Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón: octubre 2008

miércoles, 29 de octubre de 2008

Si al odio no respondes con más odio


LOS DIARIOS DE BERLÍN (1940-1945)


Marie "Missie" Vassiltchikov

Edición y comentarios de
George Vassiltchikov
Traducción de R. Vilagrassa
Acantilado, Barcelona, 2004
509 páginas, 25 euros


Las situaciones apocalípticas a veces empeoran, si cabe, y siempre cabe, por añadidura de la sordidez. Esto resulta evidente en las revoluciones, como la comunista o la nacional-socialista. Al dolor y a la muerte se les une el desánimo que producen en casi todos los hombres --pero no en todos-- la suciedad física y moral y el espectáculo repugnante de la crueldad. El heroísmo supremo consiste en sobreponerse no sólo al miedo y al dolor sino al asco. Missie Vassiltchikov lo hizo.

Mientras Hitler se refocilaba contemplando las películas que le pasaban de las ejecuciones de los conjurados del 20 de julio de 1944 --estrangulados con cuerdas de piano por orden del Führer, para que durara más la agonía-- Missie Vassiltchikov se jugaba la vida haciendo dos cosas que consideraba necesarias y de las que no se jacta: buscar un pope ruso para que dijese una misa por lo ya muertos y por los demás acusados (tan sólo pudo asistir ella) y llevar a la cárcel, con una amiga, paquetes de comida para los cautivos, de los que había sido confidente y correo, desechando la posibilidad de escaparse a Suiza. No le faltó valor a la joven princesa rusa, sobre todo si se tiene en cuenta que mientras tanto el pueblo alemán rugía pidiendo el castigo ejemplar de la clase alta, culpable a sus ojos de traición por el intento de asesinar a Hitler.

Fue entonces cuando éste --jaleado por quienes, como el periódico oficial de las SS, vociferaban contra "Los cerdos traidores de sangre azul"-- lamentó ante sus próximos no haber seguido mejor el modelo soviético y no haber purgado de nobles las fuerzas armadas alemanas, lo cual tenía cierta lógica nacional-socialista. Incluso declaró que debería haber apoyado al Frente Popular y no a los Nacionales en la Guerra civil española. Se comprende que aun hoy el Conde de Stauffenberg, hijo del principal autor del atentado contra Hitler, siga corrigiendo --en los periódicos, como antes en los parlamentos, alemán y europeo, donde fue diputado-- a quienes dicen nazi en lugar de nacional-socialista, que es como se llamaba y lo que era aquel partido político.

Hacía falta, sí, mucho valor, y no sólo físico, para nadar contra corriente, y aun contra varias corrientes cruzadas, en aquellos tiempos. Ese insólito valor lo tuvieron la autora y muchos de sus amigos que aparecen retratados con unos pocos trazos, simples pero que no ocultan los trágicos dilemas que afrontaban y los matices sutiles de sus personalidades, que afloraban bajo la presión terrible de la guerra y de la conjura. Adam von Trott, el diplomático y amigo íntimo de la autora, se duerme o finge dormir en una reunión de trabajo con su jefe, una especie de comisario político de las SS, al que suele tratar con desprecio ostensible (¿por clasismo suicida? ¿o peligroso sentido del humor?). El Príncipe Heinrich Wittgenstein, uno de los mejores pilotos de la Luftwaffe, solía volar de paisano, y alguna vez de esmoquin, echándose una gabardina por encima; hubiera muerto como el anterior, ejecutado por Hitler, si no se hubiese adelantado la RAF. La noche en que murió había ya derribado cinco aviones aliados y en total 83 durante la guerra, pese a lo cual --o acaso por ello mismo-- los ingleses dejaron caer una corona de flores donde había muerto su enemigo. El Conde Gottfried Bismarck, cuando la Gestapo estaba a punto de detenerlo, se resistía a deshacerse de los restos de explosivos en su despacho "para intentarlo otra vez". Fue apresado y torturado, pero no ejecutado. Causa tristeza leer que tras sobrevivir a tanto, Bismarck y su mujer se mataron poco después de la guerra en un accidente de automóvil. En cambio alegra leer que el juez sádico que presidió el Tribunal Popular que condenó a los conjurados del 20 de julio (Freisler, un antiguo comunista converso al nacional-socialismo) murió en un bombardeo mientras juzgaba a Fabian von Schlabrendorff, que se salvó tanto del bombardeo como de la sentencia.

