martes, 31 de marzo de 2026

William H. Riddell (1880-1946) cazador y pintor


Artículo en La Voz de Cádiz, 14 de Marzo, 2026:


Aves en la laguna de Jeli. (La Voz de Cádiz)


Apéndice por el Marqués de Tamarón


Recuerdo con sorprendente claridad un rato que pasé con mi tío abuelo Bill Riddell, cuando tenía cuatro años. Estábamos sentados en sillas de enea, en el patio del castillo de Arcos, y él, con sus modestos conocimientos de español, me explicó algunas de sus acuarelas que tenía a mano.
   Él murió pocos meses después, bastantes de sus pinturas quedan en la familia.  

   Y viene al caso otra pintura de esa época. El niño con cara malhumorada soy yo, pintado por otro tío mio, Beltrán Domeq González, en la playa de La Barrosa.

3 comentarios:

  1. María Jiménez Zambrana1 de abril de 2026 a las 9:17

    Qué maravilla de pinturas y que complejidad y detalle para ser acuarelas, no me extraña que aún se le recuerde en Cádiz por una labor así. Muy interesantes también los dos blogs vinculados que aparecen abajo, merece la pena leerlos!

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  2. Magníficas obras de arte, se ven minuciosas y hechas por alguien que sin duda amaba a los animales. El pequeño Santiago también es digno de admirar, se le ve un gran carácter ya de infante. Saludos amigo.

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  3. Poco cabe añadir por mi parte a la entrada que ya comentamos a propósito del libro. Me reitero en la importancia de este perfil de estudioso, artista y sabio que era literalmente la sal de la tierra. La ultraespecialización y el tedio de las notas a pie de página han acabado con la poesía en las ciencias. Afirmo, no sin cierto descaro, que a mi juicio falta oficio, oficio de poeta, de artista y de seductor a la mayor parte de quienes proponen guías de esto o de lo otro atestadas de fotografías y papel couché, ese detestable invento francés, creo. Recuerda uno esas láminas pintadas a mano, casi insólitas, en las que cada detalle era justo como debía y cada matiz sorprendía. En cuanto a los textos, eran expresión viva de conocimientos y precisión, ambas cosas. Podía uno enterarse de cómo se preparaba una buena sopa de cebolla en un riguroso y maravilloso libro de plantas medicinales, como aquel que publicó don Pio Font Quer, botánico, farmacéutico y químico y no por ello menos poeta, de excelente pluma. Tu retrato Santiago refleja algo de tu expresión, creo que te captó muy acertadamente.
    Un abrazo de tu amigo siempre a tu disposición,
    D

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