Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: mayo 2011

lunes, 30 de mayo de 2011

Otro rompimiento de gloria



Este lo pintó Caspar David Friedrich (1774-1840) y el paisaje está en las montañas de Riesengebirge, entre Bohemia y Silesia. Si lo hubiera conocido cuando me publicaron mi novela El Rompimiento de Gloria, hubiera utilizado este cuadro para la portada en lugar del pintado por Tintoretto hacia 1555, El anuncio a la mujer de Manué. Aunque, bien mirado, este último cuadro ilustra una historia escabrosa del Antiguo Testamento, y quizá la imagen atrajo a algún comprador de mi novela. Para que comparen ustedes, reproduzco a continuación el rompimiento de gloria de Tintoretto.


jueves, 26 de mayo de 2011

Botones de muestra

Si fuera un sabio alemán haría como Hans-Georg Gadamer. Hasta que se murió a los 102 años tan sólo leía libros de más de veinte siglos, aunque también hay motivos para pensar que leía los de sus amigos o enemigos como Heidegger. Como no soy ni sabio ni alemán ni tan viejo como Gadamer, he decidido contentarme con leer libros de más de un siglo o escritos por mis amigos. Esto último no es un intento de halagarlos sino la constatación de un hecho curioso: mis amigos suelen escribir bien, es decir, como se escribía hace cien años o más. Así es que siento deseos de compartir el gusto que me proporcionan mis lecturas, y me atreveré a recomendarlas de vez en cuando.

Y si para muestra un botón basta, intentaré comentarios muy concisos y alguna cita también breve.

He aquí algunos libros que me están gustando.



Me acaban de llegar estos dos libros, pulcramente editados (como se decía antes, y se hacía, y ahora ni se dice ni se hace). Disfruto de la melancolía barroca –bien distinta de la melancolía romántica- que abunda en ambos libros. Fernando Ortiz sabe trazarla, mejor quizá que nadie hoy:

Procura andar atento y avisado,
cuida que sea grato tu sendero.
-Mira que has de pagar alto el peaje-.

Aunque en parte el camino está trazado,
lo que andes a tu aire sea severo,
que no fue elección tuya este viaje.






Enlaces relacionados:

Botones de muestra (V)
Botones de muestra (IV)
Botones de muestra (III)
Botones de muestra (II)

viernes, 13 de mayo de 2011

Más sobre el San Agustín de Carpaccio

Supongo que por intercesión de nuestro Santo Patrono Jerónimo (o incluso de su amigo y rival San Agustín) ha surgido el benefactor al que llamábamos desde aquí en Abril: “A ver si algún visitante rico y erudito que pasee por estas páginas nos obsequia por ejemplo con el artículo de Helen I. Roberts St Augustine in "St. Jerome's Study": Carpaccio's Painting and Its Legendary Source, repleto de raros saberes”. El benefactor es Manuel González Villa; no sé si es rico pero desde luego erudito sí, puesto que es matemático y trabaja en Heidelberg. Nos manda el artículo de la señora Roberts, pero para respetar los derechos de autor no puedo reproducirlo entero, pese a que se disfruta cada línea, como si se tratase de una buena novela policíaca.

El caso es que hasta que Helen I. Roberts no publicó este trabajo elaborado como tesis en 1958, se creía –según la autora- que el cuadro de Carpaccio representaba a San Jerónimo, pese a las muchas pistas que apuntaban a San Agustín. El cuadro representa, como ya todo el mundo admite, la visión que Agustín tuvo de San Jerónimo cuando este acababa de morir. Según el Catalogus sanctorum sonó una voz desde la luz acusando a Agustín de ser presuntuoso al pretender, antes de morir, entender la gloria eterna.

A partir de ahí resultan comprensibles muchos de los elementos del cuadro: el báculo y la mitra episcopales son de San Agustín, obispo de Hipona. La concha tiene por lo menos dos sentidos: alude al niño que intentaba echar en un agujero en la playa todo el mar usando una concha (era un ángel que quería dar una lección a San Agustín) y también esa concha tenía un uso práctico, el de suavizar la raspadura al corregir un pergamino. Los papeles de música aluden al tratado De musica de San Agustín. En las estanterías hay “quizás” muchas plumas como referencia a la gran producción literaria del santo, y una especie de campanilla que “podría ser un candelero de obispo”.