Estos diarios de guerra se pueden leer como un documento histórico o como un testimonio psicológico, pero en cualquier caso cautivan por la evidente sinceridad de la autora y el vigor sencillo del relato ("si al odio no respondes con más odio, y encima / no te las das de justo, ni de sabio al hablar" traduce Ucelay a Kipling). Sin duda tienen más interés histórico las páginas consagradas a los años 1940-1944, tiempo que la autora pasó casi todo trabajando en el servicio de Prensa del Ministerio de Negocios Extranjeros, y por supuesto lo más notable es lo relacionado con el intento de magnicidio. Aunque sólo sea por el resultado --más de 11.000 ejecuciones, la flor y nata de una nación ya desangrada por la guerra, pero unos jirones de honor que se salvan-- el 20 de julio de 1944 es una fecha histórica señera.

La última parte de los diarios --1945 y el trabajo de Missie Vassiltchivkov como enfermera en Viena-- sigue teniendo un hondo interés humano. Los bombardeos de Viena --como los de Berlín en páginas anteriores-- son, junto con las visitas de la autora a la cárcel y sus experiencias en el hospital de sangre, páginas muy duras de leer pero tan desprovistas de autocompasión y tan llenas de modestia que no dejan un sabor amargo. Y el estilo literario es tan natural que sobrevive incluso a una traducción torpe.

Se echa de menos el excelente índice onomástico de la edición original inglesa. Y las fotos están peor reproducidas, lo cual es una pena pues no es frecuente ver una serie de personajes tan hermosos. Hace un par de años le comenté a Tatiana Metternich, una hermana de la autora que vive aún, cuánto me había llamado la atención la belleza de ella, su familia y sus amigos. Me miró pensativa:

- Dicen que es siempre así. Cuando un mundo va a desaparecer los jóvenes son especialmente guapos... Y luego mueren.


Si al odio no respondes con más odio
por el Marqués de Tamarón
ABC - Banco y Negro Cultural, 30 de Octubre, 2004


(c) Marqués de Tamarón 2008

domingo, 26 de octubre de 2008

¿Todo está lleno de dioses?

Este heroico oficial de artillería austríaco y millonario judío, filósofo abstruso, admirador de Nietzsche y jardinero de los monjes agustinos, ingeniero aeronáutico y enemigo de la ciencia moderna, ese perpetuo rehén de la izquierda bienpensante llamado Ludwig Wittgenstein, debía de tener un día muy poco izquierdista --como casi todos los de su vida-- cuando escribió esto, pensé al descubrir una nota suya de 1938, incluida en su libro Cultura y Valor. Wittgenstein citaba un poema de Longfellow --en inglés y de memoria, pues se equivoca en la palabra crucial-- cuyo último verso dice "pues los dioses ven por doquier", y añade "esto podría servirme de lema". Ahora bien, ocurre que Wittgenstein se confunde --felix culpa-- pues cita "for the gods are everywhere", con lo que convierte en pietas lo que en el texto original era miedo y eleva el verso de consejo cauteloso a norma de vida.

Claro que el error de Wittgenstein quizá se debiese a un eco de Tales de Mileto, como me apuntó Javier Gomá. Tales opinaba que "todas las cosas están llenas de dioses". El aforismo puede entenderse como un enunciado animista, como una visión protocientífica de las fuerzas naturales o como una forma politeísta del panteísmo, según un reciente ensayo, que encontré en Internet (también allí hay dioses, aunque menores), de Frost-Arnold. Éste se inclina, convincentemente, por una cuarta interpretación de las palabras de Tales: la literalidad del aforismo, no muy lejana de la visión arcaica de Homero o Hesíodo. Me agrada pensar que Wittgenstein no hubiese estado en desacuerdo con una exégesis tan próxima a su divisa. Y que el filósofo más austero haya escogido un lema tan espléndido, violando, para colmo, su propio apotegma del Tractatus que prohibe hablar de lo inefable.

Cualquiera que lea la muerte y el entierro de Wittgenstein, aun contados por el descreído Monk, sentirá emoción, como al leer las últimas notas recogida en Cultura y Valor, un mes antes de su muerte, en las que habla de su juicio por Dios, y del diablo. Pero ya para entonces se refiere a cada uno de ellos en singular. En fin, otros siguen hasta lo último viendo o queriendo ver una variedad de epifanías. Van desde hierofanías mínimas, aunque siempre misteriosas, hasta grandiosas teofanías. Se manifiestan mediante rompimientos de gloria, desgarros de las nubes por la luz. Ningún clásico --antiguo o moderno-- carece de destellos así. Y es que ningún clásico, salvo Protágoras el sofista, cree que el hombre sea la medida de todas las cosas, gracias a Dios. O a los dioses.


