden sus virtudes.


Clarísimo Marqués, dos veces claro
por vuestro ingenio y vuestra donosura,
tan extraños en esta selva oscura
de bosquimanos. Y por eso es raro


y precioso y sutil ese preclaro
don que me deja lleno de ventura:
que descendáis de vuestra augusta altura
a dispensarme vuestro fiel amparo.


Vos, noveno Marqués, Naturaleza
con vuestra pluma defendéis de ultraje
-luce la higuera en el blasón gallarda-.


Que inclina a grandes causas la nobleza.
Y a la española lengua en homenaje
dos lanzas de oro en aspa le dan guarda.

Fernando Ortiz


Qué mejor regalo, querido Fernando, por el día de mi cumpleaños que tu perfecta broma afectuosa que a Góngora hubiese satisfecho. Me recordó a mi maestra Conchita Guzmán que con tanto cariño me enseñó a reírme de mí mismo y que cuando a los doce o trece años medía yo más de un metro ochenta, ella, que era diminuta, cuando discutíamos sobre las guerras púnicas (ella, republicana y católica, era partidaria de los romanos y yo, no sé por qué, de los cartagineses), me decía con guasa, "hijo, es que yo no puedo tener tu altura de miras". Y yo alguna vez piqué con sonrisa fatua, hasta que los dos rompíamos en carcajadas.

Pues así me reí anteayer, al leer de tu pluma el tercer verso del segundo cuarteto
que descendáis de vuestra augusta altura
y me reí con mucha alegría y mucha admiración por tu capacidad de escribir tan hermosísimo soneto festivo que no burlesco, para reírte con y no de un amigo. Tienes un don especial para reproducir a la perfección el estilo de muchos y en ocasiones difíciles autores.

¿Cómo habría que llamar uno de esos ejercicios virtuosos de estilo? No valen parodia o pastiche por demasiado burlescos ¿Al estilo de? En música se diría variaciones sobre un tema de...

En fin, Fernando, muchas gracias, de corazón. Y Dios te lo pague
Santiago
(20 de Octubre de 2011)


El soneto que hoy pongo ante tus ojos
Es inferior a tus merecimientos,
Pero alberga sinceros pensamientos
Aunque sus versos se te antojen flojos.

Mas los versos, ¿qué son? Sólo despojos
De un más hondo caudal de sentimientos.
Y en tus ensayos dices y en tus cuentos
Que en la vida habrá más que trampantojos.

De ellos se burla tu literatura.
Mojas tu pluma en tinta de ironía
Y el mundo pintas cual lo ve tu mente.

Sigue poniendo broma a tu cordura.
Carga de buen humor tu artillería:
Pólvora pon, pero con aguardiente.

Miguel Ángel Ochoa Brun




Décima para Tamarón

Desde su alta atalaya
trata de tú a los halcones
y no pide mil perdones
por sobrepasar la talla.
Con instinto que no falla
redescubre la belleza
olvidada en la maleza
de un pasado solo oscuro
para necios que en el muro
estrellan su atroz cabeza.

Fidel Sendagorta

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