Por último, los objetos francamente seculares en la habitación, como la estatuilla del caballo y lo que parece ser una Venus, han de ser “los restos de la antigüedad pagana” al igual que la partitura de música profana. Claro que, concluye Helen I. Roberts, no son de extrañar, dado el mensaje de San Jerónimo a Agustín incitándolo a pensar más en el cielo y menos en las artes humanas:

[…]
In support of the correspondence between the action of Carpaccio's painting and the event de- scribed in the text, several details characterizing Carpaccio's scholar confirm his reidentification as Augustine, as well as being compatible with the story thought to have been told by him.

The shell, which seems to form a part of a cluster of attributes with the significant miter and crozier (Fig. 5),64 had become associated with Augustine through a legend with a message similar to that of the text discussed here.65 The story has often been noted as illustrated among pictures of Augustine from the period.66 It tells of a supernatural apparition to Augustine, while he was planning his work on the Trinity during a walk by the seaside, of a mysterious child who was trying to empty the sea into a hole, or ditch, with a shell. When Augustine commented that his task was impossible, the child answered that it was as possible as was Augustine's explanation of the mysteries of the Trinity. He likened the hole to a book, the sea to the Trinity, and the shell to the understanding of Augustine. The last of the three analogies ("assimilans foveam codici, mare Trinitati, cochleam intellectui Augustini""') provides a symbolic significance for the shell. The similarity between the child's message and Jerome's as given above is striking.

If the shell, which in its practical use was an instrument for smoothing erasures on parchment, also carries a literary allusion to Augustine's intellect and the hopelessness of his self-imposed tasks, then other objects in the room may have symbolic significance of this sort, despite Carpaccio's well-known predilection for drawing from life. Most suggestive of speculation are the niche and altar, decorated respectively with a cherub and a statue of the Risen Christ. According to "Au- gustine," Jerome continued to speak to him after delivering the address quoted above, answering Augustine's questions on the Trinity, the generation and procession of the Son from the Father, and the heavenly hierarchy."6 Thus the statue and the decoration of the niche, so close to the shell, could signify the subjects with which the intellect of Augustine was attempting to deal.

The presence of music (Fig. 7) is particularly appropriate to a representation of Augustine. He would have been regarded as an authority on music (his De musica had already been published in Venice),69 and one of the legends then current among stories of his life was the account of his composing and singing a Te Deum with St. Ambrose when that saint was baptizing him.70 Au- gustine's Confessions include a chapter on his love of music, and the chapter is referred to in the Golden Legend.7

The two pieces of music on the floor and on the stand72 are discussed by Dr. Edward Lowinsky below." The closed book with an elaborate cover erect on the table near the seated figure may also be a music book: similar ones, open and closed, appear among the angel-musicians of Carpaccio's altarpiece of the Madonna Enthroned in the Cathedral of Capodistria dated 1516."

Other details, while they do not characterize Augustine individually, are suitable to his important position both in his priestly and his scholarly functions, while being compatible with the representation of a bishop.

His elevated degree in his role of functioning priest is emphasized by the presence of the miter and crozier at the altar equipped for the administering of the Eucharist (Fig. 5). Furthermore, the position of the chair and pulpit-like stand on a little dais to the left of the altar is the traditional one of the cathedra. The object on the shelf on the left wall which resembles a bell (Fig. 6) may be a bishop's candle.

Details in the area where the ecclesiastic sits, in the role of scholar apart from his priestly function, are also compatible with Augustine's elevated authority: the dais upon which he is seated, the two seals attached to packets on the dais (seals of vesica shape used by prelates), and the costume worn by the scholar. The cape, a mozzetta, was worn in combination with the white garment, a rochet, by bishops among other prelates."7 The red color of the cassock beneath, now commonly associated with the cardinalate, was then worn as well by lesser officials, including bishops.76 (Au- gustine, as far as I know, was not represented in art of the period as a cardinal bishop.)

The amount of emphasis placed on scholastic activity and the elegant elaboration of the equipment of Renaissance theologians and scholars is such that the room is, needless to say, ap- propriate for Augustine. Above the saint's writing table is a celestial sphere. Hanging in a row over the cupboard door are several astrolabes. Within the cupboard is a table with a lectern. Perhaps the slender, pointed, slightly oval objects vertically arranged on both shelves are pens, referring to Augustine's many writings, since they resemble the one in the saint's hand. The scissors, so prominently placed on the saint's writing table, may have a special significance, symbolic of the interpretation of the Scriptures by the Doctors of the Church." The fragments of legible exposed writing on books in the room are unfortunately too incomplete, though they may not always have been, to be of more than speculative significance."