¿Todo está lleno de dioses?

por el Marqués de Tamarón

ABC D las Letras, 5 de Mayo, 2007


(c) Marqués de Tamarón, 2008

jueves, 23 de octubre de 2008

Otra falacia patética

Otra falacia patetica. Imagen del diario ABC. Marques de Tamaron
UNA de las falacias más repetidas es que los españoles son indiferentes ante la Naturaleza. Sorprende esta afirmación reiterada y gratuita -auténtica falacia patética, que diría Ruskin- cuando todo a nuestro alrededor indica que en su mayoría los españoles no sólo no son indiferentes ante la Naturaleza, sino que con notable eficacia la detestan. Esa antipatía se manifiesta a veces de forma canallesca, quemando el monte o envenenando animales. En otras ocasiones el estilo es tan sólo achulado, y se desparrama basura en parajes de singular belleza, estridencias de discoteca y moto en el corazón del silencio, pintadas procaces o mitineras en las rocas. Es una manera de decir, con desplante de imbécil, «por aquí he pasado yo, que no soy menos que ese roble tan viejo o esa águila que salió huyendo».

Pero las más de las veces el odio rezuma por omisión más que por acción: los vecinos se sonríen ante el atropello, el juez se encoge de hombros, el Ayuntamiento se inhibe, los Gobiernos callan o fingen. Es la más sincera de las connivencias. «Vaya usted a saber quién lo hizo, sería muy difícil probarlo, además el bosque era muy viejo, y ya es hora de que esto beneficie a las personas y no sólo a los pajaritos». Y suspiran satisfechos los especuladores urbanos, tratantes de madera quemada, cazadores furtivos, extorsionistas, camellos de la droga, piariegos y retenes renegados.

El ejemplo perfecto de la mezcla de resentimiento y estupidez demagógica fue aquella brillante coletilla al lema de la vieja campaña contra los fuegos forestales: «Cuando arde un bosque, algo suyo se quema, señor conde». Añadiendo esas dos palabras, el gracioso -creo recordar que en La Codorniz- convertía el incendio en un acto progresista, puesto que fastidiaba a la oligarquía. Y además heroico, ya que en aquel entonces la Guardia Civil aún era o podía ser severa.

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Otra falacia patética
Diario ABC, 25 de Mayo, 2006

lunes, 13 de octubre de 2008

domingo, 12 de octubre de 2008

The last laugh - Quien ríe el último

El siguiente sainete resume de forma perspicaz, creo yo, las sutilezas financieras de la situación actual. Por cierto, los subtítulos no traducen bien el diálogo, pero no los he hecho yo.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Pólvora con aguardiente. Primera página


Polvora con aguardiente. Marqués de Tamarón. Argos Vergara Título: Pólvora con aguardiente
Género: Relatos
Autor: El Marqués de Tamarón
Editores: Argos Vergara
Año de publicación: 1983
ISBN: 84-7178-716-4



Bibliografía del Marqués de Tamarón

(c) Marqués de Tamarón 2008

El guirigay nacional. Primera página


Marques de Tamaron. El guirigay nacionalTítulo: El guirigay nacional. Ensayos sobre el habla de hoy.
Género: Ensayos
Autor: Marqués de Tamarón. Prólogo de Amando de Miguel.
Editores: Áltera
Año de publicación: 2005
ISBN: 84-89779-83-X

Bibliografía del Marqués de Tamarón
(c) Marqués de Tamarón 2008

jueves, 2 de octubre de 2008

El siglo XX y otras calamidades. Primera página.

El siglo XX y otras calamidades. Marqués de Tamarón. Primera página.El siglo XX y otras calamidades. Marqués de Tamarón. Pre-textosTítulo: El siglo XX y otras calamidades
Género: Ensayos
Autor: Marqués de Tamarón. Introducción de Fernando Ortiz.
Editores: Pre-textos
Año de publicación: 1997
ISBN: 84-8191-141-0
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Bibliografía del Marqués de Tamarón
(c) Marqués de Tamarón 2008