Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: Demagogia y populismo

jueves, 5 de febrero de 2015

Demagogia y populismo


Aristóteles, Palazzo Altemps, Roma
   
     Hoy en día se usa más populismo que demagogia. Me refiero, claro está, a las palabras, a los términos, porque lo que es la acción demagógica y la acción populista se usan y abusan por igual. Tal vez, incluso, porque son la misma cosa. ¿O no?

     Cabe preguntarse a qué se debe la decadencia lingüística de la demagogia y el auge paralelo del populismo.

     ¿Será para fastidiar a los llamados partidos populares en Europa? Me extrañaría, pues creo poco en la teoría conspirativa de la historia, como la llamaba Karl Popper. Sobre todo porque para las conjuras hace falta más inteligencia y constancia de lo habitual en el mundo político y periodístico.

     ¿O quizá para proteger el término sagrado de Democracia? Sería raro, aunque posible. Demos y Populus son sinónimos; el primero quiere decir Pueblo en griego y el segundo Pueblo en latín. Pero tampoco es probable que muchos periodistas lo sepan.

     ¿O será por una inconsciente y heroica exhibición de fidelidad a sus fuentes? Fundada, por supuesto, en la atracción fonética que conduce a una etimología cruzada o asociativa pseudocientífica. Y es que el gran parecido de populismo con botulismo puede llevar al error feliz y fértil de pensar en una relación causal y en todo caso conceptual entre ambas voces. Ocurre que la peligrosa enfermedad del botulismo sobreviene a menudo por comer embutidos en mal estado. De ahí que el nombre dado venga de botulus, salchicha o chorizo. Un paso etimológico más lleva a la atrevida posibilidad de que en la mente de algunos se asocie el populismo con el botulismo, en el sentido supuesto de este último de abundancia o preeminencia de los chorizos.

     En todo caso no está de más preguntarse por qué en la 22.ª edición del Diccionario de la Real Academia Española no aparece la palabra populismo y sí la palabra demagogia. Puede que el populismo ya se haya incorporado en todo su esplendor a la 23.ª edición del DRAE, pero esa todavía no se puede consultar en la red y no me he decidido a gastarme cien euros para salir de esta duda. En cambio sí aparece en la 22.ª edición el término populista: adj. Perteneciente o relativo al pueblo. Partido populista. Así, en tono neutral y no de censura. Y sí aparecen en tonos vibrantes de rechazo las siguientes palabras:

demagogia.
(Del gr. δημαγωγία).
1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.
2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

demagogo, ga.
(Del gr. δημαγωγός).
1. adj. Que practica la demagogia. U. t. en sent. fig.
2. m. y f. Cabeza o caudillo de una facción popular.
3. m. y f. Orador revolucionario que intenta ganar influencia mediante discursos que agiten a la plebe.

demagógico, ca.
(Del gr. δημαγωγικός).
1. adj. Perteneciente o relativo a la demagogia o al demagogo.

     Cabe además señalar que, acudiendo al nunca bastante ponderado Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, de J. Corominas y J. A. Pascual, el único diccionario que podemos usar como diccionario histórico de la lengua española, vemos que democracia viene del griego y quiere decir gobierno del pueblo (primer uso en castellano, 1640), mientras que demagogo es un compuesto de pueblo y conducir, y parece entrar en nuestra lengua en el siglo XIX, probablemente a través del francés.

     Pero no termina ahí la cosa. En un escandaloso ejercicio de hipocresía, casi todos los que hoy citan la Política (III. 7) de Aristóteles dicen que el maestro de Alejandro Magno (y de todos nosotros) demostró su hondo y moderno espíritu democrático diciendo que las tres formas de gobierno y sus respectivas formas corrompidas son: la monarquía, que puede degenerar en tiranía; la aristocracia, que puede convertirse en oligarquía; y la democracia, que puede caer en demagogia. Lamento, sin embargo, informar a los lectores de que tal versión es un burdo engaño, por muy políticamente correcto que sea. Lo que dice Aristóteles es que la tercera forma de gobierno (se entiende forma encomiable) es la politeia y que su degeneración es la democracia. Para nada habla de la demagogia. La politeia es una especie de protoestado de derecho mesocrático. Aristóteles considera la democracia algo lo bastante corrupto per se como para no necesitar otra palabra que subraye su condición decadente.

     Llegado a este punto, confieso mi curiosidad. ¿Quién sería el primer traductor de Aristóteles a una lengua moderna que ideó la superchería para salvar la democracia? Por ahora el más antiguo sacerdote de la corrección política que he encontrado es Jules Barthélemy-Saint-Hilaire (1805-1895). Se decía que era hijo de Napoleón, pero (o por eso) se opuso a Napoleón III. Fue Ministro de Asuntos Exteriores de la Tercera República y favoreció la anexión de Túnez. Pero a lo que dedicó más tiempo fue a traducir a Aristóteles, desde 1837 hasta 1892. Este prócer republicano demuestra cierta sinceridad al reconocer, en nota a su traducción en 1874 de la Política, lo siguiente:

     "La demagogia. He traducido la palabra democratia por demagogia cada vez que Aristóteles ha usado democratia echándola a mala parte, como aquí. La palabra «democracia» está en nuestros días desprovista de toda idea desfavorable, y no habría en absoluto traducido el pensamiento del filósofo griego. [...] Por lo demás hay que observar que Aristóteles siempre toma la palabra «pueblo» como la parte más pobre y más numerosa de los ciudadanos, del cuerpo político...". En resumen, este erudito político republicano se escuda en que el demos griego era a los ojos de Aristóteles algo tan deplorable como le peuple de la república burguesa en Francia.

     Pero seguiré buscando las raíces y los frutos de este árbol tan señero en el bosque de la corrección política.

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