The presence of surprisingly secular objects in the room, the statuettes of the horse and what appears to be a Venus on the shelf of the left wall, both resembling the remains of pagan antiquity, and the prominent sheet of music on the floor to the right, now established by Dr. Lowinsky as secular music, may seem at first glance inappropriate for Augustine's oratory. Yet when we con- sider the message being delivered by Jerome, that Augustine should concern himself more with deeds that will result in his future joys in Heaven than speculation about the nature of the happiness enjoyed there by the saints (naturally included among his own hopes), then these details might be regarded as emphasizing a contrast between the two saints shown in the same group of pictures. In the previous two pictures Jerome has appeared heroic in aiding a wounded beast and ascetic in dying in a state of self-denial and simplicity of dress. The following picture of Augustine in a handsome study-oratory which contains objects alluding to worldly as well as religious pre- occupations adds a final contribution to Carpaccio's characterization of Jerome through contrast. Since Augustine's susceptibility to the pleasures of eye and ear were well known from his Con- fessions," it seems fitting that Carpaccio should employ them in this painting of Augustine to illustrate the story, then well known, of his friend's posthumous admonitions.

In illustrating this scene, Carpaccio also posed a problem of particular concern during his period: the relative merits of deed and thought, of action and philosophy. Suavely, in this instance, and with a touch of humor, he approached the dilemma faced by his contemporaries.

ST. AUGUSTINE IN "ST. JEROME'S STUDY": CARPACCIO'S PAINTING AND ITS LEGENDARY SOURCE

HELEN I. ROBERTS

(The The Art Bulletin, Vol. 41, No. 4 (Dec., 1959), pp. 283-297
Published by College Art Association)

Jstor.org


Así es que pido perdón a San Agustín y a Carpaccio por mis anteriores interpretaciones equivocadas y demasiado profanas. Y agradezco su intervención a San Jerónimo, a Helen I. Roberts y a Manuel González Villa.

Y gracias también sean dadas a Carpaccio por ese prodigio de luz y belleza que me atrevo a reproducir de nuevo para disfrute de todos nosotros.


Carpaccio pinxit 1502


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San Jerónimo

miércoles, 4 de mayo de 2011

Garci González de Herrera, un buen caballero

Después de disfrutar de muchas imágenes pintadas, aprecia uno más el volver a admirar la fuerza y belleza de las palabras. Notable fuerza tienen las lenguas en sus comienzos, cuando están llenas del vigor de la primera juventud. Ocurre con las lenguas modernas al igual que con el griego o el latín arcaicos.

Fernán Pérez de Guzmán, nacido a finales del siglo XIV y muerto a mediados del XV, no es propiamente un escritor de castellano arcaico, pero obsérvese su estilo en este retrato de un personaje de su época. Lo de menos es cotejar el retrato con el papel de Garci González de Herrera (1344-1414) en la historia, pues está bastante olvidado. Pero es difícil superar la firmeza de los trazos que usa el autor para describirlo:


Del mariscal Garci González de Herrera,
un buen caballero


El mariscal Garci González de Herrera fue un buen caballero. Su linaje es antiguo y de buenos caballeros. De parte de su madre fue de los Duques, honorable linaje.

Alto de cuerpo y delgado y de buena persona. Cuerdo y esforzado, franco y buen amigo de sus amigos, pero muy malenconioso y triste y que pocas veces se alegraba, y por esto dicen que el conde don Sancho, hermano del rey don Enrique el viejo, que lo crió y amó mucho, que decía que el nublado de García González siempre estaba igual.

Fue este mariscal muy verdadero en sus palabras. Amó mucho a mujeres. Y es bien de maravillar que franqueza y amores, dos propiedades que requieren alegría y placer, que las hubiese hombre tan triste y tan enojoso.

Murió en León, en edad de setenta años.


No sobra palabra, ni falta para dar cuenta cabal del personaje. Por poco que uno recuerde que malenconioso es melancólico y de buena persona equivale a de buena presencia, se recreará en un retrato tan breve como revelador. Este y otros treinta y cuatro perfiles, más un prólogo, componen Generaciones y semblanzas. Es muy recomendable libro de cabecera para cada noche limpiar los ojos de las lecturas ilusas e infladas de todo el día.Por ejemplo con esta sentencia:

... según por las historias se falla, siempre España fue movible y poco estable en sus hechos, y muy poco tiempo careció de insultos y escándalos.

Qué contraste con las prosas de politólogos y editorialistas de los periódicos del día.